Hola. Me llamo Alizée Girrrrrl, o al menos ese es mi nombre de guerra. Quiero contaros en este blog mi experiencia como trabajadora sexual para quitar tabúes o tópicos de este oficio y porque sé que esto puede ayudar a ello. Comenzaré por explicaros mis inicios a modo de presentación:

En determinado momento de mi vida, la necesidad económica llamó a mi puerta, y una vez sopesadas multitud de alternativas que por diversas razones eran inviables tomé aliento y, aunque en ese momento no estaba decidida, comencé a plantearme la opción del trabajo sexual con gran pesar. No pensé en ninguno concreto pues ese mundo era bastante ajeno a mí y carecía del conocimiento necesario, leí diversos artículos, libros tanto de épocas anteriores como de actualidad, y por supuesto documentales y demás. Pero el punto de inflexión llegó con un vídeo de YouTube en el que una chica llamada Válerie May contaba su experiencia, su toma de decisiones, y en fin, me quitó bastantes dudas de la cabeza: ahí fue cuando tomé mi decisión, pero ya hablaré en otro artículo sobre esta chica cuya importancia en mi experiencia personal debo resaltar.

Tomada la decisión y sin saber muy bien por dónde empezar me puse un caché de forma un tanto azarosa pues ya digo que no sabía el funcionamiento interno de todo esto. Ejercía de forma independiente, escogía mis clientes y me lo pasaba bien pues sólo accedía a estar con gente que consideraba agradable. Sin embargo, por conocer otras realidades y para ver el funcionamiento de este mundo nuevo para mí decidí meterme en un piso de putas. Recorrí varios burdeles para hablar tanto con dueños como con encargadas (eso da para otro artículo) y tantear el terreno. Finalmente me decidí por uno que tenía un perfil corriente. En el piso no había caché, era un precio fijado para todas, que ponía la madame, y la mitad del dinero era para nosotras. En ocho horas en ese piso ganaba lo que cobraba por una hora como independiente, pero quería saber qué era aquello. Estuve únicamente dos días: fueron más que suficiente para saber que era horrible. El perfil de cliente cambiaba radicalmente además de que no podías escogerles, sino que te escogían a ti, clientes que en su mayoría son gente que “va a lo que va”, que no se molestan en tu disfrute ni lo más mínimo. Sencillamente no comprendía cómo aquellas chicas podían aguantar psicológicamente allí dentro. Decidí, al cabo de dos días, que mi experiencia allí debía finalizar, al fin y al cabo no lo necesitaba y ya sabía todo lo que tenía que saber. Sin embargo, por muy horrible que fuera esta experiencia a nivel personal, he de aclararte, towandera abolicionista, que salvo en lugares en los que hay trata o algún tipo de negocio sucio paralelo a la actividad del burdel, ni los dueños ni las madames tratan mal a las chicas, muy al contrario, se intenta evitar lo máximo posible que haya roces o mal ambiente pues todo eso lo capta el cliente y deciden no volver. Yo no tengo ningún tipo de queja en lo que respecta al dueño del piso o a la madame, el problema era fundamentalmente la situación en sí.

Puede que cuando he dicho que “no se molestaban en mi disfrute” o “no podía escoger cliente” hayas pensado, towandera abolicionista llena de clichés, que cómo se me ocurre semejante cosa, que cómo podía esperar tales cosas de un cliente. Seguramente hayas pensado que soy una ingenua o algo semejante. Pero he de decirte que la equivocada eres tu:
Las que nos dedicamos a esto voluntariamente escogemos nuestros clientes, no vamos con cualquiera, sino que hacemos un filtro. También, según el servicio que ofrezcamos, el filtro es uno u otro, pero ya te digo que si uno se comporta como un gilipollas y va de superior frente a mí por el mero hecho de ser quien paga, no voy a cogerle (por ponerte un ejemplo).
En el próximo artículo, si es que has llegado hasta aquí, towandera abolicionista, y no te ha salido espuma por la boca y deseas continuar leyendo (¡milagro!), te explicaré cuáles son los filtros que hago pasar en mi caso personal según el servicio. Hasta entonces, me despido.

Alizée Girrrrrl

Escort de lujo para hombres con clase. GFE. Disidente. Me gusta joder a las feministas.

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Drogoteca

    Ya es hora de que antes de hablar de trabajo sexual se escuche a quien lo ejerce.

  2. Interesantísimo. Gracias por compartirlo.

  3. Pues yo veo muy normal que se filtre, es como si trabajas en un bar y va un borracho y lo echas, el sitio es tuyo y le vendes o dejas pasar a quien quieres, el dinero es del cliente y el servicio tuyo y el contrato es mutuo, no es tan difícil, si se aplica en un negocio, vale para todos.

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