¿Por qué decidiste estudiar psicología?

La verdad, hace tanto tiempo que lo tenía decidido, que no me acuerdo exactamente qué se me pasaba por la cabeza. Tal vez sea que vengo de una familia dedicada a la medicina (dos médicos y una enfermera), y desde pronto aprendí lo que significa la asistencia al otro. O tal vez fue cuando en la época de adolescencia, pasaba más tiempo preguntándome por qué la mayoría de mis amigos actuaban de forma errática. En resumen, podría concluir diciendo que fue una mezcla de vocación de servicio y mucha curiosidad.

¿Las nuevas tecnologías pueden generarnos algún desequilibrio?

Si te refieres a las nuevas tecnologías de comunicación e información, depende a lo que llamemos “desequilibrio”. Obviemos por un momento la utilidad de un móvil, una tablet; o las posibilidades de las redes sociales. Los problemas que se están observando con estos dispositivos están relacionados con problemas en el control de impulsos.

Ya se lleva hablando durante años de la “adicción al móvil”, por ejemplo. Aunque algunos expertos todavía no se aventuran a dar por sentado este término, como por ejemplo, el psicólogo Eparquio Delgado, que dice que usar este término puede llevar a confundir lo que es un problema de adicción real.
El debate sobre las definiciones sigue abierto. Pero está claro que uno de los problemas principales que acarrea un mal hábito en el uso de estos aparatos, son la ansiedad y angustias provocadas por problemas de control de impulsos. También podemos extrapolar este problema a otros aspectos, como el abuso de la navegación por internet, o el “enganche” a los juegos en línea.

Paralelamente, también surge otra complicación: el aislamiento. El aspecto más criticado de las nuevas tecnologías es esa ironía. Nos permite conectar y comunicarnos con personas que pueden estar a miles de kilómetros, pero nos aísla de la gente que tenemos en nuestra propia casa. No es raro ver una familia compartiendo tiempo juntos, cada uno con su pantalla individual.

Otro punto a discutir es si las nuevas tecnologías nos están volviendo “tontos”, o están menguando nuestra inteligencia. Cierto es que desde que usamos internet o nuestros dispositivos móviles, se ha observado que tenemos menos capacidad de retener información. Pero eso no es efecto de un “atontamiento”. Sino porque el hecho de poder consultar la información en el momento que queramos, ya no nos es necesario memorizar tantos datos. Las complicaciones anteriores se podrían resumir en un “problema de adaptación general”. Las nuevas tecnologías no nos causan problemas. Es el uso que le damos los que los causa. Por eso dije al principio el qué consideramos “desequilibrio”. Y sí, nos desequilibra. Y debemos de seguir aprendiendo a usarlas para ajustarlas a nuestra vida.

¿Hay alguna relación entre la ideología y el cerebro?

Curiosa pregunta. De hecho, están surgiendo estudios donde comparan cerebros de personas “de derechas” y “de izquierdas” para ver si hay diferencias (y resulta que las hay). Pero fuera de anécdotas, no es que haya una estructura cerebral encargada de procesar las ideologías. Éstas son un conjunto de ideas sistematizadas que pretenden dar una explicación a la realidad social del ser humano. Son “mapas” de la realidad total. Si tomamos el modelo cognitivo A – B – C de Ellis, modelo que se utiliza actualmente en la terapia racional emotiva; nosotros interpretamos la realidad en base a los “acontecimientos que observamos” (A), las “interpretaciones que hacemos de éstos” (B), y las “consecuencias emocionales de dicha interpretación” (C). Una ideología actuaría directamente sobre B, condicionando así nuestra forma de sentir y actuar ante la realidad (vamos, sobre C). De esta forma, modificamos también nuestros sistemas de creencias, nuestra percepción, prestamos atención a ciertas cosas más que a otras… es decir, redirigimos todos nuestros procesos mentales para ajustarlos con esa nueva forma de ver la realidad.
Por supuesto, no es algo definitivo. Nuestro cerebro no está hecho para alcanzar la verdad absoluta. Sino para defendernos. Y para ello, se adapta y ajusta a cualquier nuevo desafío.

¿La radicalización en ideologías tiene alguna relación con algún trastorno o algún tipo de personalidad?

En realidad no. Cierto es que una persona con algún trastorno mental puede elaborar una teoría. Y además, puede ganar adeptos. Pero que unas ideas hayan sido pensadas por una persona desequilibrada, no significa que sus seguidores y seguidoras lo sean. Pero cualquier persona es proclive de caer en la radicalización. No es cosa de que encajemos con una personalidad concreta, o con un trastorno concreto. De hecho, la adopción de ciertas doctrinas radicales, nos puede hacer comportarnos de una forma enfermiza. Ya sea, por ejemplo, cayendo en el desprecio por la vida humana que presentaría un psicópata, o la inestabilidad emocional y explosiva que tendría una
persona con un trastorno límite de personalidad.

¿Esto quiere decir que ciertas ideologías radicales nos pueden provocar trastornos?

No lo negaría del todo. Puede que alguna persona haya visto comprometida su salud mental por adoptar ciertas doctrinas. Pero ya sabemos cómo construimos el mundo a través de una ideología. A esa forma de interpretar el mundo, le sigue una forma de sentir y de actuar que no siempre es la más equilibrada.

¿Qué opinas al ver el cambio de entorno, conducta y físico de algunos colectivos de gente que se ha ideologizado?

Como el dicho expresa: “Dios los cría, y ellos se juntan”. Y ahora, de una forma más compleja, estos colectivos “necesitan” estar unidos si quieren que sus ideas se mantengan. Una ideología radical implica siempre una visión del mundo muy limitada, y si tus ideas están constantemente contradiciéndose por el entorno, estarías constantemente en un conflicto cognitivo. Lo cual, o abandonas esas ideas y empiezas a aceptar otras, o buscas la manera de aislarte del entorno que te contradice.

Con un grupo propio, estos individuos se aseguran que sus ideas estarán constantemente reforzadas. Además, también toma mucha importancia los símbolos y rituales. La simbología asociada a la ideología y expresada en forma de banderas, premisas, slogans, formas de vestir concretas, etc; ayuda a que el individuo se identifique con el grupo. Al punto de que en algunas ocasiones, su identidad se “difumina” con la del colectivo.

¿Se producen lavados de cerebro? ¿Cómo se hacen?

A modo de anécdota, el término “lavado de cerebro” (brainwashing) se acuñó en EEUU después de la guerra de Corea, cuando los soldados americanos que estuvieron presos en cárceles norcoreanas empezaron a defender la doctrina comunista. Algo raro había pasado durante ese tiempo de aislamiento. Lo llamaron así porque, efectivamente, parecían que a estos soldados les habían “lavado el cerebro” casi literalmente, y habían sustituido su identidad. El término fue utilizado por primera vez por un periodista americano para describir estos hechos.
Este procedimiento lo podemos nombrar también como “adoctrinamiento”, y no nos alejaríamos mucho de su significado real: condicionar por completo el pensamiento, emociones y conducta de un sujeto según nuestros intereses.

Una de las investigadoras más sobresalientes sobre este fenómeno es Katherine Tailor, que ha estudiado el fenómeno a nivel fisiológico. Ella misma concluye que un lavado de cerebro es un proceso de dos fases: la primera, debemos eliminar las creencias del individuo que nos interese; y la segunda, implantar las creencias nuevas que queramos. Y aunque el término se acuñara en los años 50, no es un procedimiento nuevo. No ha habido régimen que no lo haya aplicado. Incluso, este lavado lo podemos ver no solo a nivel de ideologías complejas. Sino también a nivel personal.

 

¿Qué relación hay entre colectivos radicales y las sectas?

No hay mucha distinción. Entendemos como “secta” a un grupo de individuos que comparten un mismo sistema de creencias. Aunque tradicionalmente, asociamos esta definición a las sectas religiosas. Pero, aún si nos guiamos por el ejemplo de las sectas religiosas, seguimos observando las mismas características: grupos cerrados, con mucha cohesión entre sus miembros, no cuestionan sus creencias, reacios a la entrada de nuevos individuos (a no ser que ya hayan sido “reclutados”), alimentan entre ellos el dilema endogrupo – exogrupo (o lo que es lo mismo, todo lo que pasa dentro del grupo es bueno, mientras que lo que pasa fuera es malo), y comparten una serie de lemas y símbolos propios del grupo.

¿Qué tipos de personalidades son más proclives para caer en una secta?

Como dije antes, no hay un perfil concreto para ser absorbido por una secta, o ideología radicalizada (las sectas, a efectos prácticos, están conformadas también por una ideología radicalizada). Pero sí hay ciertas “poblaciones de riesgo”. Un grupo especialmente vulnerable, y que identifica la misma Katherine Tailor, son las personas jóvenes. Porque como ella misma dice “no es lo mismo construir donde ya se ha edificado, que en un terreno vacío”. Vamos, que una persona más mayor y veterana, con un sistema de creencias más sólido; tiene menos probabilidades de caer en el adoctrinamiento.

También hay otro tipo de variables, como pertenecer a una población en riesgo de exclusión, sufrir problemas psicológicos, falta de autoestima, problemas de identidad, etc. Resumiendo, las personas más proclives para ser abducidos por una secta o colectivo adoctrinarte son aquellas que, de algún modo, tiene un “vacío”. El cual aprovechan los captadores o “ideólogos” para captarlos.

¿Cómo las sectas abducen a la gente?
Hay decenas de métodos. Depende qué es lo que busquen estos colectivos. De hecho, aún guardo en casa algunos panfletos y revistas de La Atalaya (que si no los conocéis, son de los Testigos de Jehová). Les perdí la pista hace tiempo, pero sería interesante tomar una de esas revistas y analizar detenidamente sus mensajes. Pero volviendo a los métodos, podemos encontrar reclutamientos a través de las redes sociales, invitación a conferencias, panfletos, revistas, invitaciones personales… No son métodos que se diferencien mucho de cualquier campaña comercial. Al fin al cabo, están “convenciéndote” para que adoptes un “producto”, que en este caso es un nuevo sistema de creencias que lo irán implementando poco a poco en tu psique.

Pero más allá de ese mensaje atractivo para el público diana, con el que intenta conectar con ese “vacío”, problema o necesidad del que hablábamos antes, comienza el verdadero proceso de adoctrinamiento, que implica tres procedimientos:

El aislamiento para controlar al sujeto, e impedir que tome contacto con más referencias que no sean la que los adoctrinadores quieran dar. Además de sumergir al individuo en el grupo que por supuesto, actúa como un agente socializador muy potente.

El castigo de aquellas ideas o comportamientos no deseados. Ya sean a través de métodos más convencionales pero sibilinos, como puede ser la presión del grupo, o la retirada de la palabra, o una reprimenda verbal bien dada. O con métodos más drásticos y violentos. Agresión física o verbal, tortura, amenazas, etc.

Y finalmente, el condicionamiento de aquellas creencias que queremos inculcar. Ya sea a través del refuerzo social, mensajes pegadizos, premios, rituales de ascenso de rango o reconocimiento, o incluso el uso de drogas para mermar la capacidad crítica.

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¿Qué piensas de esta repentina corrección política?

No he sido del todo consciente de este fenómenos de lo “políticamente correcto” hasta hace pocos años. Vamos, desde que empecé a divulgar libremente en Youtube.

Al fin y al cabo, la corrección política es otra forma de manipulación de la población. Porque los que definen lo “políticamente correcto” están definiendo también con ello cuáles son las formas correctas de ver el mundo. Si lo defines con esa corrección, entonces tienes una visión del mundo “correcta”. Si no es así, entonces eres incorrecto. Vamos, volvemos a entrar en esa dicotomía del endogrupo – exogrupo: lo que queda dentro del grupo está bien. Todo lo diferente a ello, está mal.

No sé. Podría destacar infinidad de cosas: el discurso sentimentalista y victimista de muchos colectivos. La búsqueda de la superioridad moral o intelectual en el debate. O la criminalización sistemática de aquellas cosas que quedan fuera de lo correctamente definido. Ah, y se me acaba de ocurrir: también la redefinición de muchas cosas para seguir buscando la victimización y la criminalización de ciertos actos que desafían incluso el sentido común. Pero bueno, para no alargarme demasiado en una conclusión (a buenas horas me doy cuenta), la corrección política es una forma de simplificar el mundo para que no tengas que preocuparte de demasiadas cosas.

¿Estamos más sanos mentalmente que antes o peor?

Depende de cómo lo miremos. Pero veamos como andamos en la actualidad. No es difícil encontrar la noticia de que en España se ha disparado el consumo de ansiolíticos y antidepresivos desde 1992, encabezando según estas noticias las estadísticas de Europa. Y esto tiene muchas interpretaciones. Podemos decir que estamos padeciendo cada vez más estrés y ansiedad, y por lo tanto se dispara la demanda de estos psicofármacos. O a día de hoy, se conoce lo suficiente sobre estos trastornos que a nivel popular, todo el mundo está familiarizados con ellos como lo estamos con una gripe o un catarro. O cada vez estamos más vulnerables a la ansiedad. A poco que busquemos, veremos que las noticias y los informes se centran en si la sanidad española está o no preparada para hacer frente a esta demanda por enfermedad. Pero poco he visto al respecto en cuanto si nos estamos volviendo menos tolerantes al estrés, a la ansiedad y al dolor. Debate que también podría ser muy interesante tratar. Por supuesto, no niego que la sociedad actual es más desafiante y competitiva. Y que no solo estamos atravesando una crisis económica monumental. Sino también una crisis de valores. Pero parece ser que en vez de desarrollar herramientas psíquicas que nos permitan adaptarnos más adecuadamente a este nuevo ambiente hostil, nos está pasando justo lo contrario: nos hacemos cada vez más vulnerables.

Y para aclarar, no estoy diciendo que seamos unos debiluchos y pusilánimes. Sólo que nos falta esa resistencia psicológica para hacerle frente a los nuevos desafíos. Y tal y como un atleta puede trabajar su cuerpo, también podemos trabajar nuestra mente. Comenzando por ejemplo, por desvelar todos los estereotipos, prejuicios y estigmas que existen sobre los problemas mentales. Lo más instintivo cuando se hace esta pregunta, lo primero que se nos ocurriría decir es que el mundo se va al carajo, y que cada día estamos peor. Pero si echamos la vista atrás a la historia, ¿en qué momento estuvo la humanidad mejor o peor? La historia se repite no tanto porque no aprendamos de ella (que también), sino porque el ser humano sigue jugando a la misma partida, pero con diferentes jugadores.

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Psiquiatría e ideología. Entrevistamos a Juan Gea

Esta entrada tiene 3 comentarios

  1. Solo marcar dos grandes erratas. Es “Brainwashing” y “Jehová” por lo demás, genial entrevista 😀

  2. Han censurado su vídeo de Generación copito de nieve . Estoy flipando , !!!lo han censurado!!!

    1. Xavier Pastor

      Pero qué tenía de malo ese vídeo¿? Hemos perdido el norte!

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