Nadie sabe ni nadie medita 
sobre qué sucede interminablemente en su interior. 
Elias Canetti

 

Reflexión otoñal de euzkera:

 

Llegó el otoño. Lo dice el aroma de la brisa fresca que se cuela por las rendijas de las ventanas y por debajo de las puertas. Lo dice el crujir de las hojas exhaustas cuando las pisamos al caminar, y la transformación de la sombra de las cosas ante los nuevos ademanes de la luz sobre ellas.

Al igual que aquellos árboles que meses atrás estaban copados de flores y follaje, y que hoy van mostrando la estructura de la cual brotaron y en la que se sostuvieron, el árbol de los oprobios, el del abuso sexual infantil en el mundo, está perdiendo la espesa fronda tras la que se ocultaba, dejando al descubierto el tejido de sus ramas y la gravedad de su raigambre.  Pasar la mirada por la superficie de una de ellas es encarar un sinnúmero de entrecruces e injertos, cuya capacidad de metamorfosis adaptativa sorprende.

 

Hacia arriba y hacia abajo; al interior y al exterior, la pederastia genera y se sujeta en una metaespiral de abismos, simulaciones y secrecías que, en mayor o menor medida, se encuentran presentes en todas las dimensiones de lo económico, de lo político, de lo comunitario y de lo personal.

En lo macro, si hacemos un corte transverso, queda manifiesta la enorme variedad de anillos concéntricos que la integran, así como el complejo laberinto de engranes y confluencias de su accionar. En la parte más externa de su tronco, en la corteza, figuran organizaciones disfrazadas de causas filantrópicas, espirituales, deportivas, científicas, artísticas, educativas, etc.

En el medio se encuentran, sin máscaras, las redes de trata de personas, tráfico de órganos, pornografía infantil y prostitución de menores que, más frecuentemente de lo que imaginamos, también incluyen la celebración de rituales macabros.

 

De la amplia diversidad de hechos que evidencian los capitales, voluntades y silencios que sostienen a este imperio, tomo siete y los siembro como semillas de posible  análisis:

1. El Papa Francisco, este año, en la Conferencia por la Dignidad Infantil, criticó severamente a la pornografía; sin embargo, su postura frente a los copiosos casos de pederastia eclesiástica lo evidencian como encubridor, al igual que a quienes le antecedieron en el papado.

 

2.  ¿Cómo es posible que este mismo pontífice, sabiendo que el islamismo en el tema específico de la infancia promueve los crímenes de honor, la ablación de clítoris a temprana edad y el matrimonio de varones adultos con niñas, en su más reciente visita a Bolonia, se haya referido a los refugiados musulmanes como “los guerreros de la esperanza“?

 

3.  ¿Cómo fue que Linda Sarsour,  permanente portavoz  del islamismo radical y pieza fundamental en la expansión de la Sharía en occidente, a quien por cierto la revista Glamour ha nombrado como una de las mujeres del año, se hubiera convertido en una de las líderes principales de la Marcha de las Mujeres realizada en enero pasado en la ciudad de Washington? -marcha que, según las cifras de esta organización, fue replicada en 673ciudades del mundo.

4.  ¿Qué le ha pasado a millones de feministas que, renunciando al pensamiento lógico y a los principios de su causa, hoy defienden -fanáticamente- la incoherencia de que la Sharía y el Feminismo son compatibles?

5. En lo relativo a la “pedagogía de la inclusión“: ¿Cuál es la urgencia de exponer a las niñas y a los niños a realidades para las que, por su corta edad, todavía no tienen la fuerza yóica ni biológica para metabolizar y sostener? Por ejemplo, cuando en nombre del respeto a la fluencia de género, se los ingresa tempranamente a protocolos de reasignación de sexo, o cuando, como ha ocurrido en ciertas escuelas y librerías de EEUU y Canadá, se los ha hecho participar en sesiones facilitadas por Drag Queens, quienes además de contar cuentos, en algunos eventos también han demostrado actitudes lascivas e interpretado bailes eróticos.

6. ¿A quién se desprotege y se revictimiza con el discurso de que no hay que juzgar a las personas  pederastas con demasiada dureza porque en realidad son víctimas de una crisis de identidad sexual que la sociedad no comprende?

7. ¿Qué opinan y qué acciones van a tomar las ONG´s y los grupos de los DDHH a quienes financia la Open Society Foundations, ahora que Howard Rubin, quien fuera top manager de la administración de fondos de George Soros, ha sido acusado, entre otros delitos terribles, de trata de personas?

Por lo visto, la vulnerabilización de los menores de edad, así como la normalización de la violencia en su contra, figuran como un asunto prioritario dentro las agendas globalistas que, valiéndose entre otros medios de la artimaña de lo políticamente correcto, expanden su metástasis con desparpajo.

A la par, como si de un fractal se tratara, en nuestro cotidiano,  aunque de menores proporciones, el modelo anillado también se replica y se nutre a través de ocultamientos, coacciones, ambigüedades y mordazas, creciendo al amparo de los distractores con los que los adultos nos llenamos, relegando la primordial tarea de cuidar y proteger a nuestras niñas y niños.

Encarar el abismo desde la distancia que cada quien soporte, y sostener la mirada ante lo que se contempla, es una tarea de la conciencia que, además de hacernos usar el índice para señalar a los culpables de “allá afuera”, también debería llevarnos a rascar la tierra interior, hasta dar con las raíces en donde yace la respuesta a la pregunta: ¿Cuál es mi parte en todo este infierno?

Y es que nos mentimos al preferir creer que la pederastia está lejos de nosotros. Nos mentimos al pensar que su voraz atrocidad no existe. Nos mentimos al minimizarla y, al mentirnos, elegimos ser cómplices de ella.

Imposible cerrar esta reflexión sin visitar la parte central del corte transverso de su tronco: En la médula de lo dolosamente ocultado, de las mudeces forzadas y de las lágrimas que no terminan, presos de los incontables anillos que los circundan y comprimen, están las niñas y los niños abusados que, igual que algunos árboles en los más recientes incendios en California, arden de adentro hacia afuera, frente a la  resina -ya endurecida- con la que hemos cubierto nuestros ojos y oídos.

 

 

 

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