Hablar del 2018 es hablar de un año en el que graves realidades que permanecían bañadas por la oscuridad, la secrecía, la desmemoria o la ceguera deliberada, fueron dadas a luz en distintas partes del mundo como resultado del trabajo perseverante de personas que a lo largo de mucho tiempo se han dedicado a luchar por la verdad.

Si bien es cierto que escuchamos los nombres y apellidos de esas individualidades, también hay que reconocer la existencia de una red solidaria de personas que desde el anonimato no ha dejado de apoyarles con el ahínco de una entrega concienzuda. Como nunca, este año nos ha permitido atestiguar el avance de un ejército formado por ciudadanos de a pie que, con alegre lealtad, perseveran en la erosión de un paradigma corrupto y simulador que sin duda alguna se está derrumbando.

Aunque a lo largo de los meses el flujo informativo por momentos se tornó abrumador, no solo por la cantidad sino por la gravedad de los hechos que se iban presentando, pareciera que en las últimas semanas el movimiento de algunos de los hilos que de miércoles en miércoles hemos devanado, se hubiera detenido.

Así que aprovechemos este momento de aparente calma para recapitular algunos de los temas que hemos analizado durante este año:

1. Las políticas de Fronteras Abiertas en Europa que, en su fomento de la inmigación ilegal, han puesto en grave riesgo a los niños que viajan sin la compañía de un adulto, ya que la mayoría terminan siendo víctima del Tráfico Humano para la explotación sexual, la explotación económica, la remoción de órganos, la mendicidad forzada, la pornografía infantil, la pederastia y la prostitución; o bien convertidos en vendedores de drogas, en ladrones y/o en anzuelos humanos para facilitar la captura de otros niños. Es decir, para hacerlos parte de la red criminal de la cual en su momento ellos fueron víctimas. Lo anterior nos sirvió para dejar claro que ni en Europa, ni en México, ni en el mundo hay niños desaparecidos, sino una multitud de niños robados a los que se les está convirtiendo en mercancía.

 

2. La complicidad de muchas ONG en los delitos que acabo de enunciar, así como el retorcido caso de los activistas suecos que se dedicaron a abusar sexualmente y a explotar laboralmente a niños refugiados de origen afgano.

3. Las políticas globalistas al servicio de la islamización de Europa, que permitiendo que la sharía se haya puesto por encima de las Constituciones de los países a donde han inmigrado, en el rubro de la infancia están facilitando que la dictadura de la barbarie se instale a través de prácticas como la mutilación genital femenina, y la pederastia por medio del matrimonio de adultos con niñas.

4. La hipocresía del Feminismo contemporáneo que ha elegido guardar silencio ante el torrente de violaciones y asesinatos de niñas y mujeres de Europa occidental, por parte de los inmigrantes; silencio que también se extiende frente a la violencia descarnada que niñas, mujeres y personas de la diversidad sexual musulmana sufren a causa de la sharía. Las oximorónicas feministas justifican su inacción pretextando el respeto a los usos y costumbres culturales.

5.  La valentísima y poco reconocida labor de la administración Trump que desde sus inicios y hasta la fecha no ha cejado en la demolición de los anillos de pederastia, y que según mis registros de enero del 2017 a octubre del 2018 suman 10,921 arrestos y el rescate de 4282 víctimas, dentro del territorio de los EEUU.

6. La publicación del informe del caso de Pensilvania en donde -entre otras cosas- se destapó el protocolo de encubrimiento que los clérigos están obligados a seguir, para mantener en secreto cualquier caso de Pederastia Eclesiástica y evitar que llegue a la justicia civil.

7. El terremoto que las -hasta ahora- 3 cartas de Carlo Maria Viganò han generado en la Iglesia Católica al destapar con evidencias que el Papa Francisco, además de ser un encubridor de curas pederastas -como el depravado Teodoro Mc Carrick-, también protege y es solapado por una red clerical cuyos nombres y apellidos quedaron asentados en su primera Carta-Testimonio del 22 de agosto… No menor ha sido la oleada de silencios y permanentes contradicciones con las que desde entonces el Pontífice se ha manifestado.

8. La Iglesia subterranea China que, luego del Acuerdo provisional con el Vaticano, en recientes días ha lanzado una carta desesperada reclamando al gobierno chino la libertad religiosa, y tal y como lo vaticinara Moseñor Zen, haciéndole saber a los católicos del mundo que tras haberse implementado la Nueva normativa sobre las actividades religiosas: lo cotidiano son las cruces destruídas, los templos demolidos, los encuentros cercenados y las eucaristías reducidas al mínimo, así como la imposibilidad de conseguir textos religiosos… Además, uno de los Obispos chinos invitados al Sínodo de la Juventud sigue siendo diputado del Parlamento Chino.

Todo lo anterior sin que haya palabra alguna por parte del Vaticano.

9. Asia Bibi que, acusada de blasfemia por el Islam, no solo tiene una sentencia de muerte sobre su cabeza, sino que cada vez se la ve más dejada a su suerte al no encontrar quien le dé asilo fuera de Pakistán.

Así las cosas, y como comentaba al comienzo, aunque en la parte visible pareciera que estamos en un estado de animación suspendida y de un sinfín de asuntos inconclusos, lo cierto es que en dimensiones profundas a las que no tenemos acceso, en estos momentos se están consolidando estrategias y librando gravísimas batallas que a lo largo del 2019 veremos eclosionar como respuestas implacables, justo sobre el humus de todos los acontecimientos que hemos presenciado durante este 2018.

Frente a ello, tengo la esperanza de que podamos encararlas con adultez y valentía.

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