No pasa un día sin que nos llegue alguna locura que pretende servir para acabar con la desigualdad entre hombres y mujeres. Que si mear de pie es machista, que si el fútbol es patriarcal, que si abrazarse entre hombres, que si esto, que si aquello. La agenda del feminismo se va agrandando y hay quien se frota las manos.

Creo recordar que es en el capítulo VI del libro I del Capital, páginas inéditas que no fueron incluidas en el libro definitivo, donde Carlos Marx explica que el proletariado y la burguesía no son sino funciones. Lo que significa esto es, que hasta Carlos Marx se dio cuenta de que no cualquier obrero era necesariamente explotado, y no cualquier empresario era necesariamente explotador, o que lo mismo, un individuo podía estar en una o en otra categoría, incluso dependiendo de la hora del día que fuese. Estas categorías son funcionales. No estoy seguro de si Marx vio o no vio esto, y da igual si lo vio porque lo dejaron fuera de de la edición definitiva del Capital, así que no consta. El que si lo vio muy de cerca fue Lenin, y no le quedó otra que darse cuenta de que lo que quieren los obreros en realidad es progresar, ganar dinero y vivir a gusto. No hay proletarios absolutos, ni burgueses absolutos. El sujeto no tiene estructura ontológica. Por eso tuvo que poner en funcionamiento la maquinaria del terror estatal, porque los putos proletarios no querían ser salvados. De todo esto se discutió dentro del comunismo europeo, mientras en Rusia, china, y por ahí, caían como moscas, pero de poco sirvió tanto debate. Las ideologías pueden nacer llenas de matices, pero lo que es inevitable es que lleguen a la práctica como ideas toscas, que como si fueran ladrillos, se pueden lanzar contra otros.

El nuevo marxismo ha cambiado proletariado (clase explotada) y burguesía (clase explotadora) por mujeres explotadas y hombres explotadores (sistema de opresión patriarcal). Es la misma lógica. Por supuesto, hay muchos feminismos, y muchos matices, y grados, aunque ya nadie sabe quién defiende qué, pero la base es la misma, segregar a una parte de la sociedad y exigir algo especial para ellos. La clave está en la palabra “exigir”, porque lo otro, pensar que perteneces a un colectivo es una decisión legítima, y pensar que ese colectivo está oprimido también, que cada cual piense lo que quiera. Pero no va de libertad esto.

Mucho se está argumentando en base a la petición de igualdad real, más allá de la igualdad jurídica. Esta petición de igualdad real es interesante porque lo que implica es que la igualdad jurídica no es  suficiente, y que hay que implantar la igualdad real, pero ¿esto quién lo hace? Para esto es necesario la actuación de un ente superior a los individuos que quiera aplicar la coerción, aquí es donde el matiz de “exigir” se vuelve importante, porque parece ser que el Estado es el elegido para esta función. Al Estado le da igual la ideología, y los matices. El Estado solo quiere aumentar sus competencias, quiere crecer, llegar más allá. Así que esta teoría que dice que cualquier hombre, en cualquier circunstancia, en cualquier momento histórico, en cualquier caso particular o general, es un explotador de cualquier mujer, en cualquier circunstancia, en cualquier momento histórico en cualquier caso particular o general, al Estado le viene muy bien. Esta teoría implica que los sujetos tiene estructura ontológica en esta relación, lo que al Estado se la pela. También se la pela si toda esta historia se acaba convirtiendo en un desastre, el Estado nunca pierde.

El comunismo lo que pretendió, y algunos todavía parece que pretenden, es igualar a la clase explotadora con la clase explotada. La realidad ha demostrado que esto es imposible de hacer por arriba, la economía no lo soporta, y que hace falta una maquinaria más allá de lo humano para igualarlos por abajo, no hay quien oprima tanto a la gente como para anular su desigualdad, ni siquiera en la unión soviética, o china lo consiguieron. No puedes evitar que individuos particulares tengan iniciativas que otros no tienen, por mucho que les destroces la vida, o los mandes a un campo de concentración, o mates a toda su familia, siempre habrá quien tenga más iniciativa y visión de futuro. Hasta entre los mendigos los hay más y menos emprendedores. Por lo tanto y sin mayor problema, entendieron que la única igualdad vendría de deshacerse de estos que muestran algún tipo de iniciativa, da igual la clase que sean. Como en realidad no existen sujetos concretos reales burgueses explotadores, sino que es una categoría ficticia, tuvieron que cargarse a los que se asemejaban a los burgueses. Por eso en estas purgas cayeron cientos de miles de personas que podrían considerarse de clase obrera, pero que por alguna razón no lo parecían del todo.

El conflicto profundo del feminismo actual, da igual el grado, si considera que todo hombre es explotador, y vive en un régimen de privilegio, respecto a cualquier mujer, que es oprimida, es que a esa igualdad que pretenden alcanzar, que va más allá de la igualdad jurídica, solo se puede llegar poniéndose en manos de una maquinaria estatal que aplaste a la clase opresora, o la extermine, aunque sea como concepto, que es otra manera civilizada de exterminio. Difícil lo tienen porque no solo los hombres son patriarcales para las feministas, también lo son la mayoría de las mujeres. Parece exagerado, pero no lo es si se trata de pensar a través de qué mecanismo se quiere erradicar, por ejemplo, que una chica por la noche tenga miedo yendo sola. Este caso solamente implica tantos miles de factores: la psique individual, la relación con el subconsciente, la educación, los valores familiares, el carácter, el desarrollo social, la alimentación, el lugar, la arquitectura del lugar, se me ocurren muchos factores que pueden afectar a la hora de que alguien, en este caso una chica tenga miedo por la noche. Pero para el feminismo solo hay una causa: el patriarcado. Al pensarlo así se creen que se puede modificar este compleja constelación de factores con solo poner en funcionamiento lo que dicta la ideología, y de toda esta constelación de elementos, pasan por alto por supuesto, la responsabilidad individual.

Que alguien me diga cómo convencemos a toda la humanidad de que traten de que las chicas solas que caminan por la noche no tengan miedo ¿cómo? si el miedo es la cosa más íntima que existe. Sencillamente hay que anular toda posibilidad de que algo así ocurra, hay que eliminar a todo individuo que pueda llegar a estar en una situación que pueda llegar a provocar miedo en una chica (cualquier chica), e incluso así, prohibiendo que ningún hombre deambule de noche, habrá mujeres que tengan miedo de otras mujeres. Entonces habrá que diferenciar entre mujeres que dan miedo y mujeres que tiene miedo, y prohibir que salgan de noche las primeras, y etcétera, etcétera. El pre-crimen se queda corto. Este es un ejemplo mínimo, imaginemos que ponemos encima de la mesa toda la agenda del feminismo extremo, y al lado todo el presupuesto del Estado, lo siguiente es una distopía difícil de concebir. Este ha sido siempre el peligro de confundir categorías, algo que le pasa a los fanáticos religiosos, y que sigue pasando en países filocomunistas, en los que la ideología se lleva a lo rea. Simplemente porque cosas como la plusvalía, o la alienación, son categorías cuasi simbólicas, son supersticiones religiosas, mitos urbanos, y no cosas reales. Más real es la chica de la curva, o las psicofonías.

Si ordenas la sociedad en base a ideas de este tipo el desastre es de dimensiones históricas. El patriarcado, ahora mismo, es una superstición. Es como buscar pecadores a punta de pistola, y ni uno se salva. Todo el mundo, aplicando el dogma estrictamente es pecador. Toda mujer, mirada con lupa, es una representante del patriarcado, toda mujer tiene deseos subconscientes, toda mujer a veces mira su reflejo en alguna superficie para verse, toda mujer mira alguna vez con deseo, toda mujer, hasta la feminista más extrema, es una pecadora de su propio dogma.

Alguien dijo que el revolucionario no entendía realmente la revolución hasta que le cortaban el cuello. Este nuevo marxismo, que pretende la la erradicación de toda desigualdad, mejor dicho, de toda diferencia, no es más que un Caballo de Troya para que el estatismo democrático amplíe sus competencias, y así nos puedan robar más y más, con la excusa de la igualdad.

Primero habrá un representante del Estado en cada patio de colegio, reprimiendo a los niños y empoderando a las niñas, luego uno en cada calle, ordenando la luz y la sombra, luego en cada edificio para vigilar el igualitario uso de la escalera y del ascensor, para acabar entrando en nuestras casas, y en nuestras camas. De aplicarse esta agenda distópica, anti realidad, las que ahora gritan “muerte al patriarcado” se deslizarán por la noche para comprar una barra de labios en el mercado negro, evitando a las policías del honor feminista.

Por Peter Swordgold

 

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