“El mundo occidental es un matriarcado en donde los hombres juegan a los patriarcas… Sin ese juego, el matriarcado sería una imposibilidad absoluta”

Esther Vilar, El varón polígamo, página 149

 

 

Johann Jakob Bachofen fue un profesor de Derecho Romano en las universidades de Berlín y Basilea durante el siglo XIX. Presumía de estimación en el ámbito académico hasta que se alejó de la esfera del Derecho Romano y se dirigió hacia el estudio de las sociedades prehistóricas, según algunos, fue el gran pionero de los estudios de la mujer, aquél que habría de descubrir las ginecocracias, el “profeta” del retorno de las madres (Benjamín 2007). Para realizar este estudio de los orígenes de la civilización, Bachofen recurrió una fuente de información de gran diversidad: Símbolos, mitos, relatos, documentos históricos, representaciones artísticas, etnología, antropología y arqueología, algunas citadas mejor que otras. Como resultado, en el año 1861 fue publicada su obra monumental titulada: El Matriarcado (Bachofen 1988).

Durante el mismo periodo fueron publicados 2 obras de carácter revolucionario: El origen de las especies  de Charles Darwin e Introducción a la crítica de la economía política de Karl Marx. Bachofen se enfocó en los relatos literarios del mediterráneo, la re-aparición de las madres parecía ser anticipada en la literatura en el teatro de Goethe, en el Fausto, acto 1:

Mefistófeles: Mal de mi agrado descubro el sublime misterio.

Hay unas diosas augustas que reinan en la soledad. En torno de

ellas no hay espacio y menos aún tiempo. Hablar de ellas es un

trabajo. Son las MADRES.

Fausto: (sobresaltado) ¡Las Madres!

Mefistófeles: ¿Eso te espanta?

Fausto: ¡Las Madres! ¡Las Madres! […] ¡Suena eso de un

modo tan extraño! […].

Mefistófeles: Y lo es en realidad. Diosas desconocidas para vosotros

los mortales, y que nosotros nunca nombramos de buen

talante. Para descubrir su morada, puedes cavar hasta lo más

profundo […]

 

Bachofen no se limitó a la zona mediterránea y amplió su campo de investigación hacia Egipto, Etiopía, Libia y Asia, llegando incluso hasta el imperio Inca. Según los testimonios de Heródoto y Nicolás de Damasco,  tanto los licios como los cretenses tenían costumbres que representaban al “derecho materno”, eso es, solían honrar más a las mujeres que a los hombres, se heredaba el apellido materno y la herencia se transmitía a las hijas y no a los hijos; otros testimonios (Apolodoro; Plutarco) afirman que los licios eran gobernados por mujeres aunque no contaban con leyes escritas, sino más bien, sólo costumbres. Pero finalmente parecían estar de acuerdo en que la soberanía, la propiedad y el poder se transmitían bajo términos matrilineales. La mejor evidencia corresponde a la enervante cantidad de esculturas que reverencian a la gran madre, en comparación a las que veneran al padre.

 

Puede que la Venus de Willendorf sea la evidencia más popular sobre la existencia de un pasado matriarcado como el origen de la civilización occidental, es más, su estatus como la misma parecen acercarse bastante a una suerte de Antropología Pop, su figura gruesa y abundante evoca las primeras representaciones de la Gran Madre, para algunas culturas la Pachamama (Madre tierra para los andinos), Gea (Madre tierra para los romanos), Gaia (Madre tierra para los griegos). Tras el lanzamiento de la obra de Bachofen, la misma no fue bien recibida: A pesar de que contase con algunos notorios entusiastas como: Karl Marx, Friedrich Engels (Este lo cita en su obra Los orígenes de la familia, la propiedad privada y el estado) y Nietzsche. Para empezar, el libro impreso contaba con errores tipográficos y de imprenta, no había divisiones en capítulos y las notas no tenían cambio de letra. Estos errores permanecieron incluso en su segunda edición. Algunos críticos más severos lo vieron como un texto de proporciones “hipertróficas y maniáticas”, llegando a la conclusión de que fuese difícil de que alguien genuinamente haya finalizado de leer el texto. Desde luego, la mayor crítica proviene por el uso de sus fuentes: Bachofen no distingue entre mito e historia, razón por la cual usa el mito como una prueba eficaz para demostrar su tesis de la existencia de la ginecocracia prehistórica, en su propias palabras: “el mito es espejo fiel de todos los periodos de la historia de los pueblos primigenios, manifestación del modo de pensar originario, formulado en la lengua primordial” (Rossi 2009).

 

Ideológicamente hablando, la tesis de Bachofen resultaba problemática para los historiadores, dado que ponía en duda en carácter inmutable del patriarcado, los orígenes de la familia y le confería ahora un nuevo carácter transitorio –O sea, si el patriarcado es algo creado, puede ser desarmado-. Bachofen compara el matriarcado con el patriarcado: El primero es de carácter natural y consuetudinario, el segundo es civil y escrito. La etapa primordial, bajo el dominio de la mujer, había mantenido la sumisión a la naturaleza, vivida como la Gran Madre procreadora y nutritiva, el politeísmo, la veneración de los dioses, de los vínculos sagrados de la sangre y el suelo, el culto de los muertos, la comunidad de los bienes, la igualdad social, la fraternidad universal y, por tanto, la estabilidad y la paz (en esa etapa no se conocieron conflictos internos ni guerras). Originalmente, Bachofen atribuye a la mujer primordial una promiscuidad sexual que carece de fundamento histórico, y científicamente hablando, tampoco tiene sentido, en palabras de Amy Alkon: “Los hombres persiguen, las mujeres escogen”, a estas declaraciones se les sumarían argumentos darwinianos sobre el poder selectivo de las mujeres en el proceso de selección sexual, donde no hay sentido para la promiscuidad sexual de las hembras (Sastre 2015) (Alkon 2018). El origen de la ginecocracia pues se encontraría en la resistencia femenina contra la condición animal que la fuerza bruta desenfrenada del hombre le imponía.

Antropológicamente hablando, la tesis de Bachofen parece haber sido descartada, dicho de otra manera, la existencia de un matriarcado como estructura social jamás ha sido demostrada, tal es el caso que incluso autoras feministas han citado este hecho (Millett 1970) (Beauvoir 1949) (Beauvoir cita a Bachofen en 2 ocasiones, sin embargo, estropea su nombre: Brachoffen). Para poder proceder con la llegada de Esther Vilar, es necesario tener en cuenta algunas circunstancias sobre Johann: Él era un hombre de familia aristocrática, su obra fue dedicada a su madre y a lo largo de la misma, Bachofen se muestra admirador de la democracia ginecocrática, viéndola como más igualitaria y más justa, sin embargo, algunos comenzaron a notar contradicciones entre la obra de Bachofen y su actuar en el mundo, para empezar, el mismo se casó con una joven mujer de 20 años y vivió con ella bajo las leyes del patriarcado. Erich Fromm acusaría esta contradicción.

Es evidente que existe una profunda contradicción entre el Bachofen que admira la democracia ginecocrática y el aristocrático Bachofen de Basilea, que se opuso a la emancipación política de su mujer y dijo: “Por la fuerza de las circunstancias, la democracia siempre allana el camino de la tiranía; mi ideal es una república gobernada, no por los muchos, sino por los mejores ciudadanos”. Es una contradicción que aflora en varios planos distintos. En el plano filosófico, es el protestante e idealista creyente contra el romántico; y el filósofo dialéctico contra el metafísico naturalista. En el plano social político, es el antidemócrata contra el admirador de una estructura social comunista-democrática (…)” (Fromm 1995)

 

No obstante, ¿eran las acciones de Bachofen genuinamente contradictorias? Para los marxistas y feministas lo es, para Vilar, no tanto, al contrario, Bachofen se comportó exactamente como se esperaba que lo hiciera. Desde su primera obra en el año 1971, Vilar nos ha relatado como el sistema patriarcal y la misoginia occidental son de hecho un sistema bien establecido que las mujeres usan a su beneficio a costa de la explotación de los hombres, dicho eso:

“Todos los grandes feministas masculinos provinieron de familias burguesas acomodadas, sus madres fueron pupilas de primera magnitud y, naturalmente, defendieron su privilegiada posición mediante un método muy popular, el lavado de cerebro” (Vilar 1975)

 

Parece innecesario destacar que Bachofen parece encajar a la perfección en las descripciones de Vilar, no obstante, las “contradicciones” de Bachofen no son tales bajo la mirada vilarista, al contrario, Bachofen tuvo una conducta completamente predecible. Según Vilar, el amor entre hombre y mujer debe ocurrir bajo las siguientes premisas:

  1. Máxima contraposición de atributos físicos: La atracción física reside bastante en la diferenciación de cualidades físicas, eso es, que físicamente los implicados carezcan de similitudes, razón por la cual los amantes ideales habitualmente se representan como personas con los atributos físicos masculino / femeninos resaltados, incluso en las parejas homosexuales parece replicarse este modelo, donde los hombres habitualmente son representados como un varón masculino y otro afeminado; y las lesbianas por una mujer femenina y otra marimacho (Estos estereotipos, de hecho, parecen tener amplia replicación en la realidad (Lippa 2007) (SM 1996)(RJ 1999).
  2. Máxima similitud intelectual: Los amantes requieren de similares capacidades intelectuales, de tal modo son capaces de definirse a sí mismo y entre sí, en otras palabras, son capaces de “entenderse”:

En caso de que los individuos consten premisas opuestas, o sea, máxima similitud de atributos físicos y mínima similitud intelectual no encontraremos frente a un “objeto de pupilaje”, un objeto de pupilaje puede resultar bastante provechoso a nivel familiar, los hijos son el objeto de pupilaje por excelencia, sin embargo, el hecho de que es virtualmente habitual encontrar un matrimonio donde el varón sea hasta varias décadas mayor que la esposa le aporta a la mujer una ventaja: El que su esposo la “adopte” volviéndose una esposa/hija como fue el caso de Bachofen. El matrimonio desde una perspectiva feminista es simplemente la compra de una mujer por un hombre, o sea, el prometido compra una mujer a su padre, sin embargo, para Vilar, el matrimonio es simplemente una forma de proxenetismo femenino, ¿Alguna vez se han preguntado él porque del fracaso de los burdeles para damas? Simple, porque las mujeres no necesitan un burdel, literalmente, el mundo occidental es un burdel para damas gigantesco, con diferencia de nomenclatura, al prostituido le decimos “esposo”, a la proxeneta le decimos “esposa”, al burdel le decimos “compañía” u “oficina”, a los clientes de prostitución, simplemente “clientes”, obviamente, los varones no se dan cuenta de que han sido criados por sus madres desde su más tierna infancia para poder ser prostituidos, es más, el proxenetismo femenino es tan exitoso que la proxeneta no debe hacer nada para que el prostituto trabaje, ya que el mismo buscará clientes a quién vender su cuerpo (Vilar 1977). En este sentido, Bachofen no fue sólo un prostituido, sino que incluso calza en la categoría de los llamados “padres públicos”.

 

Es más, Bachofen fue probablemente uno de los primero “padres públicos” que haya habido, pero primero ¿qué es un padre público? Vilar nos presenta la noción de una de las instituciones culturales más grandes que jamás haya habido: La victimización femenina; ver a la mujer como la pobre y lastimera víctima de siglos de opresión y agonizantes maltratos es verdaderamente un trabajo muy sencillo, y nos referimos a ello como un trabajo porque de hecho se puede lucrar con el mismo. La victimización femenina es una institución bastante perjudicial: Niega la voluntad de las mujeres, convirtiéndolas en pobres y lánguidas niñas/mujeres, razón por la cual, cuando se presenta a una mujer cometiendo los más atroces crímenes, suele producir empatía, o bien, se busca a alguna figura que haya corrompido a la mujer en cuestión, obviamente, la figura debe ser por defecto masculina (Pearson 1998), también es perjudicial para los varones, ya que si estos llegan a ser avasallados por una fémina, difícilmente generaran la simpatía habitual que genera cualquier otra víctima, esto se traduce materialmente en las disparidades en el sistema judicial (Starr 2012) (Blinder 2017).

Sin embargo, los límites de estas institución cultural constan, de hecho, con manifestaciones materiales, y así como la luz cuenta con una dualidad onda-corpúsculo, la victimización femenina también cuenta con un comportamiento dual: Publicidad y/o propaganda, aquí es donde entran los “padres públicos”, estos son periodistas, autores y políticos amaestrados por las mujeres para impartir una específica imagen femenina, en palabras de Vilar: “Ellos deben comunicar a sus hermanos que las mujeres son débiles y están necesitadas de protección (…)” (Vilar 1975), es justamente por eso que los varones trabajan tan ávidamente, ya sea para proveer a sus mujeres o bien, escribir los artículos, columnas y libros que deben “revelar” su agonizante estado, ya que si está tiranizando a la mujer, puede ver en su lealtad al trabajo una redención. Esther nos brinda una descripción precisa de los padres públicos:

Los padres públicos son hombres que proveen con datos falsos sobre mujeres a sus camaradas y, obrando así, mantienen y perpetúan el objeto femenino de pupilaje. Entre ellos figuran los periodistas de diarios y revistas encargados de las cuestiones feministas*, los redactores de radio y televisión con sus folletines sobre la mujer oprimida, directores cinematográficos de muy diversos estilos especializados en emancipación, literatos advenedizos que describen de forma novelesca o autobiográfica cómo abusaron sexualmente de sus inocentes compañeras, etc.” (Vilar 1975, 152)

 

Incluso dentro de los padres públicos hay categorías (los que no tienen otra opción, los que se mueren por creer lo que dicen y los que juran que lo que dicen es cierto):

  1. Padres públicos involuntarios: Son editores y columnistas de revistas que se ven obligados a escribir y/o relatar sobre como la mujer es avasallada por los hombres, a decir verdad, la victimización femenina como institución tiene múltiples ramas, el feminismo es simplemente una de ellas, pero también cuenta con variantes masculinas, así como todos adoran ver como la mujer es atormentada, también todos adoran ver como el hombre es el monstruoso atormentador, incluso algunas pensadoras feministas lo denuncian: La victimización femenina vende (Greer 2018), ese es exactamente el problema, la victimización femenina vende y mucho, razón por la cual, los editores se ven obligados a esparcirla con tal de mantener su flujo de ingresos.
  2. Padres públicos voluntarios: En un mundo donde numerosas mujeres deben verse ante su falta de atributos femeninos, numerosos hombres también deben verse ante su falta de atributos masculinos, es entonces que los varones intelectuales en tales circunstancias deben verse en la necesidad de enmascarar su falta de atributos, es por esto que los padres públicos voluntarios suelen ser adoradores compulsivos de las mujeres y o bien, se vuelven sus absolutos delatores, imitando a Norman Mailer o Ingmar Bergman. No es extraño que los adoradores se dediquen a la escritura, y es que una parte de la victimización femenina recae en su inocencia y obviada bondad femenina (Generalmente proveniente de la luminosidad de la figura materna), es por esto que en las obras literarias feministas las mujeres siempre son fuertes y poderosos a quiénes rinden sin condiciones a los hombres, el mejor ejemplo de esto es Wonder Woman (Quién no lo sepa, fue creada por un psicólogo feminista cuya ideología recordaba bastante a los actuales poetas de la auto-agonía femenina). Los varones de la segunda categoría se vuelven supercompensados, o sea, varones que no son consistentes con los modelos masculinos más exitosos entre las mujeres, razón por la que los replican, sin embargo, su falta de talento actoral acaba en un imitación tan exagerada que resulta grotesca, aquello que las feministas han denominado “masculinidad tóxica/hegemónica”, esta contraposición puede identificarse muy fácilmente al notar el lenguaje usado para lidiar con las mujeres, el primero se describirá como un ser “progresivo”, “flexible”, “sensible”, “frustrado”; mientras que el segundo se referirá a las mujeres como “hembras”, “muñecas” a quiénes se les debe “crucificar”, “follar”, “coger”, etc.
  3. Padres públicos por incapacidad: Algunos hombres tienen poderes de interpretación de la realidad muy extravagantes, aquellos varones que no sólo dicen que oprimen despiadadamente a las mujeres, sino que además se lo creen, es aquí donde entran hombres como Karl Marx, Friedrich Engels, August Bebel, Sigmund Freud, Robert Jensen, John Stoltenberg, John Kenneth Galbraith y nuestro consentido: Johann Jakob Bachofen. Todos los varones intelectuales tienen una enorme desventaja para evaluar la condición de la mujer, y es que todos han sido criados y educados por una mujer, lo que obstaculiza su juicio; no es extraño que los más ávidos pensadores revolucionarios fueron creativos demagogos con una extraordinaria imaginación para fabricar y mantener el mito de la mujer oprimida, no es extraño que esto intelectuales estén generalmente completamente desprovistos de pensar con lógica, en caso de que hayan de esparcir completos disparates sobre las mujeres, es porque han de ser supercompensados (Como es el caso de Freud).

 

Los padres públicos tienen la particularidad de ser meros acusadores de su propio sexo, sin embargo, cualquiera con conocimiento de sobre un proceso judicial común debe saber que toda acusación requiere de pruebas, las que vienen en forma de testigos femeninas: Las hijas públicas. Después de todo ¿Qué mejor evidencia para la acusación de que los hombres oprimen a las mujeres que un conjunto de mujeres que afirman ser oprimidas? Puede que las autoras feministas, locutoras de programas de radio y columnistas sean las hijas públicas mejor pagadas que hay, dicho eso, el trabajo de ser una hija pública requiere de muy poco esfuerzo: La retórica intelectual lleva escrita por siglos, lo único que necesitan es memorizarla y luego cotorrearla ad nauseam, el puesto más fácil para ser una hija pública es el de periodista, pues es donde las ideas tienen mayor difusión y pueden narrarse con mayor brevedad, a decir verdad, las hijas públicas aún en su propio imperio constan con muy poco prestigio, y es que su única validez intelectual es el de tener vagina: Nuevamente, ellas existen como las testigos de la acusación hecha por los padres públicos y su condición de testigo sólo tiene validez por el hecho de que son mujeres. La industria de la victimización femenina es básicamente un grupo de niños que juegan al funeral: Los niños toman una lagartija muerta, y luego se ponen a llorar tan fuerte como puedan; las mujeres intelectuales solamente aportan el “lagarto muerto” con el cual se pueda llorar hasta el aburrimiento.

 

Existe luego el paradigma del proxenetismo feminista que conlleva la función de aporta el “lagarto muerto”, generalmente las intelectuales usaran 3 técnicas:

  1. Informe sumario: Una mujer cuenta su trágica historia, generalmente es cierta, mientras que un rebaño dice que su historia es de hecho, una experiencia normal.
  2. Informe insider: Aquí es donde las mujeres cuentan a los hombres sobre “el sentir de la mujer”, ya sea hablando de sus experiencias en la esfera de lo privado o de lo público; por ejemplo, Catharine MacKinnon hablando sobre que todo coito heterosexual es violación (MacKinnon 1987), Germaine Greer explicándole a Playboy exactamente lo mismo pero 15 años antes, o cualquier periodista hablando de que absolutamente toda mujer tiene miedo a salir a la calle en base a los comentarios de no más de 10 o 20 mujeres.
  3. Estadística binaria: Esto es tan simple como citar la primera parte de una investigación pero convenientemente olvidar la segunda parte, por ejemplo: Decir que las mujeres ganan –en promedio- sólo el 77% de lo que gana un hombre, pero olvidar decir que las mujeres trabajan –en promedio- muchas menos horas que los hombres y también suelen trabajar menos horas extras.(Vilar 1975, 171)

 

Cuando nos referimos al proxenetismo feminista hablamos de un uso del primer método, claro está que la prostituida en este caso es una víctima de violación, abuso, trata, o alguna experiencia traumática, para el proxenetismo feminista la prostituida es puesta en un escenario (O sea, se le da un espacio público, de preferencia con un micrófono y un público en vivo), luego se le desviste mostrando su apaleado y triste cuerpo (O sea, es obligada a contar como fue maltratada) y luego su cuerpo es vendido a las masas (O sea, los medios públicos lamerán sus heridas con tal de que su miserable vida sea conocida por todos), finalmente, las proxenetas (Las feministas) se quedaran con una satisfactoria paga (O sea, una plataforma política). Ciertamente, este proceso no son más que las consecuencias de inutilizar al sexo femenino.

Las denuncias de Vilar fueron denunciadas nuevamente por Wendy McElroy, pero en la forma de sesgos investigativos sobre las investigaciones feministas, donde se hacía un enorme énfasis en “las experiencias vividas” dejando de lado el método científico (McElroy 1996)

 

¿Fue Bachofen un profeta de la liberación femenina o simplemente un profeta para otros padres públicos? Su obra fue tomada como punto de partida en otros escritos de autores de la escuela de Frankfurt, por ejemplo: Erich Neumann, La Gran Madre (1956); Erich Fromm, La crisis del psicoanálisis (1970); Franz Baumer, La Grande Madre (1995) y el principal de todos: Gérard Mendel, quién hace un analogía entre la destrucción de la figura femenina y la destrucción ecológica, donde el retorno de las madres será necesario para la salvación de la destrucción del planeta (Rossi 2009)… Como diría Vilar ¿Profetas o Padres públicos por incapacidad?

 

 

Bibliografía

Alkon, Amy. «Unf*ckology: A Field Guide to Living with Guts and Confidence .» 2018.

Bachofen, Johann Jakob. «Il Matriarcato.» 1988.

Beauvoir, Simone de. «Le Deuxième Sexe.» 1949.

Benjamín, Walter. Obras, Libro II/ vol. 1. Madrid: Adaba, 2007.

Blinder, Anna. «The Persistence of the Criminal Justice Gender Gap.» 2017.

Fromm, Erich. «La crisis del psicoanálisis.» 1995.

Greer, Germaine. «Female Victimization Sells.» 2018.

Lippa, Richard A. «Sex Differences and Sexual Orientation Differences in Personality: Findings from the BBC Internet Survey.» 2007.

MacKinnon, Catharine. «Feminism Unmodified: Discourses on Law and Life.» 1987.

McElroy, Wendy. «Sexual Correctness: The Gender-Feminist Attack on Women.» 1996.

Millett, Kate. «Política Sexual.» 1970.

Pearson, Patricia. «When She Was Bad: The Myth Of Innocense.» 1998.

RJ, Zambarano. «Lesbian erotic role identification: behavioral, morphological, and hormonal correlates.» 1999.

Rossi, Annunziata. «J. J. Bachofen y el retorno de las Madres.» 2009.

Sastre, Peggy. «La domination masculine n’existe pas.» 2015.

SM, Pearcy. «Testosterone and sex role identification in lesbian couples.» 1996.

Starr, Sonja B. «Estimating Gender Disparities in Federal Criminal Cases.» 2012.

Vilar, Esther. «Das Ende Der Dressur.» 1977.

Vilar, Esther. «El varón polígamo.» 1975.

 

Balderouge

Ex feminista radical.

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  1. Simplemente hermoso y bastante bien nutrido, muchas gracias

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