El pasado 22 de septiembre, y de manera paralela a la visita del Papa Francisco a los Países Bálticos, Vatican News informaba que se había celebrado una reunión en Beijing entre Monseñor Antoine Camilleri, Subsecretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados, y Wang Chao, el Viceministro de Asuntos Exteriores de la República Popular de China. En dicho encuentro, China y el Vaticano firmaron un acuerdo provisional  sobre el nombramiento de Obispos, con el cual el Papa readmite en el seno de la Iglesia Católica a los Obispos nombrados por la dictadura China que estaban excomulgados.

A decir de la página vaticana de noticias: «La esperanza compartida es que este acuerdo fomente un proceso de diálogo institucional fructífero con visión de futuro, y que contribuya positivamente a la vida de la Iglesia Católica en China para el bien común del pueblo chino y para la paz en el mundo.»

Hay que señalar que la declaración del Director de la Oficina de Prensa Vaticana, Greg Burke, diciendo que el acuerdo no es político sino pastoral, además de manifestar una ingenuidad impostada, también conlleva la denostación a la capacidad de reflexión y discernimiento de quienes lo escuchamos porque… ¿a qué clase de dictadura comunista -intrínsecamente atea- le interesaría tener un acuerdo solamente pastoral y no político con la Iglesia Católica?

Así las cosas, e independientemente de los aderezos diplomáticos con los que intentan envolver a este hecho, la realidad de la coexistencia de dos Iglesias Católicas en China es innegable:

1. La iglesia clandestina, que por su fidelidad a la Doctrina y al Magisterio de la Iglesia ha sobrevivido en el clandestinaje y ha padecido la persecusión, el encarcelamiento y la tortura por parte del gobierno chino. 

2. La llamada iglesia oficialista, inscrita en la Asociación Patriótica Católica China, subalterna del Partido Comunista de China, quien ha rechazado la autoridad del Vaticano para nombrar Obispos o para gobernarlos.

Las palabras de Pietro Parolin, Secretario de Estado del Vaticano, sobre la comunión obispal per se son absurdas, ya que la confianza y el sentido de cohesión comunitaria no son algo que suceda por la simple firma de un acuerdo y menos aún con los dolientísimos hechos que le preceden. Intentar imponer la unión de manera automática, en nombre de la esperanza, de la misericordia o de la paz, y abandonar el acompañamiento en el duelo de quienes han padecido la persecución a lo largo de 70 años, es un acto de doble violencia en contra de las víctimas… En ese sentido, Joseph Zen, el Obispo emérito de Hong Kong, ha dicho que Parolin ha cometido una increíble traición

Antes de seguir, hay que tener presentes 4 hechos importantes:

1. El antecedente de que en octubre de 2017, el Vaticano le pidiera a dos Obispos legítimos hacerse a un lado para dejar el lugar a los ilegítimos.

2. El que, a menos de 24 horas del anuncio de este acuerdo provisional, la iglesia oficialista -controlada por el régimen chino- anunciara que seguirá bajo el liderazgo del Partido Comunista de China.

3. La declaración posterior por parte del Papa, en la que afirma que será él quien diga la última palabra sobre nombramiento de nuevos Obispos.

4. El que apenas unas horas después, aquellos presbíteros que han reiterado su lealtad con el Estado chino, hayan sido nombrados por el Pontífice como Obispos reconciliados.

Aún cuando el Papa Francisco dice que invoca al don de la paz y de la armonía para la sociedad, en realidad desequilibra groseramente la balanza cuando por un lado le clava el puñal del desamparo a la feligresía que, aún en las circunstancias más adversas, ha demostrado fidelidad a la Santa Sede durante décadas; y por el otro, le da un espaldarazo a la Iglesia afín al gobierno comunista al pronunciar las siguientes palabras:

a) «Pienso en la resistencia, en los católicos que han sufrido. Es verdad, van a sufrir. Es que en todo acuerdo hay sufrimiento»

b) Y esta mañanaque espera que en China se pueda abrir una nueva fase que ayude a sanar las heridas del pasado, a restablecer y mantener la plena comunión de todos los católicos chinos, y a asumir con renovado esfuerzo el anuncio del Evangelio.

Ante este mar de mensajes contrapuestos, que harían las delicias de Gregory Bateson y su Teoría del Doble Vínculo, con el pleno conocimiento del asedio a la iglesia clandestina y del martirio de muchos clérigos católicos – víctimas del régimen chino-, Bergoglio se lanza a rezar por las víctimas del comunismo en Lituania , le habla a los jóvenes lituanos sobre la Revolución de la Misericordia y de la ternura , y le pide a la grey de aquel país que no se olvide de sus mártires

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