“Este libro está dedicado a las personas que no aparecen en él: a los pocos hombres que no se dejan amaestrar y a las pocas mujeres que no son venales. Y a los seres afortunados que no tienen valor mercantil, por ser demasiado viejos, demasiado feos o demasiado enfermos”

       Esther Vilar, El varón domado, prefacio

Esther Vilar es probablemente una de las mujeres más peligrosas que jamás hayan acechado el movimiento feminista, si bien las mujeres conservadoras siempre fueron descartadas con desprecio por la línea política del movimiento, Vilar se ganó el odio del movimiento por lo que fue uno de los textos más incendiarios respecto a las relaciones entre géneros que se haya escrito. El gran pecado de Esther fue invertir la narrativa de las relaciones de poder entre los sexos y declarar las estafas y malicias de las mujeres, es por eso que me refiero a Vilar como un feminismo satanista, puesto que ataca a la mujer y defiende al hombre (aunque en sus propias palabras: “Defiendo al hombre, pero al mismo tiempo me burlo de él”).

 

La obra de Vilar fue generalmente reducida a su texto primerizo “El varón domado”, lanzado en el año 1971 tras el lanzamiento de flamantes títulos como La hembra eunuco de Germaine Greer, Política sexual de Kate Millett, Dialéctica del sexo de Shulamith Firestone e incluso textos más clásicos como La mística de la feminidad de Betty Friedan y El segundo sexo de Simone de Beauvoir (de hecho, Esther relega a un lugar bastante miserable a todas estas autoras), y ciertamente, todas las conclusiones de estas autoras cuentan con un lugar bastante irónico y consecuente en la obra de Esther (os invito a encontrarlas mientras revisamos sus teorías).

 

¿Qué plantea Vilar? El pensamiento vilarista es bastante inflamatorio, se le puede considerar como la sacerdotisa del MGTOW por su postura respecto a las mujeres. Replicando la lectura de clases de Marx al campo de los sexos, Esther Vilar identifica una organización desigual entre hombres y mujeres como colectivos; aunque ella no usa los colectivos “oprimido” y “opresor” (Aunque es un tanto similar), ella usa los conceptos de clase “trabajadora” y clase “parasitaria”, los hombres son la clase trabajadora, criada y educada para únicamente trabajar, ya sea para sí mismo o para mantener a su familia y a su mujer; las mujeres por su parte son la clase “parasitaria”, aunque esta distinción es bastante flexible, no toda mujer es un parásito, está puede trabajar de manera permanente para colaborar a la fuente de ingresos del hogar junto a su marido, aunque generalmente trabajara de manera transitoria, y difícilmente mantendrá económicamente a su marido.

Las mujeres organizan las cualidades “masculinas” y “femeninas” de acuerdo a su utilidad, lo masculino es todo lo que sirve para trabajar, todo lo útil, mientras que lo femenino es todo lo inútil y todo lo que no sirve de nada a nadie. Es por esto por lo que el hombre está obligado a ser masculino, puesto que desde pequeño se le enseña a que debe trabajar: trabajar será su destino, su razón de vivir y la única función que se le enseña que puede validar su existencia, razón por la cual, toda su apariencia se orienta al trabajo:

“Pero, por regla general, el varón utiliza todas las mañanas durante tres minutos una máquina de afeitar eléctrica para poner coto al crecimiento de la barba; y para el cuidado de la piel le basta con agua y jabón, pues lo único que 6 se exige a su rostro es que esté limpio y sin maquillar, o sea, que todo el mundo lo pueda controlar. Aún habría que hacer mención de las uñas del hombre: han de estar todo lo recortadas que lo requiera el trabajo. Un varón viril no lleva joyas (aparte del anillo de bodas, indicador de que ya hay una mujer determinada que lo utiliza de un modo determinado). El reloj de pulsera, grande y grosero (impermeable, antichoque y con ventanilla para la fecha) no es un objeto de lujo, verdaderamente. A menudo se lo ha regalado la mujer para la que trabaja.”
El varón domado, página 7

 

Los varones no aceptan este régimen debido a que les convenga o debido a que les guste, fueron domados por las mujeres, las mujeres doman a los hombres y les hacen creer que ellos son los grandes opresores, los maestros todopoderosos, el sexo fuerte. ¿Quién creó la idea de que el sexo femenino es el sexo débil? Las mujeres, ya que de esta manera pueden demandar y solicitar que se espere menos de ellas, adquiriendo una vida fácil y menos exigente (así pueden evitar el servicio militar, las labores físicamente exigentes, o en algunos casos, evitan trabajar en lo absoluto).
“Dicho de otro modo: el varón busca siempre alguien o algo a que poder esclavizarse, pues sólo se siente cobijado si es esclavo. Y su elección suele recaer en la mujer. Pero ¿quién o qué es la mujer para que el varón, que le debe precisamente esa vida deshonrosa y la explotación en regla a que está sometido, se esclavice a ella y se sienta cobijado precisamente junto a ella?”

El varón domado, página 9

 

Vilar sostiene que los hombres y mujeres poseen capacidades intelectuales similares, sin embargo, el estilo de vida de la mujer –Animalesco y bajo, puesto que ella prefiere los bienes materiales por sobre todo- la lleva a que su intelecto se atrofie por falta de uso, dejándola en un estado de estupidez irreversible.
“¿Por qué no utilizan las mujeres el cerebro? No lo utilizan porque no necesitan capacidad intelectual alguna para sobrevivir. En teoría es posible que una mujer hermosa tenga menos inteligencia que un chimpancé, por ejemplo, y que, sin embargo de ello, triunfe en el medio humano. No más tarde de los doce años -edad a la cual la mayoría de las mujeres ha decidido ya emprender la carrera de prostituta (o sea, la carrera que consiste en hacer que un hombre trabaje para ella a cambio de poner intermitentemente a su disposición, como contraprestación, la vagina)-, la mujer deja de desarrollar la inteligencia y el espíritu.”

Ibídem, página 11

Los hombres evalúan a las mujeres en su propia escala, o sea, las sobreestiman pensando que están en su mismo plano intelectual o emocional, esto es debido a su doma, lo que los hombres no saben es que las mujeres son demasiado tontas y carentes de sentimientos para evaluarse a esos estándares, y es que los hombres se creen la medida de todo. Dado a que evalúan a las mujeres en su mismo estándar, no pueden evitar pensar que hay algo que evita que la mujer “se libere”, abandone las labores domésticas y salga al mundo, se vuelve un ser intelectual y compita con el resto de los hombres. Motivados por el sentimiento de culpa –Los hombres creen que son los causantes de la inexistente opresión de la mujer- llenan a la mujer de electrodomésticos y aparatos que facilitan su labor doméstica: Hornos eléctricos, aspiradoras cada vez más pequeñas y silenciosas, lavadoras y secadoras automáticas, máquinas lavaplatos, incluso la crianza de los hijos se ve facilitada con la creación de jardines infantiles, y aún si no se puede acceder a ellos, los hombres habrían de crear juguetes con los que los niños dejarían de hacer perder el tiempo a sus madres (Los mismos son solamente rehenes para la mujer que mantienen oportunamente al varón atado a ella, a la madre sólo importa que sus hijas sean tan buenas explotadoras como ella y que sus hijos sean tan buenos esclavos como su padre –Los hombres no existen para la mujer, ni siquiera como hijos, antes de pensar en sus hijos, las mujeres piensan en la mujer que los someterá, de ahí viene el repudio por los hombres homosexuales, puesto que estos no son más que hombres que se niegan a ser esclavos de las mujeres-); el hombre trabaja aún más para facilitar la labor doméstica de su mujer, esperando que la mujer se eleve intelectualmente:

“Pero quedará decepcionado: en vez de empezar una vida espiritual, en vez de interesarse por la política, la historia o la investigación espacial, la mujer utiliza el tiempo ganado para cocer bollos, planchar ropa interior, hacer vainica o -en el caso de las más emprendedoras- adornar los aparatos sanitarios del cuarto de baño con florecillas de calcomanía. Como el varón ha de creer (o como la mujer le convence de ello, pues ¿qué varón da verdadero valor a una ropa interior planchada, a calcomanías florales o a pasteles que no vengan de la pastelería?) que todo eso es necesario para la vida o, por lo menos, para la cultura del vivir, inventa para la mujer el planchador automático, la pasta para dulces ya amasada y con levadura puesta, el papel higiénico industrialmente floreado. Mas no por eso se pone ahora la mujer a leer: sigue sin ocuparse de política y la investigación espacial la tiene absolutamente sin cuidado. Falta le hacía el tiempo que ha ganado: por fin se va a poder ocupar de sí misma.”

Ibídem, página 11

 

Los varones incluso se esforzaron en incluir a las mujeres en sus esferas políticas y educativas (les adjudican un carisma pacificador), los hombres inventan excusas para atraer a las mujeres a la educación, les disponen amplias y viriles bibliotecas para que las mujeres finalmente se desarrollen como intelectuales, sin embargo, cuando mucho, las mujeres imitan a los hombres al verse como intelectuales, las teorías de la opresión de la mujer son solamente teorías de hombres que las feministas llevan copiando por siglos, y si no copian a hombres, se copian entre ellas.

“Las mujeres pueden elegir, y eso es lo que las hace tan infinitamente superiores a los varones. Cada una de ellas puede elegir entre la forma de vida de un varón y la forma de vida de una criatura de lujo tonta y parasitaria. Casi todas ellas optan por la segunda. El varón no tiene esa posibilidad de elegir. Si las mujeres se sintieran oprimidas por los varones, habrían desarrollado odio o temor respecto de ellos, como ocurre con los opresores en general. Pero las mujeres no odian a los varones, ni tampoco los temen. Si los varones las humillaran con su superior saber, ellas habrían intentado hacerles lo mismo, pues no carecen de medios para ello. Y si se sintieran privadas de libertad, las mujeres se habrían liberado finalmente de sus opresores, al menos en esta favorable constelación de su historia”.

Ibídem, página 13

El primer error que cometen los hombres al definir a las mujeres como oprimidas por ellos es la importancia que las mujeres le dan a los hombres, los varones no se dan cuenta lo poco que les importan a las mujeres. A las mujeres les importan los hombres del mismo modo que les importa que los bancos no desaparezcan. Las mujeres sólo ven a los hombres como un medio de obtención de bienes, sólo pertenecen al mundo de la ciencia física, los hijos son simplemente una herramienta para mantener al hombre atado. En el mundo de las mujeres sólo existen las mujeres. Sin embargo, la preocupación de perder a su hombre (ya sea porque se ha ido con otra, o porque ha perdido su trabajo), recae únicamente en el interés monetarios que la mujer da al hombre.

“Del mismo modo que una empresa es un sistema neutro para la maximización de las ganancias, así también la mujer está vinculada sin amor 15 personal, sin maldad y sin odio al varón que trabaja para ella. Si el varón la abandona, ella se sume, como es natural, en el miedo, pues es $u existencia económica lo que queda en el aire. Pero se trata de un miedo racional, con causas racionales y que no se puede compensar más que racionalmente, sin que puedan abrirse abismos de ninguna clase. Se puede compensar, por ejemplo, contratando otro varón. Por lo tanto, ese miedo no tiene nada que ver con las sensaciones de un varón que se corroe a sí mismo con celos, sentimiento de inferioridad o autocompasión. Como un varón no abandona nunca a una mujer más que por otra mujer, y jamás para ser libre, la mujer no tiene motivo alguno para envidiarle, y aun menos para ponerse celosa. En opinión de la mujer, el varón que la abandona no mejora en nada de posición. La mujer abandonada contempla, en la perspectiva de una pequeña empresa a la que la competencia ha arrebatado su mejor trabajador, la aventura existencial que experimenta su hombre con su nuevo amor por otra mujer: no hay más remedio que molestarse en buscarle sustituto aprovechable. La amargura del amor es, pues, para la mujer -en el mejor de los casos- el sentimiento de haber perdido un buen negocio”.

Ibídem, página 16

 

Es por esto que las mujeres son capaces de perdonar las infidelidades de su compañero, o bien, tolerar a compañeros de apariencia repugnante u hombres ancianos, porque nada respecto a la apariencia del hombre le importa a la mujer, lo único que le importa son los bienes materiales que puede conseguir de él. Cuando una mujer coquetea con un hombre, estando ella financieramente estable, no lo hace para buscar una aventura emocional, lo hace para molestar a la mujer del hombre. Si las mujeres reaccionasen a la apariencia física de los hombres, la industria publicitaria lo habría aprovechado, pero dado que las mujeres tienen mejor capacidad de adquisición que los hombres, la publicidad no se molesta exponiendo la figura o belleza masculina (Esto hasta cierto punto es correcto, a día de hoy, a pesar de la supuesta situación desventajada de las mujeres a nivel económico, se las arreglan para desplazar entre el 70% y 80% de los bienes de consumos, todas estas compras son hechas por mujeres).

¿Por qué las mujeres no interactúan más entre ellas? Las mujeres si pudiesen, convivirían únicamente con otras mujeres, pero no lo hacen debido a que les gusta ser un parásito, razón por la cual se apegan a los hombres, además, si pudiesen desconectarse socialmente de los hombres lo harían. En el momento en que la mujer deja que su intelecto se atrofie, ella pierde todo posible interés en común con los varones. Los hombres y las mujeres simplemente no se entienden y mientras las mujeres sigan esclavizando y domando a los varones, nunca lo harán.
Podríamos preguntarnos ¿Qué cualidad milenariamente se le ha asociado a la mujer? La belleza, después de todo, la mujer será el sexo débil, pero también es el bello sexo. Esto es un despropósito, la belleza femenina únicamente existe en el mundo de lo físico, aunque en el amplio sentido de la humanidad, los hombres siempre han sido los seres más bellos de la humanidad, empecemos diciendo que la mujer es más tonta que el varón (el varón difícilmente puede presenciar las escasas pruebas intelectuales a las que se somete la mujer –Las cuales muchas veces nunca ocurren- así que le atribuye la cualidad de “la intuición femenina”), lo tonto nunca puede ser hermoso.

“Los criterios estéticos imponen la actitud de la subjetividad, y todo juicio estético es un acto de libertad personal. Pero la subjetividad se convierte fácilmente en coartada, y el varón se deja esclavizar también con facilidad. El simple hecho de que la mujer se arregle de un modo destinado a atraer todas las miradas le basta al varón para suponer que su motivo tendrá. El varón cree que la mujer es hermosa porque ésta misma se gusta. Y le agradece que le permita encontrarla hermosa. La mujer facilita esa tendencia con un truco especial: como el ideal supremo de la mujer -vivir sin trabajar y sin responsabilidades- coincide con el del niño, la mujer imita al niño. Los niños son «conmovedores» en su indefensión, tienen un gracioso cuerpecito de graciosos, reducidos miembros, y sus graciosos y pequeños cojinetes de grasa mantienen tensa una piel tersa, tierna, joven. Es fácil hacerles reír, siempre se comportan con gracia -son una miniaturización del adulto- y, como no pueden ganarse su sustento, es obvio que hay que procurárselo y apartar de su camino todos los obstáculos. Hay un mecanismo biológico que asegura todo eso, y una especie que dejara morir a sus crías se extinguiría ella misma”

Página 19

A diferencia de la mujer, el hombre es hermoso, y es que el hombre no es estúpido ya que ha desarrollado su entidad intelectual, mientras que la mujer ha escogido su vida animalesca y primaria. Para empezar, la curiosidad es planetariamente diferente, la curiosidad masculina es universal, probablemente a los hombres casi todo les interesa, todo les da curiosidad y esta curiosidad satisface un auténtico placer por el conocimiento, mientras que la mujer tiene una curiosidad práctica y limitada, sólo le interesa el conocimiento mientras puede usarlo para superar sus triviales actividades diarias, por ejemplo: Si una mujer busca información sobre un filósofo o un político, pero no por un auténtico interés en la filosofía o la política, sino porque seguramente desea completar un crucigrama o tiene asignada una labor escolar (en caso de los adolescentes). Para las mujeres existe la información “inútil”, para los hombres no, y es que las mujeres sólo usan el conocimiento mientras que puedan usarlo para sí mismas, mientras que los hombres son capaces de sentir curiosidad por el simple placer de adquirir conocimiento.

“Es un hecho que la mayoría de las mujeres -incluidas las que son madres- no tienen idea de cómo surge el fruto humano, de cómo se desarrolla en su cuerpo ni qué estadios atraviesa hasta llegar al nacimiento. Y para ellas sería completamente superfluo saber algo sobre esas cosas, puesto que, de todos modos, no podría darles influencia alguna sobre el desarrollo del feto. Lo que les importa saber es que el embarazo dura nueve meses, que hay que cuidarse mientras dura y que a la menor complicación hay que ir al médico, el cual, naturalmente, lo arreglará todo. La curiosidad del varón es muy diferente: se basta a sí misma, no está directamente ligada a ningún efecto útil. Y, sin embargo, es más útil que la de la mujer”.

Ibídem, página 22

¿Cómo es que la mujer doma al hombre? Para empezar, la mujer inunda la vida del hombre desde el nacimiento, para empezar, su madre será una mujer y probablemente será esta la que lo haya criado (Su padre o no estará, o estará muy ocupado cumpliendo con lo único que se le indica que puede hacer para ser digno: Trabajar), aún en caso de que un hombre no tenga madre (Porque haya muerto, o porque se haya ido), el varón aún tendrá que lidiar con las educadoras en la escuela, las cuales casi siempre serán mujeres, en otras palabras, los hombres aprenden que es “normal” que haya una mujer cerca de ellos y que es “anormal su falta” (Incluso en los homosexuales se repite el patrón, lo hombres homosexuales son usualmente caricaturizados como hombres hiperafeminados con cientos de amigas mujeres, y si interactúan con un hombre, será para coquetear o para tener sexo; por lo contrario, la mujer lesbiana es habitualmente dibujada como una mujer masculina que, a pesar de todo, no interactúa con hombre; y es que los hombres aprenden que necesitan la presencia femenina, pero las mujeres son capaces de entender que no necesitan interactuar con hombres, a menos que sea para parasitarlos).

 

Para domar, las mujeres encuentran dos posibilidades: elogio y reproche, el primero es el más afectivo y bien dosificado, hace innecesario al segundo, los hombres ampliamente elogiados se vuelven adictos al elogio, los elogios vendrán de acuerdo a sus pruebas de masculinidad, y estas pruebas no son más que escalas con las que midan que tan útiles son para ser los esclavos de las mujeres. El elogio mejora el rendimiento del varón, y un mejor rendimiento significa un trabajo más eficiente, quizás asensos laborales, los implica un salario más grande y una esposa más satisfechas con su esposo-esclavo.
Veamos un ejemplo con una canción de los años 80’s: Holding our for a Hero de Bonnie Tyler (Esta canción será recordada como la canción que cantaba el hada madrina en la película Shrek 2):
Necesito un héroe
El héroe es una figura masculina muy útil como esclavo, asume riesgos y es capaz de sacrificar todo por su mujer, si se muere, la mujer se conseguirá otro.
Estoy esperando por un héroe hasta el fin de la noche
Él debe ser fuerte
Un hombre fuerte es un hombre resistente, puede trabajar más horas y producir más dinero.
Debe ser rápido
Los hombres rápidos llegan más temprano a trabajar.
Debe salir fresco de la pelea
Obviamente, si un hombre sale fresco de la pelea, también podrá salir fresco del trabajo, de este modo, puede trabajar con la misma energía y así trabajar hasta morir.
Necesito un héroe
Estoy esperando por un héroe hasta el fin de la noche
Debe estar seguro
Debe estar pronto
Debe ser más grande que la vida
Decir que un hombre es más grande que la vida es un claro ejemplo de un elogio, someter a un hombre a un estándar imposible (y seamos sinceros ¿Más grande que la vida? Estas mujeres no tenían piedad)

 

Las mujeres cuentan con un tercer método para domar al hombre: la auto-humillación, esto se determina en base a la función de las labores, la mujer juzga a las laboras masculinas como “dignas” y a las femeninas como “indignas”, esto simplemente tiene una función para humillar, es decir, que el varón se siente culpable por relegar a la mujer la labor indigna, lo que los hombres no saben es que la labor doméstica es tan fácil (Y esta facilidad aumenta en función de la tecnología y a los ingresos que el varón produzca) que fácilmente se le podría categorizar como labor “pesada” y labor “ligera”, el hecho de que algunas mujeres exijan un salario por la labor doméstica sólo demuestra lo atractiva y sencilla que es esta labor para ellas. Sin embargo, las mujeres manipulan a los hombres expresando su –falso- disgusto con esta labor, lo cierto es que nunca demuestran lo mucho que les gusta la labor doméstica, por lo que procuran que el varón entienda que las labores que ellas realizan (Planchar, cocer, cocinar) son indispensables para la vida doméstica, por lo que los hombres deberían sentirse honrados de tener una mujer que realice esas tareas.

“Le basta a una mujer con suspirar que, «por ser mujer», no está a la altura de tal o cual trabajo para eximirse efectivamente del que sea. Cuando, por ejemplo, desliza en una conversación -a poder ser con testigos- que su marido conduce mucho mejor que ella, ya puede disponer de chofer vitalicio, sin más que esa simple observación (las autopistas y carreteras abundan en mujeres con marido-chofer). Cuando una mujer dice que, «por ser mujer», no puede ir sola a un determinado local (teatro, sala de conciertos), lo que no puede es dar una sola explicación razonable de ello -pues las mujeres son atendidas en los restaurantes tan bien o tan mal como los varones, y para no ser «molestadas», como ellas dicen, les basta con no vestirse provocativamente-, pero esa confesión le vale un lacayo que la llevará, como si fuera un estadista extranjero, de la puerta de su casa a la del local o restaurante, le conquistará una mesa, le compondrá la minuta, la entretendrá y al final le pagará la cuenta”              

Ibídem, página 36

Para este proceso las mujeres cuentan con un léxico, un lenguaje cifrado que ellas entienden, pero los hombres, esto sólo lo dicen a los hombres, o por lo menos cuando un hombre puede escucharlas:
Lenguaje cifrado
Traducción
Un hombre tiene que ser capaz de protegerme
Un hombre tiene que ser capaz de protegerme de todas las incomodidades. (¿Y de qué iba a
protegerla, si no? ¿de los bandidos del desierto? ¿De la guerra atómica?)
Quiero sentirme tranquila y cobijada junto a un hombre.
Quiero que no me moleste por nada del mundo con preocupaciones económicas
Lo único que deseo es hacerlo feliz
Me esforzaré lo posible para que nunca descubra cómo me aprovecho de él
No viviré ya, más que para mi familia.
Nunca más en la vida volveré a trabajar, que se las arregle él
No me interesa para nada la emancipación de la mujer
¡Como si fuera idiota! ¡Que él trabaje para mí! ¡Es su obligación!.
Para estas cosas soy muy torpe
Este trabajo me lo tiene que hacer él. ¿para que está?
Mi marido sabe de todo
Lo uso para todo, y lo puedo aprovechar como diccionario
Cuando dos se quieren de verdad, no necesitan la bendición desde el primer día
Todavía se resiste un poco, pero en la cama lo convenzo.
Lo quiero.
Es una máquina trabajadora de primera calidad
No quiero vivir sino para él
Este que tengo tendrá que trabajar sólo para mí.
Estoy dispuesta a descargarle de todas las preocupaciones mezquinas.
Haré lo imposible para que no se distraiga de su trabajo.

Ibídem, página 38

Para no extendernos, saltémonos a sus escritos sobre el movimiento feminista:

Las mujeres del primer mundo son de hecho, los seres más privilegiados en la historia de la humanidad, lo pasan mejor que nadie en el mundo, con la única diferencia para aquellas minorías compuestas por mujeres feas, entonces, ¿Por qué es en el mejor lugar del mundo donde explotó el movimiento de liberación femenina? Precisamente por eso, porque es el lugar donde las mujeres tienen mayores posibilidades para adquirir un estilo de vida trabajador y rechazar la vida de parasito que de la gran mayoría de las mujeres, es por eso que las mujeres trabajadoras son vistas como leprosas, como traidoras de las explotadoras que son las mujeres por someterse a los estilos de vida de los hombres, sin embargo, el movimiento feminista encontró un enemigo que nunca fue un enemigo: Los hombres. El feminismo se esforzó hasta el cansancio de definir al hombre como el despiadado opresor de la mujer, y este, debido a su eficiente doma, considera esta categoría como un halago antes que un insulto. Lo cierto es que la narrativo de las clases opresoras masculinas sólo pudo haber sido creada por una mente masculina fuertemente domada, lo que el movimiento feminista hizo fue únicamente copiar, las feministas no han encontrado nada y dicho nada nuevo, desde Simone de Beauvoir el intelecto feminista son solamente copias a las ideas de la falsa opresión de la mujer que los hombres inventaron, y la inventaron por su magnífica doma, tan perfecta que los hace pensar que los esclavos son, de hecho, los esclavistas.

“Las mujeres intelectuales, que habrían podido al menos reivindicar para su sexo la dudosa gloria de ser las esclavistas más refinadas de la historia de la humanidad, pusieron a la mujer por debajo de su verdadero nivel y la convirtieron en objeto de la beneficencia masculina. El hombre es un tirano y la mujer es su víctima: cierto que los varones se sintieron halagados, pues, por causa de su doma, consideran que llamar a uno tirano es hacerle un cumplido; y aceptaron satisfechos esa definición femenina de la mujer, tan coincidente con la que ellos mismos se formulaban. La misma Simone de Beauvoir, que con su obra de 1949 El segundo sexo tuvo la oportunidad de escribir el primer libro de verdad sobre la mujer, la perdió para ofrecer en su lugar un aplicado compendio de las ideas de Freud, de Marx, de Kant, etc., sobre la mujer. En vez de observar a las mujeres, se aprendió los libros de los varones y, como es natural, halló por todas partes muestras de discriminación antifemenina. La novedad de su producto consistió simplemente en que esta vez la opinión masculina sobre la mujer estaba firmada por una mujer. Simone de Beauvoir abrió el camino a las demás escritoras: Betty Friedan, Kate Millett, Germaine Greer... La una copió a la otra y todas se excedieron en su celo en aportar pruebas de la infamia masculina; pero sobre su verdadero tema, sobre la mujer, no escribieron nada de que valga la pena hablar.”

                                                                                                                                          Ibídem, página 96

Vilar concluye que la mejor manera en que las mujeres pueden liberarse es dejar de ser unas despiadadas explotadoras y liberar a los varones de su doma, estos también deben esforzarse ya que su doma los ha vuelto dependientes de la esclavitud. Aún si los hombres se verían inmensamente beneficiados por la liberación del yugo femenino, lo cierto es que también las mujeres ganarían con esto, ya que al no poder acceder a la vida parasitaria (o al concederle la posibilidad a los hombres de acceder a la misma) podrán desarrollarse como seres intelectuales y espirituales.

Esther produjo un texto incendiario, para empezar, ella adula a los hombres como nunca nadie pudo haberlo hecho, pero al mismo tiempo, ella se burló de los mismo por su feliz esclavitud, por ejemplo, sobre Freud escribió:

“Posiblemente no hay en la historia ocurrencia más absurda que la ilusión freudiana sobre la envidia por el pene. El miembro masculino, incluido el escroto, le parece a la mujer una cosa completamente superflua en un cuerpo por lo demás tan espacioso como el del varón; es para ella una muestra de verdadero desorden (y no comprende cómo es que el pene no es retráctil, como la funcional antena del transistor portátil, y no se puede meter, después, del uso, en el cuerpo del varón); a ninguna chica se le ocurriría -ni siquiera en lo más profundo del subconsciente- envidiar a un niño por esta cuestión (la niña no puede sentirse pospuesta ya por la simple razón de que es preferida). Freud ha sido una víctima de la doma por auto-humillación femenina a que le sometieron su madre primero, luego su mujer, y luego, probablemente, también su hija. Y así confundió causa y efecto: pues una mujer no piensa que el hombre valga más que ella: sólo lo dice. Más envidiable sería el poder de la mujer, pero ocurre que el hombre goza en su impotencia”.

El varón domado, página 46

Las conclusiones de Vilar son enormemente consistentes con las de Betty Friedan y Germaine Greer: La delegación de las labores femeninas como aquellas que valen menos (La mística de la feminidad), y la castración de la libido femenina (La hembra eunuco) están ampliamente situadas en El varón domado. Sobre esta última, Vilar escribió:

“La mujer reprime la libido -siguiendo los consejos de su madre- ya durante la pubertad, en interés del capital que eso ha de rentarle más adelante. Antiguamente la única novia valiosa era la novia virgen, y todavía hoy se considera que una muchacha de pocos amantes vale más que una que haya tenido muchos. Jamás ha valido nada, en cambio, la castidad del varón (como a las mujeres no les importa nada el varón, tampoco les importa su castidad). Por todo ello una mujer adulta no puede sino «seducir» a un chico, no violarlo. Mientras que un varón que haga lo mismo con una chica menor de edad será un criminal sexual para el que el populacho femenino exigirá pena de presidio. El varón podría condicionar su impulso sexual exactamente igual que la mujer, pero siempre que empezara a tiempo las operaciones correspondientes. La prueba son los monjes, que en su gran mayoría van tirando sin actividad sexual (y nadie pretenderá sostener en serio que ese considerable grupo de varones se componga de eunucos). Pero, en vez de reprimirlo, el varón hace que su impulso sexual se desarrolle en cada ocasión posible, y, como es natural, por obra de las mujeres, que están capitalmente interesadas en su libido. Mientras que el varón nunca se viste de tal modo que su aspecto pueda producir excitación sexual en el otro sexo, la mujer empieza a componerse en forma de cebo ya desde los doce años. Subraya las redondeces del pecho y de 43 las caderas con vestidos ajustados, usa medias transparentes para llamar la atención sobre la longitud de las piernas y la forma de las pantorrillas y los muslos, se pinta los labios y los párpados para que arrojen cierta luz húmeda, da al cabello tonos luminosos; y todo con la exclusiva finalidad de excitar el ansia de actuación sexual del varón y mantenerla siempre despierta. La mujer ofrece su mercancía tan abiertamente como si la pusiera en un escaparate y bastara superar una diminuta distancia para hacerse con ella. No puede sorprender el que el varón, puesto en constante excitación sexual por esa oferta, deje de pensar pronto en todo lo que no sea ganar el dinero suficiente para adquirir la tentadora mercancía. Pues sin dinero, o, por lo menos, sin”.

Ibídem, página 44

La idea básica de que la mujer cuenta con un rol pasivo en el sexo y el hombre un rol activo no es más que una prueba de una gran verdad: incluso en el sexo, el hombre debe servir a la mujer mientras esta no hace nada más que reaccionar.
Esther cometió un segundo crimen en el año 1977 con un texto que superaría a El varón domado: Modelo para un nuevo machismo.

Vilar no se salió con la suya, eventualmente, fue agredida físicamente por feministas –declaradas lesbianas- en un baño público en Alemania. Actualmente afirma que las amenazas de muerte no han cesado desde entonces. Para finalizar, veamos sus últimas palabras bajo la mirada pública:
“Han trascurrido más de 35 años desde la primera publicación de mi libro. Un panfleto escrito con gran ira contra el monopolio mundial de la opinión del Women’s Lib. La determinación con la que esas mujeres nos retrataron como víctimas de los hombres no sólo parecía humillante, sino también muy poco realista. Si alguien desea cambiar el destino de nuestro sexo, debería hacerlo con honestidad y con más ímpetu.
(…)
Sin embargo, también había subestimado el miedo de los hombres a reevaluar su posición. Cuanta más soberanía están perdiendo en sus vidas profesionales –Cuanto más automatizado es su trabajo, más controlados son por las máquinas, el creciente desempleo los obliga a optar por sentimientos más obsequiosos hacia sus clientes y superiores y más tienen que tener miedo de un reconocimiento de su aplicación. Y lo más esencial es mantener la ilusión de que no son ellos los esclavos, sino aquellos a cuyo favor se someten a tal existencia. Por absurdo que parezca, los hombres de hoy necesitan a las feministas mucho más que a sus esposas. Las feministas son las últimas que todavía describen a los hombres de la manera en que les gusta verse a sí mismos:
Como egocéntricos, obsesionados con el poder, despiadados y sin inhibiciones a la hora de satisfacer sus instintos animales. Por lo tanto, las feministas más agresivas se encuentras en la extraña situación de mantener el status quo del hombre que cualquier otra persona. Sin sus acusaciones arrogantes, el macho-man ya no existiría, excepto quizás en el cine. Si la prensa no estilizaba a los hombres como lobos rapaces, los verdaderos corderos de esta “sociedad masculina”, los hombres mismos, no volverían a acudir a las fábricas tan obedientemente.
No había imaginado el aislamiento en el que me encontraría después de escribir mi libro. Tampoco había previsto las consecuencias que tendría para mis escritos subsiguientes e incluso para mi vida privada – las amenazas violentas no han cesado hasta la fecha. Una mujer que defendía al archienemigo – que no equiparaba la vida doméstica con aislamiento y describía a la compañía de los niños pequeños como un placer, no como una carga – necesariamente tenía que convertirse en una “misógina”, en una “reaccionaria” y “fascista” a los ojos del público. ¿No había determinado Karl Marx de una vez por todas qué en una sociedad industrial, éramos nosotras las mujeres las más oprimidas? ¿No hace falta decir que alguien que no quiso participar en la canonización de su propio sexo también se opone a la igualdad de salarios y a la igualdad de condiciones?
(…)
Tristemente la manipulación de las mujeres a los hombres es tan habitual hoy como era entonces, pero también lo son las medidas que podrían utilizarse para ponerle fin, en beneficio de ambos sexos. Mientras tanto, ya hay unas pocas feministas que hablan también de los hombres como seres humanos, por lo que la discusión puede no tener que llevarse a cabo con tanta fuerza”

Esther Vilar, 2005

Quisiese permitirme unas pocas líneas personales: El varón domado de Esther Vilar permanece como mi libro preferido (por varios motivos que no tienen que ver con que me suscriba al pensamiento vilarista), lo cierto es que mantengo un lugar sentimental con este texto puesto fue de los escritos que en algún momento motivaron a esta mujer deformada a abandonar el feminismo radical (aunque no le otorgo a Vilar los agradecimientos por hacerme abandonar completamente el feminismo). Quisiese invitar a todos aquellos que leen estos escritos a leer honestamente El varón domado. Muchas gracias.

@DominoYayo

Balderouge

Ex feminista radical.

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Basura total. No el artículo, el libro. Alimenta la guerra de sexos. El MGTOW es hembrismo del revés.

  2. Juan Elías

    Viví en un sitio peligroso donde había gente con armas. Al principio mi compañera de cooperaciones leía este libro como si fuera un manual de supervivencia. Decía que allí aprendió a no victimizarse nunca; a exigir el mismo trato que a los hombres. Además de por este pequeño detalle biogràfico, el libro (la trilogìa completa) es de mis lecturas de cabecera.

  3. Desde mi punto de vista esta mujer es infame en mente… tiene una naturaleza detestable. No es necesario tomar en cuenta sus inmundicias… piénsenlo, solo necesitan independencia económica para poder hacer lo que a uno le gusta… y si uno quiere ser un poco mas “patán” siempre estarán los viajes a Tailandia y otros países donde uno puede divertirse con infinidad de chicas. No tengan miedo de irse de putas XD. Solo tengan en cuenta que seria bueno contribuir a la caída del feminismo y a la elevación del hombre en el mundo…

Deja un comentario

Menú de cierre