“El único modo para una mujer, así como para un hombre, de encontrarse a sí misma, de conocerse a sí misma como persona es mediante un trabajo creativo propio”.

 Betty Friedan.

 

El texto “La Mística de Feminidad” del año 1963, escrito por Betty Friedan representó un cambio histórico, aún antes de los lanzamientos de textos emblemáticos como “La hembra eunuco” de Germaine Greer, “Política sexual” de Kate Millett o “Dialéctica del sexo” de Shulamith Firestone (De hecho, algunas de estas autoras ni siquiera empezaban la universidad en ese entonces), surgió este escrito que ha servido como un saco de boxeo para la tercera ola del feminismo en función de la dominante interseccionalidad. La Mística de la Feminidad fue, esencialmente, aquél libro que sería responsable del surgimiento de la segunda ola del feminismo, aquél que daría nacimiento a la ola feminista propia de Estados Unidos, uno que dista planetariamente de nuestro entendimiento de los conflictos de género (O cuando menos, como acercarse a ellos). Dado que Betty Friedan causó furor mucho antes de que siquiera existiera la noción del feminismo radical (Aunque existía el feminismo marxista) es bastante peculiar hablar de ella cuando su pensamiento ha dejado de ser compartido tan abiertamente (Es incluso discutible la genuina relevancia que su libro pueda tener a día de hoy).

Inspirada por “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir, lo que Friedan quería hacer no era derrocar al patriarcado, o incluso deconstruir todas las instituciones de la sociedad occidental, sino más bien reformar; Beauvoir escribió El segundo sexo para informar, mientras que Friedan escribió La mística de la feminidad para discutir.

Para que el feminismo de tercera ola se molestase con este libro hizo falta muy poco: La mística de la feminidad habla desde una perspectiva dedicada a las mujeres que, superficialmente, no deberían tener ninguna dificultad en su modo de vida, eso es: Las mujeres blancas, cisgénero, heterosexuales, de clase media para arriba, casadas y dedicadas a ser amas de casa. Evidentemente las mujeres homosexuales, las mujeres trans, las trabajadoras sexuales, mujeres negras, entre otras; tenían muy poco que aprender de Friedan, sin embargo, lo que hizo que Betty fuese revolucionaria no fue su pensamiento (El cual, no era precisamente original) sino en su alcance: La mística de la feminidad fue un completo fenómeno comercial que llegó a vender más de un millón de copias, pero no esto no se trata de su éxito sino de su planteamiento.

 

 

Betty era una alumna de la universidad Smith de artes liberales dónde se encontró oportunamente realizando una encuesta a sus compañeras de clases, dónde encontró que su propia insatisfacción con la aburrida vida suburbana de las mujeres de clase media era compartida por otras mujeres.

Tales mujeres se identificaban como amas de casa, sin embargo, solían trabajar, lo cierto es que en la época para las mujeres era esperable que se les despidiera una vez que se embarazasen (Aunque también es cierto que las mismas solían dejar sus trabajos en las mismas circunstancias “voluntariamente”). Irónicamente, Friedan –trabajando para un periódico perteneciente a una unión de partidos de izquierda- fue despedida cuando se encontraba esperando a su segundo hijo. Se esperaba que la izquierda fuese más abierta que la derecha a tolerar la idea del progreso de las mujeres, aunque eso no necesariamente implicase que la idea les encantase.

Betty Friedan denominó a esta insatisfacción con la vida propia de las mujeres como “El problema que no tiene nombre” (Uno de sus principales síntomas: Consumo de diazepam). Antes de publicar su libro, Friedan intentó publicar artículos sobre sus descubrimientos, pero tenía problemas encontrando periódicos que quisieran publicarlos, ¿Debido a una conspiración patriarcal? No, lo que ocurría es que la plataforma de interés femenino en los medios de comunicación se basaba en el interés medio, eso es, las revistas para mujeres dedicaban muy poco espacio a tratar con temas no relacionados con la mantención del hogar, la excusa era sencilla: “A nuestras lectoras no les va a interesar”.

Betty buscaba alternativas, al ser una titulada en psicología había adquirido capacidades de persuasión, al haber estado familiarizada con el antisemitismo en su infancia se volvió sensible a la intolerancia y discriminación. Tras 5 años de trabajo, entrevistas con compañías de publicidad y cantidades astronómicas de amas de casa, se produjo La mística de la feminidad (Así como Wendy McElroy entrevistó a millares de prostitutas y actrices pornográficas, Betty entrevistó a millares de amas de casa).

 

Lo que se planteó fue un fenómeno similar a día de hoy: Mujeres que están “seleccionando” no enfocarse en trabajos de alta jerarquía para dedicarse a la vida familiar, sin embargo, esta “selección” ocurría bajo una impresionante presión social en forma de mensajes de los medios: Las mujeres recibían constantemente en publicidad, revistas e incluso academias dedicadas a ellas que serían inminentemente más felices como madres y esposas, pero entonces muchas descubrieron que no eran felices en lo más mínimo; incluso el incentivo para educar a las mujeres era en base a que pudieran discutir con sus maridos, eso es, una mujer inteligente tiene mayores posibilidades de casarse con un hombre inteligente, y luego se les esperaba que no trabajasen y se enclaustrasen solas en el hogar mientras el marido trabajaba y los niños estaban en la escuela. El fenómeno publicitario es curioso, en una década la publicidad había cambiado de esto:

 

A esto:

 

Esto podía explicarse en función del contexto histórico y las necesidades del mercado, durante la 2da guerra mundial, para satisfacer el déficit de trabajadores a causa del servicio militar se incluyó a las mujeres en fábricas y otras empresas (Con tal de mantener el flujo productivo), la publicidad existía para motivar a la mujer a trabajar, no porque existiese una iluminación cultural que buscaba la igualdad laboral para la mujer, sino porque se buscaba mantener los parámetros industriales. Finalizada la guerra, los hombres regresaron a trabajar y las mujeres regresaron a sus casas, la publicidad necesitaba re-adaptarse a sus nuevos consumidores y productores, no sólo eso, también existía el clima de tensión y trauma tras la guerra y la venidera guerra fría, Estados Unidos necesitaba recuperarse de las tragedias del conflicto bélico, por lo tanto, las mujeres debieron volverse las “sanadoras” del país. Junto a esto, Betty notó que, como las mujeres no eran desafiadas intelectualmente al mismo nivel que los hombres, las mismas no solían madurar del todo, produciendo un estado de “mujer-bebé”, esto junto a la influencia de Sigmund Freud, llevó a que se tuviera la noción cultural de que la mujer es más “infantil” que el hombre. Esto se volvía en un ciclo: Las mujeres aceptaban la noción de que no eran capaces de afrontar los desafíos, lo que llevaba a las mujeres a exigir que se les plantearan todavía menos desafíos, lo que simplemente perpetuaba la noción de que las mismas eran más infantiles e incapaces de afrontar las dificultades intelectuales de la vida laboral.

Eventualmente, la mujer todavía recluida en la casa, comenzó a notar que el trabajo doméstico era simplemente fatigante, requiriendo extensas horas para ni siquiera mantener el hogar completamente ordenado y decorado, el trabajo doméstico era innecesariamente complicado, el llamado “rol natural de la mujer” se había convertido en una “compulsión antinatural”.

La publicidad tuvo que intervenir una vez que aparecieron las comidas procesadas y empaquetadas, los lavabos automáticos, lavadoras, secadoras, aspiradoras, casa más compactas y demás electrodomésticos que facilitaban planetariamente la labor doméstica (Incluso, las mujeres con maridos suficientemente adinerados podían prescindir de este rol al relegarlo a una empleada doméstica). Se buscó incrementar la cantidad de trabajo doméstico ya facilitado: Las sábanas se cambian varias veces a la semana, las toallas se lavan después de cada uso, la comida debía ser más complicada y en mayores cantidades, o sea, ahora la mujer podría preparar hasta 3 tipos de tartas diferentes con su nueva batidora eléctrica mientras que la ropa se seca completamente sola en la secadora (Y todo con apretar un solo botón). De alguna manera, los artefactos que deberían facilitar el trabajo sólo producían más trabajo.

Fue entonces que llegamos a las compañías publicitarias, las cuales orquestaban todo este proceso, ¿Lo hacían debido a que cumplían con una conspiración patriarcal que quería mantener encerrada a la mujer en su hogar? No, existía una causa económica, no se quería que una mujer trabajase debido a que una mujer que trabaja es una mujer que pasa menos tiempo comprando. Este punto resulta fundamental y puede ser respondido por la ya evaluada Esther Vilar: Para poder comprar, no sólo se necesita dinero, también se requiere tiempo, en un matrimonio donde la mujer no trabaja, lo más probable es que el marido se encuentre realizando jornadas extensas que inician y terminan en horarios disfuncionales con el acto de salir a comprar tranquilamente, la mujer dispone de este tiempo al ser capaz de aplazar otras labores, e incluso el acto de comprar se considera propio de la labor doméstica, eso es, gastar dinero se vuelve un trabajo. Es esta la situación que lleva a que los hombres tuviesen poca influencia en cómo se administraba el dinero que producían, sus atuendos, relojes, accesorios y alimentos serían determinados generalmente (o totalmente) por sus esposas (desde los años 70’s que las mujeres representan aproximadamente un 80% gasto en los bienes de consumo, todas estas compras son realizadas o, por lo menos, influenciadas por mujeres). Esther Vilar en su debate (1975) con Alice Schwarzer argumentaría:

Alice: Eso significa que, en Alemania occidental en 1975 en pleno años de la mujer, las mujeres realizan 2/3 del trabajo de la sociedad en conjunto y los hombres 1/3. Y en un trabajo ellas no ganan nada y ellos ganan 600 marcos. Y a veces, si casi logran escapar, consiguen el salario de un hombre.

Esther: Si, ese cálculo me haría llorar si tan sólo fuera cierto, pero no lo es

Alice: Usted confirmó los datos, ¿No?

Esther: Confirmo los datos, pero en primer lugar el trabajo de una ama de casa no es trabajo gratis porque ella recibe el sueldo de su marido. Parte del dinero que él gana es administrado por ella…

Alice: La alimentan y le dan ropa si tiene suerte.

Esther: Si, por supuesto. Y no solo si tiene suerte sino también la mayor parte del tiempo. Si ella está trabajando, no hay…

Alice: Tiene que hacerlo o no existe.

Esther: No hay, y esto es muy importante para mí, no hay una sola mujer en la República Federal que alimente a su familia con su sueldo durante toda una vida. A su marido y a su hijo… No existen, y eso es lo que debemos rectificar cuando hablamos de trabajo,

 

Volviendo a Betty, para que los publicistas pudieran motivar que las mujeres no trabajasen y se dedicasen a comprar, les presentaban el trabajo doméstico como una profesión no pagada llena de falsas complejidades. Cuando se acabaron los electrodomésticos que promover, comenzaron a promover el tiempo libre como tiempo que puede ser compartido con los hijos, y es entonces donde entra en juego otra industria: La industria de los juguetes. Otro producto que comprar que prometería facilitar la labor de maternidad, o incluso, relegarles completamente esta labor a los juguetes mientras la madre hacia otra cosa.

La vida de las mujeres blancas y casadas de los años 50’s era un engranaje extraño: Ellas debían gastar dinero, pero no ganarlo (Los hombres por su parte, debían ganar dinero, pero no gastarlo) ¿Cómo solucionamos este conflicto? Con una sola palabra: Matrimonio.

La mística de la feminidad eventualmente resulta un tanto exagerada, Betty plantea a la feminidad de los 50’s como un proceso de lavado de cerebro, e incluso compara a las amas de casa con judíos encerrados en campos de concentración durante la 2da guerra mundial.

“Las mujeres que se ajustan a la ama de casa, que crecen queriendo ser nada más que amas de casa, están bajo el mismo peligro que los millones que caminaron hacia su propia muerte en los campos de concentración… Comen sufrimiento como una muerte lenta de su mente y espíritu”. 

Betty Friedan, La mística de la feminidad

 

Fue aquí que se da inicio a la persecución de las amas de casa por parte del feminismo, lo cierto es que Betty Friedan no buscaba eliminar la labor de amas de casa para las mujeres en la sociedad, al contrario de Simone de Beauvoir, que dijo:

“No, no creemos que ninguna mujer deba tener esa opción. Ninguna mujer debería estar autorizada a quedarse en casa y criar a los hijos. La sociedad debería ser completamente diferente. Las mujeres no deberían tener esa opción, precisamente porque si existiese, demasiadas mujeres la elegirían. Es una manera de obligar a las mujeres a ir en una dirección concreta”.

Sexo, sociedad y dilema femenino. Simone de Beauvoir y Betty Friedan

 

Friedan dejaba un espacio para las mujeres que se sintiesen deseosas de cuidar el hogar que compartían con sus parejas y sus crías, aunque ella concede una descripción un tanto despectiva de las mismas:

Las amas de casa no tienen cabeza y están hambrientas por cosas… El trabajo doméstico está particularmente bien ajustado a las capacidades de chicas con mentes débiles, difícilmente usa las habilidades de una mujer del promedio o la inteligencia de una persona normal”

 

En fin, el punto de Friedan es que ser un ama de casa no era una compulsión natural de la mujer (Aun cuando pensadoras de la primera ola ya habían dicho lo mismo varias décadas antes), el proceso de tomar el trabajo de los hombres es una realidad que lleva repitiendo de muchas maneras, pero al revés, eso es, los hombres llevan tomando el trabajo doméstico de las mujeres por cientos de años, al tomar la labor en el hogar en una labor pública: La agricultura humana tiene por lo menos 8 mil años más de antigüedad que el dinero, así que la noción de “no-pago” con “pagado” no era un problema en la base de los roles de género originales, el trabajo de los hombres y el de las mujeres se diferenciaba principalmente por su localización, mientras los hombres recolectaban recursos, las mujeres solían procesar los recursos para su utilización (Las mujeres estaban más cerca de los procesos de procesamiento y el hogar). El sistema se basaba en intercambio de bienes y servicios, ¿Quieres un poco de alimento? Trabaja un poco procesando o recolectando alimentos, a veces puedes intercambiar algún artículo del cual no tengas nada por uno del cual posees en abundancia. El dinero originalmente existe como una extensión de este sistema, ¿Qué ocurrió? Cuando las sociedades comenzaron a estructuras en grupos consolidados, los productos procesados se volvieron deseados por aquellas personas lejanas al proceso de producción (Los que recolectaban, o sea, los hombres), paralelamente, las religiones que lucían a sus legendarias: Hera, Deméter, Atenea, Artemisa, entre otras diosas; fueron sustituidas por religiones monoteístas con un Dios varón y sus autoridades –También varones-. En las comunidades religiosas, quienes administraban los templos (Hombres) eran quienes administraban los alimentos. Esta complementación nos condujo a la noción de que el trabajo de los hombres es pagado y el trabajo de las mujeres no es pagado, sin embargo, la comida seguía siendo preparada en la esfera del hogar. No obstante, los romances volvieron a la preparación de alimentos en una labor prestigiosa, algo por lo que alguien podía volverse famoso, en otras palabras, se había convertido en trabajo de hombres, trabajo hecho fuera del hogar. A medida que las comunidades abandonaban las zonas rurales y llegaban a las ciudades, los alimentos comenzaron a ser algo por lo que se pagaba en vez de algo que se preparaba en casa. Durante la época de Friedan, la industria alimenticia se encontraba en crisis de personal capacitado por lo que se implementó la utilización de químicos, lo que eventualmente concluyó en el almuerzo preparado que sólo requería calentarse en el horno de microondas. Este cambio entre el trabajo pago y el no pago fue lo que llevo a la noción de que el trabajo realizado por un hombre “vale” más que le de la mujer. Este fenómeno se vuelve crucial en la brecha salarial, según esta teoría, de nada sirve que las mujeres comiencen a dominar en cantidad a los campos laborales de los hombres, porqué cuando lo hagan, lo único que harán será que el salario del mismo se reduzca (así como su prestigio). Algunos economistas, como Thomas Sowell, discutirían este punto, pero eso requeriría otras discusiones.

 

Cuando se trata de Betty Friedan se trata con un personaje extraño: Ella fue lo más próximo a la figura ideal de la mujer feminista, a pesar de su desdén por las amas de casa, ella rechazaba terminantemente el feminismo de género, así como la promoción del lesbianismo y el odio al hombre; son estas políticas las que llevan a muchos a pensar que Betty era una feminista relativamente moderada. Lo cierto es que Betty tenía mucho que presumir más allá de ello: Era mejor escritora que Germaine Greer, más lúcida que Kate Millett y Shulamith Firestone (Lo que no es decir mucho, honestamente), tenía un mayor alcance que Simone de Beauvoir y no era tan desvergonzadamente comunista como Catharine MacKinnon (De hecho, Betty era una consistente y apasionada marxista, pero eso no implicaba que sus libros estuviesen empapados de narrativa marxista). No obstante, Friedan tenía un problema vergonzoso: Era simplemente pésima debatiendo. Durante la época en que se debatía por la Enmienda de igualdad de derechos (ERA), ella llegó a debatir con activistas de derecha como Phyllis Schlafly, Arianna Huffington y William Buckley Jr.

 

La primer mencionada (Foto anterior) simplemente la obliteraba sin problemas, Arianna también manejo a Betty (Aun cuando esta debatía junto a Camille Paglia) y con William Buckley fue ridículo, este es un extracto de una discusión sobre aborto:

Friedan: Suponiendo que se te implantase un útero, y por lo tanto tuvieses que considerar esto como un problema real para ti, no sólo uno abstracto para alguien más. Dudo que tu habrías de – Ya sabes, considerarte menos importante que toda la esperma que fuese a fertilizar el óvulo que aquella que no fertiliza óvulos, así no podrías considerarte una persona… menos importante que un feto no nacido.

Betty Friedan, A Firing Line Debate, 1971

¿Rebuscado? Por supuesto ¿Alguien entendió lo que ella intentaba decir? A medias, por lo menos en ese momento. Friedan era explícita como una detractora del feminismo anti hombre tan popular durante la segunda ola del feminismo; al ser presidenta y fundadora de la National Organization for Women, ella vió en primera fila a las activistas más excéntricas: Catharine MacKinnon, Kate Millett, Florynce Kennedy, Robin Morgin e incluso el desastre de Ti-Grace Atkinson intentando reclutar a Valerie Solanas. A diferencia del feminismo que no reconoce su propio pasado, Betty simplemente no podía decir que tales feministas sólo existían en la mente de los medios de comunicación de derecha o que eran unas odia-hombres que se llamaron inconscientemente como feministas, ella debía reconocerlas, pero al mismo tiempo, se dedicaba a expresar su disgusto por las mismas. Durante un segundo debate con William Buckley Jr. Ocurrió el siguiente diálogo:

Buckley: ¿Cómo reaccionarías a la siguiente cita? “La más peligrosa situación para una mujer no es un hombre desconocido en la calle o incluso el enemigo, sino el amigo o el amante en el hogar”

Friedan: Oh, por favor.

Buckley: Betty Friedan, ¿Cómo reaccionas?

Friedan: Yo no dije eso, ¿Esa fue [Catharine] MacKinnon?

Buckley: Fue Gloria Steinem

Friedan: Pero yo no estoy de acuerdo con todo lo que Gloria Steinem dice, ella no está de acuerdo con todo lo que yo digo, no me gustan las declaraciones extremistas como esa, yo creo que la relación entre hombres y mujeres es mucho más compleja que eso. Resulta que yo amo a muchos hombres.

Buckley: ¿Así que rechazas eso?

Friedan: No rechazo las aportaciones de Gloria Steinem, no apruebo este tipo de declaraciones, estas frases excesivas de “Todo coito heterosexual es opresión de la mujer” … Es no soy yo, esa es [Catharine] MacKinnon, yo completamente rechazo ese tipo de afirmaciones.

A Firing Line Debate, 1994

 

Con la llegada de la década de los 80’s, Betty había pérdido la batalla por la ERA, al mismo tiempo, se encontraba con su siguiente escrito: La segunda etapa. A pesar de haber pasado sin pena ni gloria, lo cierto es que Betty había reconocido el actual poder político y social que las mujeres habían ganado y sostenía que debían usarlo para finalizar a escala personal la búsqueda de los derechos laborales para la mujer, para Friedan, la lucha por los derechos de la mujer debía ascender a una segunda etapa, donde el hombre no es un enemigo, sino un aliado.

Betty murió en el año 2006, sus libros ya no son leídos tan abiertamente (Y a decir verdad, mucho de lo que explicaba ya se había dicho, otra parte fue desmentida y otra parte ya no es consistente con el nuevo milenio) y prácticamente nadie la cita como referencia, pero sin dudas fue una referente sin la cual muchas no habrían tenido por dónde empezar.

 

Balderouge

Ex feminista radical.

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