Por ejemplo, lo que viene sucediendo con el actual proceso de paz con las FARC, donde al final de los diálogos en un acto democrático los colombianos deben votar un SI o NO a estos acuerdos y de esa forma obtener (o no) la tan anhelada paz, así que muchos nacionalistas, tercerposicionistas entre otros, han invitado a votar por el NO en un desesperado grito para evitar que Colombia caiga en las manos de sus verdugos: la izquierda.

Es completamente comprensible que ante tal situación el sentimiento patriota y reaccionario anticomunista aflore y arrastre a más de uno a “vender su alma al diablo”, por encontrar un respiro ante la situación adversa que se enfrenta.

Cuesta trabajo pensar que es un acto de ingenuidad y completa inocencia que quienes se dicen conocedores de la verdad confíen en que dado el caso donde el “NO” ganase, esa élite silenciosa no moverá sus tentáculos para de una u otra forma imponer sus acuerdos o que después de la cínica manera como se han expresado los dos representantes del conflicto, en un acto realmente desinteresado aceptarán que “la voluntad del pueblo” se vea reflejada en un “NO”.

Argumentos basados en la premisa de que no salir a votar tampoco ayudará en nada, o que salir a votar ayudará en algo (cabe anotar que ese “algo” es desconocido), reflejan como estamos lejos de ser hombres realmente libres o incluso superiores a la gente del común, ya que nosotros mismos cargamos con la misma pequeña voluntad a la que se la ha enseñado al ignorante a llevar.

La democracia se muestra como un camino fácil y está ahí para crear la ilusión de que una opinión en un papel solucionará todos los males presentes, lejos están entonces los sueños de reconstruir los grandes imperios y las viejas ideas de las que nos enamoramos algunos, no por un acto de capitulación disfrazado de democracia, sino por demócratas disfrazados de tercerposicionistas, que al igual que el colombiano promedio es amante de lo barato, la vía fácil y el menor esfuerzo, porque quienes se supone sin esperanza deben luchar, se sienten atraídos por las urnas, para beber el elixir reconfortante de los votos y la democracia que solo exige levantarse temorano el domigo, así luego ir con prontitud a sentarse frente al TV a esperar los resultados, solo desean continuar con una vida materialista, donde no desean sacrificar los alimentos diarios o el papel higiénico, por eso prefieren ponerse de parte del candidato de turno y todas las acciones de este para evitar el colapso, sin tener en cuenta que no se puede edificar desde unos cimientos podridos, solo se puede reconstruir desde las ruinas.

Escrito por Raúl Moncada

Twitter:
@raul_moncada_t

Esta entrada tiene un comentario

  1. Desde un principio aclaro que no estoy de acuerdo con los abusos de la dictadura.
    Pero la democracia tampoco es perfecta, ya que cualquier estúpido vota.
    Basta con que el político de turno grite un poco, o tenga «pinta» para que lo voten.
    Pienso que lo ideal sería que una computadora hiciera un exámen a cada candidato y elija al más capacitado.

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