Cuestionarme todo lo que veo, todo lo que leo, todo lo que oigo.
Reflexionar se ha convertido para mí en un juego, un placer que hace que mi cerebro tenga orgasmos neuronales y algún cortocircuito de vez en cuando. Esa es mi arma, el arma que nos hace ser libres, pues considero que la verdadera libertad individual es mental y no física.
La infoxicación, que es un término que define perfectamente a lo que estamos sometidos, nos bombardea, nos cubre de mierda hasta tal punto que no sabemos diferenciar lo real de lo falso.

Me encuentro, cada vez con más frecuencia, en la situación en la que a la hora de discrepar o disentir en algún tema con algún individuo o grupo su primer tic es encasillarme en el extremo opuesto de su pensamiento, sin capacidad de comprender que la vida no es blanca o negra, sino que existen miles de escalas de grises, es una miopía para la cual dudo mucho que existan gafas suficientemente graduadas.

Las redes sociales, o como yo las llamo, vertederos sociales, son un gran escaparate del nivel intelectual y reflexivo de nuestro país, tampoco he tenido la curiosidad de analizar a otros territorios. Hay gran variedad de opinadores con los que uno puede entretenerse, reír, llorar o incluso darse de cabezazos contra la pantalla. Los hay que copian y pegan lo que escribe cualquier otra persona tomándolo como verdad absoluta, aunque ocupe trescientos mil caracteres y no los lea ni dios; luego hay otros que para descifrar lo que escriben necesitas un diccionario español/swahili; también están los que a modo de presentación con un buen insulto ya te van demostrando sus atributos; en fin, hay personajes variopintos, y todos tienen el mismo patrón : no son capaces de preguntarse a sí mismos si lo que escriben es lo que ellos realmente piensan o lo que quieren que piensen.

Se han creado una serie de “microdictaduras” del pensamiento, principalmente canalizadas por redes sociales, en las que se origina una corriente ideológica y apartarte de ella o mostrarte contrario puede ocasionarte, si no tienes la personalidad suficiente, el mayor de los desprecios por parte del rebaño. Existen líneas maestras en lo que se refiere a ideología política, sexualidad, tipo de alimentación, estructura familiar, afecto hacia los animales, cambio climático y un largo etcétera, en torno a las cuales se ha generado una corriente de pensamiento único.

Hoy en día resulta difícil expresar públicamente, sin ser vapuleado por la muchedumbre, que uno no es de izquierdas pero que tampoco se es de derechas; que considere que la visibilidad del colectivo LGTBI puede ser contraproducente para la finalidad que busca; que tengo un perro pero que no es como una persona y no le hablo como si fuese un niño y yo gilipollas; en fin, la sana costumbre de llevar la contraria. Se ha convertido en un acto heroico ir a contracorriente del pensamiento único que ha invadido todo.

Realmente las redes se han convertido en un arma de control social con un nuevo factor con los que la televisión, la radio o los periódicos no contaban, el registro personal de los conceptos asimilados, o no, de cada individuo. Esto me hace reflexionar a diario, como no podía ser de otra manera, de hasta cuando mantendré abierta mi cuenta en Facebook, Instagram o Twitter, en sus inicios la finalidad a la que estaban destinadasestas aplicaciones era bien distinta,o al menos eso parecía…

Sempiterno

@SeMPiTRnO 

Miguel Garci en Facebook

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