Los ataques a la libertad de expresión no es algo novedoso de nuestra época. Como dice un compañero de Disidencias, es un derecho que se ha defendido muy poco y que en muchas comunidades ni siquiera existe. Es más, podríamos considerar que el odio a la libertad de expresión es anterior incluso a esta libertad.

 

Ya Platón arremetía con dureza contra dicha libertad durante toda la República, y no solo contra los pensamientos políticos disidentes, sino a múltiples ámbitos, entre los que, para mi sorpresa, incluyó la propia música, atacando los tipos de armonías y melodías que no fuesen acordes para la creación de un alma serena. Los ataques a la libertad, en este caso, de expresión, son siempre constantes e inevitables, pero, ¿que es lo que los motiva? ¿Qué es lo que motiva dicho ataques? Pues debemos considerar, como mínimo, dosmotivos. El primero de ellos es que la libertad es peligrosa, quiero decir, quien es libre, puede equivocarse y puede hacer el mal, algo que define perfectamente Huxley en un Mundo feliz, la libertad es el derecho a equivocarse, a ser infeliz, a pecar, a “ser un clavija redonda en un agujero cuadrado”. Aquella gente que busca ansiosamente la seguridad, busca limitar la libertad, como la madre sobreprotectora que no deja salir a su hijo de casa.

La segunda razón y más oscura, es que a menor libertad, cuantas menos posibilidades, más facilidad para que el individuo elija la puerta que le marca el dirigente, más fácil es controlarnos. Es cierto que a veces las líneas que separan ambos motivos es difusa, siguiendo el ejemplo anterior, ¿quiere la madre proteger a su hijo, o, lo que no quiere es que no abandone el nido y se quede con ella en un acto completamente egoísta?

Es por esos motivos, que no podemos esperar que esos ataques cesen, pues pocos son los capaces de asumir la responsabilidad de aceptar que equivocarse. Aunque todo el mundo sepa que pueda estar equivocado, o cuanto menos acepte esa posibilidad, pocos son conscientes de ello, son adolescente delante de la muerte, quien por mucho que sepa que va a morir, actúa como si el final no fuese a llegar nunca. Si uno piensa que no puede estar equivocado, como si poseyese la verdad como un Dios, pensará que el resto o bien es estúpido, o bien es malo, pues esos son los dos únicos motivos que pueden llevar al ser humano a no seguir la verdad. Para permitir la libertad de los demás uno debe repetirse a sí mismo “Respice post te, hominem te esse memento”, es decir, ser conscientes de que uno mismo es incapaz de trazar el movimiento circular, es imperfecto y por tanto, nuestras ideas tampoco lo son. En cuanto uno se cuestiona sus propios valores permite que los otros se lancen en la búsqueda de dicha verdad. No es casualidad que los ataques a la libertad provengan muchas veces de interpretaciones extremistas de la religión. Si crees en Dios, si esa es la palabra directa de Dios, este no puede equivocarse y quien viole con sus actos o sus ideas está atacando a Dios. Algún lector suspicaz podría sospechar que hoy en día hay muchas religiones que no necesitan un Dios.

También es necesario puntualizar que siempre hay ciertos valores a los que se es imposible renunciar por ser fundamentales y el núcleo duro sobre los cuales se erige la nuestro proyecto vital. Sin ellos sería imposible llevar una vida digna coherente y ética, en otras palabras, se puede limitar la libertad, y dicha limitación puede ser a capas, no absoluta. Todo depende de la capacidad de daño que estés dispuesto a tolerar. Me resultan algo absurdos aquellos que no ponen límite alguno, casi tanto como los que ponen límites en el cielo.

Para ejemplificar, si consideramos que la vida humana es el valor supremo limitaremos el ejercicio de libertad de matar a una persona bajo cualquier circunstancia.


Siento descentrarme del objeto de esta modesta reflexión, pero considero importante antes, entender un poco de la idea de la cual participa la libertad de expresión, la libertad. Una vez hecha, puedo ir concretando más en la libertad de expresión, intentar definirla, pero antes quiero puntualizar que no voy a tocar el tema de la libertad desde un punto jurídico, pues como bien decía Ortega “las normas jurídicas no son más que “la carcasa de lo que sucede profundamente en toda sociedad​”. Hay que examinarlas desde un plano social que es el realmente interesante y el que determina si la libertad de expresión es efectiva, incluso teniendo normas jurídicas que no lo permitan. Adolece nuestra generación de una dependencia demasiado exagerada de los poderes públicos, pues parece que debe ser el estado quien nos otorgue nuestros derechos y libertades, como si los derechos y libertades fuesen un estado natural en el orden humano y cuya falta no fuese más que una sustracción por parte de unos pocos. La libertad, que no es más que poder, es algo que solo puede poseer uno mismo, no esperes nunca que otros te lo den.

 

Como decía Epicteto “La naturaleza tiene el derecho a darte un gobernante, pero no a que este sea bueno”. Con esto no quiero decir que no debamos exigir al estado que regule y garantice dicha libertad, sólo que la acción del estado es insuficiente, e incluso inane, si no va acompañada por la voluntad de los individuos de emplearla correctamente.


En cuanto a la libertad de expresión cuenta con dos caras:

Una primera vertiente, la que todos conocemos, la parte más visible, es la parte de libertad que consiste en expresarse como y sobre lo que queramos, es decir, expresar lo que opinemos o no, respecto a cualquier tema (desde religión a ciencias) de la forma que queramos; incluso a no decir nada (7. De lo que no se puede hablar… ). No se limita a la exposición de ideas a través del lenguaje verbal, abarca todos los ámbitos en los que nos expresamos, como por ejemplo, la forma de vestirnos (“Nulla Ethica sine aesthetica”) entre muchas otras formas de expresión. Pero existe otra cara de la moneda que es la que me parece realmente interesante y parece oculta. En el mundo anglosajón, todo derecho se ve como contrapartida de un deber, y es a mi parecer algo completamente lógico. Quiero matizar que no hablo de un deber exigible jurídicamente, pero si moralmente. Todo derecho tiene un motivo de ser: Su uso. El derecho de la propiedad no existe para que simplemente poseamos casas, sino para que las empleemos. Usted obtiene la propiedad sobre una granja para que la cultive y le saque partido, ya que ese provecho individual repercute positivamente en la sociedad (al menos en eso se basa la concepción de la propiedad privada, se esté de acuerdo o no). Lo mismo ocurre con la libertad de expresión. No existe únicamente porque sea hermoso que la gente diga lo que le salga, sino para que se pueda ir en búsqueda de la verdad, ya que nada mejora más una sociedad que el conocimiento. Y en el ejercicio de este derecho es tan importante expresar lo que opinemos como escuchar lo que no queremos, pese a que nos cueste, pese a que nos enfade, algo por otra parte, natural. Si se dialoga cual método mayéutico, vamos desechando nuestras contradicciones, evitando nuestras pereza intelectual y moral, cáncer de toda persona y por tanto, de cualquier sociedad, ampliando nuestros puntos de vista, en fin, un ejercicio de gimnasia mental.

Si queremos tener una verdadera libertad de expresión, debemos saber aprovecharla y sacar partido de ella siendo incluso secundario si los estados nos amparan o no. Puede que esté prohibido leer libros, pero si se publican y se leen en la clandestinidad puede haber más libertad de expresión efectiva que en una sociedad donde dicho derecho quede garantizado con infinidad de leyes, no se ejerza. A veces, por ejemplo, nadie reprime más que una turba, pues puede ser más tirana que los propios gobernantes, al igual que cuando se condena a Jesucristo a la crucifixión, es el pueblo el que le condena, y no Poncio Pilatos, el estado, que se lava las manos.

En cuanto al uso que se hace en esta época de dicha libertad, mi valoración es complicada ya que soy joven para comparar con otras épocas, sin embargo, aunque es verdad que existe bastante censura por partes de ciertos grupos y respecto a ciertos temas (curiosamente suelen ser los acaban en “ismos” e “istas”) si que considero que hay una parte de la población que está muy abierta al debate y a escuchar diferentes propuestas y contrastarlas, seguramente más que nunca, lo cual se puede observar gracias a la gran cantidad de foros que existen en internet, no limitándose al foro clásico, sino también a twitter o facebook. Pero esto no solo ocurre con las ideas verbalizadas, existen muchas vertientes de expresión en diferentes ámbitos, las cuales son respetadas (respetar también entraña criticar), como por ejemplo la música, donde cada uno puede escuchar y tocar el estilo que le apetezca. Creo que no podemos estar muy preocupados en esta parcela, o al menos, no más que en otras épocas. Radicales siempre existirán, limitados son el oro y la plata, el bronce no.
Pero no podemos olvidar otro punto. La calidad de dicha libertad de expresión, es decir, la calidad de las ideas y argumentos, pues como en todo, no solo es cuestión de la cantidad. En este contexto, me parece acertado un antiguo artículo de Julián Marías (padre de Javier) “La autoridad intelectual” , donde exponía que el debate intelectual de aquel momento parecía completamente decaído, no por la censura, la cual los buenos intelectuales siempre habían sido capaces de esquivar, sino por cierta comodidad moral y miedo de perder su posición social. El bajo nivel del debate si que me parece alarmante, y no solo eso, sino que es notorio en periodos muy breves de tiempo.

Piérdase un momento en youtube y vea los debates políticos de los años 80 o 90, compárelos con la Sexta Noche, donde a los tertulianos parecen sacados de la barra del bar “Chicho”. Decayó tanto el nivel de argumentos como incluso el nivel de lenguaje. O por ser más claro, caso muy sangrante y creo que fácilmente vislumbrante, el caso de los escritores y filósofos. No me remonto a principios de siglo, sino hasta hace muy poco. Compare usted a Cela o Umbral con Javier Marías o Reverte, caso sangrante el último, pues parece ser unos de los intelectuales más importantes de España, cuando con todo el respeto hacia su persona no llega al nivel para ser referente. ¿Qué sucesores tienen Julián Marías, Gustavo Bueno o Trevijano? Tal vez Ernesto Castro, quien tiene muy buena pinta, pero, como con todo intelectual, con mucho Aquí y ahora, trabajo por hacer.

 

Incluso si uno quiere alzar su mirada a la totalidad del globo podemos observar que la presencia de esta enfermedad no es algo que golpee a un único miembro, sino que está presente en todo el cuerpo. Contamos pocos referentes, tan pocos que hasta Jordan Peterson parece que puede guiar a una generación, cuando en realidad sigue los pasos de Jung, y no crea su propio camino. Peterson seguramente no tendría espacio en otras épocas, o si lo tuviese, tal vez no pasaría de una moda pasajera. Lo mismo opino de Zizec. No son malos, pero creo que han existido intelectuales mejores (en todo caso están a años luz de un servidor, que es un simple divulgador). Es posible que exista gente de un nivel excelente, no lo niego, pero están completamente invisibilizados, y ahí radica el problema. La libertad de expresión efectiva se basa en la efectiva visibilidad de argumentos y contraargumentos, no en poder decir lo que uno quiera.

Tenemos un grave problema, la pérdida del nivel de debate, cuyas causas deberé dejar para más adelante, pero si lanzaré un pequeño adelanto, creo que el problema, no solo se halla en la crítica de Marías, es decir, por culpa de comodidad, sino porque el intelectual ha dejado de trabajar en post de la verdad, para trabajar para convencer a las masas. Tal vez no podamos cambiar que se plieguen ante nosotros, pero si depende siempre de nuestras elecciones, podemos obligarles a subir el nivel, eligiendo siempre al mejor y no al más mediocre.

Para finalizar, si usted me permite regalarle un consejo, si cree en la libertad de expresión sea crítico con los que piensan como usted, escuche a lo que no digan lo que usted cree.

 

Luis Baena Marcos

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. “En el mundo anglosajón, todo derecho se ve como contrapartida de un deber, y es a mi parecer algo completamente lógico. Quiero matizar que no hablo de un deber exigible jurídicamente, pero si moralmente”. Esta afirmación está muy alejada del mundo anglosajón realmente existente. El modelo dominante en esos países es el de los derechos SIN deberes, y los deberes SIN derechos, para la población realmente productiva. El multiculturalismo y la política identitaria han impuesto este estado de cosas. La unión de derechos y deberes nos la enseñaron los romanos con concepto de la civitas, aunque tampoco fue invento de ellos claro. El Reino Unido es un estado cuasi totalitario que no toma ya como referente a Europa sino a Oriente Medio de donde viene el capital que mantiene a flote el país: no puede ser nuestro modelo. España y el sur de Europa tienen que buscar su propia alternativa.

  2. Le pasa a usted como a mí, tenemos el mismo defecto: escribir más de lo necesario. Yo repaso mis textos y borro todo lo que puedo después de “acabarlos”, para ir poco a poco escribiendo menos. Le recomiendo hacer igual; lo importante es transmitir una idea clara sin permitir que el lector se distraiga. Piense que no pocos lectores de sus artículos están sentados en la taza del wáter o esperando su parada para bajar del bus.

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