“Como libertario apoyo las clínicas de aborto clandestino”, Guillermo Ferraro Medina.

 

En tiempos donde prima una dictadura de la corrección política cada vez más cruel y a la vez más infructuosa, una opinión irreverente es una micro-revolución contra el sistema.

Más allá de la provocación en sí misma, mis provocadores favoritos lo son si logran también invitar a la reflexión con sus proclamas, y de eso se trata esta entrevista al polémico activista libertario Guillermo Ferraro Medina.

 

¿En qué basas tu premisa a favor de las clínicas de abortos clandestinas?

Partamos de la base que el aborto no es asesinato, que es la premisa que sostienen los partidarios de legalizar. Entonces, ni las mujeres que abortan ni quienes les practican los abortos están cometiendo un crimen, ¿verdad?

Separemos lo que dice la ley de lo que realmente es legítimo, osea, la valoración estatal de los hechos en sí. No son lo mismo.

La lucha de los partidarios de la legalización estuvo muy mal direccionada.

Las cirujanos que ejercen en la “clandestinidad” son los únicos que le dan una respuesta a las mujeres que quieren abortar.

Son mayoritariamente profesionales, esa es la realidad, más allá de que es muy fácil dibujar monstruos en las sombras, jugar con el miedo de la gente adoctrinada para depender del Estado y convencida de que hay que moverse según las normas establecidas, justas o no.

Por último, el propio relato de quienes jugaron para estatizar (esa es la palabra correcta) el aborto, estimaban que hay 450 mil abortos clandestinos por año (Amnistía Internacional, estadísticas oficiales de los servicios de salud) mientras hablaban de 40 muertes en 2017.

En los 9 meses de este año se reportaron apenas 3, pero aún manteniendo la cifra anterior, la relación arroja una tasa de mortalidad menor que en cualquier procedimiento habitual en centros de salud reconocidos, desde cirugías estéticas hasta intervenciones complejas.

Entonces, no saben matemáticas o mienten porque sólo se persigue estatizar el aborto como nueva manera de intervenir políticamente en la vida privada de las personas, o las dos cosas.

 

¿Por qué te opusiste al proyecto de Intervención Voluntaria del Embarazo que se llevó adelante este año en Argentina?

Si una intervención que supuestamente está llevada a cabo en espacios inseguros, por gente no capacitada, tiene un promedio de muertes infinitamente menor a cualquier otro procedimiento quirúrgico del sistema formal, ¿dónde está el problema de salud pública?

En la salud pública, que es verdaderamente desastrosa, porque no se trata de sanar sino de darle poder al Estado sobre el bien más preciado de las personas. Es prácticamente imposible que el Estado Argentino, incapaz de proveer de medicamentos de primera necesidad a los hospitales, se haga cargo eficientemente de esta cuestión.

Mueren más mujeres durante cesáreas en hospitales que con el aborto clandestino.

Además, a los que nos preocupa la libertad, que es el eje olvidado por los que participaron de este debate, nos preocupa que no se criminalice a la mujer ni al médico que la auxilia, y resulta que efectivamente no hay casos de mujeres ni médicos presos por practicar abortos clandestinos.

Reitero, la estatización del aborto es una forma de intromisión del gobierno en la vida privada de la gente, un instrumento de la ideología de género para el control social.

 

Entonces, podemos extender ese razonamiento a todas las áreas de la salud. En términos políticos, ¿quiénes ganaban y quiénes perdían de aprobarse el proyecto de ley que finalmente fracasó?

Totalmente, la sanidad en su conjunto podría gestionarse en forma autónoma, privada o comunitaria, con mejores resultados.

Respondiendo a lo segundo, hubiese ganado un grupúsculo de gente incapaz de formular una propuesta superadora para mejorar las condiciones de vida de la sociedad argentina, y a través de esta supuesta entrega de “derechos civiles” que no son tales, porque los derechos no necesitan ser decretados, buscaba redimirse.

Perder, perderían libertad todos los argentinos empezando por los profesionales de las clínicas clandestinas que serían sancionados, y ya perdía la mayoría de la población que sufrió una caza de brujas sin precedentes por no apoyar el proyecto y la ideología detrás de él.

También proliferarían casos de mala praxis porque muchos médicos no dispuestos a realizar abortos deberían verse obligados por ley a hacerlo. Una completa aberración.

 

¿Qué significa para vos la ideología de género?

La ideología de género es más abarcativa que el feminismo, aunque esta tendencia es la punta de lanza hoy.

Es un conjunto de ideas antinaturales y anticientíficas, que sólo puede sostenerse a través de la violencia estatal, que a su vez las necesita para seguir inmiscuyéndose en el ámbito privado de las personas.

Es un ciclo alimentado por un concepto muy europeo, el de plantear discusiones sociales para tapar problemas económicos.

La clase media europea se pauperiza, la argentina se extingue, y sólo atinamos a discutir sobre legalizar el aborto o que el Estado acepte (e imponga) seis, diez, treinta opciones de género para que las minorías se identifiquen y el resto tengamos que aceptarlo a punta de pistola.

Acá hay 35% de pobres, desnutrición, hacinamiento, en todo el mundo crece el desempleo, baja el nivel de vida y el poder adquisitivo, los impuestos son mucho más altos y se multiplican año tras año, pero cuidado, ahora tenemos telenovelas protagonizadas por trans que hablan en dialecto inclusivo.

Hablamos de cupos de género cuando no hay suficiente trabajo para nadie, y los que tienen trabajo padecen de una precariedad laboral cada vez mayor.

 

¿Cuál es la organización económica que considerás óptima para superar esos problemas?

El mercado libre horizontal, sin privilegios, es el óptimo para la realización del individuo y su inserción en sociedad.

El arbitraje estatal sobre el mercado es lo que genera una escasez artificial de capital, artificialmente concentrado en pocas manos, lo que estimula prácticas monopólicas incompetentes y abarata la mano de obra a través del desempleo, encareciendo el costo de acceso al capital a través de regulaciones compulsivas, licencias, patentes, etc…

El resultado neto es que aumenta la brecha entre los capitalistas y los trabajadores, la desigualdad y la pobreza.

Por el contrario, si quitamos al Estado y su sistema de privilegios de la ecuación sólo quedarían los factores positivos del mercado: La eficiencia de la división del trabajo, la cooperación constante, las recompensas a los productos de mayor calidad y menor precio y además se liberaría la innovación, se le abrirían las puertas a todos los excluídos en el sistema vigente y existiría la verdadera posibilidad de convertirse en emprendedor cuentapropista más allá del eslogan.

Esa es la única vía posible para alcanzar una sociedad igualitaria donde los trabajadores se emancipen, sin amos ni soberanos.

 

Volviendo al tema anterior, ¿existe el marxismo cultural?

¡No, para nada! La ideología de género es un fenómeno burgués. ¿Vos te imaginás a Marx planteando que la solución de los problemas sociales venga a través de leyes, prebendas, cupos garantizados por las democracias burguesas?

El feminismo es una enajenación anti-clasista, nada que ver.

De hecho los partidos que se dicen marxistas, como el FIT, están cada vez más lejos de sus proclamas originales por este tema, que sólo sirvió como excusa para avanzar en las cazas de brujas internas y mantenerse cómodos en la irrelevancia.

 

¿Qué opinás del lenguaje inclusivo?

Un insulto para los auténticos lenguajes inclusivos como el braile o el lenguaje de señas. Este último lo domino.

Es una fantasía para que cualquiera se crea revolucionario, un atajo para cambiar algo sin cambiar nada, nada de nada.

 

¿Agustín Laje o Nicolás Morás?

Toda la teoría de Agustín Laje sobre la Nueva Izquierda es falsa. De hecho, si algo consiguió la ideología de género es impedir que se articule una izquierda eficiente que amenace al actual esquema de poder. Pero qué podés esperar de un chico que no oculta su curso de “contra-terrorismo” del gobierno americano.

Por otro lado, Nicolás Morás es una persona instruída, entusiasta y muy coherente que, en lugar de vender libros por Amazon, trabaja hace muchos años por un proyecto de organización social superadora de la actual que es más justa, más igualitaria y liberadora que cualquier otro que conozca yo.

Uno educa para preservar el sistema, el otro para superarlo. Voy con Morás.

 

Sos vegano, pero te manifestás en contra de imponer ese estilo de vida. ¿Por qué?

A mí nadie me lo impuso. Es un camino de vida que, para que valga la pena, tiene que nacer de uno mismo, no creo que nadie que lo adopte por influencia de los demás lo haga realmente convenido, no creo que sea válido ni duradero.

 

¿Hay algo más que quieras agregar a todo lo que charlamos?

Sí, el feminismo moderno pretende destruir todo lo bello de este mundo. Apunta contra todo lo que tenga que ver con el arte o con el amor.

Dicen que se oponen a “un concepto del amor” pero la verdad es que no creen en el amor porque no lo sienten, no creen en las relaciones humanas genuinas y sinceras porque no las practican, se limitan a consumir deformaciones del arte o la cultura que esconden propaganda política y buscan insistemtente intoxicarnos a los demás.

Atacan las obras clásicas con excusas banales, descontextualizadas y monotemáticas.

El pasado de la humanidad no se puede modificar, y los contextos moralizantes que no existían en la época de Carmen y se crearon artificialmente ahora son inaplicables, pero ahí van y reescriben el final, profanando un patrimonio cultural que no les pertenece.

Los militantes feministas carecen de curiosidad, cultura y riqueza espiritual y llenan ese vacío con series de Netflix, redes sociales, coartadas que impiden que la gente desarrolle su vida, cree cosas, salga a vivir.

Le tienen miedo a la vida y odian a los que se atreven a vivirla a su manera, son un rebaño odiador, negador, censor. No aportan cosas positivas a este mundo y por eso no van a llegar lejos.

 

 

Estefanía Godiva

Abogada. Dueña de mí misma. Enemiga acérrima de la institucionalización del feminismo autoritario y cualquier forma de discriminación, incluyendo la denominada "positiva". Detesto las ingenierias sociales y cualquier imposición sobre el individuo. Me considero una libertaria sui generis sin demasiado amor por las etiquetas. Profeso el respeto por todos quienes se baten contra el pensamiento único, estén o no de acuerdo conmigo. 

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