“Cada revolucionario termina convirtiéndose en opresor o en hereje”
Albert Camus

Aquellos que recuerden las notas de Mallory Millett podrán notar la obvia relación que existe entre el feminismo y los departamentos de estudios de la mujer en las universidades (Actualmente algunas instituciones han cambiado el nombre a
Estudios de género, o Estudios de la mujer y de género).
“Los estudios pasaron a ser de la mujer, a ser de género, pero sabemos por evidencia que deberían llamarse estudios feministas, porque eso es lo que se estudia ahí, y si alguien como yo, que no es feminista aparece, se muestra el rechazo”
– Suzanne Venker, The Red Pill Raw Files.

Originalmente los estudios de la mujer tuvieron su génesis en la década de los 70’s, cuando las instituciones de alto nivel buscaban compensar la falta de mujeres académicas, por lo que, inicialmente reunieron un conjunto de graduadas en literatura y formularon un departamento femenino, lo cual, con la llegada del desarrollo de la teoría feminista de segunda ola, acabó evolucionando en lo que hoy se conoce como estudios de género y de la mujer. La premisa de los departamentos consiste en formar un pensamiento crítico y una concientización en los estudiantes de las condiciones de las mujeres, su contribución en la cultura y la historia, así como el avance de sus derechos históricos; además también se incluye –recientemente- los estudios en masculinidades, así como observaciones en la Teoría Queer , así como diversas teorías constructivistas sobre el género.

El encanto de los estudios de género recae en ser la intersección de antropología, sociología, psicología, política y otras ciencias sociales. Aparentemente suena prometedor, no obstante, la constante corrección política de los departamentos y el rigor científico de los mismos han sido constantemente cuestionadas. Daphne Patai es una feminista académica con un título en literatura brasileña (honestamente, su información personal es escasa, ya que su obra en netamente académica y no se ha orientado al activismo político) que comenzó a notar una enorme desilusión con el resultado académico de los resultados de los departamentos de estudios de la mujer en la década de los 90’s. Esto la llevo a realizar una extensa investigación y una serie de entrevistas a alumnos y profesoras de estudios de género, así como la evaluación de miles de curriculum’s académicos. Eventualmente, en el año 1994 publicó junto con Noretta Koertge el libro: Profesando feminismo: Cuentos precavidos del extraño mundo de los estudios de la mujer.

El libro es una investigación, si bien con tono satírico, netamente académica y las conclusiones que se obtuvieron de la misma fueron bastante alarmantes.

El libro abre con la cita que da inicio a esta nota; Patai argumenta que los estudios de la mujer han perdido su orientación académica para ser simplemente una herramienta de adoctrinamiento ideológico, donde los alumnos son procesados por los departamentos, serán expuestos a las teorías feministas y las absorberán, finalizando con métodos educativos dogmáticos y con alumnos con una capacidad comprensiva industrializada, pre-fabricada y distribuida en masa. Patai, a lo largo de sus entrevistas encontró que los alumnos coexistían perfectamente con teorías contradictorias y percepciones incompletas o con huecos argumentativos, si bien, los alumnos reconocían las fallas, no eran capaces de formular críticas a la mismas o desarrollar un pensamiento sobre como corregirlas o contradecirlas; lo mismo ocurrió con los maestros –Aunque con menor frecuencia- exponiendo que los mismo educadores no desarrollaban críticas internas a las teorías constructivistas sobre aquellos que enseñaban, en otras palabras, las enseñanzas llegaban únicamente hasta las evidencias que apoyaban a los expuesto (sin importar cuán débil pudiesen ser estas).

Otra sorpresa fue encontrar la falta de carácter educativo en las salas de clases, encontrando que habitualmente, los alumnos eran quienes dirigían, e incluso algunos tenían la osadía de cuestionar las credenciales feministas del educador.
Los estudios de género han sido brutalmente criticados por falta de noción de estudios biológicos, en palabras de Christina Hoff Summers: “Puede que sepamos menos de género de lo que sabíamos hace 40 años”, Patai respalda en cierta medida esta afirmación, según su evidencia, las salas de clases estaban plagadas de posturas dogmáticas, anti-intelectuales y anti-científicas.

¿Cuál era el estado final del alumno? El alumno, sobreseído por la propaganda, acaba volviéndose una máquina que regurgita eslóganes de propaganda, con un pensamiento crítico zombificado y con una brutal pasión por la corrección política. De ahí viene el nombre “Profesando feminismo”, puesto que el feminismo dejaba de ser una rama académica para volverse un dogma que debía ser profesado, como si fuese la lectura religiosa de un culto. Camille Paglia daría opiniones similares:

“Lo que yo expongo es el anti-intelectualismo del feminismo moderno. El feminismo comenzó como un conjunto de individualistas excéntricas, y ahora se ha redefinido en un tipo de culto, son como fanáticas, son realmente pensadoras religiosas, que de alguna manera se han separado del trasfondo religioso. Y tales personas ni siquiera han examinado sus propias conjeturas, no son intelectuales, y lo que pasa es que cuando las desafías se vuelven muy emocionales, y es que no están equipadas para responder a los cuestionamientos. El feminismo hoy se ha convertido en una serie de frases sin sentido, así si intentas criticar su postura sobre, digamos, la violación, todo lo que saben hacer es enojarse y cotorrear algo que han aprendido, una frase como “La violación es un crimen de violencia pero no de sexo”, son como robots, han sido programadas, o bien “No siempre significa no”, ahora, ambas frases son estúpidas, no tienen valor en absoluto y lo que yohago es acercarme como feminista y como intelectual… []”

Camille Paglia, Mal comportamiento femenino

Si bien Patai Koertge afirman que existen un cariz de aislación y virulento pensamiento anti-intelectual con un pánico mordaz a ser cuestionado, también hablan sobre los sesgos ideológicos en los salones, Patai reporta experiencias de alumnos varones que fueron criticados y tratados hostilmente por ser varones, así como mujeres que fueron despreciadas por ser heterosexuales, lo que acaba llevando a una jerarquización de las opiniones de los alumnos en funciones de políticas de identidad, esto es decir, Patai afirma que en estas clases, la opinión de los hombres es desacreditada únicamente por el hecho de que son expuestas por hombres, para explicar este punto, citan a James Baldwin:

“Siempre que atiendo una conferencia de escritores blancos, tengo un método para averiguar si mis colegas son racistas. Consiste en parlotear estupideces y tesis absurdas. Si escuchan respetuosamente y, al final, me reciben con un aplauso, entonces no una sola duda: son unos asquerosos racistas”.

No obstante, Patai reporta la misma hostilidad hacia todo alumno que disienta de la ideología feminista, del mismo, el libro da una explicación curiosa sobre la actitud de los académicos feministas hacia la ciencia y los científicos.
El rigor científico y la honestidad intelectual completamente lanzados por el caño, observando cómo se formaban argumentos con estadísticas fácilmente manipulables, los cuales, nadie se tomaba la molestia de cuestionar.

“El feminismo ha tomado técnicas pedagógicas de una variedad de fuentes: Las prácticas de Paulo Freire en las clases de alfabetismo para adultos, en donde se les daba un vocabulario para describir su opresión, la potente mezcla de
denunciación y la exultación características de los encuentros revividos, incluso los códigos de vestimenta y comportamiento impuestas en los campos de entrenamiento y las escuelas a final de año. También encontramos ecos en los salones feministas de la obligatoria auto-incriminación demanda en China durante la revolución cultural, y por supuesto, las técnicas intervencionistas de psicoterapia”.

 

Yendo más allá, sugiriendo que la teoría feminista tiene un atractivo especial para aquellos con el pensamiento maniqueo de las personas emocionalmente dañadas, aquellas con complejos de personalidad y complejos de víctimas, y verdaderamente es difícil explicar a Valerie Solanas, Andrea Dworkin y Germaine Greer sin aludir a este tipo de explicaciones. La evaluación de Daphne y Noretta es devastadora, sin embargo, la conclusión es esperanzadora: Patai en sus últimas evaluaciones asegura que el libro no es una crítica al feminismo, sino más bien una herramienta a usar para mejorar y corregir la rama académica del movimiento para que esta sea una motor que ayuda a la búsqueda de la verdad y la justicio, y no lo que ella describe como un fábrica de activistas adoctrinados y repetitivos. El libro cuenta con 2 ediciones, una de 1994 y otras de 2003, siendo esta última una edición extendida y editada, además de recibir un nombre mucho más polémico: Profesando feminismo: Educación y adoctrinamiento en los estudios de la mujer.

La mayor relevancia en esta nueva edición (Además de la inclusión de evidencias más frescas) es la conclusión de Noretta Koertge tras 9 de haberse publicado la original, afirmando con pesimismo que el estado de los departamentos ha empeorado, puesto que las políticas de identidad se han expandido de tal manera que se han incluido la raza, la clase social, la religión, la nacionalidad y el condición física; dado esto, los estudios de la mujer podrían verse como una gran fábrica donde, además de despojar a la mujer de su mente, se le pone a competir con otras mujeres en una competencia de ¿Quién sufre más? ¿Quién es más oprimida? Por instancias, en el año 2012 el alumno Tom Martin de Estudios de género realizó una denuncia contra el departamento de su universidad por haber realizado una clase anti-hombre, esto recuerda a la profesora Mary Daly (Autora
del libro, Gino/Ecología), que se negaba a aceptar hombres en sus clases hasta que fue obligada por la institución en la que trabajaba. Si bien Daphne Patai, como académica y crítica feminista tiene mucho más para ofrecer, este no será nuestro último encuentro con ella, y tampoco será nuestro último encuentro con los estudios de género.

@DominoYayo

Balderouge

Ex feminista radical.

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  1. Muy buen artículo, Balde. Me encantan. Los he leído todos y son muy clarificadores. Se aprende mucho leyéndote. Gracias.

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