La cristiana Asia Bibi trabajaba como campesina, en Pakistán. Hace 8 años, en su trabajo, se le pidió que fuera a buscar agua para todas las trabajadoras; hecho que molestó a sus compañeras (musulmanas) de trabajo, pues no querían que Asia tocara el recipiente del agua porque lo contaminaría con su “cristiandad”, exigiendo automáticamente su conversión al islam.

Asia se negó diciéndoles que Jesús murió por la humanidad y preguntándoles qué había hecho Mahoma por ellas. Desde entonces, está condenada a morir en la horca por blasfemia, acogiéndose al artículo 295 del Código Penal de Pakistán.

Por el camino ha habido múltiples protestas en Paquistán por parte de musulmanes que piden que sea ejecutada a la mayor brevedad. Hemos podido ver incluso vídeos de niños pequeños que juegan a ahorcar una muñeca inspirada en la señora Bibi.

El pasado 31 de octubre, llegaba la esperada noticia: “la sentencia a muerte se anula. Asia Bibi es absuelta de los cargos”. 

Y, de pronto, 4 días después Paquistán decide reabrir el caso ante la presión de los islamistas radicales…

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