Que levante la mano la que está a favor de una huelga de mujeres el 8 de Marzo.
Yo lo estaría, lo anticipo. (Se pone la mano en el pecho y dice solemne:) “Cogería a todas las mujeres españolas y les pondría el sujetador por fuera, para recordaros que “las mujeres sostenemos” la sociedad de todos”. Me parecería muy artístico, y reivindicativo, aunque no creáis que es novedoso; lo de los sujetadores por fuera sería la remasterización de una iniciativa que ya se ha hecho en Uganda, Valladolid o Sevilla.

Pero realmente, no lo voy a hacer. ¿Por qué, si es reivindicativo, y artístico? (bis) se preguntarán mis niños.

El valor de los símbolos, de los rituales y de cada acción y palabra que sale de nuestra boca, no es un valor universal. Significa cosas diferentes en un momento determinado, en un lugar concreto y saliendo de una persona o grupo de personas específico. ¿Qué sentido tendría el #WhiteWednesday fuera del lugar en el que ha nacido?
Por eso, desmembrando esta intención de huelga, pienso que no es representativo del “Feminismo” hacer una parón exclusivamente de mujeres el día 8 de Marzo.

 

Creo en el feminismo como movimiento, creo en las mujeres y en los hombres (incluso mi orientación podría decirse que es algo Queer en tanto que no considero “el género” la característica que más define a una persona). Pero también creo que hay fisuras, muchas, que eluden una representación real de los derechos de las personas dentro de este palabro. Me explico:

La historia del feminismo es más larga de lo que la recordamos, incluso me atrevo a decir que no todas las feministas la conocemos profundamente. El término, que tantos quebraderos de cabeza os trae, resulta ser la primera apropiación del movimiento: Faneau de la Cour, estudiante de medicina, usa el término por primera vez en 1871 para definir como “feministas” los rasgos infantiles y femeninos que presentaban los hombres tuberculosos. Más tarde, explica B. Preciado en “La muerte de la clínica”, es el hijo de Alejandro Dumas, panfletario francés, el que trataría de insultar a los hombres que apoyaban el sufragismo de mujeres como Hubertine Auclert llamándolos del mismo modo: feministas.

Aquellas que hoy abanderan un movimiento en el que las mujeres encabezan una lucha, y los hombres sólo pueden ser aliados, como una categoría menor dentro del movimiento, deben estar dándose cuenta de dos cosas:
Primero; los “aliados son indispensables”, la desigualdad no oprime a todos por igual, pero sí a todos, y no es una cuestión cuantitativa, sino cualitativa. Tampoco conviene a los que parecen “privilegiados” dentro de un sistema; no existen categorías absolutas y la violencia no se ejerce en una sóla dirección ni en línea recta. Y segundo, el término resultó ser un insulto a los hombres, ¿de verdad vais a seguir algunos poniendo cartelitos y diciendo quién es y no es feminista, y otros vais a asumir, sumisos, que sois o no sois lo que establezca la tuitera de moda esa semana? Por mi parte no os preocupéis, les aliades -asturianes- os podéis subir al carro. Los feministas también.

 

De igual forma, los abanderados del humanismo, el igualitarismo, el masculinismo y otros ismos, supuestamente más justos que el Feminismo, se pueden plantear ya el valor de las palabras y elegir en función del significado que quieran darle a los términos, no de su “sonoridad”. Poner el foco en el género, o más bien en la diferencia entre géneros es, por un lado, una visión simplista de la realidad; podemos, porfa, superar ya la idea (culturalmente establecida) de que hay únicamente 2 géneros. Por otro lado, es una visión que opaca con la centralidad en lo “femi”, el hecho de que eso que tildaron de feminista en los hombres, es lo que representa la opresión de todos, o todes, en Asturias.


Pero dejemos la epistemología por un momento, y pensemos en el movimiento: los objetivos idílicos que persigue la corriente ideológica o filosófica son claros; la igualdad de derechos entre las personas, y la “liberación de la mujer”.

Desde un sentido práctico, y resolviendo estas ecuaciones dialécticas en la dirección contraria (siempre recomiendo tratar de desarmar los mensajes panfletarios, pues suelen ser una suma de falacias) aceptar el feminismo con los objetivos que escribí más arriba sería aceptar un mínimo de 4 ideas*, ligadas a los objetivos de la corriente:

Primero; que no existe la igualdad de derechos y que es culturalmente deseable que exista esa igualdad de derechos entre las personas; claro que no se especifican cuáles de los derechos han de ser los universalmente deseables.

Segundo; la mujer debe estar pero no está “liberada”: tampoco se especifica dónde, cómo y / o de qué debe estar liberada.

*Transversalmente, también se deducen algunas ideas sobre “el género”, y la existencia de dos o más géneros diferenciados, pero no es esta una cuestión sobre la que incidamos por el momento.

Lo que planteo a raíz de esta comprensión del término es: ¿Es posible que una definición estática del movimiento feminista no sea suficiente para congregar en él los derechos de todas las mujeres? Más aún ¿Es posible que no recoja los derechos de todas las personas que de alguna manera sufren una opresión por causas que tienen que ver con existir dentro de un sistema opresivo, discriminatorio, machista y/o patriarcal (…)? La respuesta a estas preguntas es afirmativa y obvia: conformarnos con una definición inamovible de un término que quiere abarcar un movimiento político e ideológico, con repercusión en el tiempo, y un profundo cambio social, es conformarse con poco. O bien, supone despreciar la utilidad, por inútil, del término.

De otra forma, se puede llevar la reflexión sobre el término a descomponer, como hicimos, los objetivos que persigue, o perseguía, la corriente: si el feminismo (blanco) es heredero del movimiento sufragista que luego evolucionaría en una ideología feminista concreta de “liberación de la mujer”, es obvio que hubo, en un momento determinado de la historia (occidental) una necesidad de liberación del sujeto mujer. Esta necesidad era fáctica, burocrática y explícita: las mujeres eran menores de edad a efectos prácticos, no eran “ciudadanos de pleno derecho” y tenían limitaciones para desarrollar una vida plena y en libertad. No podían votar, poseer propiedades, ni viajar o vivir solas. El trámite de acceso a la situación más parecida a la vida adulta era el matrimonio con un hombre (con todas las violaciones de derechos y a la identidad individual que esta organización social y política, basada en el obligado cumplimiento de un matrimonio, conlleva tanto para los hombres como para las mujeres, y el resto de los géneros).
Entonces, entenderemos que, dentro de un sistema político determinado, en un momento histórico concreto, la sociedad se organiza políticamente de modo que hay opresores y oprimidos. La opresión es polifacética y multicausal, y no se organiza en torno exclusivamente al género, pero sí hay barreras reales para el normal desarrollo* de un género específicamente: el femenino.
*Con el “normal desarrollo” quiero decir “alcanzar la equiparación en derechos y posibilidades de los hombres”.

Los homosexuales, las lesbianas, los negros, las sociedades colonizadas, los enfermos, los locos… eran oprimidos por leyes no escritas en la mayoría de facetas. Era el resultado de la no correspondencia con el objeto social aspiracional, llamémoslo “hombre blanco independiente y autónomo” (aún en esta parte de la historia no establecería el término “Hombre blanco Capitalista”).

Es decir: Sociedad Occidental X, genera categorías de organización social jerárquicas, sitúa en una categoría con poco poder/capital social a los sujetos que no se corresponden con el sujeto modelo (el cual curiosamente tiene pene y algunas características específicas), y esto lleva a que algunos de los sujetos más desfavorecidos en la escala, se organicen, en torno a una de las características que encontraron en común; el género femenino, y pidan justicia social, traducida como igualdad de poder/capital social con el sujeto modelo que era de género masculino.

La Dominación Masculina, explicada por Bourdieu desde la “tesis de inversión de causas y efectos”, tiene la base en una construcción arbitraria de lo biológico como la justificación “natural” de los roles y la diferenciación de los sexos. A través de una comparativa entre sociedades cabileñas de Argelia, menos desarrolladas económicamente, y la historia occidental del orden sexual, establece la eternización de la división sexual. En otras palabras, y desde un punto de vista transcultural más propio del conocimiento antropológico, os diría que la organización social en base al género es un universal cultural (…) El hecho de que esa organización social y política tenga resultados de desigualdad no depende del lugar que se haya dado a los géneros en la pirámide, sino del hecho de que la sociedad en cuestión no funcione de forma igualitaria. El ente social se construye en un mecanismo que se auto-reafirma en la necesidad de existir opresores y oprimidos para su propio funcionamiento, la adjudicación del papel de opresor al género masculino, y del oprimido al género femenino tiene poco o nada que ver con las características específicas de cada género, y sí mucho con las de la sociedad.

 

Así que, mis niños, si apoyáis la huelga feminista del 8 de Marzo, que sea porque pretendéis un cambio social que llegue a cada rincón donde la opresión y la exclusión social empuje a la discriminación de los más desfavorecidos. Dejad de lado la terminología, decid lo que os pasa, pedid lo que necesitáis. El feminismo es compromiso. Y si hacéis huelga, huelga decirlo, que sea por el cambio profundo de las estructuras de poder; no por una intención revanchista, o costumbrista, de dejar claro que, al menos “uno de los géneros” sujeta la sociedad de la que participamos todos, porque todos somos responsables del cambio. Así como lo somos de perpetrar o no las desigualdades.

(To be continued).

Cecilia González

Antropóloga aplicada para empresas: "no me quieren en la academia y yo a ellos tampoco. Escritora siempre. Dulce, confusa y despiadada, como Alicia, perdida en un país de las Maravillas lleno de psicotrópicos y gatos pedófilos. Sin intención de encontrar el camino a casa, esto es más divertido. Me gusta el amor, acompañadme".

Esta entrada tiene un comentario

  1. ¿Y qué tiene de disidente este artículo, si no hace más que repetir los mantras de la sociología con «enfoque de género»?

Deja un comentario

Menú de cierre