Hablar de las migraciones masivas hacia Europa, como si de un fenómeno único y  compacto se tratara, es renunciar al análisis de las corrientes y complejidades que lo conforman. Lo mismo sucede con la palabra refugiados, a la que a últimas fechas no solo se la ha convertido en el sustantivo autorizado por lo políticamente correcto para nombrar a cualquier migrante, sino también en el blindaje simbólico encargado de repeler las críticas y los cuestionamientos sobre el tema.

Lo anterior, además de jugar en contra del derecho a conocer y a dar a conocer la verdad, pone en grave riesgo a las personas en tránsito, ya que al meterlas en un mismo apartado lingüístico, se emborrona su situación migratoria particular, complicando el entendimiento y la atención de sus necesidades y vulnerabilidades específicas dentro del contexto socio-político, económico y cultural del país que las acoge. Tal es el caso de los menores de edad que viajan sin la compañía de un adulto; los menores que se escapan de los albergues; los que, a las 48 horas de haber pisado territorio europeo, pareciera que por arte de magia se los hubiera “desaparecido”, etc.

 

Si bien todos los refugiados son migrantes; no todos los migrantes son refugiados, ya que no todos han tenido que dejar su lugar de residencia o nacimiento a causa de la miseria, la hambruna, la insalubridad, la persecución o la guerra.

Cito dos ejemplos:

º Un vídeo, de hace apenas unos días, en el que aparecía una embarcación frente a la costa española llena de supuestos refugiados, quienes además de denotar un excelente estado de salud y fortaleza física, no cesaban de tomarse selfies, y de hacer llamadas telefónicas con sus propios móviles

º También de días recientes: la invasión del territorio de Ceuta por parte de 602 subsaharianos, en la que varios efectivos de la Guardia Civil Española sufrieron serias quemaduras en los ojos y otras partes del cuerpo, a consecuencia de proyectiles hechos con con cal viva y excrementos, así como lanzallamas de fabricación casera, con los que los recién llegados los atacaron:

 

No hay que olvidar las palabras de Soros en el 2015, cuando admitió estar detrás de la crisis migratoria europea, ni tampoco olvidar la labor de la Open Society Foundation financiando ONG´s, falsos socorristas, acarreos masivos de personas, soborno de autoridades gubernamentales, coacción de organismos internacionales, etc…

Y es que el mundo de los Derechos Humanos se ha convertido en un laberinto de corruptelas y jugosas ganancias… Copado de rock stars de la filantropía que inundan los foros, las academias, el arte, los medios de comunicación y las redes sociales, con los pormenores egóicos de su bondad, mientras que por debajo de la mesa convierten en mercancía a las personas que dicen amparar.

 

Un caso que ha llamado la atención durante los más recientes días, similar al del mes de febrero de este año,  al del 2009 o el del 2014, es el del reciente informe de Save the Children Italia -documentado por el diario il Giornale-, que destapa una nueva red nigeriana de tráfico y explotación sexual de menores de edad, a quienes se las engatusaba con la promesa de un empleo digno en Europa, con la única condición de que fueran ellas quienes pagaran el monto de su traslado por el que a cada una se le cobraba entre 50 y 150 euros … sin embargo, la realidad es que al llegar a Europa, se les decía que deberían trabajar como prostitutas hasta terminar de pagar sus deudas: transporte, protección, documentos falsos, alimentación, ropa, coimas, hospedaje, viáticos, etc., que en algunos casos se supone -¿quién puede comprobarlo?- que llegan a los 50,000 dólares.

 

Según Philip Obaji Jr., el viaje a Europa es difícil y peligroso. En muchos casos, las mujeres viajan cerca de 3,000 millas a través del Sáhel (1), en camionetas, minifurgonetas y motocicletas para llegar a la costa mediterránea de Libia, ruta que toma varios meses en ser completada. Durante el trayecto, muchos migrantes terminan siendo golpeados, violados y obligados a la esclavitud por parte de las redes criminales del norte de África.

 

Otra de las características de estas redes criminales es que suelen estar coludidas con babalawos, es decir, sacerdotes de la religión Yoruba -culto al que también llaman Juju (2) -, quienes a través de rituales aterradores -que incluyen escarificaciones o cortes en los pezones, tricotomía púbica, ingesta de sangre, de animales vivos y de órganos de animales crudos-  las hacen juramentar total sumisión a lo que los traficantes les ordenen, así como la total secrecía ante lo vivido, haciéndoles creer que de lo contrario ellas o sus familiares sufrirán un daño grave o la mismísima muerte.

Es así como, aterradas por los posibles maleficios de la liturgia en la que participaron, terminan siendo distribuidas y explotadas sexualmente a través de la red de tráfico de personas, en países como Grecia ItaliaEspañaReino Unido, Alemania y los Países Bajos.

Las víctimas provienen mayoritariamente del estado de Edo, donde se encuentra la ciudad de Benin; sin embargo a últimas fechas se ha sabido de mujeres jóvenes traficadas desde otras partes de Nigeria, incluida la región noreste en donde opera Boko Haram.

(Ver vídeos La conexión nigeriana I parte y II parte)

 

Es curioso que este informe del 2018 provenga de Save the Children, precisamente una de las tantas ONG´s financiadas por Soros, y a la que en septiembre del 2017 se la acusara de estar coludida en el tráfico de personas de origen africano.  (Por el momento no tengo más información, pero seguiré al tanto del caso para próximas actualizaciones.)

 

Ante un panorama como el descrito, queda preguntarse:

¿Al servicio de qué agendas está la ingenuidad, el sentimentalismo inducido, pero sobre todo la ausencia de un pensamiento crítico que ponga al descubierto el derroche de incongruencias y simulaciones sobre el que se sostiene y nutre el sacrificio de miles y miles de personas, en nombre de los Derechos Humanos…?

Video relacionado:https://www.youtube.com/watch?v=Y1qclTQCDT0&feature=youtu.be

Deja un comentario

Menú de cierre