El Holodomor es el nombre con el que se denomina al llamado “holocausto” ucraniano, que asoló a la república socialista de Ucrania durante 1932 y 1933.

No me es extraño encontrar multitudes de personas sin siquiera una noción de la existencia de este acontecimiento. Incluso el hecho en sí parece haber sido abandonado en los círculos académicos, para centrarse en el infame holocausto nazi; aunque es válido preguntarse por qué los hechos son habitualmente mal representados o de plano, negados abiertamente.

Quizás varios tengan conocimiento de la noción de que existen personas que afirman que el holocausto nazi nunca ocurrió. Tal es el caso del siguiente encabezado:

 

¿Cuál es la diferencia? Que los negacionistas del holocausto son perseguidos e incluso encarcerlados, mientras que los negacionistas del Holodomor se encuentran cómodamente en departamentos de historia y sociología en universidades.

 

Independientemente de esas circunstancias, es debido revisar que fue lo que –en teoría- ocurrió:

Incluso antes de la revolución rusa, la servidumbre en el siglo XIX era una labor que jugaba un rol fundamental en la economía rusa (aún cuando era considerada como regresiva para la Europa occidental), la cual en ese entonces era una economía pre-industrializada, pobre y agraria. Esto implicaba que la clase campesina conformase una porción importante de la población, y, cuando Alexander II liberó a los sirvientes en 1861, a 23 millones de personas se les concedieron derechos legales.

En teoría, a esas 23 millones de personas se les concedió la posibilidad de organizar e influenciar el cambio político y social, pero, aún cuando tenían libertades legales, muchas de sus vidas de hecho empeoraron: La distribución de la tierra dejó a las más aptas para la cosecha en manos de la nobleza, y a los sirvientes les concedieron algunas porciones de miserable tierra infértil, donde tenían una deuda anual bastante costosa. Los siervos recién liberados fueron puestos bajo el peso de una deuda, que posiblemente los acompañaría hasta sus muertes (o incluso las de sus hijos). La única forma de pagar era seguir trabajando como sirvientes. Esto no fue accidental, la clase dominante consideraba a los campesinos como irracionales e impredecibles, que debían ser controlados por su propio bien y el de la sociedad.

 

Rusia se industrializó durante el cambió de siglo aproximadamente. Con ello, se produjo un aumento en la población, y nació una nueva clase de trabajadores industriales. Muchos eran sirvientes que trabajaban cortos periodos para conseguir un suplemento en sus ingresos, y luego regresaban a sus tierras.

En este ambiente urbano e industrializado, los trabajadores no estaban tan separados de sus empleadores como en los campos, las condiciones de trabajo eran considerablemente peores, e incluso significaban un riesgo mayor que en las granjas; la proximidad entre empleadores y trabajadores elevaron considerablemente las tensiones en las fábricas.

En enero de 1905, un grupo de trabajadores guiados por un sacerdote radical marcharon frente al palacio del zar Nicolás II con demandas acerca de sus condiciones de trabajo y salarios.

 

Las fuerzas imperiales abrieron fuego, matando e hiriendo a cientos de personas. Tras esto, los trabajadores estaban furiosos: las revueltas y protestas emergieron a lo largo de todo el país. Hasta ese momento, los trabajadores habían confiado en el zar.

Las tensiones crecieron a lo largo de la siguiente década, a medida que los trabajadores estaban cada vez más frustrados con el zar. El socialismo, Lenin y sus bolcheviques, comenzaron a ganar popularidad entre los campesinos y los trabajadores industriales. Los trabajadores – agotados – fueron bañados por una ola de patriotismo, a medida que Rusia entraba en la primera guerra mundial, en Agosto de 1914.

Las aportaciones a la guerra comenzaron pobremente: tenían problemas de organización, y a muchas tropas les faltaban los suministros necesarios; la primera línea de infantería a menudo carecía de armas, y su orden era quitarse del camino a la vista del primer colega muerto que vieran. Rusia no era competencia para Alemania, que tenía años de ventaja industrial ante Rusia. Las bajas en Rusia fueron mayores que las de cualquier otro país en cualquier guerra previa. La escasez de comida y otros recursos llegaron a Rusia, la inflación se alzó, la economía – ya frágil por su abrupta transición a la industrialización – fue afligida por una guerra bastante costosa: para otoño de 1915, la moral Rusa era decadente.

Los rusos se volvieron más receptivos a la propaganda y retórica anti-guerra de los bolcheviques, dado que su condiciones de trabajo no estaban mejorando, y mucho menos las condiciones económicas o en las granjas.

Entonces, Nicolás II decidió tomar personalmente el liderazgo de la línea de combate mientras que sus deberes fueron dejados a su no-tan-políticamente-astuta esposa, Alexandra Romanov.

La inflación empeoró, el rublo tenía sólo un cuarto del valor que tenía antes de la guerra. El zar fue obligado a abdicar.

 

Tras esto, el poder fue relegado a un débil gobierno provisional y a sus consejeros, compuesto por soldados y comités de trabajadores. El liderazgo fue inefectivo y dividido; todo estaba listo para que Lenin y sus bolcheviques aparecieran: Los bolcheviques ocuparon los edificios gubernamentales en Petrogrado, y pronto formaron un nuevo gobierno con Lenin al mando. Éste se convertiría en líder del primer hipotético estado comunista del mundo. En enero de 1918, poco después de que los bolcheviques tomaran el control de Rusia, Ucrania declaró su independencia, pero, para 1921, Rusia retomaría el control de Ucrania con la ayuda del ejército rojo.

 

El Holodomor no fue la única hambruna causada por el estado soviético. Hubo tres en total.

La primera, desde 1921 hasta 1923. Las excusas para explicar el Holodomor incluyen sequías y cosechas pobres, aunque técnicamente fue la requisición de granos y exportación.

 

 

Ucrania era un gran productor de grano, y hogar de muchos recursos naturales y minerales; la idea era usar la planificación central para redistribuir las cosechas de grano de Ucrania hacia las ciudades rusas. Naturalmente, en condiciones de hambruna, esto solo causó que empeorará, especialmente en Ucrania.

En 1921, la nueva política económica fue introducida para reconstruir el sistema: pequeñas propiedades granjeras fueron devueltas, permitiendo a los granjeros ucranianos continuar cosechando sus tierras privadas y dirigiendo pequeños negocios. Era en realidad una estrategia para controlar a la población e intentar desarrollar la apariencia de normalidad, mientras los comunistas fortalecían su posición.

 

En 1924, Lenin murió y, durante los próximos años, Joseph Stalin tomaría el mando de la unión soviética y el partido comunista.

 

En 1928, la escasez de grano causada por las malas redistribuciones, forzaron a Stalin a eliminar la propiedad privada de las tierras de cultivo, y colectivizar la agricultura bajo el poder del estado (aunque probablemente este siempre fue su objetivo). Muchos granjeros ucranianos rechazaron incorporarse a la granjas colectivas, así que Stalin introdujo una política de contienda de clase en las zonas rurales, buscando eliminar la resistencia a la colectivización.

Los granjeros exitosos comenzaron a ser denominados como “La clase enemiga” (Kulak) y la ejecución era usada para eliminarlos. Eventualmente, cualquiera que se oponía a la colectivización fue llamado Kulak. En menos de 2 años, se estima que 2 millones de granjeros fueron enviados a Siberia, a campos de concentración o ejecutados.

 

La resistencia contra el nuevo gobierno debía ser eliminada, ya que la base del gobierno era la colectivización. En 1932, el gobierno soviético incremento la cuota de producción ucraniana de grano, asegurándose de que no podía ser cumplida: el 40% de la cosecha de Ucrania debía ser facilitado al gobierno. Las exageradas cuotas de producción efectivamente no se cumplían, y un periodo de hambruna en masa comenzó.

 

Muchos argumentan que la hambruna fue un subproducto de la colectivización y la redistribución del grano a ciudades rusas; sin embargo, está bien documentado históricamente que los métodos de control, en Ucrania, era correctivos. Por ejemplo, el incrementar la cuota de producción a niveles inalcanzables se hizo únicamente para un fin: si no se cumplía, las cosechas restantes podían ser colectivizadas, y se podían deshacer de todos lo campesinos que se oponían o significaban una amenaza para el régimen comunista, a través de la inanición o ejecución.

 

Esta es una de las cartas de Winston Churchill a Joseph Stalin:

-¿Las tensiones de la guerra han sido tan malas para ti personalmente como traer la política de colectivización de granjas?

Stalin:

Oh no, la colectivización de granjas fue una lucha terrible… 10 millones (dijo sosteniéndose las manos). Fue terrible. 4 años duró. Era absolutamente necesario”

“Los ucranianos son unos moralistas, con su profunda religiosidad, individualismo, tradición de propiedad privada y devoción por sus trozos de tierra, no estaban preparados para la construcción del comunismo, y de esto se dieron cuenta los oficiales soviéticos de alto rango”

 

Stalin temía a Ucrania porque eran cristianos, tenían un fuerte sentido de la familia y la comunidad, y devoción y orgullo por y para su tierra. Pareció necesario quebrarlos, considerando que su entera estructura social era completamente lo opuesto al comunismo.

 

No es necesario culpar a Rusia pues los rusos fueron víctimas de estas políticas al igual que los ucranianos.

Los comunistas soviéticos virtualmente odiaban a cualquiera que tuviese una fe, una familia o una comunidad que amar; todas estas cualidades hacen a una sociedad menos maleable y más resistente a regímenes totalitarios, razón por la cual hubo un ataque cultural de los bolcheviques en Ucrania: Aproximadamente, un 80% de los intelectuales fueron ejecutados. y no sólo por su oposición a la colectivización, sino también porque sus ideas habían ayudado a definir y construir la cultura ucraniana. Para acabar con eso, los bolcheviques se vieron en la necesidad de eliminar todo aquello que les diera un sentido de orgullo, comunidad o propiedad. Se llegaron a destruir 14.000 iglesias en Ucrania, además de encerrar – o ejecutar – a una cantidad importante de obispos y sacerdotes.

El 86% de los Ucranianos vivían en zonas rurales; el hambre y la destrucción cultural fueron especialmente efectivas considerando que la mayoría vivía de sus tierras, en pequeñas villas, con lazos familiares o de comunidad. Para 1932 los bolcheviques afirmaron que el sentido del nacionalismo ucraniano debía eliminarse al culparlo por los problemas de distribución de granos. La lengua ucraniana fue purgada de la sociedad rusa y fue estrictamente prohibida.

 

Para final de año, los líderes ucranianos habían sido purgados o exiliados, y remplazados con líderes rusos; sin embargo, el método más efectivo para despojar a los ucranianos de su nacionalismo e identidad rural, fue la colectivización de su tierna devoción por los trazos de granjas familiares.

Los comunistas veían a los granjeros promedio como la amenaza dominante, la distinción entre un granjero pobre y rico era arbitraria (por no decir ambigua):

La palabra Kulak, en 1930-31, tuvo – en la práctica – un significado político, y uno bastante ridículo, por ejemplo: Cualquiera que tuviese un pequeño motor era llamado Kulak. Si vemos a las familias que contrataban trabajadores, eran las viudas y los inválidos, aquellos que no podían trabajar sus tierras por si mismos y tenían que contratar ayuda. Esa era su definición de Kulak.

Es un hecho bien sabido, e incluso dicho por historiadores rusos, que la mejor oposición a la colectivización estaba entre los campesinos que acababan de pasar su revolución para obtener sus tierras, y junto la clase media, que acababan de sacarse a sí mismos de la pobreza”

Dr. R. Krawchenko

 

A inicios de 1933, las fronteras ucranianas fueron cerradas a medida que los campesinos hambrientos comenzaron a cruzar, en una búsqueda desesperada de comida. En 6 semanas, más de 200 fueron arrestados, muchos fueron ejecutados, y el recordatorio era que se fueran a casa a ver a sus familias morir de hambre.

 

A los ucranianos se les negó el derecho a viajar, siendo obligados a quedarse en Ucrania a esperar la muerte. Para el verano de 1933, la hambruna ya era catastrófica: el arzobispo de Viena pidió ayuda para las víctimas de hambruna que eran –y cito-: “Probablemente contados por millones”

También apuntó a la evidencia de que estaban ocurriendo prácticas caníbales, lo que de hecho fue verdad:

No me gusta hablar sobre eso, pero la verdad tiene que ser dicha. Un día, cuando estaba robando carbón de un tren, una mujer con un niño cortado en pedazos fue arrestada, me llevó tiempo entenderlo, ahora me doy cuenta de que era canibalismo”.

Leonid Husin.

 

También se informó, a través de testigos, de familias que comían niños muertos o los usaban para alimentar a las personas más hambrientas.

La demanda del arzobispo, afirmando la existencia de la hambruna y el canibalismo, recibió respuesta desde Moscú –cito-: “Rusia no tiene ni cardenales ni canibalismo”.

Obviamente, rechazaron las demandas del arzobispo. Para el clímax de la hambruna, en 1933, la gran mayoría de los líderes y granjeros eficientes habían sido ejecutados. El siguiente objetivo eran los granjeros vivos. Nuevamente, más cuotas de producción, y cada oposición era castigada con la ejecución a manos del ejército rojo o la policía secreta soviética. Quizás la evidencia más potente de que el Holodomor no fue un accidente, fue que los comunistas no se detuvieron con las cuotas de grano, sino que invadían las granjas de los granjeros individuales, y se llevaban cualquier artículo comestible que poseyeran para sobrevivir al invierno; esta era la última fase de la liquidación del campesinado ucraniano.

El verano anterior, se había promulgado una ley que permitía disparar a cualquiera –incluso niños- que fuese atrapado robando la más mínima pieza de producción alimenticia; sólo era cuestión de tiempo hasta que confiscarán cualquier comida existente.

 

A pesar del cierre de fronteras, los ucranianos hambrientos seguían intentando escapar; un tercio de villas ucranianas fueron puestas en listas negras por no llegar a la meta de producción de grano, así que estaban cortos en rutas de suplementos, lo que aceleraba su inanición. Adicionalmente, mucho del grano confiscado se destinaba a los almacenes gubernamentales, donde el excedente simplemente se desvanecía. Exportaban trigo para comprar armas.

 

Se estima que, como mínimo, hubo 1.8 millones de muertos en esta hambruna, aunque otras fuentes citan hasta 20 millones. Sin embargo, cuando se cita el Holodomor, generalmente se refiere a la hambruna de 1933, pero no fue el único Holodomor en Ucrania.

¿Por qué varían tanto las cifras de fallecidos? Uno de los motivos es que Stalin, con el régimen comunista, estaba cubriendo sus pasos: Mucha información sobre la hambruna fue completamente oculta, para occidente, hasta la década de los 80, cuando refugiados, que habían sobrevivido a la misma, comenzaron a compartir sus historias públicamente.

 

Uno de los mejores modos de cubrir un suceso como este, es con un chivo expiatorio en los medios, que está de acuerdo con tu perspectiva, se congracia y luego dice tus mentiras a la nación; y habían encontrado tal chivo expiatorio con el periodista del New York Times: Walter Duranty.

Walter Duranty fue el jefe de la agencia de Moscú del New York Times. Llegó a recibir un premio Pulitzer por sus artículos sobre la URSS. En su momento escribió:

“No hay tal hambruna o muertes por hambruna, pero hay una extendida mortalidad por enfermedades, debido a la malnutrición… Las condiciones son malas. Pero no hay hambruna”

The New York Times, Agosto 20, 1933, página 3

 

Habían otros periodistas que estaban contando lo que ocurría, pero era problemático dado el prestigio del New York Times. Tales periodistas pueden ser: Gareth Jones o Malcolm Muggeridge. Este último escribió sobre la razón de la hambruna en un artículo titulado “Guerra contra los campesinos”:

“…Por un lado, millones de campesinos hambrientos, sus cuerpos completamente consumidos por la falta de comida; por el otro, soldados, miembros de policía soviética secreta, llevando las instrucciones de la dictadura del proletariado. Habían arrasado el país como un enjambre de langostas, y se habían llevado todo lo comestible; habían disparado o exiliado a miles de campesinos, a veces villas enteras; habían reducido una de las tierras más fértiles del planeta a un melancólico desierto”

Malcolm Muggeridge, Correspondencia británica extranjera, Mayo 1933

 

Entonces, ¿cuál es la mejor estimación de muertos durante la hambruna?

Se sabe, por cartas entre oficiales soviéticos y británicos, de 1933, que las víctimas fueron alrededor de 10 millones. Anne Applebaum, autora del libro La hambruna roja, estima que unos 4 millones y medio murieron por inanición (tengan en cuenta que estas cifras son únicamente de la hambruna de 1933, no incluyen a los fallecidos por la hambruna de 1921); sin embargo, lo cierto es que difícilmente conseguiremos una cifra relativamente correcta de las hambrunas en Ucrania, después de todo, Stalin dijo:

“La muerte de un hombre es una tragedia.  La de millones, una estadística”

 

Lo cierto es se ha intentado minimizar mucho el impacto cultural del Holodomor. Difícilmente cuenta con presencia en algún curriculum de historia, o bien, se intenta reducir el número de fallecidos a 1 ó 2 millones (lo que no es más tranquilizador). Otra estrategia: Desviar la causa, apuntando a los efectos colaterales de la guerra, o bien, sólo un lamentable error de cálculo en la distribución del grano. Otro dato preocupante es la libertad con la que el Holodomor es negado abiertamente.

¿Recuerdan ese artículo sobre la mujer que fue encarcelada por negar el holocausto en Alemania? ¿Qué pensarían los ucranianos si vieran esto?:

 

En 1994, la historiadora ya mencionada, Anne Applebaum, reseñando el libro “Los campesinos de Stalin”, discute que lo que Stalin quería no era matar a los ucranianos de hambre, sino más bien, sacar todo el alimento que fuese posible; el problema era que nadie sabía cuánto era posible sin exterminar a toda la mano de obra, y por ende, arruinar la siguiente cosecha. A grandes rasgos, lo que Applebaum sugiere es que esto no fue más que un juego mal planeado de “ensayo y error”; después de todo, Stalin no tenía mucho que perder.

 

Dentro de la historia popular de la Ucrania moderna, el Holodomor no es sólo una tragedia nacional, sino un acto de genocidio sobre los ucranianos por parte de la Rusia de la unión soviética. Los ucranianos tenían una sociedad cristiana, individualista, basada en la familia y auto-suficiente, y por si se lo preguntan, así es como reaccionan a día de hoy a los símbolos socialistas:

 

¿A alguien le enseñaron esto en sus clases de historia en la escuela?

 

@Balderouge

Balderouge

Ex feminista radical.

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  1. Gran artículo, de éstos artículos está necesitada esta web, que para youtubear ya está youtube. Me encanta leer textos bien documentados que aportan información contrastada y útil y no sólo opiniones más o menos viscerales.

    Creo que ya es hora de que dejemos de hablar de regímenes de derecha e izquierda, porque nazismo, fascismo, maoismo, comunismo, etc son todas ramas del Totalitarismo. El totalitarismo versus el liberalismo democrático es la verdadera diferencia política, porque es la Masa contra el Individuo, la superestructura como sujeto frente a los ciudadanos como soberanos. Ahora bien, el liberalismo económico es el que puso sobre el mundo a estas masas de cientos de millones, bien comunicadas y de pensamiento estandarizado, por medio de la producción masiva y la industrialización. Los liberales deben comprender que el Totalitarismo, como la Sexta Extinción o el Cambio Climático, son engendros nacidos del propio liberalismo económico. Esta autocrítica no se ha hecho, y al que la hace lo acusan de ser comunista, algo absurdo puesto que los totalitarios comunistas fomentan estos desastres tanto como el capitalismo liberal.

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