Citar con precisión a una determinada escritura para el inicio del pensamiento feminista es complicado, especialmente tratándose de un movimiento que es difícil de determinar si ha evolucionado, mutado o envejecido como el vino -o la leche-. Sacar conjeturas sobre las posibles opiniones que tendrían pensadoras de hace siglos sobre el estado actual del movimiento es un ejercicio estúpido y anti-productivo, aún más si consideramos el consistencia intelectual.

Generalmente se relega al texto “Vindicación de los derechos de la mujer” de Mary Wollstonecraft como el punto de partida para el pensamiento, no obstante, valdría preguntarse qué tanta resonancia tiene ésta última a día de hoy (especialmente con un feminismo liberal tan desaparecido), generalmente se rescata la siguiente cita:

“No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”

Aunque no parecen destacarse ideas como la siguiente:

“Los 2 sexos mutuamente se corrompen y se mejoran el uno al otro”

Vindicación de los derechos de la mujer, página 318

No es precisamente Wollstonecraft quién tiene mayor presencia en el discurso feminista actual. Tratándose de un punto de partida para la narrativa feminista contemporánea sería más correcta situarnos con Simone de Beauvoir en Francia, con su texto revolucionario “El segundo sexo” de 1949. Para la segunda ola del feminismo, virtualmente todo escrito tomaría como referente inicial a Beauvoir (tal es el caso de Kate Millett, de Betty Friedan, de Germaine Greer y de muchas otras). Sin embargo, existe una diferencia entre el feminismo americano y el feminismo francés (el feminismo español y el latinoamericano tienden a ser meras regurgitaciones del primer mencionado, con un desfase lamentable de 30 a 40 años), ¿Qué ha ocurrido con el feminismo en Francia? ¿La misma nación de donde vendría Simone de Beauvoir sería la misma que nos permitiría deshacernos del feminismo de una buena vez por todas? Veamos quienes son aquellas que quieren acabar con el feminismo (o por lo menos con su línea hegemónica de pensamiento):

Peggy Sastre

 

 

Doctora de filosofía especializada en Nietzsche y Darwin. Peggy Sastre daría inicio a su carrera como una pensadora pública con su primera declaración ideológica en el año 2009:

                                                                                             Ex Utero: Para acabar con el feminismo.

 

 

A pesar de su polémico título, lo que Peggy propone no es una desaparición absoluta de los pensamientos feministas, sino más bien, el inicio de un feminismo científico a lo que ella llama “Evofeminismo”. Sastre sostiene que el feminismo está fuertemente reñido con la ciencia en su adoración por la retórica sensacionalista (o propaganda) donde las formadoras de opinión tienen el hábito de “decir cosas” y que sus oyentes simplemente las acepten como ciertas, por eso propone el feminismo basado en evidencia científica y el entendimiento de la evolución –Evaluando al hombre y a la mujer como seres biológicos, tanto como sociales-. Sastre usa la filosofía, la biología y la mitología para dar un acercamiento novedoso al conflicto entre sexos; dentro de la teoría feminista (desplazado desde la construcción de la identidad política de Kate Millett hasta el freudomarxismo de Pierre Bordieu) se evalúa a la masculinidad como una identidad política exigida por instituciones inorgánicas (mejor conocidas como “Estructuras de poder”) la cual exige rituales de demostración sociales, en otras palabras, la masculinidad es algo que se prueba y se demuestra para el varón en sí mismo y ante otros hombres, de ahí surge los delitos masculinos: Femicidio, violación y otros actos de “Terrorismo machista” (cuando un hombre comete estos crímenes, simplemente intenta demostrar “que tan hombres es”). ¿Qué propone Sastre? Todo se va al diablo, a lo que nos enfrentamos realmente es a millones de años de estrategias adaptativas y evolutivas que se sustentan en la psicología evolutiva. Por ejemplo: Para Sastre la violación deja de ser un acto de terrorismo institucional para comenzar a ser evaluada como una estrategia reproductiva:

Thornhill y Palmer desean dar [los hombres] a entender que la selección darwiniana está en trabajo cuando se ponen erectos ante la mera visión de una foto, cuando se equivocan sobre las intenciones de una mujer o la posibilidad que tienen al obligar a una mujer a hacer el amor. Por el lado de las chicas jóvenes, deben aprender cuáles son más atractivas durante su período de fertilidad o que un hombre está listo para hacer cualquier cosa para leer en ellas una intención sexual. En este sentido, Thornhill y Palmer insisten en que la ropa puede significar esa intención, ser más fácil de evitar cualquier circunstancia que conduce a la violación, los científicos señalan que, si el hecho de que en algunas sociedades, la primera cita que bajo la égida de un acompañante o la estricta separación de hombres y mujeres antes de que el matrimonio pueda parecernos un obstáculo retrógrado a la libertad de cada uno, estos guardias advierten en el hecho, las violaciones. (…) la violación se ajusta así a la evolución de la psicología sexual masculina y solo esta comprensión hace efectivos los esfuerzos de las sociedades para reducir el fenómeno”

Ex Utero, Página 110-111

Peggy se sustenta en las estadísticas de las mujeres que reportan con mayor frecuencia violencia sexual, encontrando que una importante cantidad de mujeres que se encuentran en edad fértil. No obstante, vale preguntarse por las posibles explicaciones de Sastre para la violación a menores de edad, la violación entre personas del mismo sexo y la violación heterosexual cometida por mujeres contra los hombres; pero la noción de que existe un componente genético parece estar mejor sustentada de lo que se podría anticipar: Un estudio sueco para el asociación internacional de epidemiología (IEA) se enfocó en la incidencia de mala conducta sexual en familias de acuerdo a patrones genéticos, con una muestra de infractores de 21.566 desde 1973 hasta 2009 sugirió que los factores genéticos predecían mejor la tendencia a la mala conducta sexual (con un 40%) que los factores ambientales compartidos, o sea, cultura (Con un 2%).

Peggy se enlisto junto a las feministas pro-sexo al expresar su apoyo a la regulación de la prostitución y la pornografía.

 

Su texto más polémico vendría bajo la premisa de un título inflamatorio:

La dominación masculina no existe.

 

Todo funciona así: El hombre (con penes de tamaños variables: Tiernos y divertidos apéndices pequeños, prácticas tallas medias e intimidantes colosos) es una podredumbre, el viola, mata, roba, secuestra, no cocina y se niega a limpiar su ropa interior sucia. Él ha conspirado malévolamente contra la mujer  para poder sostener ilimitadamente sus privilegios masculinos a costa del sufrimiento de la mujer gracias a un sistema de dominación llamado “patriarcado”; esa es la versión oficial de la historia, pero que dirían si supieran que esa historia es falsa:

Si los hombres parecían poderosos, es porque las mujeres así lo han querido y así ha sido durante el 99,98% de la historia de nuestra especie”

La dominación masculina no existe, página 10

El despiadado sistema unilateral, vertical y patriarcal que tanto horror ha causado en el mundo simplemente no existe, lo que la historia en verdad es una travesía de diversas estrategias reproductivas diseñadas para procurar la perpetuación de la especie a nivel colectivo, y a nivel individual la perpetuación de los genes. Sastre se enfrenta nuevamente a las problemáticas de la violencia masculina, violación, entre otros crímenes, procurando mantener su perspectiva científica, abogando por un evofeminismo sustentado en el conocimiento objetivo y la evolución.

 

Eugenié Bastié

 

 

Bastié es una periodista y ensayista que entró en acción con su ensayo titulado:

Adiós señorita: La derrota de las mujeres.

 

Bastié nos presenta la pronta llegada de un mundo distópico consentido por un feminismo Orwelliano donde la identidad de la mujer ha sido borrada y la instituciones legales han sido poseídas por el más conservador Islam que puede amenazar a Europa, ¿Cómo ocurre esto considerando que el feminismo es el agente que busca liberar a la mujer de su opresión? Sencillo, porque al feminismo no le importa que la mujer esta oprimida, sino que le importa quién la domina, el problema está que quién/que sea lo que lo haga, no es el feminismo (Hasta ahora). Eugenié identifica lo que ella llama como “el germen de la ideología de género” en “El segundo sexo” de Simone de Beauvoir, cuando –Independientemente de sus intenciones- plantó la semilla para el nacimiento de los llamados “homosexuales del género”, esas son: Monique Wittig, Judith Butler y Anne Fausto-Sterling.

Para Eugenié, el hecho de las mujeres heterosexuales relegaran a las lesbianas su liberación fue un acto estúpido: Los intereses de las homosexuales, si bien pueden coincidir en mayor medida con las mujeres heterosexuales, éstos acaban divergiendo, empezando por el hecho de que la reproducción requiere inminentemente de la intervención de un varón (Ya sea por coito o como donantes de esperma), este mero hecho ya implica una completa divergencia en los intereses reproductivos, las lesbianas pueden exterminar a los hombres del planeta y mantener a algunos encerradas para producir esperma, para las mujeres heterosexuales esto es todavía menos viable.

El hecho de que las conclusiones de las “homosexuales del género” apunten a afirmaciones que reniegan de la identidad de la mujer (o niegan su existencia) demuestra que el interés no está en la mujer (tales como: “El sexo biológico es un constructo social”) sino más bien en una agenda política propia que sólo usa a la mujer como excusa, es precisamente por esto que la lucha feminista parece tan extendida, la lucha es contra la realidad (Negación de las diferencias biológicas) por lo que la lucha simplemente durará para siempre, lo cual es premeditado, si el espectáculo nunca acaba, entonces tampoco se acabará el financiamiento, ¿Sus seguidoras? Las feministas protestantes, o bien, las que salen a marchar y fastidiar son simplemente un compendio de tontas útiles muy eficiente, en otras palabras, un rebaño.

Lleno de contradicciones, Bastié afirma:

Setenta años después de Simone de Beauvoir, ¿no se completaría la revolución feminista contra la dominación masculina? Se registra la conquista de los derechos políticos y sociales, el control de la procreación adquirida, el sistema de paridad impuesto. Pero, al igual que las Furias antiguas, los ideólogos contemporáneos se esfuerzan por hacer campaña por un futuro brillante que niega que haya sucedido alguna vez.

Abolir la prostitución, pero permitir la gestación asistida… Eliminar las diferencias de género en las escuelas, pero instaurar la igualdad de funciones en los ministerios… Reivindicación de la emancipación del cuerpo, pero aceptar la imposición del velo… Apoyo a que una pueda ser solo pro-elección, pero rechazar que una pueda sufrir por haber abortado… Proclamarse de izquierda y enorgullecerse para hacer entrar en el zapato la condición femenina de los salarios…

Al descifrar una por una estas contradicciones insostenibles, este libro revela la tragedia y la miseria del feminismo contemporáneo con una pluma depilada e implacable. Hasta este punto extremo de ceguera donde niegan las amenazas concretas que hoy apuntan a la libertad de las mujeres: el Islam tradicional que desafía el ideal igualitario, la indiferenciación que ataca la mezcla de sexo, técnica y el mercado que socavan el privilegio de la maternidad”

Adiós señorita: La derrota de las mujeres

Eugenié rechaza la noción de Simone de Beauvoir que el trabajo emancipa/libera a la mujer y que el trabajo doméstico debería ser eliminado como alternativa para las mujeres, por lo que inicia una militancia titulada como “alterfeminismo”, el cual –según ella- consiste en la revaloración de los valores despreciados por el feminismo: La maternidad, el amor, la fidelidad y el compañerismo entre sexos. Eugenié aboga por un mundo donde una mujer pueda ser madre y ama de casa sin que sea evaluada como un parásito, como una perdedora o como una mujer que sucumbió a las dependencias de los hombres.

 

Natacha Polony

 

 

Periodista y ensayista francesa, Natacha Polony es otra suscrita al alterfeminismo de Eugenié Bastié, dándose a conocer con su escrito:

El hombre es el futuro de la mujer: Una autopsia al feminismo contemporáneo.

 

 

Natacha nos pregunta: Tras más de 60 años desde El segundo sexo de Simone de Beauvoir ¿las promesas del feminismo se han cumplido o se han traicionado? El estado de la mujer pública es completamente contradictoria, oscilando desde la víctima inocente hasta la heroica trabajadora, ese es el primer problema que Polony identifica: Lo que originalmente inspiró a Betty Friedan a escribir La Mística de la Feminidad fue la realización de que el ideal de la ama de casa, casada y con hijos no estaba haciendo felices a un número importante de mujeres a pesar de que cada mensaje cultural les decía que ese estilo de vida las haría más felices; para Natacha, el problema es el mismo pero con una causa opuesta: Pareciese que el ideal de la mujer trabajadora, soltera, joven y aventurera simplemente no hace felices a un número importante de mujeres, especialmente cuando las mismas mujeres trabajadoras deben conciliar su identidad de “fuertes y liberadas” con el constante mensaje de víctimas indefensas, las mujeres se ven afectadas por la imagen que ellas mantienen de sí mismas en contraste con la noción de la cultura sobre ellas (además de la noción el feminismo hace sobre ellas). Esencialmente, Polony sostiene que, si bien a algunas mujeres el trabajar les resulta satisfactorio y gratificante, el estilo de vida familiar también puede hacer genuinamente feliz a la mujer, por lo que llama a revalorizar los ideales familiares.

Tras décadas de militancia rimbombante llena de canciones, actuaciones teatrales, malos maquillajes, pelucas desagradables y tetas al aire, Natacha reivindica a uno de los ideales más polémicos que existen actualmente, ella proclama el retorno del macho, la virilidad y los valores masculinos; justamente el concepto del varón masculino demonizado durante décadas es el que vendrá a reclamar su “derecho a existir”. Si bien Polony no indaga en el origen de esta identidad (para algunas biológica y, para otras, política), lo que hace es llamarla por su compatibilidad con el alterfeminismo de la autora. En el pensamiento feminista hegemónico, el varón viril existe solo para matar, violar, robar y oprimir; Polony se desentiende de esta noción, proclamando sus beneficios para la mujer e incluso para la cultura ¿Qué es la masculinidad? Polony desafía la noción de la masculinidad hegemónica/tóxica al definirla como “el orgullo, dignidad o confianza que un hombre puede tener por pertenecer a su sexo”. Según Natacha, cuando las feministas declaraban su búsqueda por la igualdad (respaldándose con Butler y Wittig) lo que querían decir era “borrar las diferencias”, el problema recae en que las diferencias simplemente no pueden borrarse, pero se puede engañar al mundo para fingir que no existen (el trabajo del feminismo se convertiría en mantener esta noción hasta el final de los tiempos, o sea, el feminismo buscaría ser eterno, así el negocio nunca termina) ¿Cómo lo hacen? Gracias a los intelectuales en universidades, acusando constantemente de sesgos políticos a todo aquél que desee exponer evidencias de un posible diferencia biológica. Volviendo a los machos, Natacha no sólo declara el retorno del macho, sino que expresa su devoción al misma, en su sección titulada “Elogio a la virilidad” ella afirma:

Estas líneas, caballeros, están por lo tanto dedicadas a ustedes. Son un tributo a todo lo que un hombre puede ser. Son un tributo a la hombría, esta cualidad tan criticada, y que no es más que la confianza que un hombre puede tener en su pertenencia a su sexo. Una especie de certeza tranquilizadora pero serena. Y si nada es más difícil de definir que esta pertenencia, que todos desarrollan a voluntad, es el espejo en el que las mujeres se contemplan con placer. La virilidad es una forma de confianza, de fuerza silenciosa; lo que significa que la era actual, en su deseo de criminalizar cualquier resurgimiento del odiado patriarcado, ha roto el hechizo y ha hecho que los seres humanos permanezcan en perpetua duda.

No hay dudas de lamentar el momento en que “ser hombre” parecía tener un significado inmediato que ni siquiera era necesario cuestionar. Porque la noción no era menos problemática. No era una cuestión de confianza, sino de mandato. Considere el actual interrogatorio como una oportunidad para disipar el viejo malentendido: ustedes no son, caballeros, brutos espeluznantes que deben ser suprimidos o controlados. La violencia no es una fatalidad masculina. Y al construirse contra las mujeres, puede aprender que su grandeza es invertir su fuerza y ​​audacia en la defensa y el respeto del otro, de la mujer; y no con miedo y rechazo, o por el contrario en indiferenciación.

Yo mismo he elegido, lo confieso, vivir con un espécimen amenazado, uno de esos machos auténticos que la modernidad feminista está dedicada a la eliminación y condena al olvido de la historia. Un ser que no plancha sus camisas, que paga la cuenta en el restaurante y se ofrece a acompañarme tan pronto como salga, para que no me pase algo. Un ser que pica la ira negra y siempre quiere tener la razón, y que hace todo por mí porque cree que, en principio, lo hace mejor que yo. Un hombre, en todo su horror. Un hombre, sensual y gruñón, tan diferente de lo que puedo ser y tan cercano a lo que creo. Un hombre en cuyos ojos leo que soy una mujer.

Lo admito, me gusta la alteridad. Me gusta esta diferencia esencial que nos hace a él y a mí humanos sin ser iguales. Me gustan estos juegos de dominación que nos hacen provocar y confrontarnos, cada uno a su vez ante el otro, cada uno confrontando lo que él es con lo desconocido del otro. Finalmente, me gusta descubrir a través de nuestra alteridad lo que nos une y nos hace indispensables el uno para el otro. Nada es más destructivo del deseo que la abolición de las fronteras, el alisamiento meticuloso de las asperezas en nombre de nuestra incapacidad milenaria de pensar en la dualidad.

Caballeros, no se dejen engañar por los preceptos contradictorios de las mujeres. Te hablan sobre igualdad, comparten tareas, quieren ser libres e independientes. Y eso es lo que necesitan. Como necesitan esta figura tranquilizadora del protector, autoritaria, asumiendo sus deberes y simbolizando la ley; el hombre que ha sido convocado para que ya no lo sea. No te dejes engañar por los discursos ambientales que te ordenan negarte a ti mismo en nombre del mestizaje de lo femenino y lo masculino, lo que queremos que creas que es la última etapa de la humanidad, como la única posibilidad de abolición del sufrimiento de tantas mujeres. Probablemente no hay un peor aburrimiento para una mujer enfrentar a este hombre insípido y aburrido que ha aprendido tan bien su lección de feminismo y pide respetuosamente permiso para intentar algún rastro de seducción, este hombre un poco ridículo que usa cremas antiarrugas y autobronceador, este hombre patético que no siente la necesidad de levantarse para una mujer embarazada u ofrecer su chaqueta a una mujer hermosa con un vestido liviano. ¿Qué gesto más hermoso que esta tierna y poderosa envoltura del que deposita sobre los hombros un poco de calor y protección?

Y le dirijo estas líneas a mi hijo, hoy tan poco, apenas fuera del estado del ángel, como un mensaje de amor y esperanza. Que él, a su vez, esté orgulloso de ser un hombre. Un hombre, es decir, un ser imbuido de los valores caballerescos que fundaron la civilización occidental. Un hombre, es decir, un ser que juega para ser el más fuerte para servir mejor, para proteger mejor, porque tal es la verdadera grandeza (que las mujeres también deberían cultivar), la de nunca abusar de su poder. Un hombre, seguro de lo que quiere ser y caminando en los viejos modelos y las grandes figuras. Incluso si tiene en cuenta que todo esto es solo una ficción, y que no debe ser prisionero de los códigos, sino apropiarse de ellos, a veces mejores para derrocarlos.

Que aprenda a mirar a las mujeres en su complejidad, contradicciones e incertidumbres. Que las ame a ellas orgullosas y frágiles, modestas y apasionadas, como lo serían si nuestra triste época les enseñara las tonterías infantiles que los envenenan, y que los buenos genios del marketing intenten a toda costa inocular a los hombres.

Pequeño futuro hombre, aprende a caminar en la vida, componiendo y recomponiéndote según tus encuentros y tus experiencias, de acuerdo con los libros y los seres que conocerás. Y no importa cómo elijas escuchar estas palabras, serás un hombre, hijo mío. Pero para eso, simplemente y completamente, a través de sus valores y su moralidad, convertirte en un Hombre”

El hombre es el futuro de la mujer, página 244 – 247

¿Cursi? Quizás ¿Apasionado? Bastante. La críticas del feminismo francés parecieran estar metiendo agujas en las heridas más tristes del pensamiento feminista, si el feminismo se enfrenta a sus últimas horas, parece que será en Francia donde acabará de una buena vez por todas. Hasta el momento, estás no han sido las últimas disidentes a evaluar, y tampoco será la última vez que las veremos.

Balderouge

Ex feminista radical.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Estoy muy orgulloso de ser hombre. Pero aún más de entre todas las marañas de adoctrinamiento, el tener la lucidez de no caer en las tonterías que venden las ideologías que quieren capar mental y literalmente, a la masculinidad. Valores “tóxicos” que le atribuyen a la masculinidad: lealtad, respeto, carácter, coherencia, esfuerzo, responsabilidad, protección y firmeza. Incluso podríamos hablar de la sensibilidad ¿Quiénes han hecho las grandes obras de arte, de música, de matemáticas, de tratados humanos, poemas y literatura? No, no es menospreciar a las mujeres, estas son tan capaces como el varón. Lo que pasa es que el feminismo en su eterno victimismo, limita mucho de esos valores y sensibilidad en las mujeres.

  2. No entiendo como las feministas reivindican a Simone de Beauvoir, una mujer con todos los rasgos de un perfil psicopático, que compartía a sus alumnas de instituto con su batracio marido, que fue voluntaria en la administración francesa colaboracionista con los nazis, y celebró la Unión Soviética de Stalin, el peor régimen de la Historia de la Humanidad en cuanto a víctimas.; que despreciaba a las mujeres que tienen inclinaciones familiares. Y sobre todo, una escritora que hablaba de sí misma para dar doctrina a las demás, sin base científica y cuestionables ideas filosóficas que no aguantan análisis serios.

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