En el año 2013, la cultura digital recibió una de las tendencias más extravagantes y complicadas para la actual viralización del movimiento feminista: El surgimiento del grupo Mujeres contra el feminismo (Women Against Feminism), que consistía esencialmente en mujeres tomándose fotografías en formato selfie junto a un cartel que explicase los motivos del porque rechazaban y/o desprecian al feminismo.

“No necesito feminismo porque:

*Soy un adulto que es capaz de tomar responsabilidad de mi misma y mis acciones.

*Me defino a mí misma y derivo mi valor a partir de mis propios estándares. No necesito estar “empoderada”

*No soy el blanco de violencia y no hay una guerra contra mí.

*Respeto a los hombres. Me rehúso a demonizarlos y culparlos por mis problemas”

 

“No necesito feminismo porque no veo a las mujeres como débiles y patéticas víctimas de un inexistente patriarcado”

 

“No necesito feminismo porque…Mi valor propio no está directamente relacionado con el tamaño de mi complejo de víctima”

“No necesito feminismo moderno porque…
*Respeto la fuerza + la convicción del individuo

*No estoy oprimida.

*No juzgaré a mis hermanos por los actos crueles de otros hombres.
*No quiero que los muchachos nazcan pidiendo perdón por su género a causa de gente miserable con actitudes victimistas.

“No necesito feminismo porque refuerza la dicotomía de hombres/agentes y mujeres/victimas.
Así es como luce una anti-feminista”

 

También incluyeron algunas imágenes que parodiaban al movimiento ¿Quién necesita el feminismo? (Who needs feminism?) en el cual las mujeres escribían mensajes explicando porque lo necesitan:

“Necesito feminismo como un pez necesita una bicicleta”

 

“Necesito feminismo para que me diga que el victimismo es mejor que el empoderamiento”

Las respuestas se hicieron de rogar. Tanto en las mujeres que participaron en la campaña afirmaron (Desde su página aún activa: womenagainstfeminism.com) que tras haber hecho pública su imagen y posición respecto al tema, fueron inmensamente atacadas por feministas de manera anónima, algunas deseándoles que fuesen víctimas de violación, y en el mejor de los casos, balbuceando incesantemente lo estúpidas que son las mujeres por participar en tales campañas. La columnista Beulah Devaney de openDemocracy escribió que todos los argumentos de las mujeres son fácilmente rebatibles, y no sólo eso, Devaney sostuvo en su columna que esto es el producto de mujeres blancas privilegiadas que tienen miedo a perder sus privilegios en vista del creciente feminismo interseccional (Que irónico, y yo que creía que eran los hombres los privilegiados):
“Mientras el feminismo interseccional se vuelve más popular, tristemente, algunas
mujeres blancas, heterosexuales y cis del primer mundo ven el énfasis de sus privilegios como un ataque…”

– Beulah Devaney. La mirada sobre la historia de Mujeres contra el
feminismo. 2015

Algunas escritoras dan un apoyo mayoritario al movimiento, Cathy Young por ejemplo afirmó que el movimiento es una fuerza importante que parece entender el actual declive y crisis teórica del feminismo actual. Por otro lado, otras voces afirman que todo el movimiento se basa en la idea incorrecta que las feministas tienen la misandria como una base sustancial de su ideología. Como es de esperarse, surge la interrogante milenaria: ¿Las feministas odian auténticamente a los hombres? Si se le pregunta a una feminista de cualquier tipo, la respuesta será no, a cualquier otra persona, la respuesta si, sin embargo la respuesta más intelectualmente honesta sería “Depende”. Es fácil dilucidar que activistas como Andrea Dworkin, Valerie Solanas, Germaine Greer, entre otras; sostenían un innegable desdén por el sexo masculino, sin embargo, no todas las feministas se suscriben a sus pensamientos, es más, una porción considerable del activismo feminista actual ni siquiera es teórico (y si lo es, tiende a serlo por una suerte de azar ante la teoría pérdida de alguna mente oculta de la época de los 70’s). Sin embargo, es debido traer a colación el tema de la guerra entre las mujeres y el feminismo, ¿Si las mujeres han declarada su desprecio por el feminismo, el feminismo ha declarado desprecio por las mujeres?

Para explicar lo siguiente es conveniente ejemplificar con una de las mujeres más extravagantes que ha visto el feminismo, les presento a Mary Daly:

Mary era una teóloga y feminista radical que realizaba clases en el departamento de estudios de la mujer en la universidad de Boston durante el periodo de 1967 hasta 1999, una particularidad inicial consistía en que ella rechazaba realizar clases a alumnos varones hasta que la institución la obligó a hacerlo. Si bien su figura pública es mucho menos interesante que Valerie Solanas (por el simple hecho de que Mary nunca intentó asesinar a nadie), es debido decir que ella fue incluso más creativa que la anterior.

Daly escribió su primer libro La iglesia y el segundo sexo en 1968, un texto de teología donde establecía la igualdad de derechos entre hombres y mujeres mediante un reconocimiento institucional de la iglesia católica, para Daly, tener una identidad religiosa y anhelar la igualdad entre hombres y mujeres no era mutuamente inclusivo, en cierto modo, Mary llamaba a una reforma de la iglesia católica en función de la condición de las mujeres, puesto que, según ella, los hombres y las mujeres eran creados iguales ante Dios (Aquí podría imaginarse una mujer bajo el sombrero del papa). Sin embargo, algo que era impresionante sobre Daly era su capacidad para cambiar de parecer a lo largo de sus obras; eventualmente escribió una pseudo- secuela titulada Más allá del padre y el hijo dónde Mary manda al diablo la religión, afirmando que esta misma es esencialmente opresiva para la mujer, ella explicaría:

“Una mujer pidiéndole igualdad a la iglesia es como un negro pidiendo igualdad al Ku Klux Klan”

¿Recuerdan que Mary dijo que los hombres y las mujeres eran creados iguales ante Dios? Eso también se fue al diablo en su libro Gino/Ecología: Las metaéticas del feminismo radical. Aquí comenzaba a recordar a Solanas al presentarnos nuevamente la idea de que la mujer es biológicamente superior al hombre, y no sólo eso, la mujer es naturalmente dominante, mientras que el hombre es débil y patético, y esta condición lo lleva a conductas destructivas, para Daly, la igualdad deja de ser válida, puesto que la mujer al ser liberada del patriarcado (el cual la condiciona en un proceso de pacificación que la vuelve sumisa y dócil) recobrará su superioridad biológica, eventualmente, los hombres serán gobernados por las mujeres. Daly despreciaba el activismo bajo la ética igualitaria, para ella, el feminismo no tenía absolutamente nada que ver con la equidad de género, sino, con la natural superioridad femenina y la destrucción del sistema que domestica a la mujer, razón por la cual, es debido abolir el matrimonio, la familia nuclear, la heterosexualidad y el capitalismo. Todo llegaría a su punto máximo en el libro Quintaesencia… Realizando nuestro futuro arcaico: Un manifiesto feminista en donde Mary superaría a Solanas al retratar un mundo utópico cuasi-amazónico en donde los hombres fueron víctimas de un exterminio masivo y solo quedan las mujeres en el mundo (para interesados/as, Valerie Solanas, si bien quería matar a todos los hombres, les daba la oportunidad de sobrevivir únicamente a los travestis, Mary por su parte, no era tan gentil); sin embargo, Daly llegó más lejos y se atreve a dar un grupo de mujeres como sacrificio para su utopía: Las mujeres heterosexuales, siendo estas exterminadas, ya sea al ser obligadas a ser lesbianas, o bien, a morir junto a los hombres.

“Si la vida debe sobrevivir en este planeta, entonces debe haber una descontaminación de la tierra. Y creo que si eso ocurre, será junto a un proceso evolutivo que conllevará una drástica reducción en la población de hombres”

– Mary Daly, La tierra de ningún hombre, 1999

Con esta idea en mente, vale preguntarse si Mary Daly verdaderamente le importaban algo las mujeres, o bien, eran solamente un excusa para promover su propia agenda y crear un mundo ideal para ella misma, y es entonces cuando comenzamos a hablar del retrato que el feminismo hace de las mujeres, o bien, el uso político que hace el movimiento de sus mentes, cuerpos y experiencias, no por el bien de ellas, sino por el bien del mismo feminismo. Traer a colación a las Mujeres contra el feminismo resulta interesante, puesto que puede darnos una importante visión del feminismo sobre la mujer, y es entonces cuando nace un mito/verdad sobre el movimiento, ese es: El objeto de odio del feminismo nunca fue el hombre, el feminismo odia a la mujer. El ataque del feminismo hacia la mujer parece haber sido reportado desde mucho antes, incluso anticipado, en el libro La segunda etapa de Betty Friedan (La gran madrina del feminismo), se nos advierte de una transformación del movimiento que pasa a ser una completa redefinición de la óptica femenina, abandonando el plano de lo político y legal, para pasar a un plano de lo simbólico y de las ideas, en donde el feminismo dejo de ser un móvil que provea de libertad a la mujer, para ser otro sistema de poder que la mantenga subyugada, Friedan nota esto al ver la constante demonización de las figuras convencionales femeninas, tales como las amas de casa, o las madres casadas, junto a una amplia ansiedad por la impresionante lluvia de cartas que llegaban a Friedan de mujeres agobiadas por mantener relaciones sexuales heterosexuales, lo cual, en la época se consideraba “dormir con el enemigo”.

Otra evidencia de esto vendría de mano de Wendy McElroy en su libro Corrección Sexual: El ataque de las feministas de género a las mujeres en donde nos presenta un movimiento feminista completamente despojada de sus orientaciones iniciales, el cual actúa de la misma manera que un movimiento conservador, es decir, diciéndole a la mujer que hacer, que decir, que pensar, con quién tener sexo, como tener sexo y que cosas puede hacer o no con su cuerpo (quizás esto recuerde a la actual abolición de las azafatas en eventos deportivos como la Formula 1). Esto para Wendy es parte del método investigativo del feminismo radical, el cual, abandonando la lógica y la evidencia científica (puesto que estas son constructos masculinos y patriarcales) incurren en la entrevista individual, o sea, preguntar selectivamente a mujeres sus experiencias para confirmar sus tesis, o en sus propias palabras:

 

“Una llave con la cual las feministas de género rechazan la evidencia empírica recae en la llamada metodología feminista. Este es un acercamiento revolucionario a la investigación. Como la lógica y el método científico han sido evaluados como métodos tradicionales de hombres blancos, las feministas de género las rechazan por ser opresivas. Por lo que desarrollan su propia línea investigativa libre de opresión”

– Corrección sexual, página 10.

“En algún punto, las feministas de género con algo de honestidad se encontrarían con un dilema moral. ¿Qué hay de las mujeres que no interpretan o viven el mundo en los mismos términos que ellas? ¿Qué hay de las mujeres que ven la misma sociedad y la interpretan de manera diferente?… [] Las feministas de género despreciaran cualquier evidencia inconveniente que no corresponda con su narrativa, o sea, eventualmente imitaran a los llamados patriarcas blancos y masculinos y despreciaran a tales mujeres”

– Corrección sexual, página 11

Si el feminismo se niega a considerar las diversas maneras en que las mujeres interpretan el mundo ¿Entonces que pretende? ¿Existe algún objetivo en tratar de estúpida a toda mujer con perspectivas que no calcen en la línea teórica? El caso no se detiene ahí y es entonces cuando debemos recurrir a una perspectiva más novedosa: El año 2006, la filósofa Elisabeth Badinter escribió el libro El punto muerto del feminismo (Dead End Feminism), en el cual dialoga entre las actuales narrativas del movimiento y cuestiona como estas promueven, sostienen e incluso resucitan antiguos estereotipos de género, los cuales, antes de ser benéficos, son incluso más perjudiciales para la mujer.

Si consideran por instancia el discutido tema de la brecha salarial, quizás se llegue al punto en el que se pueda confirmar que esta se ve fuertemente influenciada por las decisiones de las mujeres respecto a sus vidas y carreras, es entonces en que el contra-argumento feminista es “Las mujeres están socializadas para responder de esa manera”, dejando de lado el reduccionismo constructivista de esta manera, consideremos las implicancias de este enunciado: La mujer, no escoge su carrera, simplemente estudia aquello que se le enseña que le debe gustar, la mujer no desea reducir su horario laboral al tener hijos, se le indica que si no lo hace será despreciada por el mundo y lo hace por miedo.
¿Cuál es la similitud en todo esto? La mujer es un ser sin voluntad, cuando mucho, un objeto: un sujeto es capaz de tomar decisiones bajo su propia autonomía y tomar los rumbos de su vida, un objeto no tiene voz ni voto, solo funciona de acuerdo a las leyes de la mecánica de lo que ocurra a su alrededor; el feminismo trata a la mujer como un objeto, puesto que todo lo que ella decida será producto de la misericordia de algo, es decir, la mujer es sólo un muñeco de barro, que será moldeado por la voluntad de una fuerza superior, la cual será denominada categóricamente según la línea ideológica que sigamos, aunque siempre tendrá la cualidad de ser un ente abstracto (El patriarcado, la sociedad capitalista, escojan su demonio preferido).
“Yendo desde Andrea Dworkin hasta Catharine MacKinnon, lo que se implica es que la mujer toma la posición de un bebé, o mejor dicho, el estatus de un bebé: débil e indefenso”

-Elisabeth Badinter, El punto muerto del feminismo. Página 21

La pensadora más reciente en este tema es la profesora Joanna Williams, que en su libro Mujer versus Feminismo: Porque todos necesitamos liberarnos de la guerra de géneros, llama a la mujer a abandonar al feminismo, ya que este es un motor de desinformación, que trata a la mujer como una utilidad que se le debe educar a sentir miedo e impotencia ante el mundo, según Williams, el feminismo actualmente le enseña a la mujer que no sólo ella es el blanco de los más despiadados crímenes, sino que además le enseña que es completamente incapaz de defenderse a sí misma, o en otras palabras, el feminismo promueve la idea de que la mujer es una criatura débil, frágil e insignificante; este es una de la razones por las que Williams invita a las mujeres a dejar el feminismo, porque este actualmente es profundamente anti-mujer, tratándola como una mujer bebé, pero en vez de tener un padre o madre a que recurrir, la mujer debe ir y llorarle al estado.
Este fenómeno de “infantilización de la mujer” o –en palabras de Karen Straughan- “hipoagencia femenina” cuenta con mayor raíz en el feminismo de lo podría pensarse, tomen como ejemplo a la feminista Radhika Sanghani (mejor conocida como la mujer que dijo que el aire acondicionado es sexista), la cual, en una discusión sobre comentarios indeseados en la vía pública dijo lo siguiente al escuchar que las mujeres deberían encarar a los hombres cuando reciben comentarios groseros:

“…No pensemos que la mujeres son capaces de valerse por sí mismas…”
Radhika Sanghani

¿Las mujeres no pueden valerse por sí mismas? ¿Entonces para que pueden valerse? ¿Acaso las mujeres son seres tan débiles y patéticos que necesitan la intromisión del estado para poder solucionar aquellas circunstancias que las ponen incómodas? ¿En verdad se puede tener una imagen más baja de las mujeres modernas? ¿Las mujeres están auténticamente dispuestas a dejar que los gobiernos se entrometan en la vida íntima para protegerlas de la incomodidad? Esto puede llevarnos a la siguiente interrogante: ¿Qué es la mujer para el feminismo? La respuesta más rápida es que es el agente a promover social y políticamente. Sin embargo, Pilar Muñoz nos da una respuesta diferente:

“Para el feminismo radical, no importa la mujer, la mujer es simplemente un pretexto para sus agendas”
-Pilar Muñoz, Feminismo y el nuevo sexismo.

Dado todo lo anteriormente expuesto, vale preguntarse si nuestro punto de partida, es decir, las Mujeres contra el feminismo son verdaderamente una gallina que corre sin cabeza, o bien, un colectivo que ha acertado terriblemente en lo que respecta al estado actual del movimiento. Un estado en lo que todo se encuentra en un punto muerto de eterna contradicción, replanteando lo dicho por Germaine Greer: Las mujeres tienen poca idea de cuánto las odian las feministas.
Respecto a la denigración y humillación de la mujer no-feminista, hubo algunas que saltaron en su defensa, y particularmente, las palabras de Christina Hoff Sommers resultaron particularmente adecuadas:

“Cuando las mujeres jóvenes le dicen que no al feminismo, es entonces que el feminismo necesita aprender que No significa No”.

@DominoYayo

Balderouge

Ex feminista radical.

Esta entrada tiene 4 comentarios

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  2. No me interesa la teoría del idioma no sexista, o, lenguaje inclusivo, es algo alucinante, me produce risa, vergüenza, me desconecto. Políticas, cargos públicos, con esa idea en la cabeza, si es que se puede decir que es un pensamiento.
    Pruebas, textos oficiales escritos en idioma inclusivo, un lío, algo machacón, mucho más pesado.de leer. Cualquier persona puede investigar.
    Mas cosas, no quiero que ningún Estado u Organización Internacional, proteja a las mujeres de manera especial, de la protección del padre, se pasaba a la protección del marido, antiguamente. Ahora es el Estado protector, tutelador en cierta medida.
    Otra cuestión, a favor de leyes contra malos tratos, pero, respetando la igualdad ante la ley, presunción de inocencia.

  3. Es algo muy sencillo de entender, no hay que pensar mucho, un poco todos los días. Leer un texto oficial, antes era mucho más sencillo, es cierto, no obstante que a veces, se puede escribir de firma general, Escuela de Astronomía, por ejemplo.

  4. Mas comentarios, antes, leer un texto legal era mucho más sencillo, fluido, ahora, lo han complicado mucho.
    En ocasiones se puede escribir de manera más general, Escuela de Artesanía, o, Escuela de Panadería, por ejemplo.
    Han conseguido que cuando abre la boca un cargo público, o, una cargo público, no los escucho, me desconecto, no me importa lo que digan o dejen de decir.
    No me representan.

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