Entrevista a Agustín Laje

En España aún no eres muy conocido sin embargo en Latinoamérica eres muy popular ¿cuál es tu ocupación y por qué eres conocido?

Soy Licenciado en Ciencia Política, tengo estudios de contraterrorismo en los Estados Unidos, presido la Fundación LIBRE en Argentina, pero por lo que más se me conoce es por mi actividad como escritor. Desde muy chico empecé a escribir sobre distintos asuntos políticos e históricos. Entre autorías y co-autorías tengo seis libros publicados. El último de ellos, “El libro negro de la Nueva Izquierda”, se convirtió rápidamente en best-seller internacional de Amazon, y hace prácticamente dos años que no lo pueden bajar de los primeros puestos de las categorías políticas de dicho portal. Se trata de un libro que levantó la polémica en un mundo aburrido donde todos juegan a decir exactamente lo mismo.

¿Qué cuestiones te llevaron a estudiar politología?

Al salir del colegio empecé a estudiar ingeniería en sistemas. Hice tres años de esa carrera, mientras
estudiaba y escribía sobre política por hobbie. Pero ese hobbie se fue transformando poco a poco en
profesión. Me empecé a dar cuenta que lo que escribía era importante, y de repente obtuse una beca para estudiar contraterrorismo en la Universidad Nacional de Washington DC, donde todo mi plan de vida se pone patas para arriba. ¿Cómo iba a volver a mi país a seguir estudiando matemáticas, física e informática? Comprendí que había una lucha cultural en ciernes, y que si no me animaba a ser un partícipe activo de ella luego no tendría derecho a quejarme. Con ello, entendí también que necesitaba estudiar la política como ciencia, para pasar, como decían los griegos, de la doxa a la episteme. Y así lo hice.

Has escrito el libro negro de la Nueva Izquierda junto a Nicolás Márquez ¿de qué trata?

Trata sobre cómo la izquierda pudo recuperarse de las fulminantes crisis que le deparó el Siglo XX:  fundamentalmente, un capitalismo que incluye sobre sí mismo a las clases trabajadoras, incorporándolas al sistema, privando a la izquierda de su “sujeto histórico” por antonomasia, y un fracaso de dimensiones globales que tuvo lugar con la implosión de la Unión Soviética.

Recomponer a la izquierda supuso crear nuevos discursos, construir nuevos sujetos de conflicto y abordar nuevas temáticas. Una de las más exitosas ha sido la ideología de género, y es por ello que el libro dedica sus tres cuartas partes a este fenómeno, desmontando los engaños del feminismo radical y de los lobbies LGTB.

Define qué es para ti la Nueva Izquierda.

Es la forma que adoptó la vieja izquierda para sobrevivir a las condiciones de crisis teóricas, prácticas y estratégicas que sufrió durante la segunda mitad del Siglo XX. Se trata de una izquierda culturalista, que desplaza el problema de las clases en favor de los problemas de “las minorías”: un concepto mucho más amplio que le permite una mayor flexibilidad ideológica y una adecuación más fácil a contextos disímiles. Asimismo, es una izquierda que no busca hacer ninguna revolución  armada, como se intentó en el Siglo XX: la nueva estrategia es de lucha cultural, es decir, lucha gradual, subterránea, difícil de percibir, que se desenvuelve no en espacios de combate armado, como los montes o las selvas de otrora, sino en universidades, escuelas y medios de comunicación.

¿En qué se diferencia de la antigua izquierda?

En muchas cosas que están implícitas en mis respuestas anteriores. De alguna manera, hicieron trizas el pensamiento de Marx para adecuarlo a sus intereses actuales. En primer lugar, la filosofía de la historia de Marx se hizo añicos en favor de un pesimismo dialéctico que bien encarnó la Escuela de Frankfurt. En segundo término, la teoría social que en su momento se llamó “metáfora arquitectónica”, según la cual la sociedad tenía una infraestructura (economía) sosteniendo una superestructura (cultura), y de la cual derivaba una estrategia revolucionaria bien concreta (la lucha armada para la colectivización de los medios de producción), hoy se deconstruyó en favor de una visión a partir de la cual la realidad no depende de la economía sino de los “discursos”. Y como consecuencia de todo ello, la revolución, como dije antes, pasó de las fábricas a las aulas; de la calle al televisor. Suena paradójico, pero es probable que la revolución sea incluso una mercancía que consumimos con mucho gusto.

¿Crees que se está acercando al puritanismo y al conservadurismo más que al progresismo?

Al contrario, la vieja izquierda es más conservadora que la nueva. En los Estados Unidos encontramos un caso muy ilustrativo: muchos de los más importantes pensadores que luego fueron bautizados como “neocons” (neo conservadores), venían de la vieja izquierda y, a fines de los ’60, tras ver las formas nihilistas y hedonistas de la “new left”, dieron un giro de 180 grados. Destaca el caso de Irving Kristol, por ejemplo. En Argentina, hace unos tres años, tuvimos una “performance posporno” en los pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, donde militantes de grupos inspirados en ideas de “nueva izquierda” dejaron fluidos corporales de todo tipo desparramados por el piso y las mesas. El ala estudiantil del Partido Obrero (una expresión política más del estilo de la vieja izquierda) salió a quejarse porque los trabajadores iban a tener que limpiar todo eso. Fue muy interesante el caso, porque evidenció las diferencias que existen entre vieja y nueva izquierda. Esta última busca deconstruir toda moral, toda verdad, toda tradición; aquélla se limita más que nada a destruir un sistema económico bien específico.

¿Qué es un “progre”? ¿Se diferencia del progresista?

“Progre” es una forma peyorativa y burlona de llamar a un progresista; es una diferencia de forma, no de fondo. Y un progresista es quien adhiere, consciente o inconscientemente, a los dictados de la ideología progresista, que pueden resumirse bajo la idea de que el tiempo es un criterio moral e incluso epistemológico. ¿Qué quiere decir esto? Pues que las cosas novedosas son necesariamente buenas, mejores que las anteriores, e incluso “más ciertas”. Un absurdo que no resiste un minuto de análisis, pero que se ha instalado como sentido común en las sociedades occidentales, donde nadie quiere ser acusado de tener “ideas pasadas de moda” (como si la moda fuera criterio de calidad).

¿Qué es la ideología de género?

Es un conjunto de ideas anticientíficas sobre la sexualidad humana, que la desarraigan de su realidad natural para explicarla sencillamente a través de la cultura, con objetivos políticos bien concretos. El grito básico de la ideología de género es ¡Tu sexualidad es una construcción cultural! Y a eso llaman género. Y el género se transforma, seguidamente, en la categoría política de nuestro siglo, que fundamenta todas las divisiones y conflictos. Otro gran absurdo que, sin embargo, tiene un éxito político, mediático y económico incalculable.

¿Qué opinas de que cada vez hayan más géneros existentes en tan poco tiempo? ¿Cuáles son los géneros más estrambóticos que conoces?

Si lo relevante de la sexualidad pasa a ser la cultura y, si la “liberación de las cadenas del género” pasa a ser la autopercepción, entonces estamos bajo el yugo de una ideología que hace depender la sexualidad de un subjetivismo absoluto. Opino entonces que es esperable que haya, incluso, tantos géneros como individuos. Y opino también que esto es muy arriesgado para una convivencia social razonable, porque el sentido de la realidad pasa a diluirse por completo, y la realidad se transforma en el capricho de cada quién. Hoy existen incluso “transespecies”, hombres que dicen ser animales encerrados en cuerpos humanos, y “transraciales”, gente blanca que se siente gente negra.

¿Por qué consideras que la aceptación de cada género nuevo (fuera del LGBTI) nos puede conducir a la legitimización de la pedofilia?

Porque la posibilidad de reivindicar incluso la pedofilia está inscripta en la misma lógica de la ideología de género. Si lo relevante para la sexualidad no es la naturaleza sino la cultural, entonces la sexualidad humana carece de todo límite, porque es la naturaleza la que nos limita objetivamente: los límites culturales son por definición construcciones históricas que bien pueden esfumarse. Una sexualidad desarraigada de su realidad natural es una sexualidad abierta a todo tipo de práctica, dispuesta a ser legitimada por los mismos (dis)valores que la ideología de género promueve: moralizar lo disruptivo.

Así las cosas, los grupos pedófilos hoy buscan legitimarse a través de la ideología de género. Si la orientación y la identidad sexual dependen de la autopercepción, ¿por qué habríamos de prohibirle a un hombre mayor que se autoperciba como un niño y actúe en consecuencia? Esto por desgracia no es una hipótesis, ya hay casos en Canadá. También podemos analizar el discurso de sitios web como el de la NAMBLA, una internacional pedófila con sede en los Estados Unidos. Es impresionante ver cómo utilizan los argumentos de la ideología de género para su propia causa: parecen hechos a medida.

Movimientos feministas en Holanda pidieron y firmaron solicitadas en favor de la legalización de la pedofilia. En España activistas feministas de renombre han reivindicado la pedofilia en numerosas ocasiones. En Estados Unidos está el caso recién citado de la NAMBLA. En Argentina tuvimos el caso de Jorge Corsi, uno de los más importantes ideólogos de género de este país, que incluso está preso por pedófilo. En Alemania el Partido Verde apoyó la pedofilia. Importantísimos ideólogos de género como Shulamith Firestone y muchos otros que están analizados en “El libro negro de la Nueva Izquierda” también escribieron en favor de la pedofilia.

 ¿Cuál es tu opinión acerca de la campaña “Ni una Menos“?

Es el uso de un problema social existente (la violencia doméstica) para difundir una ideología específica, que paradójicamente termina perjudicando a las propias mujeres. “Ni una menos” anticipó ideológicamente que la causa de la violencia doméstica es un problema de género; es, concretamente, el “patriarcado” el responsable de esto. “Nos matan por ser mujeres” dicen en las marchas, discurso que luego se transforma en ley bajo la figura penal del “femicidio” o “feminicidio” (dependiendo el país). Luego, todas las políticas públicas partieron de esa base que, remarco, era ideológica. Y hoy, en Argentina por lo menos, que es donde nació el movimiento, la violencia aumenta ininterrumpidamente en lugar de bajar. No se trata de una casualidad, sino de algo que yo anticipé ni bien todo esto comenzó.

Recientemente subiste un vídeo que tenía como consigna “Nadie Menos“, ¿qué nos puedes decir del contenido del vídeo?

La violencia entre los sexos no es unilateral, pero el mito de que el hombre es siempre el victimario y la mujer siempre la víctima tuvo mucho éxito. Así, los casos de hombres golpeados e incluso asesinados por mujeres jamás se visibilizan. Ninguna entidad los contabiliza; nadie organiza marchas; nadie llama a tomar consciencia. Tenemos hoy víctimas de primera categoría y víctimas de segunda; y el criterio de distinción entre ambas está dado por los genitales de unos y los genitales de otros. Es una locura. Yo he mostrado que los hombres asesinados en Argentina por año son realmente cuantiosos. Y que una consigna verdaderamente humanitaria, sin intereses políticos, debería ser “Nadie Menos”, porque las personas valen por su condición de seres humanos, no por sus genitales.

¿Consideras que el feminismo es igualdad?

El feminismo de hoy no busca igualdad sino privilegios. Una campaña de demonización contra el hombre, que es precisamente lo que el feminismo de hoy impulsa, jamás puede ser una campaña de igualdad. Es que el feminismo actual no está tanto articulado por su amor para con las mujeres, sino por su odio hacia los hombres. Basta con estudiar a las teóricas feministas contemporáneas para comprobarlo. Es, en parte, lo que mostramos en “El libro negro de la Nueva Izquierda”.

¿Qué opinión tienes ante la prostitución? ¿Abolición o no?

Mientras sea voluntaria y entre adultos, se trata de un contrato libre que no perjudica en sus derechos a terceros. Pero es un tema bien interesante, porque gran parte del actual feminismo defiende la libertad del comercio sexual, pero por otro lado hace campañas que terminan prohibiendo a las promotoras de Fórmula 1 o a los concursos de “colas REEF” en las playas argentinas, dejando sin trabajo a mujeres que también hacían eso por propia voluntad. Hay muchísima ideología como verán.

¿Qué piensas de las segregaciones que están empezando a emerger por occidente ( de la mano de la gente racializada) donde empiezan a demandar espacios “libres de gente blanca”?

Es parte de lo mismo. Hoy el sujeto a combatir por las izquierdas es el hombre-blanco-heterosexual. Contra él, todo cabe decir y hacer. Incluso racismo. Pero la persecución recién comienza…

¿Tu integridad física ha estado alguna vez en peligro?

Tengo al menos una amenaza de muerte por día. El récord fue alrededor de 70 amenazas en una semana, cuando saqué un video donde en cinco minutos explicaba la estafa del feminismo actual. La paradoja es que esta gente es la misma que después va a las marchas de “ni una menos”, y nos dan  clases de “diversidad”, “pluralismo” y “tolerancia”.

¿Algún augurio?
Estoy contento porque cada vez más jóvenes despiertan y se rebelan contra esta dictadura de la corrección política. Espero que las nuevas generaciones jueguen un papel importante en esta lucha cultural, sin tiempo y sin cuartel.

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