Hace un par de años estuvo rulando por facebook una noticia sobre un niño con trastorno autista al que querían enviar a otro centro. La llamada resultaba ser algo así como «le obligan a separarse de sus amigos». La noticia dio vueltas porque la encontré en mi muro varias veces. Y ni decir tiene que apoyo a ese pequeño y la voluntad de sus padres en el asunto.

Sin embargo desde hace pocos años existe una práctica en nuestros colegios que consiste en combinar a los niños y niñas de distintas clases y mismo curso cada tres niveles, empezando por el paso de infantil a primaria. En la teoría se hace con criterios selectivos para que los niños, en su avance año tras año, no asuman roles negativos y eternos en la clase. Para que tengan oportunidad de «hacer nuevos amigos» y no se empestillen en los que hicieron en los primeros cursos y con los que se sienten más cómodos. Dicen que sirve para estimular a los más introvertidos y un sinfín de cosas más. Existe esa práctica y por lo que parece a mucha gente le parece bien. Dicen que a los niños «les irá bien así», «el enfado o la tristeza les dura dos días». No dicen nada de cómo les iría si respetaran sus relaciones y sus emociones. Aquí no ven el problema de obligar a un chaval a perder de vista a un amigo junto al que se siente a gusto, confiado y feliz, para que se les imponga otros nuevos de una forma algo menos aleatoria.

A mí me parece que todo eso es una patraña y que obedece a otros criterios más corporativistas aunque comprensibles, pero que acarrean unas consecuencias dañinas a la formación del carácter y la personalidad de los críos que los docentes y las madres y padres que la propugnan no saben o no quieren ver. Es mejor hablar de diversidad y de roles, que poner al descubierto cómo, con esta medida, el director de un centro le puede salvar el culo a los docentes más deficientes ante los inspectores de Educación. También se puede uno escudar en cosas aún más peregrinas para perseguir el mismo fin.

 

Jugar a Dios con los niños no está bien. Si algún niño necesita «cambiar de aires» pueden realizarse intercambios puntuales. Pero meterlos a todos de nuevo en el bombo cada 2 años sin venir a cuento y de forma constante desde que entran en educación infantil, es una putada. Una putada que les hace asumir desde una edad demasiado temprana que cualquier vínculo es tan sólido como decida un tercero. Que la amistad no es algo que merezca la pena cultivar. Que conformarse es lo más adecuado para prosperar. Esa especie de «indefensión aprendida» dañina e innecesaria que en otros órdenes de la vida nos imponen a los adultos, a los niños ahora empiezan a inoculársela desde pequeñitos. La mayoría de nuestros mejores amigos hoy día, de los tuyos y de los míos, lo son desde nuestra infancia. O por lo menos los que más recordamos. Entonces nadie veía mal que pasáramos “demasiado tiempo” con un mismo amigo, ¿verdad? Te dicen que si realmente lo son, el año que viene se buscarán en el patio y jugarán y no perderán el contacto y la amistad. Pero todos sabemos que eso es otra patraña. O al menos una verdad a medias. Los primeros días quizá. Pero luego el torrente de la vida los empujará a centrarse en su ámbito cotidiano y el contacto dejará de existir más pronto que tarde. Como una pareja de novios de 18 años que “se quieren mucho” pero que deben irse a estudiar a distintas ciudades. Para un crío de 10 años 100 metros son 100 kms, y un verano es más de un año. Pero bueno, al menos el concepto que tienen sobre la amistad y sobre la pertenencia a un grupo terminará pronto al mismo nivel que el que tiene el adulto más descreído. Quizá lo que buscan es que ganen tiempo.

O ganarlo ellos.

Iván del Río

Un saludo y mucho ánimo con el blog. Hace falta.

Sobre el escritor.

Los 40 no vuelvo a cumplirlos. Casado y padre de dos hijos, niño y niña. Me preocupo por su educación, y también por que adquieran valores igualitarios en el sentido real de la palabra, pero no soy religioso ni supedito mis convicciones a las de ninguna «religión», ni siquiera a la morada. Me gusta escribir, pero me gusta más dibujar.

 

 

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