Hace algunos meses otorgue una revisión al texto Profesando feminismo: Historias precavidas del extraño mundo de los estudios de la mujer de Daphne Patai, en el mismo, la autora exponía un periodo de crisis educativo en los departamentos universitarios de estudios de la mujer, donde el rigor científico, la curiosidad y honestidad intelectual y la búsqueda de la verdad fueron desechados por el retrete con tal de promover una agenda política, de tal modo, los estudios de la mujer (posteriormente renombrados como “Estudios de género” o “Estudios de la mujer y de género”) funcionaban como una línea de montaje donde las activistas feministas eran ensambladas sistemáticas, lanzando al mundo criaturas con pensamientos críticos zombificados y una dialéctica dogmática.

Para introducirnos a fondo en los problemas de los estudios de género (rama académica del feminismo, la cual, es financiada en universidades públicas con fondo público y en algunos casos, organizaciones como la Carnegie Foundation y la George Soros Foundation han financiado becas universitarias en estudios de género, para más información, revisar el texto “¿Quién se robó el feminismo?” de Christina Hoff Sommers) es debido explicar un escándalo ocurrido en abril del año 2017.

En el año 2017, los investigadores sociales Peter Boghossian y Jamie Lindsay (bajo los pseudónimos: Peter Boyle y James Lindsay) escribieron un ensayo titulado “El pene conceptual como un constructo social”, el objetivo era desenmascarar las agendas políticas de las publicaciones en ciencias sociales al escribir un texto ridículo, y cierto era, El pene conceptual como un constructo social es un ensayo-parodia, creado específicamente para ser un menjunje de ridiculeces y argumentos estúpidos, bañados en falacias argumentativas y conceptos completamente absurdos. Los investigadores, en sus propias palabras se
refirieron al mismo:

“Este ensayo jamás debería publicarse. Titulado como “El pene conceptual como un constructo social” argumenta que el pene en relación al género masculino es un constructo incoherente. Sosteníamos que el pene conceptual es mejor entendido no como una parte anatómica de los hombres sino como constructo altamente fluido de la performatividad de género”.

¿Qué ocurrió? El diario dedicado a las ciencias sociales Congent Social Sciences lo publicó, ojala fuese un chiste de mal gusto, efectivamente estas personas habían conseguido publicar un escrito que regurgitaba basura ideológica como una auténtica revisión de los estudios sociales y de género. ¿Cómo lo lograron? Ciertamente, ni Peter ni Jamie eran letrados en estudios de género, según ellos, únicamente imitaron una serie de estilos narrativos de Foucault y Judith Butler (referenciaron numerosas veces a los mismos) y listo, el ensayo estaba escrito y aparentemente, tenía cabida en una publicación real.
¿Qué argumentaba el ensayo? Para empezar, los penes son erróneamente asociados con los hombres, puesto que las personas transgénero antes de someter a una cirugía aún pueden poseerlos, del mismo modo, el pene existe como un “concepto” que está ampliamente relacionado con la hipermasculinidad tóxica, la cual existe directamente relacionada al cambio climático… El pene conceptual conlleva a los hombres biológicos a realizar actos atroces como el Manspreading (acción en la que los hombres abren sus piernas excesivamente cuando están sentados) lo cual no es más que una violación metafórica del espacio a su alrededor. ¿No me creen? Veamos:

“Concluimos que los penes no son mejor entendidos como el órgano sexual de los hombres, sino como un constructo arraigado que es dañino y problemático tanto para la sociedad y las futuras generaciones. El pene conceptual presenta problemas significativos para la identidad de género e identidad reproductiva dentro de las dinámicas familiares y sociales, es exclusionario para comunidades marginadas en función de su identidad de género o reproductiva. Es una fuente de abuso contra las mujeres y otros géneros marginalizados e individuos, es la fuente perfomativa universal de la violación, y es el conductor consensuado del cambio climático”.

 

– El pene conceptual como un constructo social, página 5

Tal como lo leen, la intención de los autores eran implicar que los penes “conceptualmente” causan el cambio climático (Oh por Dios, reseñarlo me resulta tan hilarante). Sin embargo, nos falta cierta sazón para hacer que los académicos de género eyaculen en sus ropas con este ensayo, y eso debía ser, obviamente ¡Lecturas postmodernistas!

“La hipermasculinidad tóxica deriva su significancia directamente del pene conceptual y se aplica a sí mismo para apoyar el materialismo neocapitalista, el cual es un conductor fundamental del cambio climático, especialmente en el rampante uso de combustible fósiles en las tecnologías y la descuidada dominación de los paisajes vírgenes y naturales. Necesitamos profundizar en el criticismo de la dialéctica del objetivismo, o en sus relaciones con las recurrencias masculinas como el pene conceptual para hacer críticas efectivas de la exclusionaria dialéctica objetivista. Todas las perspectivas importan». 

– Ibídem, página 6

¿Y esto está a la altura de los escritos académicos de género? Nótese que en el párrafo anterior la idea zigzaguea con mucha torpeza, empezando por la masculinidad tóxica, con sólo unas palabras salta al capitalismo, con otras líneas llegamos al cambio climático, luego de la nada recobramos los penes y acabamos con la “dialéctica objetivista”.En fin, los defensores de los estudios de género intentaron cubrirle el trasero declarando que el Congent Social Sciences no era una publicación de mayor prestigio, por lo cual, no se desmeritaba a los estudios de género. Sin embargo, ni siquiera era necesario hacer este experimento para desmeritarlo.
Así como la profesora Janice Fiamengo nos explica en su clase 66 del archivo Fiamengo (cómo escribir un paper de teoría de género), ha habido toneladas de escándalos académicos provenientes de los departamentos que, para las personas normales, son escritos completamente ridículos.
¿Qué instrucciones debemos seguir para hacer un ensayo exitoso?, nuestra querida profesora nos da los siguientes puntos a seguir.

1.- Desprecia todo lo masculino, entre más misandria tenga tu ensayo, mejor será evaluado, del mismo modo, debes adornar tu misandria con vocabulario académico, eso es: En vez de decir “En relación con”, podemos usar “Vis-a- vis”, si cambiamos “Correspondiendo con “Isomórfico” tendremos unos párrafos completamente orgásmicos, obviamente todas estas palabras deben tener múltiples sílabas. Por ejemplo: si bien en “El pene conceptual como un constructo social” se describe a la masculinidad con el adjetivo “tóxico” lo cierto es que hubiese sido mejor usar “hegemónica”, la palabra tiene más sílabas, además de que al adjudicar un adjetivo que implica poder, se puede asociar con la tiranía y hacerlo ver como una amenaza mayor.

2.- Sé condescendiente contra los hechos y la lógica, puedes despreciar una realidad física y biológica (Como que los hombres tienen pene) al atribuirle adjetivos redundantes y conectores de posibilidad, un ejemplo en el ensayo ya mencionado es “Los penes anatómicos pueden existir” ¿Penes anatómicos? ¿Acaso hay penes que no sean anatómicos?

Y además ¿Pueden existir? Tengo bastante seguridad de que los penes “anatómicos” no sólo pueden existir, sino que ya lo hacen. En fin, la técnica es clara.

3.- Haz que el lector se pierda entre referencias y citas redundantes, lo cierto es que probablemente veas una serie de ensayos donde cada línea es una referencia, en el caso de los estudios de género, simplemente debes citar a las superestrellas de la teoría de género, aun cuando la cita que uses no tenga absolutamente nada que ver con tu argumento, de
este modo se entrega la ilusión de un argumento más “fuerte”. Por ejemplo: Al usar el concepto “criticismo discursivo” estamos haciendo alusión a Michel Foucault (al cual se cita en El pene conceptual como un constructo social), uno de los maestro ideológicos de la teoría de género moderna y sin embargo, uno de los escritores peor entendidos que haya habido (léase: Manual para una escuela feminista), el cual, hasta dónde tengo conocimiento, nunca le interesaron los problemas de las mujeres y mucho menos se habría atrevido a llamar tóxica a la masculinidad, pero en fin, su texto más recurrido en teoría de
género “Historia de la sexualidad: Volumen 1” nos presenta la idea de que nuestros sistemas de lenguaje y de conocimiento no describen una verdad preexistente sino más bien, constituyen una realidad construida, de su premisa de que la homosexualidad fue creada en el siglo XIX, el feminismo adquiere la premisa de la masculinidad y (por extensión) la feminidad también fueron creadas. No obstante, apelando al nacionalismo americano, la hija marimacho y feminista de Foucault: Judith Butler resulta mucho más seductora a la hora de ser citada en los ensayos, en especial con su escrito Gender Trouble donde nos presentó la idea del género como una “presentación” o género performativo, un proceso siempre incompleto y nunca estable (podríamos bromear diciendo que los lectores de Butler o incluso ella misma no entienden por completo lo que ella quiso decir con esto).

En fin, a finales de los 90’s, dentro de la teoría feminista, el concepto del género se convirtió en una premisa cómoda y predecible para todos los que estuviesen familiarizados con los escritos sobre género.

Para concluir nuestra revisión de instrucciones para escribir ensayos de género, hagamos un ejercicio: A continuación veremos 5 párrafos extraídos de ensayos de teoría de género, entre los cuales se encuentra el ensayo falso del pene conceptual, el ejercicio consiste en encontrar al infiltrado, distinguiéndolo de entre los auténticos, vamos allá:

1.-“Este ensayo reconoce la masculinidad como un sistema negociado de identidades que son logradas a través de la presentación de rituales de atributos fálicos”.

2.- “Así que se nos recuerda nuevamente que la masculinidad (ciertamente, todo género) está siempre incompleta, pero en una constante dialéctica – adaptándose en diferente campos y establecida temporal y evasivamente”.

3.- “El sexo masculino es socialmente construido. Es una identidad política y florece a través de actos de fuerza y terrorismo sexual”.

4.- “El resultado de esta tricotomía de roles es ubicar a los hombres hipermasculinos tanto fuera y dentro de discursos de competencia cuyas dinámicas, vistos a través de un análisis discursivo postestructuralista, promulgan una interacción sistemática del poder”.

5.- “En adición a articular el falo como un concepto temporal en su formulación psicoanalítica tradicional, este libro traza temporalidades alternativas, donde uno podría moverse desde la castración hasta el falo así como en la otra dirección, donde la pérdida del falo es sorpresivamente reganada, o donde el falo aparezca no sólo en el pasado sino como un futuro prometedor. Estas alternativas participan en la premisa de “temporalidades queer”, y quizás pueden llevar a falos más queer y a castraciones menos ansiosas”.

 

Si se han tomado la molestia de leer este ejercicio, veamos los resultados al revisar la autoría de estos párrafos:
1. Amelia Jones, “Presentando el falo: Artistas masculinos presentan sus masculinidades”

2. Paul Kirby y Marsha Henry, “Repensando la masculinidad y las prácticas de violencia”

3. John Stoltenberg, “Rechazando ser un hombre”

4. Peter Boyle y Jamie Lindsay, “El pene conceptual como un constructo social”

5. Jane Gallop, “El falo y sus temporalidades: Sexualidad, incapacidad y envejecimiento”

¿Han acertado? Como sea, esto no se queda hasta aquí, obviamente revisar algunos párrafos puede resultar oportuno y hasta gracioso (Como leer a Lacan o a cualquier psicoanalista), lo cierto es que algunos escritos con su mera premisa pueden resultar
hilarantes. Siguiente parada: ¡LOS GLACIARES PATRIARCALES!

El paper titulado “Glaciares, género y ciencia” no ofrece el siguiente resumen:

“Los glaciares son íconos del cambio climático y el cambio ambiental global. No obstante, las relaciones entre géneros, ciencia y glaciares – particularmente relacionados a las preguntas epistemológicas sobre la producción del conocimiento glaciológico – permanecen infraestudiadas. Este paper propone una línea de trabajo de glaciología feminista con 4 componentes clave: 1) Productores de conocimiento; (2) ciencias con género y conocimiento; (3) sistemas de dominación científica; y (4) representaciones alternativas de los glaciares. Mezclando los estudios feministas de ciencia postcolonial y la ecología de política feminista, la línea de trabajo de glaciología feminista genera robustos análisis de género, poder, y epistemologías en las dinámicas de sistemas socio-ecológicos, por lo tanto llevando a una más justa y equitativa ciencia y relaciones humano-hielo”.

Relaciones humano-hielo… ¡RELACIONES HUMANO-HIELO, GENTE! ¿Si quiera es necesario mencionar todo lo que esta terriblemente mal con la mera premisa de la glaciología feminista?, ¿Nos ahorraremos estos problemas si hacemos que sólo mujeres dibujen los glaciares? Y pensar que esto es financiado con dinero aportado por empresas privadas hipercapitalistas sino es que es sacado del presupuesto público en educación universitaria.

Para concluir, revisemos algo que pueda ser una tanto más… ¿Coherente? No, la palabra “coherente” no es correcta… Digamos que dice cosas más graciosas. Ante ustedes les presento “Efecto fálico o ¿Por qué los masculinistas tienen sentimientos?” (aclaro que el paper original decía “Activistas por los derechos de los hombres” en vez de “masculinistas” pero uso este concepto para mayor familiaridad con la terminología en español), así que preparen su misandria, sus diccionarios psicoanalíticos y sumerjámonos en este encantador viaje.

 

Efecto fálico, o Por qué los masculinistas tienen sentimientos – Jonathan A. Allan Abstract: El movimiento por los derechos de los hombres y su rama académica “Nuevos estudios de los hombres” (N/A: El autor se refiere a los estudios de los hombres y masculinidades como una rama del movimiento por los derechos de los hombres cuando estas dos entidades son complemente independientes entre sí, hasta el momento, los estudios en masculinidades son dirigidos como una sub-categoría de los estudios de género y la teoría feminista, su mayor portavoz es Michael Kimmel, un hombre feminista que no tiene nada que ver con el MDH) son considerados con ligereza en el turno del afecto.

Discuto que expresiones afectivas, “Yo siento” se vuelven fálicas en el movimiento por los derechos de los hombres y funcionan en un modo defensivo. No como el falo como un garante de masculinidad, lo cual está abierto a discusión, la expresión afectiva no puede ser negada – eso es, afecto es completamente subjetivo. No obstante, podemos, como teoristas, preguntar para que el afecto esté siendo utilizado.

El movimiento por los derechos de los hombres está rápidamente ganando presencia en muchos campus universitarios a lo largo de Norteamérica. La universidad Brandon, por ejemplo, donde enseño e investigo, fue la primera universidad canadiense en tener un “colectivo de hombres” que atendiera los “problemas de los hombres”, posicionándose en oposición al “colectivo de mujeres” y recibió una significativa atención de los medios. El colectivo, sin embargo, ha dejado de tener influencia en el campus. En la universidad de Toronto, charlas dadas por un número de intelectuales del masculinismo, como Warren Farrell, Paul Nathanson, Katherinne K. Young y Janice Fiamengo, por nombrar algunos, han sido irrumpidas por facciones opositoras. En la universidad de Ryerson, la unión de estudiantes han votado para censurar cualquier mención de la palabra “misandria” (Una palabra que Microsoft Word no reconoce) y discutiendo a los masculinistas que, de hecho, los hombres siempre han tenido estos derechos y que no existe una amenaza contra los hombres, salvo quizás, su derecho a la masculinidad hegemónica y patriarcal. El 06 de diciembre, 2013, la asociación de profesores universitarios canadienses (CAUT), en su declaración anual sobre la masacre de Montreal observaron: (…)
(…)
En el contexto de este artículo, estoy principalmente interesado en los hombres jóvenes que participan en estos grupos, los tipos de argumentos discursivos que presentan en los campus, y como nosotros, los escolares de género, podemos responder a ellos. No estoy pensando en las particularidades, por ejemplo, los grupos por los derechos de los padres, los cuales a menudo se alinean con el mayor movimiento por los derechos de los hombres,están profundamente interesados en los problemas del padre y del niño. Asimismo, una porción del movimiento masculinista pueda incluir “inactivistas” los cuales “son considerados como un movimiento anti-circuncisión que empezó al inicio de los 80’s en los tiempos de Edward Wallerstein: Circuncisión, una falacia médica americana (Sardi 2014, 94). En este movimiento, la circuncisión, especialmente la rutina de circuncisión neonatal es descrita como una violación a la integridad genital, y así, los derechos del infante varón a esa integridad. Hay, por supuesto, discusiones valiosas que deben ser tenidas en la tierra común entre grupos varios en el masculinismo mayor; no obstante, esto requeriría un mayor espacio que fuese capaz de contener a un mayor cuerpo de conocimiento.
Antes de continuar, es debido posicionarme como un teorista crítico trabajando en la intersección de la teoría del afecto y los estudios críticos de los hombres y masculinidades.

Mi trabajo lee críticamente el ascenso de los derechos de los hombres y lo que esto pueda significar para los estudios críticos de los hombres y masculinidades especialmente desde que la disciplina está comprometido con una postura feminista, anti-homofóbica, anti- racista, pedagogía y práctica.
(…)
Los intelectuales masculinistas, en su intento por salvar la masculinidad y la hombría, insisten sobre y desplegar el lenguaje del afecto aunque, más seguido, sólo son capaces de demostrar que están molestos y asustados, y parecería que otras opciones de afecto simplemente no son presentables. ¿Los hombres experimentan felicidad? Ciertamente no si uno lee los escritos masculinistas, lo que uno encuentra constantemente es furia.

El libro reciente de Michael Kimmel esta aptamente titulado como “Hombre blanco enojado: El hombre americano y el final de una era”, pero lo que es cierto es que estamos rodeados por una gran cantidad de hombres enojados lamentando la pérdida de sus derechos, como el feminismo ha atacado su derecho a la masculinidad, y así continua. Soy un teórico crítico de género, así que mi intención no es delinear los problemas teóricos y metodológicos del movimiento (Le dejaré este trabajo a los sociólogos, por ejemplo) pero en vez trabajar con lo que está ocurriendo, como podamos teorizar el movimiento masculinista, lo que motiva este movimiento y como debemos cambiar el diálogo para que incluya los conceptos de vergüenza y humillación, los cuales demostraré que están profundamente conectados con la ansiedad por la castración.
Este artículo sostiene una postura de investigación feminista y abraza la idea de “estudios de masculinidades”, la cual está formada por teoría feminista y trabaja para desenvolver idea e ideologías asociadas con la masculinidad. Para estudiar la masculinidad es debido que el campo sea feminista, o mejor dicho, comprometido con la agenda feminista (Incluyendo pedagogías anti-racista y anti-homofóbicas). Declarar a los estudios de masculinidades como tales es especialmente importante el día de hoy, viviendo en una cultura de la violación , una cultura que atestigua el constante asenso de misóginos, homofóbicos y transfóbicos activistas por los derechos de los hombres en las universidades, una cultura de denigrar a la mujer promiscua, violencia continua contra la mujer, hombres trans y mujeres trans, y niños de género queer, muchos suicidios de víctimas de bullying, y los delitos sin rostro cometidos a diario en el Internet cuando una mujer se atreve a hablar, cuando sea que una feminista solicita una respuesta, o cuando sea que un niño queer solicita justicia.

Estudiar la masculinidad solicita que seamos conscientes de lo que está pasando en muchos de estos espacios y una vez confirmar nuestro compromiso con el activismo, la pedagogía y la teoría feminista. Como activistas, lo que está en la punta de este artículo es un argumento sobre porque los académicos de los estudios de masculinidades, aquellos que serían desmerecidos como académicos feministas por el movimiento masculinista, necesitamos prestar atención a este movimiento y pensar cuidadosamente que está pasando en nuestros campus.

Simon O’Sullivan nota que “no hay negación o aplazamiento de afectos” y esos afectos son “lo que va debajo, más allá y paralelo a la significación” y asegura que “no se puede leer los afectos, sólo experimentarlos” (Hemmings 2005, 549). Si admitimos que tal es el caso, entonces la declaración del afecto es particularmente poderosa porque precisamente no puede ser negada, eso es, al cambiar al afecto los masculinistas no necesitan probar la veracidad de sus declaraciones porque sus afectos – El sentimiento de que son ciertas – superan la veracidad de la cosa causando ese afecto. Quisiera ofrecer una pequeña advertencia aquí: Estoy hablando de la teoría del afecto, pero no estoy haciendo un argumento sobre afectos dados. En vez, mi trabajo está interesado en del lenguaje afectivo, emociones y sentimientos (N/A: Gente, lean esta última frase una cuantas veces y luego piensen si es que encuentran algo que se sienta sospechoso). No creo que sea un accidente que los hombres blancos se están expresando afectivamente para poder marcar sus declaraciones; ciertamente, hay algo destacablemente político sobre estas declaraciones. Estas declaraciones se vuelven indisputables porque precisamente están marcadas afectivamente y el afecto no puede ser leído, uno solo puede experimentarlo; y es respecto a esto, en que los masculinistas se vuelven fenomenológicos: “Mis experiencias son mis experiencias y no puedes negarlas porque yo creo que son ciertas” Eso es, aun si la investigación cualitativa, cuantitativa y fáctica demuestra la falsedad de las declaraciones, aún no podemos negar la veracidad del afecto.
Ciertamente, voy a aceptar la premisa de que el afecto no puede ser negado – Aunque hay que estar dispuesto a imaginar que algunas serían capaces de montar este argumento, y probablemente sería exitoso, digamos, falsificándolo, lágrimas de cocodrilo y así. Pero entonces, ¿Cómo pensamos en el afecto en este particular escenario con género del movimiento por los derechos de los hombres?

Creo que la respuesta situar el afecto, sentimientos y emociones junto al falicismo (N/A: Naturalmente, si un hombre se queja de cualquier cosa, seguramente no hay nada legítimo detrás de esto, sino que hay algún reclamo relacionado con su falo, Freud estaría orgulloso) Eso, voy a argumentar que el afecto se vuelve fálico, en lo que cargará el rol simbólico del falo, lo que permanece “por y para el hombre” (Potts 2000, 85). Más particularmente, demostraré que el afecto se convierte en una ansiedad a la castración que es central en el movimiento masculinista y por lo tanto convierte al falo en la objetividad de los hombres. Eso es, la castración es una pérdida que debe ser recuperada, y el lenguaje afectivo y la expresiones llenaran este vacío. El afecto es un modo de recuperar el patriarcado castrado que no puede ser negado. El
turno del afecto es político, práctico y fálico. Desde que los objetivos del patriarcado y la masculinidad hegemónica son “volverse más grandes, tomar más espacio y ceder el menos posible” podemos dirigir nuestra atención hacia la correlación entre “la transformación del pene flácido en el falo grande y duro” (Pronger 1998, 72) y, como discutiré, la cuestión del afecto y el privilegio masculino. El afecto, en el movimiento masculinista, es fálico en lo que busca que los problemas se vuelvan más “grandes”, esperando que sus declaraciones “tomen más espacios” en nuestro discurso político, cultural y académico, y así finalmente ceda “menos espacio” a discursos competitivos precisamente porque el sentimiento afectivo, no puede ser quitado o negado. Así como el falo, sin importar cuanto lo intentemos, ser negado – podemos negar su acceso al mismo, pero su poder y simbolismo permanece esencial para una variedad de discursos, ya sea en un lugar de resistencia o en un lugar de poder y celebración, tal es el caso del movimiento por los derechos de los hombres.
(…)

Patrick luego explica “Están en todos lados. Conoces esa publicidad, y está en todos los lugares donde quieres estar, ¡Son como las mujeres! Están en todos los lugares donde quieren estar, no hay donde ir – fábricas, cervecerías, la milicia, incluso en el cuartel de bomberos. Los hombres trabajadores estamos jodidos” (M. Kimmel 2008, 12; 2010, 19;2013, 15). Aunque no veamos el lenguaje afectivo o la expresión, ciertamente reconocemos la manera en que la furia está operando aquí; y más aún, como el falo, ahora un falo femenino desde que los hombres han perdido todo el poder para que el argumento de los masculinistas fuese, arañando sus cabezas “Los hombres estamos follados” (N/A: El autor luego indaga en una pseudo explicación de la pérdida de la virilidad por la penetración anal, para esto, él deliberada malinterpreta el “We’re fucked” como algo sexual – o sea, un “Fuimos follados” – en vez de algo metafórico como un “Estamos jodidos”). Este sentimiento de estar “jodido/follado” no es particularmente nuevo para el masculinismo o los hombres, especialmente los masculinistas, está arraigado en la castración y en el falicismo, y hay una enorme cantidad de trabajo por hacer respecto a la
naturaleza fálica de las declaraciones afectivas. Si no son las mujeres en general que están “jodiendo/follando” a los hombres, son sus madres fallidas, que los convirtieron en hombres blandos carentes de masculinidad y virilidad y luego los alienaron contra sus padres (N/A: Para más información sobre este patético argumento, revisar el concepto de “Madres nevera” de Freud), si no son las mujeres en general y las madre en particular, entonces es el sistema educativo que ha privilegiado a las niñas y feminizado la educación y así (M. Kimmel 2006, 2010) (N/A: La feminización del sistema educativa es de hecho, una
realidad que se refleja en la representación de los hombres en la universidad y su sobrerepresentación en el fracaso académico, para más información revisar el texto La guerra contra los chicos de Christina Hoff Sommers). No estoy interesado en la veracidad de estas declaraciones, porque no se trata de la realidad de estas declaraciones sino sobre los sentimientos que los motivan (N/A: Nuevamente, lean varias veces está última línea y luego pregúntense si es que hay algo mal con todo esto). “Los chicos están jodidos/follados” se ha vuelto el mantra de un movimiento que declara que hay una guerra contra los chicos y que la masculinidad está en crisis. El movimiento, como una agenda política demandando que prestemos atención a sus declaraciones, sus preocupaciones, sus ansiedades, busca regresar la masculinidad a los hombres, a su merecida posición en la cima.
El problema, sin embargo, no es sobre estar “jodido/follado” sino por la vergonzosa y humillante posición que ser “jodido/follado” pone a los hombres. Para un hombre ser follado, él debe entregarse, ponerse debajo, y volverse el pasivo en la estructura jerárquica en el lenguaje de follar (N/A: Este sujeto sería un excelente escrito de literatura
homoerótica, lástima que es un pseudo-psicoanálista con el feminismo por credo). Como un amplio número de académicos han notado, para un hombre ser penetrado, lo que es ser “jodido/follado”, es renunciar a su masculinidad. “abdicar el poder” (Bersani 2009, 19).
Cuando el sujeto de M. Kimmel (2008, 12), sugirió que los hombres han sido “jodidos/follados”, su lenguaje es completamente intencional, especialmente desde el ““Follar”” [. . .] No es meramente expresivo, es un argumento (Tomlinson 2010, 76-7)
Cuando Patrick usa esta palabra él está haciendo un argumento muy real, especialmente desde que la palabra no es neutral o sin valor. Follar o ser follado no es lo mismo que hacer el amor, tener sexo, mantener coito, debemos admitir que follar contiene “las políticamente tensas complicaciones de la violencia sexual” (Tomlinson 2010, 81), una violencia que es igualmente encontrada en el lenguaje de quién habla de “la guerra contra los chicos”. Lo que sea que esté pasando o no pasando, lo hombres sienten que están siendo follados, han sido follados, y esto es, por supuesto, un uso particularmente problemático en una cultura que no parece ser capaz de escapar de la cultura de la violación y el Slut-shaming. (N/A:

Lo que el autor está haciendo es similar a lo visto en el pene conceptual, seguir una línea argumental para luego brincar de la nada a una narrativa que aparentemente no tiene nada que ver con el tema central, ¿De qué le servía hablar del lenguaje simbólico que obtuvo al deliberadamente malinterpretar las palabras de un solo sujeto? Le permitió proyectar esa
malinterpretación sobre todo el masculinismo y luego brincar a una argumento sobre la “negación de la cultura de la violación” y los efectos negativos que tiene para las mujeres, de alguna manera, el autor consiguió que algo como “Estamos jodidos” se convierta en un invisibilización a las mujeres sexualmente agredidas, aplausos por este merito, se necesita mucha paja psico-analítica para lograrlo).
Lo que es la punta para estos hombres que siente follados/jodidos es, por supuesto, su masculinidad, que es conferida por el falo que garantiza y confirma la masculinidad, y también, y quizás más importante, su exclusión y alienación de una sociedad
constantemente más feminizada y su derecho a una identidad victimizada. Pero quizás, he llegado muy rápidamente a una conclusión (N/A: Créeme colega, nos dimos cuenta de ello), y por consiguiente, quiere trabajar en este lenguaje de violencia y victimismo, el cual está directamente conectado y materializado en el afecto fálico (N/A: El autor a lo largo de

todo este desastre ha conseguido describir maravillosamente al feminismo, pero por algún motivo, lo llama “masculinismo”, “movimiento por los derechos de los hombres” o “afecto fálico”, asume que es para mantener a Michael Kimmel pomposo e inflado). En el fondo, las expresiones afectivas son menos sobre estar enojado y más sobre estar castrado.
La castración se vuelve, así, en un importante modelo para pensar sobre los “sentimientos de los hombres” precisamente porque esos sentimientos están gobernados por un sentido de perdición y, más aún, este sentido de perdición esta fundamentalmente fuera de control. Jane Gallop (2002, 132), por ejemplo, sugiere que la castración ocurre cuando un sujeto “se encuentra a sí mismo inscrito en un orden simbólico que no controla”, que es lo que encontramos en el masculinismo que posiciona al feminismo, por ejemplo, como un poder de control y un motor de paradigmas de género. El mayor miedo, sin embargo, sostendré que este en el parafraseo de ser “jodido/follado” y lo que este revela sobre el poder y la dominación. El miedo es sobre perder el falo así como a entregarse a un poder que no debería tener poder fálico, el cuerpo femenino, la agenda feminista, las que han usurpado la normatividad patriarcal.
Michel Foucault (1985), y David Halperin (1995) han notado que ser “follado”, es entregarse, rendirse, “abdicar poder” (Bersani 2010, 19); en otras palabras, ser “follado” es ser sexualmente femenino porque “ser pasivo es de alguna manera humillante” (Foucault en Bersani 2010, 19).

Si ser follado feminiza al sujeto y lo obliga a renunciar al poder, entonces seguramente debemos atender lo que está siendo follado y como afecta a la declaración de poder y género. El falo es el símbolo por excelencia de masculinidad precisamente porque su meta es “Volverse más grande, ocupar más espacio y ceder el menos posible” (Pronger 1998, 72) como ya he anotado, pero necesitamos pensar cuidadosamente sobre lo que la “transformación del pene flácido en un falo grande y duro” significa precisamente “el falo expandido está protegido por el deseo del otro lado: el ano cerrado” (N/A: Prepárense gente, estamos por entrar en el fabuloso erotismo anal, o sea, más bazofia freudiana) y más importantemente “el ano apretado protege el espacio masculino al repeler la invasión” (Pronger 1998, 72). El ano se vuelve importante precisamente porque es impenetrable, donde el cuerpo masculino y el falo atado a él es “conquistar e inviolable” (Pronger 1998,
72). Mi disputa aquí es que está pasando en el masculinismo es que los sentimientos son expresados y están localizados en el hecho de que el cuerpo repentinamente se ha vuelto penetrable y aparentemente siendo conquistado, o por lo menos los hombres sienten que sus cuerpos, su derecho al falo y el patriarcado están siendo conquistados por una rama particularmente poderosa del feminismo.

Esto ya ha sido suficiente, si se lo preguntan, la conclusión explica que los masculinistas tienen sentimientos debido a que se han apropiado deliberadamente de las tácticas del feminismo para vilificarlo (Es irónico que este sujeto lo admite), lo cual está motivo por el miedo a la castración (Todo esto en base a una perspectiva hiperfreudiana del mundo donde el falo es un símbolo de poder y dador de vida, por lo que los masculinistas asocian la pérdida de su masculinidad con la “muerte viril” y de poder), en fin, luego de toda la bazofia psicoanálitica, posturas dónde los hombres son dibujados como penes con un cuerpo adjunto a ellos (Esto también tiene cabida en el psicoanálisis) y la declaración de lealtad del escritor al feminismo en sus primeros párrafos (Incluso declara su asociación con la agenda política del feminismo) vale preguntarse todo este paper no fue más que una masturbación feminista por un hombre buscando darle sexo oral a una agenda política (Por cierto, han de notar la enorme cantidad de similitudes entre el paper revisado y la lista de instrucciones de Fiamengo) y si la teoría de género moderna no es más que una suerte de lysenkoísmo moderno, y dada las revisiones de Daphne Patai y Noretta Koertge, no es precipitado juzgar estos trabajos como ramas convenientemente creadas para complacer a una agenda política, si tal es el caso, vale preguntarse qué beneficio consiguen los aportadores financieros, tanto privados como estatales al financiar la plataforma política del mismo movimiento que pretende “desestabilizar” el orden social que permite a estas entidades tal lujo, o en otras palabras (Y recordando la relación íntima entre el patriarcado y el capitalismo), si el patriarcado verdaderamente existe, ¿Qué está haciendo dando una
plataforma académica y financiando económicamente al movimiento que pretende destruirlo?

@DominoYayo

Balderouge

Ex feminista radical.

Esta entrada tiene 4 comentarios

  1. Efectivamente, cabría preguntarse por qué el supuesto patriarcado alimenta todo esto, pero para responderlo correctamente habría que entrar de lleno en la conspiración.

  2. Joder, es estupendo. Me estoy leyendo los artículos de Balderouge del tirón.

    Quien desee más info sobre el «pene conceptual» y los estudios de género en general, pueden leer estas traducciones (hechas con permiso de los autores):

    «Caso Sokal 2.0 — Envidia del pene: dirigiéndose a sus críticos», por Helen Pluckrose https://medium.com/@Carnaina/caso-sokal-2-0-envidia-del-pene-dirigi%C3%A9ndose-a-sus-cr%C3%ADticos-80e1e9ee0e6e

    «¿Por qué a nadie le importa la teoría feminista?», por uno de los coautores del engaño del «pene conceptual», James A. Lindsay https://medium.com/@Carnaina/por-qu%C3%A9-a-nadie-le-preocupa-la-teor%C3%ADa-feminista-e2d1ca788ddc

  3. Respecto a tu pregunta final. Será porque financiando a fundamentalistas y enagenados dejarán en ridículo a un movimiento social (el feminismo) y a una ciencia (las ciencias sociales). Además, poco a poco y de manera paradógica pueden erosionar progresos sociales regresionando a la segmentación social (con los espacios seguros), a la represión sexual y el control policial de toda actividad. Y buscando y buscando se encontrarán más sorpresas e inclusive futuros nuevos negocios.

  4. Efectivamente, se trata de neo-lysenkoismo, y si bien no se manda a la gente al gulag todavía, sí se destruyen carreras y se dedican ingentes cantidades de dinero público a cebar estos círculos políticos que han ido adueñándose de las universidades y controlan desde los syllabus a quién puede venir a la universidad a dar charlas. De todas formas, es justo reconocer que este uso del lenguaje incomprensible, el control de los sindicatos de estudiantes, las donaciones a los departamentos y otras tácticas no son exclusivas de la ideología feminista y de género, sino que son un mal endémico de la institución universitaria en Occidente. Por ejemplo, enormes recursos son dedicados cada año a investigar y divulgar en los medios la teoría de supercuerdas, cuando se trata de una hipótesis ¿científica? que en cuatro décadas no ha hecho prediciones ni se pueden hacer experimentos para refutarla. La teoría de cuerdas es el creacionismo de la Física moderna, que muchos físicos y filósofos de la ciencia no critican por miedo al ostracismo.

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