NOTA: Este artículo se publicará dividido en tres partes, semanalmente. 

La obra:

Silvia Federici (1942) sostiene, en esta obra, la tesis de que se “identifica como conditio sine qua non para el surgimiento y mantenimiento del modo de producción capitalista el aprisionamiento de las mujeres en el plano del trabajo reproductivo: el cuidar del hogar del varón, criar y educar a sus hijos, etc. sobre el que volveremos más adelante”[1].

Capitulo 5º:

Introducción

Que en las colonias del Nuevo Mundo se siguió la misma política de acusación y caza de herejes e, inclusive, conllevó ciertas renovaciones en Europa, es la tesis que aspira a demostrar Federici en este último capítulo.

Entre múltiples factores de esta interrelación del Nuevo y el Viejo Mundo menciona:

  • Nuevas relaciones de trabajo debido a la llegada del oro y la plata de América.
  • Considera que el que se emplearan los mismos métodos en América que en Europa, es muestra de continuidad en la creación del capitalismo. Pese a lo cual parece olvidar aquí que un imperio nunca se forja sobre petunias. Más adelante veremos que esto lo “olvida” para con otros imperios del periodo, aunque a ella le cogería cerca recordar a Roma y su expansión.
  • La acusación de “adoración al diablo” fue un elemento clave de la conquista. Cupiera recordar que “adoradores del diablo” o “falsos Dioses” había muchos, así pues vuelve a jugar aquí con una curiosa vara de medir por la cual iguala herejía y brujería, olvidando la relación que existe entre hiperónimos e hipónimos. Muestra de este empecinamiento feminista de “visibilizar” [bendita visibilización] es el cínico reproche que le lanza a Luciano Parineto, por “la insistencia […] en señalar que la persecución de las brujas era neutral en relación al género” (p.293).

Así concluye que la caza de brujas sirvió para:

  • Infundir miedo.
  • Eliminar disidencia.
  • Enfrentar a las comunidades entre sí. Esto es una falsedad, las comunidades ya estaban enfrentadas entre sí, veremos más adelante un clarísimo ejemplo de esto (Tenochtitlan).
  • Justificación de la esclavitud y el genocidio.

 

Ante la evidencia de que sí se produjo un genocidio tal… ¿Cómo pudo subsistir la cultura indígena hasta la actualidad? La autora encuentra justificación en una “lucha de las mujeres”, entre otros factores. Esto tomará un apunte fundamental más adelante; pero podemos anticipar una cuestión clave: si el imperio español hubiera querido liquidar la cultura indígena, ¿qué le impidió hacerlo como se hizo en las colonias británicas? Piénsese en Australia, en Tasmania o en la América del norte no española. Téngase bien claro que en su momento de apogeo, España era la principal potencia militar de occidente, por lo cual la flaqueza en este aspecto no se produjo. Insisto en que esto lo retomaré más delante, pero quede la duda en el aire.

El nacimiento de los caníbales

Podemos ya plantear como en debate el tratamiento de los territorios españoles plus ultra como colonia.

Afirma Federici que, si bien la acusación de “adorador del diablo” ya era extensa en Europa, la acusación de brujería aún no. La publicación a gran prisa de El martillo o Malleus Maleficorum en 1486 de Sprenger y Institoris,[2] el aún más antiguo Directorium Inquisitorum en la segunda mitad del s. XIV, por el catalán Nicolás Aymerich, o el famoso libro La nave de los necios de Sebastián Brant (1494), donde encontramos el famoso capítulo “Del Ocaso de la Fe” (la ‘cúspide de la obra’)[3]; entre muchas otras obras, podrían poner ampliamente en tela de juicio esto.

 

Describe Federici una Europa cristiana agresiva, que mira al otro con desidia; que mediante etiquetas de “caníbal”, “bárbaro”, “infiel” y otras se justificaba la represión. Estos términos serian exportados al mundo colonial. De todos modos, sería recomendable que atendiera a que esto mismo sucede en otras culturas. Por ir al vecino rico, miremos una anécdota en Bagdad, donde “en 1213 unos quinientos pueri franceses serían ejecutados públicamente, por negarse a rezar a Alá”[4]. Las guerras ideológicas están lejos de ser exclusivas del cristianismo y, por desgracia, están exentas del corsé de “limitarse a un periodo”; piénsese en Boko-Haram.

 

Afirma Federici que la visión del indio como un ser que vive en estado natural, hace entender al español que es un potencial animal de carga. Esta es una demagogia de tal calibre que ni el Cañón de los Dardanelos otomano podría soportarla.

Federici considera acertadamente que el plantear al indígena como un salvaje a “civilizar” fue una buena excusa para que España obtuviera la bendición papal para lanzarse a la conquista del continente, con la finalidad de evangelizar la población; de todos modos las Bulas Alejandrinas nunca ocultan una finalidad monopolística del comercio y recursos. Lo que pudiera ser más discutible es la “licencia para matar independientemente de lo que las supuestas víctimas pudiesen hacer” (p. 295). Aquí deben destacarse dos líneas de análisis que a Federici le encanta “olvidar”:

1) Los imperios se construyen siempre encima de un montón de escombros y de sangre, sí. Pero, ¿acaso la URRSS es un ejemplo mejor, siendo un territorio agrícola, comunista, y con una ideología laica cuando no atea? ¿Acaso los pueblos Mongoles se expandieron más generosamente en el s. V por Europa? ¿O fue más melifluo el Imperio Romano ante los pueblos bárbaros de Bretaña? Con esta base bien aclarada debemos plantear el análisis histórico del siguiente modo: ¿Qué dio ese imperio al mundo?

2) Durante y tras la conquista de las Indias, en España se fue muy crítico con los métodos. Y no hablo de las bajas capas sociales; hablo de los mismo monarcas. De momento solo quisiera recordar que en el testamento de Isabel I la Católica[5] se hace explícita alusión al trato que se le debe dar a los Indios:

Ytem. Por quanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las islas e tierra firme del mar Océano, descubiertas e por descubrir, nuestra principal intención fue, al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro sexto de buena memoria, que nos fizo la dicha concession, de procurar inducir e traher los pueblos dellas e los convertir a nuestra Santa Fe católica, e enviar a las dichas islas e tierra firme del mar Océano perlados e religiosos e clérigos e otras personas doctas e temerosas de Dios, para instruir los vezinos e moradores dellas en la Fe católica, e les enseñar e doctrinar buenas costumbres e poner en ello la diligencia debida, según como más largamente en las Letras de la dicha concessión se contiene, por ende suplico al Rey, mi Señor, mui afectuosamente, e encargo e mando a la dicha Princesa mi hija e al dicho Príncipe su marido, que ansí lo hagan e cumplan, e que este sea su principal fin, e que en ello pongan mucha diligencia, e non consientan e den lugar que los indios vezinos e moradores en las dichas Indias e tierra firme, ganadas e por ganar, reciban agravio alguno en sus personas e bienes; mas mando que sea bien e justamente tratados. E si algún agravio han rescebido, lo remedien e provean, por manera que no se exceda en cosa alguna de lo que por las Letras Apostólicas de la dicha concessión nos es inyungido e mandado.[6]

Capítulo XII (Indios, su evangelización y buen tratamiento)

Testamento de la Señora Reina Católica Doña Isabel, hecho en la villa de Medina del Campo, a doce de octubre del año 1504

 

Como bien reconoce Joseph Pérez sobre las Leyes de Indias, “con frecuencia se la ha calificado de hipócrita con el pretexto de que no impidió de verdad a los colonos explotar a los indios. Es cierto, pero al menos tuvo el mérito de existir”[7].

Destaca a continuación Federici algo muy curioso; las consideraciones que se tuvieron sobre los pobladores del Nuevo Mundo. Un tándem:

  • Por un lado, la idea del salvaje, el caníbal.
  • Por otro lado, el paraíso en la tierra.

Da a entender que esta segunda imagen es una excusa para “intentar” -por medios pacíficos- la conversión, y también señala, mediante Roberto Retamar, que esta terminología indica una incapacidad para considerar a los indios como personas sin más. En este último punto, Retamar señala, dice Federici, que el hecho de que tanto Caníbales como indios pacíficos (tainos) fueran “exterminados” implica que ambas imágenes están conectadas. Lo primero es decir que esto no es “ni chica ni limoná”: ¿La igualdad de resultados implica igualdad de procedimientos? Así pues, si los caníbales son exterminados por enfermedades y los tainos mediante armas, es lo mismo… No importan ni los medios ni las motivaciones. A parte de esto que es un despropósito de afirmación, encontramos un juego desagradable que es el de la indefinición: ¿Qué quiere decir que fueron exterminados? Se ha demostrado sobradamente que el “exterminio” se produjo por enfermedades, que ya se había producido una decadencia del imperio Inca, y que se producían constantemente guerras interiores… así pues, ¿cuál es exactamente el exterminio de los españoles? ¿El belicoso? Veremos en breves que no es tan simple como se quisiera que fuera.

 

Paulatinamente, dice, la imagen del Taino va perdiendo fuerza en pro de la del salvaje, que no merece más que represión. Esto se debe, según Federici, a una maquinaria de propaganda que logra establecer una versión unitaria sobre los indios como salvajes. Cita La historia natural y moral de la Indias de José de Acosta, como muestra de esta propaganda, donde se describen y critican vehementemente los sacrificios humanos que se llevaban a cabo -en algunas festividades- por parte de los indios. Federici considera esto algo cínico por parte de los españoles cuando estos provocaron la muerte de 100.000 personas en la ciudad de Tenochtitlan, en 1521.  A todo esto se le puede responder en un cómodo formato de lista:

  • ¿Es acaso mentira que se producían sacrificios masivos? Tal vez las injusticias iban mucho más allá; pese a lo cual no le interese acoger el testimonio de La Malinche, quien se opondría a unos regímenes de gran injusticia, en especial para la mujer. Curioso que Federici sea la feminista.
  • De esta supuesta maquinaria propagandística, curiosamente introduce las imágenes del calvinista Theodore de Bry (1528-1598), quien tuvo que huir por motivo de su religión, en 1570, ante la persecución de los españoles. Alfredo Bueno nos recuerda que de Bry no viajó a las américas, y cuanto grabó fue en base a historias oídas y leídas. Entre las obras que cita como fuente de inspiración escasean las españolas, por no decir que son apenas un par. La obra de Bry tuvo una gran influencia en Europa, pero esta no es una fuente fiable por:
    • Emplear fuentes secundarias, pocas de ellas españolas
    • Ser un calvinista expulsado por los españoles, con gran potencial para encender el ventilador de la leyenda.
    • Inspirar muchas de sus figuras en elementos clásicos antes que en una realidad indígena. Dirá bueno que “en lugar de recordar a los dioses del panteón prehispánico, fueron las imágenes del Olimpo greco-latino las que prevalecieron”.[8]

 

Joseph Pérez advierte que imágenes como estas entraban en una “iconografía al servicio de la ideología”.[9] Es una constante temible la que se              cierne sobre la historia de España: la leyenda negra.

  • El último punto de la retreta empleada por la italiana es la reprimenda moral que se permite a los conquistadores españoles. Se plantea si no es cínica la actitud de los españoles ante los sacrificios, teniendo en cuenta que el mismo Cortés afirmó matar a 100.000 personas en la toma de Tenochtitlan. Sería interesante para su formación una investigación historiográfica antes que sociológica, y mucho más antes de permitirse estos dejes de Social Justice Warrior. Lo primero es aclarar que Corté sí que fue criticado por su actuación durante las conquista de la ciudad, pero lo más importante es lo que nos describe H. F. Hoffman:
  • En la campaña final contra Tenochtitlan, los 904 europeos de Cortés se veían ampliamente superados por los aproximadamente 75.000 nativos americanos también en el bando español. Estos nativos combatían en tierra y en canoa en el lago, transportaban los bergantines y los sumarios hasta la orilla del lago, y abrieron brechas en las calzadas para permitir el paso de los bergantines durante las batallas.[10](Pp. 16-17) Le hubiera resultado ingentemente enriquecedor, en términos generales pero en especial en este episodio, a Federici saber que el imperio español es justamente uno de esos imperios anómalos que siguieron una doble línea de conquista; una manu militaris (lo normal) y otra diplomática. Persiste aun a día de hoy en américa la expresión “la conquista la hicieron los indios y la independencia los españoles”, para darnos una idea del grado de colaboración al que se llegó. Buena muestra de esto son los dibujos que presenta Felipe Guaman Poma de Ayala en su Nueva Chrónica y Buen Gobierno (1615), donde si bien se denuncias algunos abusos cometidos por los conquistadores, muestra de igual modo gran cantidad de acontecimientos por los cuales los pactos, los tratos y al convivencia fueron un fuerte pilar de las relaciones con los indios. Evidentemente Federici se regodea (Pp. 304, 307) con las escenas de violencia que muestra Guaman Poma de Ayala, pero bien poco le importa la otra cara de la moneda –en su línea-.

 

Federici considera que es factible hacer una analogía entre el canibalismo y los remedios que la medicina de la época ofrecía. De esto desconozco sinceramente si es cierto o no; pero en ningún momento aclara si estos remedios se daban también en España, donde habían estado los árabes con una tradición higiénica mucho más avanzada que la europea (sirva de muestra que menos judíos murieron durante las pestes que europeos). De todos modos, el sacrificio me parece que sí que podría estar más cerca de un xoc real, y no una criminalización forzosa invocada por los conquistadores para justificar sus fechorías.

 

A continuación realiza dos afirmaciones escandalosas, escandalosamente ingenuas. Para justificar esta “propaganda” europea contra los indígenas, pone de ejemplo que los españoles explicaron las numerosísimas muertes por enfermedad debido a un castigo divino. Cupiera destacar dos puntos;

1) Esto no era una creencia extraña: cabría recordar que el Papa Gregorio VII (1015-85) debe enviar una carta al rey Harold III de Dinamarca (1040-80) incitando a este a intervenir sobre el pueblo, que cree que las tormentas y los rayos son causados por brujerías, e inclusive llevan a acabo ejecuciones no organizadas.[11]

2) Se ha demostrado sobradamente que las epidemias tuvieron un impacto fundamental para poder explicar el decrecimiento demográfico. Esto aún se sigue discutiendo; Hoffman (2016) afirma que no fue tan importante el impacto de la enfermedad como de la nueva tecnología/lógica, mientras que J. Pérez (2009) sí que le otorga relevancia y lo junta con una reacción nativa junto a la nueva situación (esto último muy habitual durante las invasiones a cualquier país en cualquier momento histórico).

 

El segundo hilo es sencillamente indecente, un insulto a la historia del derecho, de la moral, de la historia de Europa y una burla al lector.  El debate que se inicia en Valladolid, en 1550, respecto al cómo proceder sobre los indígenas. Considera Federici, que esto nunca hubiera sucedido sin una difamación previa por parte de los españoles/europeos. Esto lo que demuestra es una incapacidad atroz por parte de Federici de ahorrarse criticas de carácter presentista cuando hace su análisis sobre la historia. Esto es, sencillamente, una falta de profesionalidad como una catedral, ante la cual me siento ofendido como aficionado a la historia pero, aun mas, como alguien que se apasiona por aquello fuera de lo común, ya sea a lo largo el tiempo y/o el espacio. Cuando dice “hubiera sido impensable sin una campaña ideológica que los representara como animales y demonios”, (p. 299) sencillamente no ha estudiado los procesos coloniales y/o imperiales que se han producido a lo largo de la historia. Si tan impío resulta el proceder español, me gustaría sencillamente plantearle qué fue mejor:

  • El debate español
  • El Genocidio de Tasmania (1828-1832). Donde se -literalmente- cazó a negros para despoblar la región. También podríamos recordar que, durante la conquista del oeste en norte-América, para recibir el pago por cazar a indios se debía presenta su melena con el cuero cabelludo; me ahorraré entrar en detalles sobre el proceder.[12]

 

Ciertamente en España se plantea el debate, lo cual estuvo lejos de producirse en Inglaterra, en Holanda, en Francia o en Italia. Más que un reproche, debiera ser un alago el que hiciera la escritora. Además por algo esencial: el derecho de Indias se puede considerar el padre del derecho internacional[13], con el cual se procura a día de hoy obrar con justicia, y al cual han acudido tarde o temprano colectivos diversos con justificación de socialistas.

El debate, que se inició en 1542 por expreso deseo del emperador Carlos V, encuentra sus causas en las críticas que se realizan desde el interior del reino al proceder de la conquista. Como ya hemos dicho, esto es algo único en el momento.  Dos son los beligerantes: Juan Ginés de Sepúlveda y Francisco de Vitoria. El primero propuso una tesis muy aceptada en el XIX en Inglaterra y Francia; que los pueblos superiores tienen la obligación de imponer dogmas más modernos y evolucionados a los pueblos inferiores, y tomar su tutela. Recordemos las muy variadas caricaturas que se hacen a lo largo del s. XIX al respecto; curiosamente España se adelantó, pues la Universidad de Salamanca y Alcalá, dos centros de la modernidad -poco estudiados en los colegios españoles- se negaron a este planteamiento sabiendo que era una propuesta contraria al dogma cristiano. En 1550, se retoma el debate para intentar zanjar la cuestión del derecho de Conquista sobre otros pueblos; la cuestión gira en torno a:

  • ¿Puede un pueblo considerado superior imponer su tutela a un pueblo inferior?
  • ¿Son los Indios de las Américas un pueblo inferior?

Esto nunca se llegó a plantear en el resto de Europa, y para cuando se planteó se encontró rápida solución: crear imperios devoradores[14].

 

Se disolvió esta comisión sin solución concreta, se fue comprensivo con las críticas de Las Casas (hoy sabemos que eran exageradas), pero la evacuación de las Indias se creyó una solución a medias, pues el principio de conquista ya se había iniciado y las otras naciones no renunciarían a ocupar el lugar de España. Francisco de Vitoria, quien había propuesto la evacuación de las indias, concluyó que lo mejor que podía hacer España era procurar el más justo gobierno de las Indias y enriquecerlas cultural y materialmente a como diera lugar; a diferencia de lo que denuncia Federici en la p. 294, al hablar peyorativamente de “la destrucción de sus [de los indios] universo social y físico, creando una nueva realidad histórica”.[15] Esto hizo de España un imperio Generador.[16]

Esto que hemos visto de Carlos V, en realidad es una conciencia heredada de Isabel la Católica como ya hemos visto; y un modo de actuar que heredaría su hijo Felipe II, quien llegaría a detener la conquista en 1570.

Finalmente, destaca Federici las imágenes que muestra en las pp. 298 y 299 como prueba de una campaña difamatoria de los pueblos precolombinos. Como ya he señalado anteriormente, Federici está muy confundida al considerar esto un ataque en exclusiva a los indios; se trata de un ataque a España: una propaganda protestante especialmente, que procura denigrar al que en aquel entonces era el más poderoso imperio de occidente.

 

Firmado: BUDA.

 

[1] MURICA López, Guillem (2017). “Una crítica al enfoque de Silvia Federici; De la quema de brujas al trabajo productivo”. En: Viento Sur. Ed. Digital.

[2] SPRENGER, Jacobo y INSTITORIS, Enrique ([1486] 2004). El martillo de las Brujas. Miguel Jiménez Monteserín (trad.). Valladolid: MAXTOR. En especial en el apartado titulado “El libro”, Miguel Jiménez nombra amplios autores de la época y anteriores que nos sirven para darnos una idea de que el tema de por si estaba lejos de sr una innovación de finales del s. XV.

[3] BRANT, Sebastián (2011). “Del ocaso de la Fe”. En: La nave de los necios. Antonio Regales Serna (edit.). Madrid: Akal. P. 357-361.

[4] ESCOHOTADO, Antonio (2008). “El estremecimiento íntimo (III)”. En: Los enemigos del comercio. Vol. 1. Madrid: Espasa Calpe. P. 323.

[5] La cual debiera ser un referente feminista por aquello de “tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”.

[6] Isabel I la católica (1504). Testamento de Isabel la Católica. En: Wikisource.

[7] PEREZ, Joseph (2009). “La matanza de los indios de América”. En: La leyenda negra. Madrid: Gadir. P.116

[8] BUENO, Alfredo (2010). “La representación gráfica de seres fabulosos en el <<Nuevo Mundo>> por el Talled de Bry”. En: Cuadernos de Arte de la Universidad de Granada. pp. 93-110

[9] PEREZ, Joseph (2009). Op. Cit. P. 109. En esta parte del Libro de Perez podemos ver un buen recorrido por las principales obras que exploran la conquista de América. De igual modo hablará, brevemente de la obra de de Bry. Es un muy buen complemento al artículo de Alfredo Bueno.

[10] HOFFMAN, Philip t. (2016). “Introducción”. En: ¿Por qué Europa conquistó el mundo? Barcelona: Crítica. Pp. 16-17. Cita al final de este fragmento, pues creo que puede resultar de interés, Bardiner, C. H. (1956). Naval power in the Conquest of Mexico. Ustin, University of Texas Press y Hassig, R. (2006). Mexico and the Spanish Conquest. Norman, University of Oklahoma Press. A esta descripción de Hofman puede añadirse la siguiente afirmación “Hernán Cortés sale de Cuba, asalta el continente y sojuzga el Imperio azteca con la ayuda de los pueblos sometidos a la sangrienta Tenochtitlan” de: GARCÍA, Fernando y GONZÁLEZ, J. Manuel (2012). “La monarquía universal”. En: Breve historia de España. Madrid: Alianza. P.254

[11] A esto se le puede añadir igualmente el Contra insulam vulgi opinionem de grandine et tonitrus de san Agogardo en el s. IX.

[12] Es cierto que esta es la respuesta a la actuación de los indios, quienes fueron los primeros en poner en practica este “ritual”, siguiendo una líneas de canibalismo que ya se aprecian en los territorios del imperio español [véase MONTAIGNE ([1593]2003)]. Esto no quita la repulsión del acto, pues los españoles no imitaron el canibalismo de los indígenas, pese a que parece que Federici no le parece nada criticable; ¿Qué diría ella de las ablaciones femeninas?

[13] ROCA, Mª Elvira (2017). “De las Leyes de Indias al Derecho Internacional”. En: Imperiofobia y leyenda negra. Madrid: Siruela. Pp. 319-325.

[14] Concepto este el de “imperio devorador” tomado de Gustavo Bueno (1924-2016). Presentado en su obra España frente a Europa, de 1999.

[15] Para todo lo dicho véase PÉREZ, Joseph (2009). Op. Cit. Pp.114-116.

[16] Cojo en este caso la expresión opuesta a “imperio devorador” que había mencionado de Gustavo Bueno.

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