Los días posteriores a mi violación transcurrieron en una nube difusa. Parecían más una ruptura con alguien que no había sido mi novio que una agresión física y epistemológica representativa de la violencia y los juegos de poder de li siciidid pitrirquil [recurso irónico-poético]. Vino a verme un amigo el fin de semana, recuerdo.

Fumamos porros en la playa; yo tenía dolores, un turno criminal en una tienda de ropa en la que trabajaba por aquel entonces y un extraño estado de ansiedad que mi amigo diagnosticó tras comprobar que la “respiración diafragmática” y sus intentos de hipnosis, no servían conmigo, “cosas del estado de shock”, que dice esta canción tan chula.

Yo no sabía lo que había ocurrido, aún no sospechaba nada, ni podía imaginar lo que se avecinaba: salir del estado de shock, asimilar lo que me pasaba, buscar ayuda, buscar más ayuda, empezar un tratamiento, hacer caso a una psicóloga (y después a otra y a otra…) y luego los síntomas: ansiedad, tendencias depresivas, insomnio, pesadillas, desrealización, agorafobia, claustrofobia, vómitos, falta de apetito… [pausa dramática para la imaginación del lector].

Durante algunos de los peores meses del tratamiento (y de mi corta vida) tuve tanto miedo que temía, incluso, levantarme por la mañana y no ser capaz de comerme la tostada con tomate. Es muy irónico, porque me encanta el pan con aceite y tomate, y para mí aquello era el fin del mundo, capítulo I, de mi día.

Algunas mañanas cometí “el atrevimiento” (por la falta de prescripción médica, y la sobra de prejuicio social) de correr a la azotea, y aliñar con una mariguana índica un cigarrillo: Master Kush por entonces era mi favorita más frecuente. Eso procuraba en mí dos efectos significativos que contribuían a aumentar la capacidad de comenzar el día (los que hayan pasado por tratamientos psicológicos o psiquiátricos, sabrán que algunas enfermedades mentales como la depresión te incapacitan para hacer cosas normales, yo en este caso no era aún consciente de lo que eran ansiedad y depresión, ni de sus síntomas, pero sí de que necesitaba desayunar y hacer cosas):

El primero de esos efectos era un distanciamiento con las emociones negativas que me acechaban cada mañana en forma de recuerdos de pesadillas de asfixia, golpes y muertes. Aún esos días presumía de alguna marca discreta en mi cuerpo de un bdsm nada consensuado.

El segundo efecto, y no por ello menos importante; hambre. Necesitaba comer, necesitaba azúcar, mi cerebro trabajaba más de lo que debía, en una dirección muy negativa, y esto me hacía estar agotada. Todos conocemos a alguien que se pone de mal humor cuando no come.

La Master Kush, para los que no la conozcan, tiene estos efectos:

Efectos Master Kush

Efectos medicinales Master Kush

efectos negativos Master Kush(Fuente: https://www.leafly.es)

Os diré que habrían estado bien un par de cosas durante mi estado de shock:
Por un lado, que el estigma de la mariguana no estuviera del lado de la criminalización constante, así no hubiera sentido la necesidad de disimular su uso ante la familia y los amigos (muy tolerantes en aquel caso). Por otro, que la cultura de la mariguana se extendiera para usarla en los casos en los que se hace necesaria una medicación como esta, pero sin dejar de conocer y comprender los posibles efectos negativos de cada variedad.

Es una planta chamánica, medicinal, y como tal, activa usos diversos del cerebro, esto también depende de la variedad, y del estado del cerebro de la persona que consuma la variedad en cuestión.

En mi caso particular hubiera querido conocer las posibilidades de la variedad Master Kush de inducirme mareos, paranoia y ansiedad, precisamente porque eran síntomas que yo ya tenía por las sustancias que mi cerebro segregaba durante este periodo de malestares mentales.

Una de las críticas históricas a la repercusión social, tras el boom del consumo de estupefacientes durante la década de los 70 en EEUU, ha sido la inexistencia de Chamanes, u otra figura representativa y didáctica en la cultural occidental, que gestionara los saberes y usos individuales y colectivos de las drogas. Qué duda cabe que se trata de un tema de salud pública, y que los países en vías de regular la Mariguana como sustancia de uso medicinal y lúdico se están orientando a esta vía.
Un chamán, guía espiritual, o yo misma, ahora como usuaria del cannabis autodidacta que trato de ser, os habría dicho por ejemplo, “mezclar el cannabis con tabaco contribuye a la posibilidad de fatiga y mareos”.

La boca y los ojos secos son síntomas más comunes a casi todas las variedades de hierba, y afortunadamente eran superables, tostada de aceite y tomate mediante. Una dieta variada, rica en vitaminas y alimentos alcalinos, por cierto, también es genial para la salud física y mental.

Transcurrirían un par de semanas más en mi vida hasta que comenzara a sólo sospechar que un señor había abusado de mí. Y esto sucedería, la primera vez, a raíz de un porro en buena compañía; compartido con una amiga en la cama de sus padres, reinando la paz de las que saben que los mayores están de vacaciones.

Diferente de lo que decía la dama del cannabis, Michka Seeliger-Chatelain en un artículo para Sensi Seeds; “a veces busco un poco de ayuda de una Sativa cuando me enfrento a una decisión importante”, yo construí mi recuperación psicológica alrededor de una necesidad central de calmar la mente, para tener claridad. Disipar a los monstruos que me torturaban y traer alivio.

Y, aunque hoy considero que la ayuda psicológica es fundamental para adquirir herramientas de comunicación y gestión de emociones, la Marihuanna me ayudó a tener el aplomo para mover las primeras fichas en el tablero de mi recuperación.

Por un lado me procuraba los efectos positivos antes citados. Por otro lado, no fue sino durante una crisis nerviosa que determiné mi necesidad de pasar por las manos de un profesional, y esto ocurrió precisamente porque las técnicas de regulación emocional con que contaba por mi misma y los saberes populares eran: mariguana y deporte. Durante esta crisis nerviosa, me di cuenta de que ninguna de estas vías me consolaba, ni mucho menos me relajaba. Los usuarios de cannabis más habituados comprenderán que nada fumado induce una relajación, a los demás os lo adelanto. Tampoco correr, una de mis actividades favoritas, y que genera endorfinas, sirve si tienes una crisis nerviosa. A lo largo de toda mi recuperación tuve que comprobar yo misma que había estados mentales, fomentados por algunas cepas y también por el cardio, que debía evitar. Sí; también dejé de fumar y de correr, y no como un adicto que se obliga a ceder en la práctica a la que es adicto, sino como alguien que rechazaba la sustancia porque le hace mal.

El cuerpo es muy inteligente; entre los usuarios de cannabis hay un porcentaje alrededor del 8% de personas que se convierten en dependientes o adictos, mientras que entre los consumidores de alcohol o nicotina, este porcentaje asciende a una cifra cercana al 30%*. Me gustaría deciros que me resultó más difícil dejar de correr, que hacer pausas coherentes en el uso de la Mariguana. También os digo que la legalidad de una sustancia no determina su riesgo social; el alcohol, las carnes procesadas, bollería industrial y otros productos de supermercado, están en una situación de normalización con respecto de la hierba, que dista de prevenir enfermedades graves y accidentes. Supongo que todos conocéis a gente alcohólica no reconocida, obesos por falta de educación y alérgicos al gluten expertos en precocinados.

Ahora acabáis de conocer a una flexivegana, que huye de la nicotina, pero la añora a ratos y que hace un uso médico y lúdico de la María cada vez que la regla lo requiere o que las amistades se juntan.
No habría sido capaz de muchas cosas sin ayuda, ni de otras cosas, sin María, pero la suerte de un tratamiento es que es largo, y da para dejaros con intriga hasta otro post 😉

Nos vemos en el CSC*, que allí somos legales.

 

*La fuente de este dato es el documental Cultura colocada, de Netflix. Trato de desarrollar una mirada crítica y lo más contrastada posible sobre los datos que ofrezco, por ello también leo asiduamente artículos y revistas especializadas.

*Club Social Canábico.

Cecilia González

Antropóloga aplicada para empresas: "no me quieren en la academia y yo a ellos tampoco. Escritora siempre. Dulce, confusa y despiadada, como Alicia, perdida en un país de las Maravillas lleno de psicotrópicos y gatos pedófilos. Sin intención de encontrar el camino a casa, esto es más divertido. Me gusta el amor, acompañadme".

Esta entrada tiene 5 comentarios

  1. Kristo

    Gracias por haberte desnudado tanto emocionalmente…si todos hiciéramos lo mismo…

  2. yo creo que hay dos tipos de maría. También en cuanto a efectos. Índica y Sativa. Todo lo demás es marketing. Y sí, a mi también me cambió la vida.

  3. Me encanta como escribes y lo que cuentas, has alimentado perfectamente a la intriga

  4. Iva e escribir una txorrada en plan lo mataste..pero olvide que es real..
    Es un giro sorprendente..mejor asi..menos mal que no lo mataste..

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