¿Cuáles son los principios básicos de la caricatura de una feminista? Obviamente, una mujer obesa, lesbiana, que odia a los hombres, poco atractiva y con una personalidad enervante y fastidiosa. Para esta nota nos centraremos en el segundo elemento: La lesbiana.

Las lecturas más próximas al pensamiento común indican que este prejuicio surge simplemente de la discriminación a la lesbiana, es decir, ser lesbiana está mal, por lo tanto, a la feminista se le juzga como “lesbiana” para poder desprestigiarla, cuando en realidad, la idea básica es que no existe relación tangible entre el feminismo y el lesbianismo. Tal es la explicación popularizada, sin embargo, la realidad es bastante diferente:

“El feminismo es la teoría, el lesbianismo es la práctica”

          Ti-Grace Atkinson

Atkinson les debe resultar familiar a aquellos/as que recuerdan la reseña de Valerie Solanas, y de hecho, esta frase fue acuñada por ella en su periodo como presidenta de la NOW (National Organization of Women), dado eso, ¿Cuál es el sentido de apostar por un tórrido lesbianismo determinado por la política y no el sentimiento romántico entre mujeres? De acuerdo a Sheila Jeffrey en su declaración: “¿Amar a tu enemigo? El debate entre el feminismo heterosexual y el lesbianismo político?” ; los hombres y las mujeres existen como polos en conflicto, por lo tanto, la mujer heterosexual es básicamente una traidora que no sólo es cómplice en la opresión a la mujer, sino que incluso puede promoverla y ejercerla, dado es eso, resulta lógico que el feminismo solicite a la mujer que se entregue a las relaciones lésbicas (o cuando menos, rechace las emociones heterosexuales) con el fin de hacer una declaración política (recuerden, Lo personal es político).

“El simple hecho es que toda mujer debe estar dispuesta a identificarse como lesbiana para ser completamente feminista”

       Sheila Cronin

 

Sin embargo, el análisis de la faceta lésbica de la mujer tiene su origen en uno de los feminismos más particulares que Francia nos hubiese dado, es hora de enfrentarse a Monique Wittig:

Wittig vendría a ser la gran predecesora de lo que hoy conocemos como Judith Butler (esta misma vendría a ser la cría entre Wittig y Michel Foucault, irónico, puesto que todos estos personajes son homosexuales), la cual desarrolla líneas de pensamiento entorno a la orientación sexual, sexo y género en perspectivas políticas.

Su gran obra yace bajo el título: La mente heterosexual. ¿Cuál es el planteamiento de Monique? La orientación sexual no es un componente personal del individuo que puede desarrollarse o generarse por variables genéticas o ambientales, es un régimen político que opera bajo lo que ella denomina “la economía heterosexual”, esta economía no es más que una rama del capitalismo, el cual, inventó la heterosexualidad para responder a una agenda política, la cual puede ser llamada “la agenda reproductiva”, con la cual, esta economía heterosexual puede sostener un perpetuo suministro de capital humano.

 

Dado eso, es momento de establecer una línea de comparación entre la terminología de Wittig y el pensamiento feminista moderno: ¿Qué es el sexo y que es el género? Actualmente se intenta evaluar al sexo como una serie de componentes anatómicos, determinados por el genotipo del individuo (es decir, cromosomas XX y XY), el sexo se divide entre macho y hembra, es decir, hay personas con penes, próstatas y testículos; y personas con vaginas, clítoris, úteros y ovarios. Mientras tanto, el género correspondería a la serie de comportamientos y expectativas para cada sexo a partir de una configuración social, es decir, el género se evalúa como un constructo social. ¿Cuál es el análisis de Wittig? La diferenciación es incorrecta, el sexo siempre ha incluido al género y el género siempre ha sido sexo, sin embargo, ambos son constructos sociales, es decir, manufacturaciones sociales que responden a un agenda política.

“La categoría de sexo es la categoría política que funda a la sociedad como heterosexual”

  Monique Wittig. La mente heterosexual

El feminismo de Wittig no se orienta a la “visibilidad de los derechos de las mujeres”, por el contrario, para Monique, el objetivo político de las mujeres es destruir la categoría política de “mujer” (eso es lo que lo hace tan extraño, es un feminismo que busca “destruir” a la mujer y no “salvarla”). El sexo biológico es una categoría política, que se entiende como natural, debido a que ha sido naturalizada con mucha eficiencia, sin embargo, el sexo biológico es simplemente una categoría que oprime a quién lo porte, es decir, la “mujer” es un mito que debe destruirse. Si bien, algunos podrían decir que la mujer es su cuerpo, es decir, son las características corporales de un individuo que otorgan la definición de mujer (El sexo femenino), sin embargo, para Wittig, una mujer no es su cuerpo, la mujer es su opresión, es decir, aquello que la mujer sea mujer (y no otra cosa) es que esta oprimida, hacer que la portadora de la categoría “mujer” sea liberada de la opresión implica dejar de ser “mujer” (ser mujer significa estar oprimida, dejar de estar oprimida es dejar de ser mujer).

“Porque no hay sexo. Hay, pero un sexo que es oprimido y uno que oprime. Es la opresión lo que crea el sexo y no lo contrario”

Monique Wittig. La mente heterosexual

 

¿Cómo introducimos la identidad lésbica en la narrativa de Monique? Esto se explica con el lema de su obra, y su trabajo en el libro El cuerpo lesbiano:

“Las lesbianas no son mujeres”

La categoría de “mujer” sólo tiene sentido en los sistemas económicos y de pensamientos heterosexuales, para ser mujer se requiere de la contraposición con la figura del hombre (La categoría de mujer deriva de la categoría de hombre), razón por la cual, la lesbiana al rechazar esta contraposición, no puede ser considerada mujer.

“Francamente, [La definición de mujer] es un problema que las lesbianas no poseen por un cambio de perspectiva. “Mujer” solo tiene sentido en sistemas heterosexuales de pensamiento y en sistemas heterosexuales económicos. Las lesbianas no son mujeres”

Monique Wittig. La mente heterosexual

Wittig es incluso tan audaz como para comparar a las lesbianas con esclavos negros que escapan de los campos de algodón, sin embargo, ¿Qué hay de los hombres? Después de todo, los hombres también tienen –en teoría- un sexo: el masculino. ¿Significa esto que los hombres están oprimidos por la misma agenda política? No, esto se debe a que Monique (en su total devoción por la teoría de Simone de Beauvoir) argumenta que los hombres son de hecho: un no-sexo, los hombres no tienen sexo, el único sexo que existe es el femenino. Tener sexo implica ser diferente, ser “lo otro”, ser sexuado, los hombres no tienen un sexo y el sexo masculino no existe, ya que aquello que se entiende falsamente como sexo masculino es simplemente lo que conocemos como “lo normal”.

 

Acoplando todos estos datos es debido llegar a la conclusión: La categoría de “mujer” es aquella que produce la opresión, por lo tanto, el objetivo del feminismo no es “liberar a la mujer”, esto de hecho resulta contraproducente, por definición [De Wittig] la mujer es políticamente incapaz de ser libre, sino más bien, el objetivo del feminismo, es la completa aniquilación de la categoría política y social de “mujer” y el olvido del mito de la “mujer” biológica. Haciendo las cuentas, resulta no sólo lógico, sino políticamente necesario que el lesbianismo sea una opción a considerar en la militancia feminista.

La obra de Wittig puede resultar controvertida, ella abiertamente rechaza las bases científicas para la definición de sexualidad y sexo, incluso para otras feministas, decir que el sexo y el género son exactamente lo mismo resulta problemático (Wittig se refiere al género como <<Sexo ficticio>>). Toda la obra de Wittig toma como punto de partida la obra de Simone de Beauvoir.

“Una no nace mujer, sino que llega a ser una”

                                                                                Simone de Beauvoir, El segundo sexo

 

Esta frase resulta curiosa, si bien Simone sostenía que existía un género que es adquirido –Social-, también reconocía aquello que se entiende como “hembra”, es decir, existe un sexo biológico que es, en efecto, fáctico e inmutable, es decir, para que “una” se vuelva “mujer” primero debe existir esta “una” que debe ser hembra; no obstante, para Wittig estas distinciones no importan, todo es una creación que opera de acuerdo a las diabólicas operaciones del capitalismo. Así es, en resumen, la heterosexualidad es un invento del capitalismo y es responsabilidad del feminismo abolir este invento que opera como una “institución” patriarcal.

El feminismo de Wittig se vuelve complicado cuando el lesbianismo se vuelve aquello que es “esperable”. Incluso ella misma afirma que la heterosexualidad tienen un comportamiento compulsivo y obligatorio, esto se debe a la presencia de lo que ella llama “el contrato heterosexual”, el cual todos estamos virtualmente obligados a “firmar”, en sus propias palabras:

“Serás heterosexual o no serás”

 

Sin embargo, vale preguntarse si es coherente abolir una economía heterosexual a riesgo de establecer una economía homosexual, es decir, que cada individuo este culturalmente obligado a la homosexualidad. Bajo este principio, lo único que se consigue es que los mismos individuos que deberían ser liberados se vean oprimidos por un sistema que opera en significados opuestos.

Wittig también era una escritora de libros de ficción, y la obra más destacable dentro de su repertorio es Les Guerrilleres, una obra de guerra que narra una irónica guerra entre los sexos (muy a lo Beyoncé en el video Run the World) en donde los hombres –obviamente opresores y despiadados- combaten con las empoderadas mujeres. Como es de esperarse, las mujeres ganan la guerra, y de hecho, el bando de las mujeres es apoyado por algunos hombres que buscan la liberación de las mismas (lo que hoy en día correspondería al individuo deconstruido que se atormenta por nacer con cromosomas XY), si bien la obra debe ser evaluada en términos literarios y no políticos, se pueden rescatar algunos elementos bastante interesantes.

Los hombres son los malos y las mujeres son las buenas, y de no ser el caso, los hombres se encontraran apoyando a la bondadosas mujeres (no hay puntos medios); las mujeres obviamente han de ganar la batalla… En fin, literatura previsible.

Así que ya saben, si desean ser mejores feministas, cállense y comiencen a lamer vaginas (obviando que me dirijo al público con cromosomas XX).

@DominoYayo

Balderouge

Ex feminista radical.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Excelente trabajo!!! Un gusto leerlo.

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