Me gusta empezar con la idea más chocante de lo que quiero decir: El patriarcado no existe.

¡Pum! La locura desatada. Y ahora vendrán todos los merecidos palos a una expresión tan burda y falsa.

 

No obstante, me gustaría dar una forma un poco más justa a esta afirmación, para que no parezca que caigo en el “negacionismo” más fácil, absoluto e inexcusable. Lo primero es poner un poco de mí en la explicación, no para darme aires – como podría parecer – sino para que se entienda de dónde vienen las ideas que sostengo:

Soy una persona formada en la historia académica, lo cual tiene unas cualidades y condiciones, las cuales voy a intentar – desde la mayor honestidad posible que puede tener uno al hablar de sí mismo – mostrar. Mi percepción del mundo pasa no sólo por admirar, sino por intentar entender la complejidad del pasado humano. Esto parece algo evidente, algo que todos creemos que entendemos, pero que mucho me temo que no es tan fácil. Para poner una idea sobre la mesa: intentar juzgar un mundo tan dispar como el pasado con criterios modernos, es tan absolutamente ridículo como exigir una carrera de economía para definir el éxito entre los miembros de una tribu amazónica.

Y, ¡no nos confundamos!; la historia de la humanidad está llena de atrocidad y terror, de abuso y dolor, pero también de genialidad y mérito, de arte y belleza… y no me parece justo que se asuma el relato histórico, contaminado por una especie de revisionismo en código victimista, que está haciendo de la historia de la humanidad una cutre simplificación, para luego reclamar ventajas y cuotas de poder dentro de la maquinaria estatal, con pretexto de reparar supuestas “deudas históricas”.

 

Voy a dejar por un momento esa reedición de la idea del pecado original judeocristiano, y glorificación de la victima, que parece haber heredado este movimiento ideológico (el feminismo identitario actual) del tronco central de la cultura occidental, y vamos a centrarnos en un ejemplo de este revisionismo anacrónico. Según la versión dada desde el movimiento feminista hegemónico, que interioriza la narrativa patriarcal de la historia, en algún momento temprano de la historia de la humanidad, el conjunto de la masculinidad (en términos culturales y sociales, que no en términos biológicos – digo yo – según plantean otros puntos desde esta ideología, a través de su vinculación con la teoría de género) decidió someter a las mujeres para poder explotarlas. Así fue y así se mantuvo a través de los milenios, de las caídas de las grandes civilizaciones de la antigüedad, de las convulsiones de las épocas oscuras y de las guerras de religión; sobrevivió a las revoluciones y a las guerras mundiales, que barrieron gran parte de la mentalidad y creencias existentes hasta ese momento; y, tras la caída de las últimas teologías ideológicas que no llegaron realmente a ver el siglo XXI, el terrible ente falocéntrico ha sido descubierto y desnudado, y está a punto de ser destruido en esta última batalla, donde uno no puede ser tibio ni quedarse al marge: o estás con el relato hegemónico y las víctimas, o con el patriarcado y los eternos verdugos.

Como narrativa fantástica mola mucho. Hay un villano atemporal – al más puro estilo Apocalipsis de X-men (no podría imaginar un ejemplo mejor) – y una lucha por una justicia innegable: la igualdad entre hombres y mujeres.

¿Quién en su sano juicio va a decir, en el mundo occidental hoy en día, que considera que una persona debe cobrar más o menos, o tener diferentes derechos, por sus genitales o por su construcción social? Realmente no creo que sean muchos, pero…. ¿se puede sostener esta idea del gran villano en la sombra con lo que nos muestra la historia? La verdad, no.

 

Por supuesto que encontramos multitud de actitudes, leyes y códigos culturales y sociales machistas, misóginos y patriarcales, pero eso no debería de llamarnos la atención de la manera que lo hace, pues no implica que esté de acuerdo con el hecho de mantener o defender injusticias contra las mujeres o contra nadie en realidad; así que, por favor, pongamos un poco de sentido común en esta lectura. Esto no es un concurso de quién es el más oprimido en la historia. La pretensión de que una campesina, por el hecho de ser mujer, vivía una vida muchísimo más dura que un campesino varón, porque el sistema patriarcal la sometía a ella y le privilegiaba a él… pues, que queréis que os diga, suena a mongolada total.

¡Claro que la mujer tendría dificultades añadidas por ser mujer! (Así como otros grupos e individuos lo tendría por otros motivos). Pero no creo que fueran – ni mucho menos – por la sistemática social. Era un mundo mucho más violento y terrible, sin medicinas, con una higiene muchas veces mal entendida, llenos de miedos y supersticiones, donde ley y castigo podían ser sinónimos, y donde los señores (como grupo social) tenían un poder aberrante sobre la vida de muchos de sus servidores. ¿De verdad es sostenible mantener que, en un mundo así de hostil, la falta de empatía de género era debido a una estructura de sometimiento masculino sobre lo femenino? ¿No es una lectura descaradamente interesada de una realidad tremendamente complicada, y de un mundo claramente no vertical, desde una perspectiva totalmente anacrónica y que no se molesta en aplicar herramientas adecuadas para aproximarse a la misma?

 

Me parece tremendamente peligroso el uso de estos discursos revisionistas para promover la creación de un sistema que cada vez tiene más visos de totalitarismo o de pesadilla neurótica. Al parecer, ya no se puede escapar de ese enemigo virtual/espiritual, de ese demonio/Tiamat/anticristo/loquetesalgalasnarices que tan intrínsecamente está enraizado en el corazón de la humanidad, que, hasta cuando no lo sabes, está dentro de ti, como la semilla del pecado original… salvo que no, que en realidad nos la están colando aprovechando nuestra apatía y confusión, y que, al ritmo que vamos, terminaremos pagando – una vez más – el precio de la construcción de las utopías basadas en la negación de la realidad y de la naturaleza humana…

 

Y, como algo de historia he leído, creo que puedo decir sin ningún miedo a equivocarme, que las utopías nunca han existido, porque todas, de camino a serlo, se convierten inevitablemente en distopías tiránicas; y esta distopía – que se avecina – se alimenta, entre otras cosas, de la falsa narrativa del patriarcado universal y eterno, y de la ofensa heredada, así que no me queda más remedio que repetirme y volver a sancionar que, sintiéndolo mucho para aquella gente que lo necesita tan desesperadamente para su cosmovisión partidista, el patriarcado que proclaman las feministas no existe.

 

Croqueta de Opinión

Soy un graduado en historia, con un máster en Antropología e Historia de América, y actualmente estoy haciendo el doctorado de Arqueología e Historia. Fuera de la carrera académica, también he prestado largas horas de lecturas a temas culturales, artísticos, filosóficos y psicológicos. Cuando escribo ensayo, uso de avatar una croqueta porque me gusta pensar que los escribo usando una mezcla de todo lo aprendido.

Esta entrada tiene un comentario

  1. «Por supuesto que encontramos multitud de actitudes, leyes y códigos culturales y sociales machistas, misóginos y patriarcales»…. No te estas contradiciendo no es eso por lo que pelan las feministas?

Deja un comentario

Menú de cierre