Las cruzadas de Andrea Dworkin

Balderouge

Ex feminista radical.

“Siempre he querido ver a un hombre golpeado hasta que sea una pulpa sangrienta, con un tacón incrustado en la boca. Como un cerdo con un manzana; sería bueno ponerlo en una bandeja pero necesitarías buena plata”

*Andrea Dworkin, Misericordia: Una novela (1990)

Andrea Dworkin representa a un personaje particular en su propio estilo que esencialmente, derrocha ironía, el estereotipo cultural de la hembra feminista recurre a una mujer obesa, decididamente poco atractiva, abiertamente lesbiana y con un innegable desdén hacia los hombres; Dworkin parecía ser el estereotipo llevado a la carne, y aunque la frase anterior pertenece a un diálogo de un personaje de una obra de ficción, lo cierto es que sus posturas sobre los hombres y el sexo fueron desde coloridos hasta turbios. El protagonismo de Dworkin floreció en los 80’s, cuando en el feminismo ocurrieron las llamadas “Guerras sexuahttps://disidencias.net/disidencias/las-cruzadas-andrea-dworkin/les feministas” en donde diversas ramas discutían arduamente sobre como aproximarse a la temática de la prostitución y la pornografía; la rama radical se aproximó al tema como una extensión de la explotación de la mujer y una clara prueba del privilegio masculino, mientras que las liberales percibían que ambas actividades significaban parte de la libertad de expresión de las mujeres; no
obstante, reducirlo a estas categorías resulta contraproducente, puesto que sería más congruente aplicar las categorías de pro-sex y anti-sex (corriente a la que pertenecía Dworkin). En resumidas cuentas, se suele hacer la incorrecta distinción entre el feminismo liberal y pro-sex, lo cierto es que esto no es siempre cierto, una feminista liberal que no caiga en el pro-sex argumentará que, si bien no se siente cómoda con la idea de la pornografía y la prostitución, sostiene que la libertad de expresión de la mujer y sobre su propio cuerpo trasciende sus códigos morales, mientras que las pro-sex no sólo defienden la pornografía, sino que sostienen que ésta beneficia a la mujer.

 

Volviendo a Andrea, ella desarrolló una corriente de activismo feminista que sus seguidoras consideraban como: “Una de las auténticas luchadoras por la liberación de la mujer” mientras que sus detractores lo veían como “victimismo profesional”. Lo cierto es que Dworkin tenía cierto bravado en su escritura que podía convencer a las más escépticas, aunque para otras, era una burda propagandista. Lo innegable es que Dworkin, en los carices más caricaturescos de su persona, sabía cómo mantener distrado a su público. Dworkin era de Camden, Nueva Jersey. Creció durante las fases cruciales de la guerra fría, explicando que creció con miedo de la bomba atómica que Rusia iba a lanzar sobre Estados Unidos. La madre de Dworkin permanecía regularmente hospitalizada debido a una enfermedad en el corazón, mientras que su padre mantenía 3 trabajos con tal de mantener a su familia. La relación de Dworkin con sus padres resulta desde curiosa hasta enfermiza. Ella sostenía que su padre era un “Santo”, pero guardaba cierto resentimiento por su madre, aunque asegura haber tenido otros sentimientos aún más irregulares por ella:

Sobre su madre:
“Quería estar cerca de ella, hubiese sido su esclava si hubiese sido lo suficientemente generosa para aceptarme. Ella fue mi primer gran romance”.

 

A la edad de 9 años algo ocurrió, la historia más común es que fue molestada por un desconocido en un cine local, pero incluso ella posteriormente consideró que este episodio pudo haber sido debido a los problemas emocionales que ella comenzaba a desarrollar, en su infancia practicaba juegos sexuales de dominación y al mismo tiempo, denunciaba a su madre de haberla tratado como una mentirosa constante (puesto que Andrea solía mentir para escaparse con muchachos mayores, lo que ella hacía con ellos es un misterio, aunque deja poco a la imaginación). Eventualmente, la familia de Dworkin se mudó a una nueva zona de Nueva Jersey; en su nueva escuela, Dworkin afirma que uno de los pocos maestros que “no era un idiota” mantenía juegos sexuales con sus estudiantes (esto a la edad de 10 años).

Ya en octavo grado, un profesor de inglés de su escuela expresó preocupación por el contenido perturbador en lo que Andrea escribía en esa época, aunque según ella, el maestro simplemente estaba celoso de sus talentos para escribir, en vez de estar genuinamente preocupado por el bienestar emocional de una pre-adolescente hipersexualizada. No fue demasiado para que Dworkin desarrollase un gusto por la literatura erótica, dónde destacaban Charles Baudelaire (Les Fleurs du Mal ), Lord Byron (Don Juan) y Henry Miller (Tropic of Cancer), este último luego será de vital importancia. Estas elecciones son bastante curiosas, considerando las posturas negativas hacía la pornografía que ella tomaría en algunos años.

Lo que la puso en el radar de los medios fue que ella en la universidad fue arrestada por una protesta contra la guerra de Vietnam, tras esto, fue llevada a la Casa de detención para mujeres en Greenwich Village, en donde se le realizó un examen médico tan extravagante que, según reportan, ella sangró durante días después del proceso; este examen fue realizado por 2 doctores varones (los cuales tomarán importancia más adelante). Dworkin escribió sus horrores y su historia fue cubierta por el New York Times. Naturalmente, el caso fue llevado a corte, donde Andrea presentó un testimonio sensacional que toco los nervios del público americano, en especial en una época donde la simpatía por las sufragistas resurgió, ¿El resultado?, digamos que Dworkin presenció una victoria al ver la prisión de mujeres, donde fue retenida, cerrar 7 años después, sin embargo, las desventuras de Andrea estaban lejos de terminar.

Tras graduarse de la universidad, Andrea se mudó a Ámsterdam dónde entrevistó a los militantes del movimiento anarquista PROVO, para sorpresa de todos, Andrea se casó con uno de los anarquistas, y a pesar de que el movimiento PROVO se basaba en protestas no violentas, Andrea afirma que su marido abusó verbal y físicamente de ella durante 5 años, y no sólo eso, una de las herramientas que el utilizaba contra Dworkin era la pornografía. Lo cual explica las experiencias de Dworkin tras estas pintorescas frases:

“Una de las diferencias que hay entre el matrimonio y la prostitución, es que en el matrimonio sólo haces un trato con sólo un hombre”.

“La pornografía es la sexualidad esencial del poder masculino: odio, propiedad, jerarquía, sadismo, dominación”.

Tras divorciarse, Dworkin cayó en la pobreza, viéndose a sí misma prostituyéndose para sobrevivir, en este momento, Dworkin recurrió a su padre para sacarla de Ámsterdam, no obstante, dada la condición de la madre de Andrea, el padre fue acorralado por su hija para que escogiera entre ella y su esposa, para tragedia de Andrea, su padre se quedó con su esposa (Lo cual vendría a ser el único error que su devoto padre cometió en toda su vida).

 

 

La feminista militante nació en este periodo, donde conoció al feminista Ricky Abraham, quién la introdujo a los trabajos Política Sexual de Kate Millet, Dialéctica del sexo de Shulamith Firestone y Poderosa hermandad de Robin Morgan. Estos tres libros moldearon a Dworkin como feminista, ella usualmente imitaba el kárate verbal de Morgan; sus ideas más coloridas sobre el incesto, la pedofilia y el bestialismo vinieron de Firestone, y naturalmente, uno de los autores favoritos de Andrea en su juventud: Henry Miller, toma una gran protagonismo en la tercera sección de la obra de Millet. El que Dworkin re-leyera a Miller a través de los lentes de Millet se tradujo en una particular definición del rol de las mujeres en el coito heterosexual, esto fue peligroso, ya que –Y citando a Camille Paglia:

“Política sexual es un libro atroz, que se atrevió a despojar a las obras literarias de su valor artístico, a su mero valor político”

Sobre el bestialismo y los infantes escribió:
“El bestialismo primario (Coito entre un humano y un animal), se encuentra en todas las realidades no industriales. Mientras que el secundario (Relaciones generales y eróticas entre animales y personas) se encuentra en todo el mundo, en cada calle, en cada zona rural. El bestialismo es una realidad erótica, la cual ubica a la gente en la naturaleza, no sobre ella”

“No es necesario decir que, en una comunidad andrógina, las relaciones entre humanos y animales se volverán más explícitamente eróticas, y ese erotismo no degenerará en abuso. Los animales serán parte de la tribu, con nosotros, amados, libres, respetados”.

*Andrea Dworkin, Woman Hating, página187-8

“La relación progenitor-niño es primariamente erótica porque todas las relaciones humanas son primariamente eróticas. El tabú del incesto es un particular forma de represión. El tabú del incesto asegura que sin importar cuán libre seamos, nunca seremos verdaderamente libres. El tabú del incesto, porque nos niega la culminación esencial con quienes amamos con nuestra energía primaria, nos obliga a internalizar esos padres y a buscarlos constantemente… El tabú del incesto es lo peor de la cultura: nos enseña los mecanismos de represión e internalización del sentimiento erótico – nos obliga a desarrollar esos mecanismos en primer lugar; nos obliga a particularizar el pensamiento sexual, entonces coagula en la necesidad de un particular objeto sexual, demanda que ubiquemos las familiar tradicional por sobre la familia humana. La destrucción del tabú del incesto es esencial en el desarrollo de la comunidad cooperativa humana basada en el libre flujo del natural erotismo andrógino”.

*Andrea Dworkin Woman Hating, página 188

Tras su formación en el feminismo radical, Dworkin contribuyó a la teoría feminista con su libro Woman Hating, una vista radical a la sexualidad, un libro que, a decir verdad, revela la ira de Dworkin y los límites de su propia conciencia. Dworkin cita a Robin Morgan y a Kate Millet acerca del surgimiento del movimiento de las mujeres, cuando en realidad, ambos textos derivan de los libros La mística de la feminidad de Betty Friedan y El segundo sexo de Simone de Beauvoir, pero esto para Dworkin no importaba, ella no escribía textos académicos sino propagando de estilo revolucionario. Al contrario de los métodos persuasivos de Friedan, Dworkin manipulaba los textos al analizarlos para que las conclusiones fueren las que ella desease; mientras que los textos académicos son complicados de leer y realizar, la propaganda en sencilla, accesible y valida la opinión del lector, y mejor aún, para un público correcto, llega a ser divertida.

Dworkin trataba el ser una víctima como un acto revolucionario, ella describía las secuencias de abuso físico de la misma manera en que Henry Miller narraba el coito consensuado. Andrea exponía tanto coraje en sus descripciones violentas que era inevitable pensar que algo estaba mal con ella, se llegaba a encontrar que el sufrimiento con el que ella escribía era… Entretenido. Ese era el encanto de Dworkin, ella fue capaz de redefinir el acto revolucionario para que cualquiera pudiera serlo, lo que necesitabas era ser una víctima, para lo cual, Dworkin se encargó de que cualquiera pudiese serlo:

Sobre el embarazo:

“El embarazo es la confirmación de que la mujer ha sido follada, es la confirmación de que ella es una zorra. Las marcas del sexo afirman que ella es una puta. Su vientre es la prueba de que ella ha sido usada. Su vientre es el triunfo fálico de quién la embarazo. El embarazo es el castigo por su participación en el sexo. Ella enfermará, su cuerpo decaerá en cientos de manera. Ella morirá. La excitación sexual está en su posible muerte”

“El embarazo está glorificado porque las mujeres mueren en él”

Sobre la maternidad:

“Bajo el patriarcado, el hijo de cada mujer es su potencial traidor y también el inevitable violador y explotador de otra mujer”.

Sobre el matrimonio:

“El matrimonio es una institución desarrollada de la violación como práctica. Violación, originalmente definida como abducción, se convierte en matrimonio al volverse captura. El matrimonio significaba que la captura se extendía por el tiempo, para ser usada no sólo como posesión, sino como propiedad”.

Sobre la seducción:

“La seducción habitualmente es difícil de distinguir de la violación. En la seducción, el violador por lo general se toma la molestia de comprar una botella de vino”.

Incluso sobre el parto por cesárea:

“Cortan directamente en el útero con un cuchillo – una cogida quirúrgica… El útero de la zorra es penetrado directamente por el nuevo violador: el cirujano. Mientras que la vagina es guardada para servirle al marido”.

Una de las cosas más características de Dworkin era su falta de consistencia entre sus acciones y teorías, por ejemplo: Ella militaba por relaciones sexuales pansexuales, sin penetración mediante individuos andróginos que trascendían los identificadores físicos del género (o sea, sexo donde no se mete nada dentro de nada, y donde la diferencia entre hombres y mujeres ha sido reducida únicamente a sus características sexuales primarias), sin embargo, ella se llamaba a sí misma lesbiana (a pesar de nunca mantener una relación sentimental con una mujer), mientras estaba casada con un hombre (el anarquista, que por cierto, era un hombre homosexual que mantenía relación sexuales con otros hombres durante el matrimonio).

En fin, no todo es culpa y desastre con Dworkin, ella efectivamente fue capaz de identificar sexismo y abuso en la industria pornográfica y militó por los derechos de las personas transexuales mucho antes de que fuese lo políticamente correcto. Aunque si bien su mayor carta de presentación recaía en “fui abusada y odio el porno”; un mito sobre Dworkin es que ella clamaba que todo coito heterosexual era violación, esto no fue dicho por ella –Por lo menos explícitamente-, lo que ella discutía es que en un patriarcado, las mujeres se ven sometidas a la inferioridad en el coito heterosexual por el pene erecto, literalmente sostenía que el sexo con penetración debía realizarse con un pene flácido para evitar la sumisión de la hembra, todos ridiculizaron la idea, pero esto para Dworkin no era más que una prueba de que: “los hombres tienen demasiado miedo a perder sus preciosas erecciones”. Sin embargo, hubo alguien que verdaderamente dijo que todo coito heterosexual era violación, y es alguien importante en la historia de Dworkin, la abogada feminista radical: Catherinne MacKinnon, quien dijo:

“En una sociedad patriarcal, todo coito heterosexual es violación puesto que, la mujeres como colectivo carecen del poder para otorgar un consentimiento que tenga valor”.

Ahora vienen las Guerras sexuales: Dworkin tomo la frase de Robin Morgan, quién, influenciada por la generación de poetas beat, tenía el hábito de golpear a la gente en la cara con puñetazos verbales:

“Porno es la teoría, la violación es la práctica”.
Frase que fue tomada por Dworkin y replanteada como:
“Porno es la teoría, porno es la práctica”.

Esto expresa la hipocondría sexual de Dworkin, más allá de la lógica circular donde el porno es su propia causa y su propio efecto, Dworkin intentaba explicar que la pornografía era un problema en sí mismo, Morgan combatía la pornografía al establecer que se traducía en violación, pero para Dworkin esto era innecesario, ya que la pornografía en sí misma es peligrosa.

Con ese antecedente teórico, las Guerras sexuales explotaron cuando la actriz Linda Lovelace (Protagonista de la infame película pornográfica: Garganta profunda) fue extorsionada por su marido para protagonizar la película antes mencionada. Fue entonces cuando Andrea, aliada con la ya mencionada Catherine Mackinnon, intentaron usar leyes de derechos civiles para frenar la producción y distribución de pornografía, irónicamente, esto generó conflicto en la comunidad LGBT, puesto que muchos actores y distribuidores de películas pornográficas homosexuales se verían negativamente afectados. La excusa de la demanda era simple: La pornografía por sí misma es una violación de los derechos civiles contra las mujeres.

Dworkin y Mackinnon no tuvieron mucha suerte, su propuesta fue rechazada en función de la primera enmienda (o sea, libertad de expresión), el dúo superpoderoso de Dworkin y Mackinnon tuvo que replantear su plan maléfico, su propuesta usaba las bases de contenido “obsceno”, por lo que pensaron en modificarlo para incluir contenido “dañino”. Fue entonces que Dworkin, para redefinir el concepto de “dañino” para que incluyera a la pornografía, escribió el libro Pornography: Men possesing Women, donde básicamente normalizó sus experiencias de acoso en el cine en su infancia y el abuso de los anarquistas; en vez de tratar el abuso y la intimidación en la industria pornográfica como una abominación, lo trató como el estado normal de la industria, de este modo, podía argumentar que toda película pornográfica en la que participase una mujer era abuso e intimidación, y que la participación voluntaria era el comportamiento anómalo.

Si bien sus técnicas nunca consiguieron una victoria real, en definitiva consiguieron dar pauta para protestar en contra de aquello políticamente correcto (o simplemente aquello que te moleste), ejemplifiquemos con un caso paralelo:

Jack Thomson es un activista contra la distribución de videojuegos, ya que –según él- estos generan comportamiento violento en los jugadores, la similitud es obvia, en vez de pornografía hablamos de videojuegos, y en vez de violación hablamos de violencia. Por su parte, la premisa de que la pornografía produce mala conducta sexual está lejos de ser demostrada, por el contrario, por poner un ejemplo: En Japón la distribución de pornografía es mucho más amplia y con mayores expresiones de violencia en los filmes, del mismo modo se complementa con la industria del anime y el manga, donde al tratarse de obras ficticias, pueden darse el lujo de animar violaciones brutales, canibalismo, incluso bestialismo o pedofilia, y sin embargo, la taza de abuso sexual per cápita en mucho inferior que en Estados Unidos (argumento que sostienen muchas feministas pro-sex, como es el caso de Wendy McElroy, quien se merece su propio artículo).

 

Mucho puede decirse de la fallecida Dworkin, desde sus coloridas amistades (donde destacan la infame Julie Bindel) hasta su intento desesperado por incluir a la mayor cantidad de gente en su lucha, pero algo es innegable: Una parte de su encanto estaba en que validaba las fallas en las mujeres como ninguna otra feminista lo había hecho, su estado insalubre, tanto física como mentalmente no era una alerta de que se debe tener mayor cuidado con sí misma, sino una confirmación de que estaba revelándose contra la opresión patriarcal.

Si nunca admites que podrías haberte expresado mejor sobre algún postulado, no es una seña de narcisismo, es un rechazo al compromiso, de eso modo, ni siquiera era necesario esforzarse en corregirse, sino que no es necesario admitir que se está equivocada. Todas las que se oponían a Dworkin eran agregadas a su lista de perseguidoras, para Andrea estar en desacuerdo con ella es simplemente ser “una pseudo-feminista”.

El feminismo de Andrea Dworkin nunca requería que la mujeres se recuperasen de sus traumas, por el contrario, el trauma se convierte en una característica permanente que le otorga la facultad de oponerse a todo lo que le recuerda a ese trauma. El problema radicó en que fue ese estilo de feminismo que la llevó a su muerte.

Un mes antes de morir, Dworkin intentó demostrar que la causa de su enfermedad fue una supuesta violación que sufrió en París en 1999, donde ella fue abusada por 2 hombres al traer el servicio a la habitación donde ella se hospedaba, los doctores aseguraron que su enfermedad (Osteoartritis) no tenía base en la violación, y no sólo eso, sus propios amigos cercanos sospechaban que la violación de París nunca ocurrió, sino que Dworkin tuvo una crisis nerviosa basada en el escenario de los 2 hombres realizando un examen médico en la prisión de mujeres.

Dworkin murió a los 58 años por una inflamación en el muro del corazón. Hoy en día, su personaje es citado más que nada para argumentar que las feministas odian a los hombres.

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