El cuento del nunca acabar.
El momento que más temía ya comenzó, y parafraseando al oaxaqueño Don Porfirio Díaz, México se encuentra tan lejos de Dios y tan cerca de Estados Unidos. Y esto es porque finalmente llegó 2014 a México, y no hablo del año, bien sabemos que 2018 es un año extraordinariamente complicado para mi nación amante del queso, los tacos, los memes de Los Simpsons y candidatos populistas.

¿Qué es lo que me trajo este año viejo que se tardó cuatro años en traer? Bueno, probablemente llegó antes, pero me estoy quejando en 2018, y es porque ahora es cuando lo veo más incisivo y molesto que antes:la guerra de “privilegios”.

Más de uno verá este texto, y me vendrá a decir privilegiado, por ser hombre heterosexual con estudios superiores de clase media que tira para subir de clase.

Va, se los concedo, aplíquenlo, ya a este grado me vale. Y no me vale en el sentido tradicional donde niego que estos sean completamente factores: sí lo son.
México sigue siendo un lugar misógino, donde los feminicidios están a la orden del día y donde ser mujer es un volado entre la abnegación, la violencia y una salida a un futuro mejor (mis monedas de miembro de la mafia del poder tienen 3 caras), donde la injusticia está a la luz del día y la subida de clases es por demás complicada.

Imagen tristemente atemporal

Lo que vengo a preguntarles es lo siguiente, ¿Dónde termina este juego posmodernista de los privilegios? ¿Cómo lo clasificamos? ¿Qué tan absoluto es?

Si nos vamos por lugares, pues obviamente la gente de la capital tiene un lugar privilegiado en materia económica y cultural, cosa que muchos del interior de la república no llegan a tener: desde Universidades hasta recintos culturales, como oportunidades laborales.
O vámonos por géneros, sí, la mujer tiene una situación adversa en el país, ¿eso invalida los problemas exclusivos de los hombres por no ser tan importantes o marcados? ¿podemos hablar de la tasa de suicidios de hombres, de la reducción en la esperanza de vida, de las violaciones a hombres, o de las acusaciones falsas que terminan con la pérdida de tutela de los hijos?

¿Qué tal si checamos por sexualidades: vivimos en un país donde la mayoría es heterosexual indudablemente, que ha tenido problemas para reconciliar su cultura con las expresiones validas de sexualidad que van desde la homosexualidad hasta los transgéneros, personas que sólo quieren una vida normal junto a nosotros en sociedad. Este privilegio heterosexual, ¿merma sus voces? ¿no pueden hablar sobre temas LGBTQ+? ¿Por qué?

Imagen auto explicativa para quien lleve un buen rato en el internet

La raza, o la raza, por donde algún día hablará mi espíritu, díganme, en un país con una riqueza cultural que abarca a tantas culturas, que nombrar todo lo que hemos recogido de ellas sería una labor exhaustiva, ¿un mexicano blanco sufre menos que el mestizo? ¿el mestizo sufre menos que el afrodescendiente? ¿el afrodescendiente sufre menos que el indígena? Y así podemos seguir y seguir, para la siguiente parte: ¿puede un blanco, desde su “privilegio” venir a hablar
sobre los problemas económicos? ¿no? (la respuesta realmente es que sí, pero dejen continuo con el imaginario compas) Entonces, ¿importa más la raza que la preparación? ¿o el género más que la sexualidad? ¿o donde nacemos más que nuestra clase social?
¿Van viendo?
Ahora vamos a lo interesante, ¿cómo hacen esta delimitación?, ¿cómo saben ustedes quien es el más privilegiado? ¿cómo discernir quien tiene menos privilegios? ¿hay algún método? ¿una tabla? ¿un test del Huffington Post que me pasen? Si fui a escuela pública toda mi vida, pero soy blanco, ¿estoy privilegiado?
Entre más variantes agreguemos a esto, más complicado se vuelve, más difusas están las líneas y más complicado se vuelve al querer llevarse a la práctica algo, pero más importante, más se alienta a la supresión de ideas y discursos por considerar que viene de voces que se consideran privilegiados.
Debo aclarar, que todo lo que he dicho sobre el discurso de privilegiados también aplica para ideólogos de derecha que buscan minimizar a millenials, a estudiantes de ciencias sociales, ateos, musulmanes, etc… Basándose en situaciones donde el individuo no tiene control alguno.

¿No les da risa que los Baby Boomers caigan en las mismas?

Muy probablemente, quien no coincida conmigo en mi diagnóstico del problema de la narrativa de los privilegios, me acuse de estar dentro de la ideología capitalista neoliberal burguesa que menosprecia al pobre y al marginado. No es así mis amigos, las minorías deben de tener voz, deben de formar parte del discurso público, pero esto no es un juego de suma cero, todos formamos parte de la sociedad, y todas las voces merecen ser escuchadas, todos los argumentos a favor y en contra deben de tener espacio dentro del diálogo, y las ideas deben de ser criticadas por su esencia y su sentido sobre el origen.
Pero bueno, espero que este texto sea mi primera disertación sobre muchos otros temas por venir, que estoy ya esperando esperando a la gente con antorchas.

“¿Qué es ese gran resplandor allá afuera?”

 

 

@BlueGallade

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