En la era de la subjetividad… El poder existe.

Las ideas cambian, las sociedades y culturas, también, no es extraño a la historia este tipo de comportamiento global. En la actualidad se retoma esta idea acertada pero se le transforma en una herramienta política y/o discursiva, la llamada Subjetividad, no es que intente negar la existencia de la subjetividad o la utilidad de la idea para el estudio del acontecer social, al mencionar a la subjetividad hablo de su versión masiva, una idea pisoteada y en sobreuso que niega la existencia de cualquier objetividad (muy irónicamente), plantea la idea de que al ser prácticamente todo una construcción cognitiva y social, entonces nada tiene un valor real y/u objetivo, por tanto que en esta aceptación de que nada ES hay libertad, vaya, emancipación de todas las estructuras de control habidas y por haber.

Ideologías y casi-cultos New Age (muchas veces, ideas occidentales de contra cultura que han recibido influencia oriental incompleta) toman como bandera esta idea de la subjetividad como el camino hacia la liberación del “ser”, la “consciencia” o el “ego”, demás conceptos que no se ven estudiados al ser subjetivos y que si dejaran de ser subjetivos serían ya una etiqueta que constriñe y condena al usuario.

Estas ideas se trasladaron a diversidad de discursos científicos, en dónde todo tipo de teóricos como ideólogos llamaron a la deconstrucción como si esta fuese en sí un fin y no un medio, muchas veces una deconstrucción unilateral, donde se deconstruye sólo las visiones antagónicas y no las ideas propias por estar bendecidas por la vid de la Subjetividad.

No se trata de una liberación exterior donde se combate o se actúa en la sociedad haciendo uso del conocimiento político o ya retórico, sino de una liberación interior, dónde las ideas y las formas en que uno ve son las que lo liberan a uno.

 

Pero al final, a pesar de todo este ejercicio de deconstrucción y liberación interior surgido de la derrota de la contra cultura estadounidense que culminó en todo tipo de experimentos con sustancias y búsqueda de nuevos horizontes filosóficos en oriente, el poder existe.

Se puede negar o abstraer todo lo que se guste la realidad externa, pero esta no deja de ser.

 

El poder es uno de los elementos más patentes en esta era dónde nada significa todo y todo significa nada.

En una ocasión debatía con un compañero de universidad quien me decía que el miedo a la muerte era una tontería de mentes esclavizadas por los constructos sociales, que de enfermar o estar en peligro, pensaría que al final él no es la gran cosa en un universo imponente, que no debía entonces temer la muerte. Por tal, tomaba riesgos al buscar experiencias, de esa forma se declaraba libre de la muerte, de la misma forma, al morir un ser querido y demás, declaraba que no lloraría ni sentiría tristeza, pues hasta el querer era un simple constructo más. Tras escuchar sus ideas, le planté un escenario, yo sostengo una escopeta cargada a su cabeza, la dispararé inminentemente, él podrá abstraer todo lo que guste sobre el significado del perdigón reventando sus sesos y terminando su vida, podrá generar toda esa argumentación pero al final el resultado será el mismo, yo habré impuesto una realidad sobre él y no podrá hacer nada para evitarlo a no ser que tome una posición activa y definida sobre la realidad, que quiere vivir y por tanto hará lo necesario para evitarlo.

Algo similar nos describe Vicente Verdú con su idea del personismo y describiré esto con una
frase de su literatura: “Juguemos a encontrarnos a nosotros mismos, pero sin jamás encontrarnos para no terminar con la diversión”. Hasta algo tan básico e importante (y complejo) como la identidad se ve como una atadura, sin este elemento el individuo se siente libre de la realidad, subvirtiendo, eliminando y/o añadiendo nuevas etiquetas superfluas a su ser encuentran una idea de vanguardia y libertad. Tan arraigada está esta idea, que en campañas publicitarias de todo tipo como en las de Apple o el desodorante Speed Stick se hace referencia a la idea de que nuestros dispositivos o productos se adaptan a nuestra “originalidad” siempre cambiante y expresada en cosas que compramos.

Si en el siglo pasado Zimbardo como Milgram experimentaron con la volubilidad de la voluntad y la identidad de las personas con interesantes resultados que dejan en clara la manipulabilidad de los individuos por parte de las instituciones y los grupos, hoy asistimos a un momento en que se renuncia a la identidad y se le cómo libertad. Si una identidad definida podía tener problemas para mantenerse ante el poder de las instituciones, del estado y los grupos ¿Qué le espera a una identidad que aplaude su maleabilidad como libertad?

Aquí entra el poder, el cual sigue existiendo tras todo cambio, un elemento inherente a la voluntad humana, a su hacer. El poder como la escopeta está ahí, por más que se teorice al respecto si esta dispara, habrá una voluntad impuesta. Podrá haber mil discursos negando, acertando o retorciendo los efectos de un acto social, de una práctica supuestamente terapéutica, de una ideología o de un concepto pero al final, la realidad externa estará ahí.
Este es el problema de muchos discursos revolucionarios o de bienestar que haciendo uso de la subjetividad culpan a conceptos subjetivos de (así como algunos culpan a una omnipotente grupo de reptilianos) todo posible fallo que tuviese la ejecución de sus postulados. Obviamente, se vuelven imbatibles e innegables estas visiones utópicas, de salvación, de progreso, de desarrollo… porque sus enemigos o los diablos que buscan combatir, son subjetivos, por tanto es imposible bajo el uso de cualquier tipo de razón denegar la existencia de estos.


No soy alguien que señala a grupos, porque al final la herramienta transforma a quien la usa así como transforma el oficio en que se usa. En este caso, esta crítica conlleva una herramienta argumentativa, un ataque frontal a un elemento que puede ser utilizado por cualquiera, la subjetividad como una irónica afirmación de que no existe lo objetivo o de que si existe, es banal o está sujeto a lo que lo subjetivo dicte.

Confío en su inteligencia y en su capacidad de análisis, usted mi estimado lector, no es ni será mi pupilo, menos intento plantear esto como la verdad absoluta y al decir esto afirmo que la subjetividad sirve para saber que algo aparentemente sencillo, a menudo requiere más análisis o incluso, nuevas formas de análisis, porque en el acto político de comprender, se encuentra la aserción pragmática de que la realidad es y por tanto para todo tipo de objetivos, es necesario conocerla, criticarla, estudiarla, desarrollarla… que el acto de cuestionar es estéril si no se busca dar respuestas. Así como la libertad es estéril si esta no busca definirse en actos por el paradójico miedo de que se pierda la libertad por elegir.

Este es mi primer escrito, no sé si será aceptado, pero de ser así, que se sepa que estoy de acuerdo con el choque de ideas contrarias, pues no hay mayor muestra de respeto a las ideas propias que el acto de contraponerlas, vaya, de creerlas ciertas y por tanto resistentes al contra argumento.

                                                                                                             Esquizofrenia Natural.

@darkthanos

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Esquizofrenia Natural

Conferencista, escritor amateur, Youtuber y pragmático humanista mexicano centrado en la política, la ciencia y la sociedad.

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