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LOS PATRIOTAS SOCIALISTAS
NO TEMEN AL REFERÉNDUM
Los amigos de la asociación identitaria Tierra y Pueblo (http://www.tierraypueblo.com)
han publicado una interesante editorial titulada “¿Quién teme al
referéndum?” donde se lamentan de una supuesta regresión de la
denominada “área social patriótica” a la hora de afrontar la
cuestión de los nacionalismos periféricos y sus propuestas
independentistas. Es más, hacen hincapié en las posiciones que
el autor de estas líneas hizo públicas en la revista “Tribuna de
Europa” hace más de siete años al respecto del tema vasco.
El editorial de Tierra y Pueblo viene provocado por la creciente
oposición de un amplio sector (en el que me encuentro) de los
socialistas patrióticos ante el desafío independentista, en
forma de referéndum, que el partido ultraderechista caciquil PNV
tiene previsto convocar en Vasconia o el similar que los
dirigentes de izquierdismo burgués (ERC) han propuesto para
Cataluña.
No dudamos del revuelo que estas iniciativas del independentismo
causen en el nacionalismo español (que no es sólo COPE y PP,
sino casi toda la extrema derecha, las izquierdas definidas y
buena parte de la socialdemocracia). Pero ningún revuelo entre
los socialistas patriotas, que desde hace unos años venimos
avisando de las terribles contradicciones que surgen al intentar
combinar la construcción de un Estado Socialista con un
identitarismo indefinido que, finalmente, no puede sino
alinearse con las propuestas neofeudalistas del separatismo
periférico. Sirvan estas líneas para, sin acritud ni revuelo,
quede clara nuestra posición ante la reflexión que realizan
desde Tierra y Pueblo. Muy brevemente:
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Sobre la
convocatoria de referéndum. Ningún temor. España ha sufrido
crisis mucho más graves y ha estado en situaciones históricas
más peligrosas de las que ha sabido reponerse con esfuerzo y
sacrificio. No va a ser distinto esta vez.
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La
independencia, es decir, la creación de nuevas entidades
estatales en Europa será una tragedia, que duda cabe, que
pagarán tanto los que se marchan como los que se quedan, una
nueva dificultad en la construcción europea y la risotada de
nuestros enemigos históricos y los de la Europa unida.
-
Negamos
la tesis de que el resultado de cualquier referéndum pueda
“evidenciar” ninguna realidad, sea cual sea ese resultado. En
primer lugar, porque ya sabemos como las tecnologías de la
desinformación en las partitocracias juegan con la opinión
pública. Y en segundo lugar, porque dichas consultas nacen
viciadas por el ambiente soft-totalitario que se vive en las
comunidades gobernadas por los neofeudalistas.
-
Finalmente, si debido a la debilidad del actual Estado
español, los neofeudalistas consiguieran sus objetivos
(apoyados, como siempre, por las potencias plutocráticas) “que
les vaya bonito”. Sólo esperamos que actúen en consecuencia y
con el mismo respeto, con las “minorías” españolas que residen
en sus territorios, concediendo las pertinentes autonomías a
los miembros de la nacionalidad española, el respeto a su
identidad (lengua, costumbres, cultura, etc.) y su propio
derecho a la autodeterminación. No sea que tengamos que
acabar, parafraseando al neofeudalista Ibarretxe, a tortazos.
Dicho esto, vamos a quid de la cuestión.
El artículo “Euskal Herria en la encrucijada” que escribí en el
número 22 de Tribuna de Europa fue –y ya lo he reconocido
públicamente- un error, un inmenso error. Y lo único que lamento
es que haya podido confundir a algún lector. Y fue un error
porque partía de una situación ideal completamente subjetiva, en
el que no analizaba la realidad material del fenómeno
neofeudalista. Era un ejercicio bienintencionado de salvar un
discurso identitario imposible con la realidad del Estado
español.
Pero la realidad históricamente determinada es muy distinta y
las contradicciones de esta realidad con aquél subjetivismo
anulan, por completo, las tesis que expuse en Tribuna de Europa.
-
Porque
las fuerzas neofeudalistas (BNG, ERC, HB, CIU, PNV, ...) no
representan ningún identitarismo ideal sino una REALIDAD
material casi antagónica de un sano identitarismo que dirige
un proceso contra el Estado español. Y es una realidad ligada
absolutamente a las oligarquías dominantes y en consonancia
con poderes plutocráticos internacionales. Y, hoy por hoy, es
inviable “Un
proyecto identitario y popular desligado de los intereses
económicos de las oligarquías dominantes y de los poderes
internacionales”.
Esta
REALIDAD no la quise ver cuando escribí el citado artículo.
-
Un
proyecto de vertebración nacional (española) que permita
acometer, de forma unitaria, el desafío de la construcción
europea
es lo que sostenemos los socialistas patrióticos y es LO QUE
NO QUIEREN, bajo ninguna forma, los neofeudalistas. Y la razón
es sencilla: el neofeudalismo no actúa, en realidad, por la
defensa de una identidad “no reconocida suficientemente”,
simple discurso superestructural (ejemplos de barrabasadas que
los neofeudalistas realizan contra la identidad de sus propios
pueblos los hay para aburrir), sino por la construcción de un
Estado propio.
-
La
esencia oculta (cada vez menos) del discurso de los
neofeudalistas no es otra que el odio a España, responsable de
la modernización que acabó con sus privilegios, fueros y
prebendas feudales. Por eso la lucha contra liberales, luego
contra los modernizadores de la Restauración, contra Primo de
Rivera, abandonaron a la República, rumiaban contra el
franquismo mientras aprovechaban su desarrollismo industrial y
ahora contra centristas, socialdemócratas o conservadores.
¿Qué es lo que tienen en común todos estos actores de los dos
últimos siglos de la historia de España? Solo una cosa: que
eran españoles. Por eso es imposible un Nuevo Estado que
ofrecería a los vascos la posibilidad de renovar su compromiso
con España. Y en consecuencia, todo lo que viene a
posteriori queda como pura ensoñación. Amplias cuotas de
autogobierno YA las tienen, la unificación de los territorios
históricos es una praxis diaria en ayuntamientos y
diputaciones de Vasconia y Navarra, ninguna traba a los
símbolos, la lengua, la educación y la cultura euskaldun,...
sin que por parte de los neofeudalistas haya habido el más
mínimo movimiento centrípeto de acercamiento a España, todo lo
contrario. Un fenómeno que sólo se puede explicar porque el
quid de la cuestión, tras el franquismo, no era un problema de
identidad ya reconocida. Sino una enfermedad mucho más grave y
de distinta naturaleza.
-
La
variable significativa que explica los movimientos centrífugos
de los neofeudalistas no es otra que la económica, el poder
plutocrático que permite a los nuevos barones feudales
conservar unos privilegios alcanzados, generalmente, gracias a
las plusvalías generadas por las políticas de los Estados en
sus territorios. Obsérvese que tanto en el caso belga
(flamencos), checoslovaco (Chequia), yugoslavo (Eslovenia y
Croacia), italiano (Padania) o español (Cataluña y Vasconia),
son las regiones económicamente más privilegiadas las que
amparan potentes movimientos neofeudalistas, frente a las
regiones “pobres”, “vagas” o “ladronas”. Por eso, cuando llega
el momento de la verdad, todos estos independentismos adoptan
políticas claramente conservadoras y antisocialistas. Y, por
supuesto, lo mejor es evitar cualquier “encaje con el Estado”
que les “saquea”. Para algunos, estas desigualdades de riqueza
obedecen a supuestas diferencias “genómicas”, o sea, un
hilarante racismo que, al menos en el caso español (que es el
que más conozco) debía sonrojar a los que lo sostienen. Pero
no nos engañemos, en el fondo lo que hay es puro clasismo de
ricos, resentimiento de privilegiados que se ven obligados a
repartir “su propiedad y su riqueza” con la chusma proletaria.
Por otro lado, sigo manteniendo de ese artículo una afirmación:
“El nudo gordiano de lo que llamamos “problema vasco” es la
deslegitimación del Estado español en Euskal Herría”.
Pero esto es un problema español (y así lo decía entonces), de
TODOS los españoles. Un problema en que a la torpeza de nuestro
Estado se le sumó el acomplejamiento surgido de su propia falta
de creencia en sí mismo y su misión histórica. La consecuencia
fue la permanente cesión ante las oligarquías neofeudales (hasta
en el propio franquismo, el de la España una, grande y libre).
Sólo será posible mantener la unidad de España, haciendo
sentirla como propia a todos los pueblos que la componen, la han
formando y la han proyectado en la historia, con sus lenguas, su
pasado, y sus particularidades varias. Condición necesaria pero
no suficiente. La única España posible pasa por la liquidación
de los restos de épocas pretéritas y su lanzamiento como Estado
unitario, potente y eficaz a las nuevas aventuras de la
Historia. Y lo que el desarrollo histórico REAL, el desarrollo
de las fuerzas productivas y de las masas deje atrás (desde la
monarquía hasta las neofeudalidades), despidámoslo con honores y
a seguir adelante.
Un adelante que llevará, que duda cabe, a la inmersión de España
en las nuevas entidades supranacionales que aparecen en el
horizonte futuro. No dudamos que el destino final de nuestra
Nación, como la de las demás naciones europeas sea ceder su
independencia y soberanía a una Europa futura unida. Como
apoyaremos esa misma integración en los países de la América
Hispana. Porque esos son los vientos que ahora mueven los
molinos de la Historia. A ello nos aprestamos los socialistas
españoles, no a pegar resoplidos en la dirección contraria,
intentando que nuestro “valle” quede fuera, una vez más, de las
tareas gloriosas de la Gran Política.
La época de los Estados-nación va pasando. Para nosotros porque
queremos incorporarnos, como potencia, en la era de los Grandes
Espacios del mañana; para eso necesitamos un gran Estado. Para
los neofeudalistas, porque no pueden esconder sus deseos de
volver al Antiguo Régimen, a formas estatales premodernas,
lógicamente, sin la más mínima posibilidad de una
resacralización de esas formas que las legitimaría. Construirán
un gran circo compuesto de villas, señoríos, principados,
condados y demás invenciones ancestrales. Son el retorno del
Trono y el Altar, aunque el trono sea ahora un partido y el
altar un balance macroeconómico.
Pero ningún temor. El basurero de la Historia está lleno de
residuos que nunca sirvieron para alimentar la pujanza de los
grandes imperios, residuos que se consumieron como la cera de
una vela ante los rayos del Sol.
Juan A. Aguilar
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¡BASTA
YA!
Solidaridad con la revista literaria
Quimera
Hay una institución en España dispuesta a hacer de la cultura su
monopolio mercantil particular. Es la Sociedad General de
Autores. Su herramienta no es la pluma, el pincel o la guitarra,
sino el canon obligatorio con el que a todo ciudadano se le
dice: “Es Vd. un delincuente, así que pague por cada CD,
cassette o aparato de audio y video que compre”. No contentos
con eso, quieren además convertirse en la mordaza, en los
censores autorizados para cerrar la boca, a base de demandas, de
aquellos desgraciados espíritus libres que se atreven a opinar
en contra.
Es lo ocurrido con la revista literaria
Quimera,
víctima de la prepotencia de la SGAE, a la que pretenden
asfixiar sangrándole 9000 euros por el “delito” de opinar. Un
artículo
firmado por Trebor Escargot en la sección de opinión —Calidoscopio—
de la revista literaria, ha sido lo que ha soliviantado a los
moradores de la “Cueva de Alí Babá”, dicho con animus jocandi.
Estamos hartos, tremendamente hartos, de que la libertad de
expresión se vea nuevamente pisoteada. La revista DisidenciaS
también dice ¡basta ya! Por eso, bajo nuestra absoluta
responsabilidad y en solidaridad con nuestros colegas de
Químera, reproducimos el artículo que ha dado lugar a tamaño
despropósito. Aunque tengamos que volver a la clandestinidad, ya
no van a poder callarnos.
PUBLICADO EN EL Nº 282 DE LA REVISTA QUIMERA
La
horda de los gestores
por Trebor Escargot
En realidad va a parecer que no hablo de literatura, pero sí lo
estaré haciendo. Si en este país la piratería prácticamente no
afecta al mundo de la literatura, es sólo por motivos
circunstanciales, prácticos. Haciendo uso de los medios a
nuestra disposición, y obviando la posibilidad de leer en
pantalla, en términos económicos hoy en día sale casi por lo
mismo fotocopiar un libro que comprarlo. De ahí la narcótica
sensación de oasis del noble arte de la escritura, aparentemente
a salvo de estos desaprensivos malversadores: los piratas. Pero
eso en realidad poco importa, porque la extorsión no tiene a un
arte por objeto sino al ciudadano, al lector, al consumidor de
productos culturales, y éste (como imagino que es su caso,
lector disciplinado) unas veces lee libros y otras ve películas
o escucha música. Por eso creo que es importante que usted lo
sepa: los piratas existen, están ahí fuera, son malos y nos
acechan. Su propósito es acabar con el arte, convertirlo en
mercancía y traficar con ella. Le daré algunas pistas para que,
en caso de toparse con uno de ellos, pueda usted identificarlo y
actuar en consecuencia.
Un confuso vínculo une al pirata con el mundo del arte. Si hoy se
dedica a chulearlo y chuparle la sangre en nombre de la gestión
y la propiedad intelectual, en otros tiempos lo practicó,
normalmente con escasa suerte y altas cotas de mediocridad. Luis
Cobos o Pau Donés (que sigue en activo, en serio…) serían
ejemplos obvios, pero hay otros ex artistas que sí gozaron
alguna vez del favor de las musas (no hay más que recordar la
preciosa canción que, en su debut, Víctor Manuel le dedicara a
Francisco Franco. Lo cierto es que suelen iniciarse en la
piratería cuando se les acaban las ideas, o más bien las ganas
de trabajar para tratar de tenerlas).
Sus métodos pueden despistarnos, pues no andan por la vida en
barco, ni tienen el valor que requiere empuñar una espada. Han
abandonado el ron, en favor del CD-Rom, y la bandera de la
calavera por otras más discretas y actuales con las siglas de su
banda: SGAE, VEGAP, etc.
Han ampliado su radio de acción, colonizando los mecanismos que en
otros tiempos ampararon a una especie hermana: los corsarios. En
virtud de esta reestructuración jurídica, y gracias a un juego
de sobornos estándar, cuentan con el apoyo de las instituciones
y sus representantes (muy próximos a ellos en capacidad
intelectual y gusto estético), y en una evolución próxima a la
de la mafia clásica, ejecutan un poder parademocrático que suele
tener la forma de impuestos y normalmente recibe el nombre de
canon.
Como los piratas de verdad en su momento, como el telar manual tras
la aparición del mecánico, o como la comunicación mediante
tambores después de inventarse el teléfono, estos zafios piratas
tienen las horas contadas. Y nosotros, por una mera cuestión
generacional, asientos de primera fila para asistir a su
cochambrosa y ridícula agonía.
Así que, de momento, dejemos que nos sigan extorsionando. Querrá
decir que siguen vivos, que todavía tenemos tiempo para asistir
a su hecatombe. |
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