por INFOVATICANA | 23 septiembre, 2018

Esta carta a los miembros del Sínodo de Obispos sobre los Jóvenes, la Fe y el Discernimiento Vocacional sirve un doble propósito: primero, para ser solidarios con los Católicos, especialmente los jóvenes que están preocupados por los recientes eventos en la Iglesia, sobre todo por los escándalos de abusos sexuales; y segundo, para informar también de la discusión del Sínodo sobre ello, desde el punto de vista de los nuevos miembros del clérigo de la Iglesia Romana, aquellos que han entrado al seminario o a la comunidad religiosa después del brote público de los escándalos de abuso sexual. Los firmantes hablan solo por ellos mismos, las afiliaciones se han incluido solo con fines de identificación.

 

Reverendos Padres del Sínodo:

En nuestros días de ordenación, se nos preguntó a cada uno de nosotros por su obispo ordenante: “¿Prometes respetarme y obedecerme a mí y a mis sucesores?”. Cada uno de nosotros contestó afirmativamente, confidente no por sus propios méritos sino por la gracia de Dios, que nos ha llamado a cada uno de nosotros al ministerio sacerdotal de su Iglesia. Somos jóvenes clérigos católicos, y como tal contestamos esta pregunta hace tan solo poco tiempo –algunos de nosotros en el pasado año. Y es con el mismo espíritu de respeto y obediencia que os escribimos hoy. Deseamos expresar nuestra preocupación por la crisis del abuso sexual que se desarrolla en la Iglesia, especialmente en la Iglesia de los Estados Unidos. Específicamente, estamos preocupados por como esta crisis se relaciona con el Sínodo de la Fe, Jóvenes y Discernimiento Vocacional, que tendrá lugar en Roma en octubre.

Aunque el Consejo del Sínodo no podía prever esto cuando el tema fue elegido hace tres años, el Sínodo de Jóvenes llega, por decir lo mínimo, en un momento inoportuno. Los eventos del pasado año demuestran que los escándalos que empezaron a desarrollarse en 2002 –cuando muchos de nosotros éramos niños- están muy lejos de haber terminado. Creemos que iluminar estos escándalos, por doloroso que pueda ser, es el único camino de curación de la Iglesia.

Los fieles laicos, a quienes prometimos en nuestras ordenaciones rezar por ellos y servir incesantemente en el nombre de Cristo y de su Iglesia, están heridos por estos escándalos y se preguntan en quien pueden confiar. Muchos jóvenes Católicos están particularmente conmocionados. Estamos con ellos en su enojo, horror y consternación. También prometimos en nuestras ordenaciones desempeñar nuestras obligaciones sacerdotales como dignos compañeros de trabajo con los obispos. Esto, esperemos lo entiendan, se ha hecho aún más difícil en muy poco tiempo. Vemos el enfado y la frustración de aquellos a los que servimos, y nosotros mismos no estamos seguros de qué más puede estar esperando en las sombras.


Padres, algunos proponen que el Sínodo de Jóvenes debería ser pospuesto, incluso cancelado, en lugar de proceder en medio de un escándalo sobre el abuso sexual clerical a menores. En el caso de que si proceda tenemos dudas sobre el probable tenor de la discusión. Pero también tenemos esperanza, pues el Sínodo presenta una oportunidad, si están dispuestos a aprovecharla.

El Instrumentum Laboris (documento de trabajo) concede demasiado a la revolución sexual que ha causado un daño tan grande a la gente joven. Nuestra generación proviene de la modernidad “líquida”. Hemos crecido en una cultura hostil a todo lo que propone la Iglesia: la vida, muerte y resurrección de Jesucristo; las verdades contenidas en las Escrituras; y la tradición de la Iglesia pasada desde los Apóstoles hasta hoy, incluida su testigo moral. Hacemos lo mejor que podemos para enseñar, predicar, proclamar y vivir esas realidades. Así como también lo hacen muchos de los demás jóvenes.

Cuando leímos Instrumentum Laboris no encontramos un análisis extenso de modelos que hayan demostrado tener éxito a la hora de formar jóvenes en la fe. Tampoco encontramos una guía sobre cómo las preocupaciones socioculturales de los jóvenes pueden ser planteadas y orientadas hacia un fin sobrenatural. En su lugar encontramos vagas referencias a “algunos jóvenes” que desean que esta o aquella parte de la enseñanza de la Iglesia cambie. Pero conocemos a muchos jóvenes que no quieren que cambie la enseñanza de la Iglesia, en cambio quieren que lo proclamen más vigorosamente –precisamente porque lo ven como el antídoto contra el caos cultural en el que vivimos. Por esta razón creemos que Instrumentum Laboris necesita replanteamiento sustancial y revisión. Solo un poderoso encuentro con Jesucristo y una alegre proclamación de fe ortodoxa de la Iglesia puede inspirar el corazón de los jóvenes e impulsarles a la misión. El análisis sociológico no puede conseguir esto.

Nosotros, como jóvenes, conocemos el costo de la revolución sexual de una manera visceral: divorcio, la búsqueda sin control del placer, la objetivación de las mujeres, tráfico sexual, pornografía, todos los horrores que precipitaron el movimiento #MeToo, apatía, desesperación, adicción. Ya vemos los efectos que gotean en la siguiente generación a través de la adicción a los smartphones, depresión y  ansiedad entre los adolescentes y el bullying en las redes sociales. No consideramos estos efectos como liberadores; los vemos como cadenas. Y pensamos que nuestros compañeros están con nosotros.

Hemos crecido en un mundo que valora la autonomía radical por encima de todo lo demás. Todos hemos sido comprometidos por ello de una manera u otra. Pero es una mentira. Y cuando los jóvenes se dan cuenta de que les han mentido van buscando las respuestas. Entonces el Evangelio de Jesucristo se manifiesta de nuevo como liberación, como libertad de las cadenas de nuestra era, para que en cambio nos convirtamos en prisioneros por el Señor, discípulos misioneros cuyos corazones están ardiendo dentro de ellos. Rezamos para que el efecto primario de este Sínodo sea una proclamación incondicional de este auténtico Evangelio para los jóvenes de hoy.

Nuestra cultura está demasiado ansiosa por vendernos ídolos falsos. Solo el Evangelio, vivido en su vigor radical, puede satisfacer. Solo Cristo es la respuesta a los desafíos para nuestra generación. Que podamos abrazarle y a su llamada a la santidad de nuevo en esta hora.

Firmado:

Rev. Steven J. Arena
Vicario parroquial, Parroquia St. John Neumann, Lancaster, PA
Diócesis de Harrisburg

Rev. Eric J. Banecker
Vicario parroquial, Parroquia St. Pio X, Broomall, PA
Archidiócesis de Philadelphia

Rev. Christopher Coffiey
Vicario parroquial, Parroquia St. John the Beloved, Wilmington, DE
Diócesis de Wilmington

Rev. Michael G. DeSaye
Vicario parroquial, Parroquia Saint Joan of Arc, Marlton, NJ
Diócesis de Trenton

Rev. Richard W. James
Estudios de Postgrado, Universidad de Santo Tomás, Roma
Diócesis de Allentown

Rev. Bryan J. Kerns, O.S.A.
Facultad de Teología, Escuela Preparatoria St. Augustine, Richland, NJ
PA
Diócesis de Pittsburgh

Rev. Stephen W. Spencer, O.S.J.
Vicario parroquial, Parroquia Nuestra Señora de Guadalupe, Bakersfield, CA
Oblatos de San José

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