“Cuando alguien desafía severamente al poder, el lobby feminista lo saca del camino”, Martín Benegas Ortega.

 

Conversamos con Martín Benegas Ortega, articulista y analista político independiente, uno de los referentes del anarquismo liberal en nuestros tiempos.

Una voz radical pero ecuánime, que no deja títere con cabeza, y nos advierte sobre el peligro de caer en la falsa oposición de causas igual de liberticidas. Similitudes entre feminismo y fundamentalismo religioso, falsas denuncias contra rebeldes que incomodan, cómo piensa un libertario en el siglo XXI y mucho más.

 

¿Por qué crees que el feminismo está en boga durante los últimos tiempos?

El resurgimiento del feminismo en los últimos años, con la irrupción de lo que se denomina “feminismo de la tercera ola”, viene de la mano en gran medida de una intención del poder político-económico de explorar nuevas formas de control social, en este caso utilizando para estos fines una causa en principio justa como es la igualdad entre hombres y mujeres y la no discriminación por causa de sexo o género, para dotarse de un corpus jurídico cada vez más opresivo y cada vez más limitante de las libertades individuales , dejando a la mitad de la población prácticamente a merced de perder la libertad y la propiedad ante una mera denuncia, vulnerando así los principios fundamentales de la presunción de inocencia e invirtiendo la carga de la prueba.

Esto se logra a través del fogoneo constante por parte de los medios hegemónicos de los ya famosos casos de “violencia de género”; esto es suponer que cualquier agresión de un hombre hacia una mujer es necesariamente por razones machistas, ignorando de plano cualquier otra posible causa. Así, poniendo un ejemplo algo burdo pero efectivo, si un hombre gay descubre a su pareja engañándolo y lo mata, se caratula este crimen como pasional asumiendo que lo mató por celos; ahora, si se da exactamente el mismo caso donde un hombre mata a su pareja mujer, inmediatamente se asume que la mató “por ser mujer”, y este crimen además es juzgado más severamente y con condenas agravadas, es decir: se ha creado un marco legal donde la vida de la mitad de la población vale más que la de la otra mitad; así los medios, retomando el punto, se dedican a hacer hincapié en estos crímenes donde las víctimas son mujeres, ignorado miles de crímenes que se producen a diario y donde las víctimas son hombres, para crear una atmósfera alarmista, una atmósfera de “crisis”, la cual por supuesto es aprovechada por el poder para sancionar las leyes liberticidas que mencione anteriormente como solución a la crisis.

Esto no significa negar que de hecho hay crímenes horrendos cometidos contra mujeres y que merecen los culpables pagar por estos crímenes, pero esto no puede ser usado como ariete del poder político-económico para seguir conculcando libertades, creando un sistema orwelliano de control social por medio del terror.

 

Recientemente, Cody Wilson, creador de la impresora 3D de armas que ha suscitado polémica a nivel internacional, fue acusado de abuso sexual. ¿Qué piensas acerca de la multiplicación de denuncias de este tipo?

El de Cody Wilson es un caso muy parecido al de Julian Assange.

Cuando alguien desafía severamente al poder, éste se encarga de sacarlo del camino, ya sea eliminándolo físicamente o, como en estos casos, incriminándolos falsamente; y qué mejor herramienta para hacerlo que acusarlos de violación o abuso sexual, tema que está tan en boga tanto por el lobby feminista como también por la aparición de varias denuncias enmarcadas en el movimiento “me too“, que explotó tras el famoso escándalo del productor hollywoodense Harvey Weinstein, a mi entender bastante creíbles teniendo en cuenta el antro que siempre fue Hollywood y la naturaleza depredadora -según casi todos los que lo conocen- de Weinstein.

El tema es que muchas de las denuncias se refieren a hechos ocurridos años y hasta décadas atrás, lo cual los hace prácticamente imposibles de probar, y esto se debe (en los casos verídicos) a que los abusos sexuales generan en las víctimas una sensación de vergüenza y hasta de culpa, lo que hace que callen durante años; además de los “pactos de silencio” forjados por cómplices de las propias familias de los abusados. Esto es patente en los miles de casos de abuso sexual contra menores en los que se ve involucrada la nefasta Iglesia Católica, muchos más que los de Hollywood pero con menos prensa.

Volviendo al tema, los casos de Wilson y Assange son de denuncias claramente irrisorias, falaces y tendenciosas, que esconden la clara intención de sacar del medio a estos personajes molestos para el poder y al mismo tiempo desprestigiarlos ante la opinión pública.

Resumiendo: hay que saber distinguir las denuncias que tienen asidero de las que son un mero método de censura y control de las opiniones que desafían al poder.

 

¿Cuál es tu mirada sobre el movimiento abolicionista de la prostitución?

Bueno, este es un punto donde coinciden el llamado feminismo radical con la derecha católica más recalcitrante y retrógrada, que a la sazón nos quieren vender que son extremos opuestos.

Yo, como anarquista no puedo más que estar a favor de que cada uno haga con su cuerpo lo que le plazca, y esto incluye por supuesto el derecho a prostituirse, a trabajar en la producción de pornografía, a drogarse con cualquier sustancia, etc… siempre y cuando sea voluntario, por supuesto. Nada, ninguna ley ni premisa moral puede atropellar la voluntad del individuo. Y aquí vemos revelada la naturaleza totalitaria y liberticida del feminismo moderno y de la mogigatería católica recalcitrante: las mujeres para ellos no pueden disponer plenamente de su cuerpo, se arrogan el derecho de decidir colectivamente, en nombre de todas las mujeres, entonces hay que proteger a “la mujer” de esta entelequia, de la depravación, de la explotación…de sí misma.

 

¿Crees que el resurgimiento de la derecha en el mundo guarda relación con la militancia de género?

Sí, aunque no me gusta llamarla militancia de género porque el término mezcla luchas verdaderamente justas, como la de la comunidad LGBT que sí fue y aún es fuertemente discriminada y oprimida, con las pretensiones liberticidas de algunos de sus representantes y de la horda feminista, cabildera y fascista.

Claramente muchas de las políticas y leyes surgidas del feminismo recalcitrante son antipáticas para la mayoría de la población, generando un lógico enojo contra éstas, lo cual es aprovechado por la derecha recalcitrante ultra religiosa para poner a todos en la misma bolsa y acusar a todos los gays de ser unos depravados que quieren acabar con “occidente y la familia tradicional“, cuando en realidad lo rescatable de occidente (omitiendo que es la civilización que produjo las peores guerras y genocidios) se produjo en la Grecia clásica, dónde el modelo familiar judeocristiano no era precisamente el imperante porque la homosexualidad y la efebofilia eran la norma.

En 40.000 años de pensamiento racional humano, existieron miles de modelos familiares distintos, así que sería interesante saber a qué familia tradicional se refieren; todo esto mientras al mismo tiempo omiten y encubren los miles de casos de abusos sexuales contra niños que se dan en la Iglesia Católica. Pero, volviendo al eje de la pregunta, es claro que el lobby feminista de la tercera ola y algunos sectores radicalizados del movimiento LGBT han producido como reacción el resurgimiento de movimientos de derecha igualmente liberticidas y reaccionarios.

El caso del racista homofóbico y militarista Jair Bolsonaro es patente. Yo creo que ambos movimientos liberticidas son financiados por los mismos agentes del poder político y ecónomico, llámense Soros, la Iglesia católica o la Fundación Ford.

¿Qué mejor para ellos que polarizar a la opinión pública para poder así controlarla?

Finalmente, creo que la manera de oponerse seria y eficazmente contra esta ola liberticida y fascista no es apoyando a otra ola liberticida y fascista, sino oponerse desde una posición individualista y racional contra cualquier intento de vulnerar nuestros derechos individuales, venga de donde venga.

 

Nos adviertes, con toda razón, sobre la oposición entre doctrinas liberticidas. Pero ¿qué líder o movimiento político en la actualidad representan para vos las banderas de un individualismo racional?

Ninguno. No hay solución a esta problemática desde la política, sino más bien a partir de la toma de consciencia de los individuos hasta lograr una masa crítica que permita la transformación social. Y esto desde luego no es un proceso que se dé de un día para el otro; es una ardua tarea, y desde mi humilde lugar trato de aportar en ese sentido.

La política solo ofrece soluciones cortoplacistas, sesgadas y liberticidas. Como señale antes, ante la irrupción del autoritarismo del feminismo de la tercera ola, las “alternativas” son energúmenos como Bolsonaro, y el resurgir de movimientos reaccionarios homofóbicos que vienen del catolicismo más rancio o, peor aún, de las sectas evangélicas más retrogradas; esa dicotomía entre extremos liberticidas no sirve y solo beneficia al poder.

 

No tienes reparo en utilizar la palabra “feminazi“, hoy virtualmente prohibida en los medios y las principales redes sociales. ¿Por qué esta causa -y no otra- devino en un nuevo totalitarismo?

Sí, claramente el uso de esa palabra genera bastante polémica. Algunos anarquistas son reticentes a usarla porque su origen viene de la derecha reaccionaria, algunos dicen que sería más adecuado el término “femibolche“. El tema es que las palabras trascienden su origen y connotación inicial. Sinceramente, frente a las posiciones supremacistas, segregacionistas y hasta tendientes al genocidio por parte de algunas referentes del feminismo recalcitrante, me parece más que adecuado.

Una crítica que se le hace al término, por parte de algunas feministas, es que sería injusto acusarlas de nazis ya que todavía no han cometido ningún genocidio ni han mandado a los hombres a campos de concentración. Esta crítica es absolutamente falaz, ya que los genocidios y los campos de concentración son la consecuencia de concretar al máximo ideas que ya están en curso y vulneran la libertad de media población.

 

En Mendoza, tu ciudad de origen, las cárceles no dan a basto por la cantidad de varones víctimas de denuncias inconsistentes. Al punto que han tenido que inaugurar un nuevo pabellón en el penal, luego de que los presos impulsaran una huelga de hambre por el hacinamiento. ¿Cómo crees que debería penalizarse a los denunciantes mendaces que ocasionan semejante sufrimiento a personas inocentes?

Bien, primero voy a poner en contexto esta situación: esta tremenda injusticia tuvo origen en las fallas del mismo sistema judicial. El caso que detonó las detenciones masivas fue el de una chica que fue asesinada por su padre, el cual había sido condenado por abusar sexualmente de ella cuando era niña, pero nunca cumplió su condena. Salió por buena conducta -o alguna artimaña judicial similar- y empezó a amenazar de muerte a su hija, quien lo denunció sin que la justicia actuara, hasta que finalmente la asesinó.

La opinión publica reaccionó -con razón- furiosamente contra la desidia judicial; específicamente contra el juez y el fiscal que no tomaron en serio las denuncias de la víctima, lo cual los llevó a un juicio político por mal desempeño. Pero, este clamor popular sumado a la presión del lobby feminista en los medios, hizo que los jueces, y sobre todo los fiscales, por miedo a que se repitiera un caso similar, dictaran prisión preventiva ante la mera denuncia de violencia contra las mujeres.

Recordemos que la prisión preventiva -en cualquier país civilizado- se dicta cuando se dan ciertas condiciones procesales, cuando hay semiplena prueba de culpabilidad, y cuando existe riesgo de fuga o de entorpecimiento de la investigación, pero JAMÁS debe dictarse ante la mera denuncia; esto es claramente inconstitucional y viola el principio fundamental de la presunción de inocencia .

Pero, yendo específicamente a tu pregunta, quienes denuncian falsamente a una persona, provocándole una injusta privación de su libertad, deberían pagar una indemnización por el enorme daño producido y también ser procesadas penalmente por el delito de falso testimonio, y llegado el caso cumplir la misma cantidad de tiempo en prisión que sus víctimas injustamente acusadas.

Los jueces y fiscales que dicten esta medidas inaceptables deberían ser destituidos e inhabilitados de por vida.

 

¿Es la violencia un medio legítimo para enfrentar la injusticia? ¿Dónde pondrías el límite?

Sí, es un derecho inalienable actuar contra la injusticia apelando a la legítima defensa de uno mismo, o de terceros cuyos derechos son avasallados.

El límite, por supuesto, es que la violencia ejercida debe ser proporcional al daño recibido, y nunca afectar a terceros inocentes.

 

¿Qué significa para vos ser anarquista en estos tiempos? ¿Qué autores o figuras te representan? ¿Ves futuro para el anarquismo?

Ser anarquista en estos tiempos implica un constante ejercicio de la autocrítica y un constante aprendizaje.

Todos los días surgen nuevas amenazas contra la libertad y hay que estar alerta, jamás creerse el dueño de la verdad ni adorar vacas sagradas por atractivas que sean, no hay que tener miedo a cuestionarse: el único compromiso debe ser con la verdad y la libertad, aunque esto implique reconocer errores y llegado el caso cambiar de opinión sobre algún tema en particular.

Con respecto a los autores, me gustan mucho los de la Escuela de Boston como Lysander Spooner y Benjamin Tucker, también rescato en el aspecto educativo a Josiah Warren y a los liberales clásicos, como Frederic Bastiat y Gustave De Molinari. Rescato también, aunque no comparto su visión económica, la retórica profundamente antiautoritaria de Bakunin, y su crítica hacia las falacias marxistas.

Por supuesto que el anarquismo tiene futuro: siempre que la llama de la libertad arda en los corazones, el anarquismo vivirá. Como dije antes, el desafío es crear una masa crítica que permita la transformación social y la emancipación del hombre de las cadenas que lo oprimen.

 

Por último, es difícil mensurar o cuantificar la libertad pero ¿crees que somos más libres que en el pasado? ¿Seremos más libres en el futuro que ahora? ¿Qué rol tiene la tecnología en todo esto?

A pesar de que los medios, los gobiernos y hasta el mainstream “científico” nos quieran vender que nunca estuvimos mejor y que nunca fuimos más libres, la realidad es más bien todo lo contrario: jamás en la historia de la humanidad fue más fácil para los gobiernos espiar a la población, jamás fue más sencillo manipular a la opinión pública a través de los medios de comunicación; la tecnología que tantos beneficios trajo, a la vez fue la herramienta para ejercer un control totalitario -que ni el mismo Orwell pudo imaginar- sobre toda nuestra vida.

Nuestros secretos, nuestros gustos, nuestras opiniones, están minuciosamente archivadas en enormes bases de datos disponibles para cualquier sátrapa que nos quiera “disciplinar” por lo que pensamos; nuestros bienes están registrados y bancarizados, haciendo que nuestra bancarrota esté apenas a un click de distancia. No hay adonde escapar: nuestros movimientos son rastreados constantemente a través de satélites de posicionamiento global; nuestros rasgos físicos son reconocidos electrónicamente por cámaras inteligentes, con sistemas de reconocimiento biométrico; las fronteras físicas entre estados se ven reforzadas por estos sistemas de vigilancia y control social.

Hace 100 años, por mas liberticida que fuera un ordenamiento legal, uno podía huir al campo y permanecer anónimo. Hoy, eso es prácticamente imposible. Detrás de la fachada de democracia y libertad que nos vende el sistema actual, se encuentra el más terrorífico mecanismo de opresión de la historia, y como muestra veamos cómo les fue a los que se plantaron en serio contra el poder, llámense Assange, Manning, Snowden o Ross Ulbritch.

El desafío hacia el futuro debe ser desmantelar este modelo opresivo, y que la tecnología vuelva a ser esa promesa de libertad descentralizada que alguna vez fue.

Estefanía Godiva

Abogada. Dueña de mí misma. Enemiga acérrima de la institucionalización del feminismo autoritario y cualquier forma de discriminación, incluyendo la denominada "positiva". Detesto las ingenierias sociales y cualquier imposición sobre el individuo. Me considero una libertaria sui generis sin demasiado amor por las etiquetas. Profeso el respeto por todos quienes se baten contra el pensamiento único, estén o no de acuerdo conmigo. 

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