¿Para qué sirve ser “hombre” o “mujer”? ¿Hasta qué punto podríamos prescindir de estas palabras? ¿Es lo correcto separar a la humanidad en esas dos categorías, o quizá deberían ser más?

 

Siguiendo mi estilo de análisis, y por votación en Twitter de qué tema deseaban que tratara, intentaré sentar bases claras con las que todos podamos estar de acuerdo sobre un tema conflictivo y del que se habla mucho pero se piensa poco, el género. Debo agradecer a René Clares (compañero de facultad y ponente en una charla TED, la cual aconsejo ver) y a @Balderouge por ayudarme a encontrar la poca data existente sobre esto.

 

Mi principal objetivo no es hacer un compendio de las diferencias entre sexos; para ello está Steven Pinker en Tabla rasa, Charles Darwin en El origen de las especies (donde se trata la selección sexual) y toda la literatura que actualiza esta última obra, etc (un resumen de esta información puede ser hallado en @feminisciencia). Además, recomiendo este gran artículo sobre transexualidad, ya que profundiza prácticamente en todo lo que voy a comentar, de Emmanuel Frasquet e Iván Beisel. Mi tarea será la de dar claridad a estas ideas tales como género, identidad, sexo… revisando su uso y definiciones.

 

  1. Sexo:

Todas aquellas características fisiológicas y anatómicas diferenciadas entre sujetos del espectro femenino-masculino, definido a su vez por el conjunto de elementos correlacionados estrechamente con la selección sexual (solo los seres vivos con reproducción sexual tienen categorías de sexo). En la actualidad, se concibe el sexo como binario, diferenciado en dos categorías totalmente diferentes y mutuamente excluyentes: sexo femenino y sexo masculino. No obstante, estas categorías son reduccionistas y no reflejan la gran diversidad sexual, que podría enmarcarse dentro de un espectro cuyos extremos serían dichas categorías binarias.

Las características sexuales se pueden dividir en estas categorías:

  • Genotipo
    • Vigesimotercer par de cromosomas. XX, XY u otros.
  • La expresión de los genes, mediada por las hormonas.
  • Fenotipo
    • Caracteres sexuales primarios
      • Gónadas
      • Genitales internos
      • Genitales externos
    • Caracteres sexuales secundarios
    • Sistema nervioso

Aunque lo ideal sería dedicarle un espacio a esto por separado, intentaré hacer un resumen que contemple lo vital para comprender lo que se plantea.

La mayor parte de las células del cuerpo humano tienen un núcleo, siempre con cromatina, que al espirilizarse da lugar a los famosos 23 pares de cromosomas de nuestra especie, siendo esta última la pareja sexual, XX para la mujer o XY para el hombre, entendiendo de nuevo estos dos términos como categorías totalmente diferenciadas y mutualmente excluyentes. No obstante, la situación básica e idealista donde cada célula de nuestro cuerpo contiene uno y siempre el mismo par es fácilmente perturbable. Hay dos factores a tener en cuenta:

  1. Mosaico genético. En realidad, este nombre no es más que el término usado para la convivencia de células de distinto genotipo. Mutaciones, entendiendo este término como variaciones del desarrollo “base” (muy comunes, también fuera del terreno de la genética sexual) en la etapa embrionaria; madres embarazadas que “reciben” carga genética de sus propios hijos…
  2. Mutaciones del vigesimotercer par de cromosomas. Dentro de este terreno, las más conocidas son aquellas que varían el número de cromosomas:
    1. Síndrome de Klinefelter (XXY)
    2. Síndrome de Turner (X)
    3. Síndrome de “super macho” (XYY)
    4. Síndrome de “super hembra” (XXX)
    5. Síndrome 48XXYY (XXYY)

 

Y bien, ¿por qué separar la carga genética (genotipo) de los rasgos mismos que derivan de su expresión (fenotipo)? Porque no toda la información de todos los genes acaba en la transcripción a una proteína (que es básicamente para lo que sirven estos), entrando en el terreno de la epigenética. Pero no solo esto puede interrumpir la correlación entre genotipo y fenotipo, cualquier alteración orgánica que modifique el efecto de los mecanismos por los cuales los genes acaban teniendo efecto sobre el cuerpo humano (prioritariamente hormonas) puede tener una increíble relevancia (ej: la hiperplasia suprarrenal congénita en las chicas XX hace que tengan más testosterona; también la insensibilidad a los andrógenos no deja al feto masculinizarse y, aun con cromosomas XY se desarrolla como una mujer). Por último, no sobra mencionar que no solo en las etapas preparto puede ocurrir algún suceso de este calibre; la castración masculina, por ejemplo, impide el desarrollo de caracteres sexuales secundarios. Y, obviamente, existen procedimientos médicos que pueden tener efecto sobre este terreno*. *subrayo que NO tienen porqué ser perjudiciales. Lo natural no es bueno de por sí igual que lo artificial no es peor por el hecho de serlo. Sin embargo, tampoco señalo a los tratamientos como la opción más beneficiosa por antonomasia; guardemos la rigurosidad y no tengamos prejuicios.

 

¿Pero qué partes del cuerpo cambian según los genes y su expresión? Aunque bien prácticamente todo el cuerpo se ve afectado (tamaño medio de dientes, el radio 2D:4D, altura y peso medios…), se pueden destacar las partes ya señaladas en el índice. Cuando no todas “las piezas” pertenecen a un mismo lado del espectro, hablamos de las intersexualidades*. [Hago un breve inciso para mencionar que existe la mutilación genital en países desarrollados en pos de “evitar el rechazo de la pareja en el futuro”, siendo estos cuerpos intersexuales un tema invisible pero tremendamente importante que espero tratar en el futuro para el blog]. Pasando un poco por alto los caracteres sexuales primarios y secundarios**, llegamos a aquella parte del cuerpo que influye de forma notable en el aprendizaje de conductas y, por tanto, en el desarrollo mismo de la identidad de una persona (recordemos que tanto correr como preferir un sabor son una conducta, son acciones aprendidas pues 1 el cuerpo humano tenía potencial para llevarlas a cabo y 2 la interacción con el medio ha llevado a tal consecuencia; crear una identidad o el mero hecho de describirla verbalmente no pueden ser menos), el sistema nervioso.

*en el enlace propuesto al principio de “1. Sexo” pueden observar el espectro femenino-masculino y tipos de intersexualidad.                                            **en todos los enlaces propuestos se puede encontrar información al respecto; para un resumen, visiten @feminisciencia.

Para evitar el debate “si primero huevo o la gallina”, debo ser sincero y decir que el mero hecho de aprender conductas tradicionalmente masculinas suele mascunilizar el cerebro, y lo mismo con las femeninas; no obstante, se conoce lo suficientemente bien el desarrollo embrionario como para señalar diferencias en áreas (por ejemplo, mayor o menor longitud del hipocampo, simetría o no de la amígdala, etc.) y niveles relativos hormonales (la proporción de testosterona vs estrógenos, entre otros) imposibles de atribuir al aprendizaje. Todas esas diferencias, ya sean puramente debidas a factores genéticos o no, influirán en el comportamiento; lo que cambiará plausiblemente el cerebro creando nuevas tendencias.

 

Y bien, ¿todo esto para qué? Primero, para ver que la realidad mujer-hombre es poco precisa mientras que el umbral masculino-femenino recoge bien lo existente y, segundo, para hacer el siguiente apartado claro y preciso.

 

2.Género:

La clave para definir el término «sexo» en clave biológica en el apartado anterior fue evitar la circularidad a través de remitirme al origen del término, en ese caso evolutivo. ¿El origen del género es pura filosofía, o lo que es lo mismo, puro lenguaje como defendía Judith Butler? ¿Es algún tipo de proceso social? Creo que por ese camino cometeríamos un error, confundir la historia de una idea con la idea en sí. Es cierto que no existe género sin cultura y/o lenguaje; es decir, no hay género sin aprendizaje (la cultura enseña y el lenguaje 1 se aprende y 2 es el medio con el cual se transmite información). Como la idea parece estar poco clara, analizar funcionalmente aquellas conductas que giran alrededor de las ideas “chica, mujer/chico, hombre”, concretamente las verbales que tienen que ver con el análisis de la realidad y las suscritas bajo esa supuesta idea, podría arrojar luz sobre este difuso vocablo.

  • Bebé/niño pequeño:
    1. Decir “soy X” (esta categoría es la más rígida que se puede encontrar, por el hecho de que contiene poca información). Decirlo puede ser reforzante por reforzadores sociales generalizados que aparecen al describir correctamente la realidad (reforzamiento diferencial de los tactos. Para más información, véase Skinner, Conducta Verbal; Procesos Psicológicos básicos, Un análisis funcional de UNED). Al ser una conducta reconocible por el ser, puede acabar conformando un estímulo condicionado positivo sin la necesidad de nadie, meramente por saber que ha emitido una respuesta acertada.
    2. Decir “son/es X” (ídem). En los primeros años de vida, todo es un descubrimiento. Me tomo la libertad de hacer equiparables las descripciones de los demás con la de uno mismo, a nivel funcional, a esta edad.
    3. Hacer cosas de X. Puede que se aprendiera porque el rolplay desencadenado por la capacidad adquirida tras aprender las conductas “decir que soy X” más “saber que X hace ciertas cosas (modelamiento)”, y lo reforzante del juego simbólico; puede que las diferencias hormonales y neurofisiológicas predispusieran a hacer esas cosas (me decanto por ambas opciones, pues son totalmente complementarias). Lo importante es que las conductas per sé son agradables/neutras y el hecho de defenderlas bajo una categoría propia supone un tacto propio (autoconocimiento, y la satisfacción que lo acompaña, por reforzamiento generalizado), así que la categoría se mantiene.
    4. Creación de gustos. Se necesita clasificar la realidad para saber qué se prefiere.
  • Niño (se mantienen c y d de la anterior):
    1. Capacidad de predicción. Ya consolidada una categoría, el individuo puede aprender que ciertos rasgos se asocian a esa misma (lo que solemos llamar estereotipos). El “acertar” asentará más aun esta clasificación de la realidad, que tenderá a enriquecerse y crecer conforme se adquiera más información.
    2. Mantener la coherencia. En línea con lo anterior y recordando mi último escrito para esta web, “¿Por qué no nos entendemos?”, la coherencia es una herramienta necesaria y útil, pero adquirida. Una vez que se tiene una información y la capacidad lógica, la tendencia es a mantener toda conducta pensar sin “chirridos”, lo que la psicología mainstream llama disonancias cognitivas.
    3. Actividades en relación con los gustos.
  • Adolescente (se mantiene todo lo de “2. Niño”):
    1. Necesidad mayor de coherencia. En una época llena de cambios, el ser capaz de explicar tu realidad y darle sentido se convierte en algo más prioritario. Esto podría llevar a crear ideas muy lejos de la realidad, pero sólidas en base a lo que el joven conoce en ese momento. Una categoría puede ser una zona de confort o la clave del conflicto que se está llevando a cabo; en cualquier caso el uso de la misma se acentuaría (para darte seguridad o bien para prestar atención al problema e intentar resolverlo, conductas que antes o después se llevarán a cabo en esta etapa). Debo destacar que romper la categoría abre brechas en las conductas guiadas sobre la misma; como ejemplo obvio, la sexualidad.
  • Adulto (se mantiene la necesidad de coherencia pero con capacidad crítica, por el placer que esta supone; si es que esa idea de género polar no supone un refuerzo demasiado grande como para cambiarla lo más mínimo):
    1. Conocer la realidad. Preguntaos seriamente qué utilidad, fuera parte de predecir los genitales de alguien que pudiera ser una futura pareja sexual y/o romántica, la asignación de estereotipos (que ayudan a conocer la realidad, son heurísticos) y la científica, tiene decir “soy hombre/soy mujer” para los adultos. Acaba siendo un sinónimo de otras cosas y por eso es vigente (haciendo ejemplos con lo masculino: chico como sinónimo de pene y/o ciertos caracteres sexuales secundarios, chico como una persona cuyo sistema nervioso hace más probable que le gusten las carreras STEM, jugar a deportes de fuerza, etc. o chico como sujeto con cromosomas XY y todo lo que esto conlleva).

 

Parece razonable que los términos “hombre/mujer” y sus semejantes tienen una utilidad psicológica. Conforme crecemos pasan de ser una categoría que sacia la necesidad de adaptarse al gran mundo recién descubierto y supone una forma de relacionarse con él a ser aquella capacidad de ordenar la realidad para ser capaces de comunicarnos y relacionarnos entre nosotros de forma adecuada. Sin negar esto, al seguir avanzando y adentrándonos en la complejidad que el sexo supone al relacionarse con el resto de factores de la realidad encontramos que estas palabras pueden ser fútiles para la ciencia y el conocimiento preciso; lo cual es perfectamente razonable para un estereotipo, aunque mantienen un buen grado de utilidad en la comunicación social. Quizá encontramos una forma más útil de comunicarnos en comunidad sin el uso de esos términos, pero mientras tanto no abogo por su desaparición sino por entender realmente qué significan.

Con todo esto, ya podemos dar una definición algo más adecuada. Género:

Todo aquel aprendizaje que supone una clasificación o identificación (contingencias verbales, tactos extensos y propios, respectivamente) de la realidad en unas categorías basadas en el espectro femenino-masculino; que a su vez da paso a tres elementos más, a) el posible aprendizaje de gustos entorno a esas categorías, b) el progreso y desarrollo de las categorías para mejorar su calidad de heurístico (forma sencilla de conocer la realidad, como son los esteriotipos) y c) la posible adición de estos conceptos en las conductas ser lógico/mantener la coherencia (consecuencia derivada de la inclusión de cualquier término al lenguaje). En definitiva, que género es el acto en sí de aprender las categorías masculino-femenino y las consecuencias que derivan de esto… y esto último, al contrario que mi definición, podría ser algo a tener muy en cuenta y de lo que estoy confiado.

 

¿En qué lugar deja esto al bus de “Hazte oír” y su famoso anuncio? En el rinconcito de la ignorancia, exactamente al lado de la gente que dice que el sexo no tiene nada que ver con el género. ¿Qué sentido tiene entonces la afirmación “nunca serás una mujer”? Pues muchos… podría ser que nunca tendré, al menos en mayoría, cromosomas XX; o quizá que mis pechos no se han desarrollado. ¿Y “nunca serás un hombre de verdad”? Quizá se refiere a mi condición de homosexual, a mi repertorio conductual (en cierta medida, bastante femenino). ¿Pero qué importa todo eso? ¿Hay orgullo alguno en pertenecer a un estereotipo y, por tanto, encajar con mujer u hombre? No, igual que tampoco lo hay en no encajar. Es una forma útil de acercarnos a la realidad, pero en la medida que no lo sea… QUE LE DEN A ESOS VOCABLOS, SEAMOS UNICORNIOS.

Jorge Delgado Garcia

Generación del 99. Amante de la filosofía y las matemáticas, casado con la psicología. Trato temas sobre sociedad desde una perspectiva vitalista y conductista radical. Hijo de mis errores y padre de los que quedan por venir.

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