¿Por qué no nos entendemos? ¿Por qué no sacamos nada tras hablar? ¿Por qué ni siquiera nos paramos a debatir?

Estas preguntas rondaban mi cabeza continuamente, ya sea tras ver la última actualidad política o tras pasar una tarde con un buen amigo charlando sobre nuestras monótonas vidas. No fue hasta comenzar psicología cuando pude entrever una respuesta a ellas y hoy os voy a contar lo que he llegado a saber sobre comunicación y las posibles mejoras de su praxis.

Para abarcar este tema, trataré las conductas* que intervienen en la comunicación (hablar/escribir, escuchar/leer, gesticular y pensar) de forma separada, centrándome en las características de las mismas que facilitan el error comunicativo**. Al final del post daré un breve análisis conjunto de las mismas y los errores que pueden surgir. * Conducta será toda aquella acción con sujeto. Pensar, amar, imaginar y correr son conductas. ** Tacharé de error toda comunicación que no acabe con el objetivo del emisor cumplido, ya sea expresar, informar, enseñar, etc. (o, en su defecto, si el objetivo fuera el llegar a un punto en común, llegar al descubrimiento de qué elementos son los que hacen las posturas incompatibles para poder empezar a indagar sobre los mismos).

  1. Hablar/escribir:

¿Para qué hablamos? Esta intuitiva pregunta da más de sí de lo que podría aparentar en un primer momento. Si observamos cómo adquirimos esta capacidad y para qué se adquiere, podemos ver que las funciones principales en la infancia siguen siendo vigentes en la adultez; a saber:

    1. Conseguir entretenimiento. Jugar hablando, activarse suficientemente para combatir el aburrimiento, distraerse… Todo ello supone algo positivo (reforzante) para el individuo.

    2. Sentirse capaz. Imitar un sonido, dar un tono, declinar un poema… Hablar puede ser un reto que traiga satisfacción al lograrse.

    3. Llamar la atención. Estar acompañado es, desde la infancia, de los mayores estímulos condicionados positivos que se pueden tener y hablar es una de los métodos más accesibles para conseguirlo.

    4. Aliviar frustración. Gritar, llorar, contar un problema que has tenido (desahogarse), etc. son conductas que producen alivio (son un refuerzo negativo).

    5. Aliviar el miedo. El miedo puede llevar a la necesidad de aliviar tensión y de llamar la atención en la infancia, y la manera de aliviarlo y su relación con el a habla se vuelven más complejas con el paso del tiempo.

    6. Exhortar al receptor. Puede que el habla en sí no sirva siempre para conseguir objetivos, como cumplir una necesidad fisiológica, entretenernos o sentirnos autorrealizados, pero sí que puede ser la herramienta en el camino para conseguirlos (por ejemplo, pedir comida, un juguete o ayuda para escalar el columpio, respectivamente). Como en el anterior apartado, a lo largo del desarrollo humano esto se vuelve más complejo, adquiriéndose la «lógica».

Aprendemos sobre el poder de la palabra a través de la observación y la puesta en práctica, pero parece resultar más útil cuanto más lógica y coherente sea; por lo que el aprendizaje de cómo hablar “con sentido” está incentivado por la curiosidad y deseo de explicar el mundo de forma correcta y, además, por la utilidad que tiene; o sea, por la capacidad que nos da de ser capaces de manejar nuestro entorno para hacerlo más favorable (e incluso se podría decir que solo existe este último motivo, pues descubrir el mundo también es reforzante debido a que eso nos hace sentirnos capaces, nos entretiene, nos permite poder relacionarnos de forma más eficaz…). ¿Por qué entonces no siempre somos tremendamente lógicos*? Porque hay varias consecuencias positivas (reforzantes) a las que no podríamos acceder siéndolo, aquí algunos ejemplos: * Ser lógico acaba siendo algo que necesitamos creer que somos continuamente, pero tenemos que diferencias las estrategias para parecernos lógicos (falacias, sesgos de información) y el ser realmente coherentes. Para mí, la diferencia está en el uso y deseo de aprendizaje de aptitudes para la lógica vs su uso parcial; dicho con otras palabras, la diferencia es si se usa el pensamiento crítico y se quiere aprender vs usar el pensamiento en medida que eso nos da lo que deseamos.

    1. Humillar. Para reírnos de alguien, para sentirnos superiores, para hundir a alguien y así mantenerlo bajo control, etc. la lógica juega un papel secundario. Solo es necesaria en la medida que nos da la “sensación de ser coherente” (para poder justificarlo luego, para no autodescribirse como “mala persona”…).

    2. Enaltecernos. Puede ser totalmente coherente o puede que despreciemos parte de sensatez en pos de conseguir el reforzador.

      1. De forma directa. Es decir, cuando la forma de comunicarnos es lo reforzante en sí, pudiendo mejorar con el entreno de las capacidades oratorias, como serían demostrar que llevamos razón, que sabemos más, que “somos” siempre muy coherentes y sensatos… El fallo se daría en forma de falacias y sesgos.

      2. De forma indirecta. Lo reforzante está en lo que se transmite. Por ejemplo, comunicar que hemos hecho un viaje maravilloso, decir algo que invite a tu pareja a alabar tu nuevo peinado, fardar en Twitter de que ahora eres #@¿+, esa gente buena y maravillosa, desde hace 3 horas y 5 minutos… El error que de esto puede surgir sería la mentira (exageraciones, medias verdades, mentiras stricto sensu).

    3. Convencer. Comúnmente se dan conversaciones donde lo importante es exhortar al oyente para que piensa/diga/haga algo, sin tener porqué haberse expuesto unos argumentos lógicos.

      1. Adoctrinar/persuadir. Cualquier ideología puede ofrecer apoyo social y la posibilidad de autodescribirse como “alguien bueno/que sabe la verdad”; la lógica solo es necesaria para evitar pensamientos como “estoy engañándome/esto no es tan perfecto/habría que hacer X cosa (lo cual supone mucho esfuerzo)”. Además, podemos incluir cualquier tipo de ofrecimiento de favores aquí (por supuesto, cabe la posibilidad de que fueran totalmente coherentes con la situación).

      2. Presionar/amenazar. Crear una situación negativa de la cual solo se pueda escapar o bien advertir de una consecuencia negativa que solo se pueda evitar haciendo lo que el emisor diga suele ser poco lógico (porque no se realizarían tales conductas, sino que se buscarían las más útiles para resolver el problema).

    4. Distraerse/evitar esfuerzo. Comunicarse sin prestar mucha atención ni ser muy crítico, divagar, seguir una conversación sin haber quedado claro realmente lo que se dice… Todo ello lleva a que el tiempo pase y se mantenga una situación agradable, mas no todo lo útil que podría llegar a ser.

    5. Autoengañarse (dar sentido). Para conseguir las consecuencias anteriores, tenemos que conciliar la sensación de coherencia en ese momento, pero se debe mantener a lo largo del tiempo. Las conductas hablar/escribir pueden estar destinadas a defender esa postura a la que hemos llegado solo para acceder a consecuencias positivas, para evitar autodescribirse como “mentiroso” o autoexponerse a pensamientos como “he perdido el tiempo/no pude ver que era falso (=soy tonto)/me lo creí por conveniencia”.

    6. Aparentar (tener sentido). Al igual que para mantener la psicología sana debemos autoengañarnos, debemos seguir fingiendo que defendemos aquellas ideas cuya defensa nos aportó consecuencias positivas para evitar el castigo social. De aquí surgen todo tipo de justificaciones para evitar descripciones como “corrupto/hipócrita” por parte de los demás y de uno mismo.

 

 

Creo que llegados a este punto estoy en posición de descubriros una maravillosa idea, especulativa y sin apoyo de ningún experto que trate el tema (que yo haya encontrado), sobre el ser humano… Solo nos expresamos de forma realmente coherente cuando hacerlo es la opción más beneficiosa. En los siguientes apartados analizaré, de una forma similar a este, los motivos para no ser lógicos, o al menos, no serlo tanto como podríamos y buscando aprender para que esta aptitud crezca.

Primer consejito para navegantes: Presentad los motivos por los cuales hablar y llegar a un acuerdo es importante, asegurando que los compartís con los interlocutores. Explicitar las ventajas de hacerlo es la única forma generalizada de que el esfuerzo de aprender, prestar atención y cuestionarnos nuestras ideas merezca la pena.

  1. Escuchar/leer:

Para este punto quiero basarme en el modelo de las cuatro partes de Friedemann Schulz von Thun, psicólogo alemán y científico de la comunicación; siguiendo mi esquema de describir la conducta y sus posibilidades, junto a las consecuencias correspondientes. Según este modelo todo mensaje tiene cuatro lados, cuatro tipos de interpretación que puede realizar a la vez el oyente:

    1. El lado de la información, los datos en sí a los que se refiere el emisor.

    2. El lado de la relación, aquella información pertinente al vínculo entre emisor y receptor.

    3. El lado de la apelación, las conductas que el emisor exhorta formarían este lado, ya sea algo implícito o explícito.

    4. El lado de la expresión, consiste en el reflejo de deseos y/o motivaciones del emisor.

De aquí surge la duda que ya hemos tratado anteriormente… bueno, si es así, ¿para qué lo es? Conocer toda la información posible es intuitivamente apetecible (pues sería la forma de estar más preparado, situación que seguramente se haya visto reforzada a lo largo de nuestra historia de aprendizaje); pero en multitud de casos parcelamos la información*, cosa que parece no tener mucho sentido, pues siendo muy sencillo “procesar” los cuatro lados comunicativos y eso nos ayuda a estar en la mejor situación posible, ¿para qué hacemos otra cosa que no sea eso? Imitando al apartado anterior, expongamos las consecuencias que se pueden conseguir solo omitiendo parte de la información sobre lo que oímos/leemos: * Se podría debatir si bien no realizamos procesos que nos lleven a extraer ciertas partes del mensaje o, si bien, analizamos siempre todo mensaje de forma inconsciente (incluyendo tono, gestos y cualquier señal comunicativa) pero no se manifiesta de forma perceptible para el propio sujeto porque eso traería consecuencias negativas.

  1. Posibilitar conductas que en ese momento serían agradables (ya sea por ser positivas, refuerzo positivo, o porque producen alivio, refuerzo negativo). Es muy agradable pensar “@DomingoYayo escribe sobre yaoi para hacerme feliz”, pero para ello necesitaría ignorar el lado de expresión (el lado que me diría que le gusta escribir, impidiéndome pensar en otras opciones y, por tanto, investigar y descubrir mi mentira), atendiendo solamente al de mensaje y al de relación, que buenamente me invento.* * Al igual que en el apartado 1), las conductas de escuchar/leer solo serán lógicas cuando eso sea más positivo que no serlas; por ejemplo, cuando se oye para aprender, para convencer/rebatir a un adversario, para autodescribirse como alguien coherente (o evitar autodescribirse como lo contrario), etc. usamos la “lógica”. Para ensoñar o para mantener nuestra realidad de seres de luz, no lo hacemos o solo parcialmente.

  2. El mantenimiento de conductas. ¿Conocéis la falacia ad hominen? Pues aquí su origen; atender solo al lado de relación y/o expresión para conseguir pensar a la vez “lo que dice la otra persona no tiene validez” y “todo lo que digo sí que tiene sentido”, evitando pensar “no llevo razón” (cuando equivale a “soy tonto/mentiroso”, que puede equivaler a su vez a “valgo menos”, “ya no me prestarán atención”, “ya no me querrán”…).

  3. Evitar esfuerzo. Puede ser que escuchar todos los lados no sea una tarea totalmente sencilla, incluso quizá resulta costoso atender a una sola área de la comunicación. Por ejemplo, no atender a la letra de una canción y simplemente disfrutar de la melodía, solo interesarse por el lado de apelación de una regañina para evitar otras futuras pero sin aprender nada…

Debo dejar clara la diferenciar entre escuchar uno o varios lados de la comunicación con el escucharlos todos (al menos, de forma consciente) pero no tener en cuenta alguno, como ocurre en los debates, donde se ignora (o se debería) todas las características personales de los interlocutores para centrarse en la información de la introducción, la calidad de las refutaciones…

Segundo super consejito: siempre que se comunique algo, previamente aseguraos de que cuando se escucha, se hace (al menos principalmente) para aprender, poder criticar en pos de una mejoría de la idea o incluso sentir una emoción (lo que sea, pero en su contexto)… Si no, la gente solo va a oír lo suficiente para permitirse dar una respuesta que los satisfaga, sin llegar a ningún lado o, como mucho, llegando a acuerdos sin sentido alguno.

  1. Gesticular:

La comunicación no verbal es la primera que se desarrolla de forma compleja, siendo la comunicación verbal (al menos, en principio) un reemplazo de la primera por ser más útil, pero con las mismas funciones*. Aun así, los gestos no se vuelven un mero adorno, sino que complementan el mensaje que percibimos y pueden alterar su significado diametralmente al hacerse parte de la carga no pragmática, otra información que se transmite en el mensaje**. Los juegos entre distintos tipos de información dan lugar a la ironía, la insinuación, la persuasión… Su función expresiva es inmensa, ¿pero qué fallos pueden surgir de esto? Como es obvio, la posibilidad de que no se entienda bien la carga no pragmática y el mensaje se vea alterado de una forma indeseada. * Es decir, se equiparan los gestos, en esta primera oración, al primer apartado, 1) Hablar/escribir. ** La carga no pragmática es toda información exterior a la del mensaje que influye sobre esta misma, como serían el contexto, los gestos del emisor y/o su tono, la relación entre estado emocional del receptor y lo que dice el emisor…

Sería interesante y curioso tener en cuenta qué factores hacen que maticemos la comunicación de una u otra forma tanto como saber cuáles son universales, pero con respecto al tema principal no es de vital importancia, por eso no he profundizado en ello.

  1. Pensar:

En este texto, hablaré de la conducta pensar como la conducta de autoexposición (conducta privada) a un contenido verbal, pues las otras autoexposiciones (imágenes, sonidos…) encuentran un equivalente en lo lingüístico.

Con todo lo expuesto hasta aquí, ya tenemos mucho dicho sobre pensar de una forma no tan lógica como se podría. Esta conducta es pre requisita para realizar la mayoría de las posibilidades de la conducta hablar (hay que pararse a pensar para convencer y aparentar de forma eficaz), aunque también la conducta hablar puede ser la respuesta que sigue al estímulo al que nos autoexpongamos (pensar “ya no me quiere” puede crear un miedo que provoque diversas conductas, desde intentar convencerle para que no se vaya hasta humillarle para asegurar que su autoestima no le va a permitir irse). A su vez, la reflexión puede ocurrir tras la comunicación, para buscar coherencia. Esto ocurre o bien para integrar la ideas nuevas a las anteriores (ya sea con el uso total de la lógica o solo el necesario y alterado para poder seguir realizando las conductas hablar/escribir, escuchar/leer y pensar de aquella forma en la que nos reportan consecuencias positivas) o bien para entrenar* esta conducta; es decir, hacerla más eficaz. * Aunque suene un poco raro, pensar, al igual que toda conducta, se puede llevar a cabo de mejor forma a través del entrenamiento de la misma. La forma de pensar de un niño de 7 años y un adolescente de 15 no se diferencian únicamente en el contenido que suelen procesar, sino en la forma de hacerlo.

La relación entre las conductas escuchar/leer y pensar es intuitiva y similar, así que me la saltaré para ser lo más breve posible. Las partes más salientes del pensamiento serían, en definitiva, el hecho de que se entrena y puede mejorar (recomiendo leer a Edward de Bono, pues da herramientas para pensar de forma ingeniosa y creativa) y que las conductas derivadas de pensar como imaginar, recordar, razonar, etc. están guiadas por sus consecuencias al igual que hablar, escuchar… Con una peculiaridad, la posibilidad de restar información a través del olvido (siendo esto una forma de autoengaño).

  1. Conclusiones:

Bajo la apariencia de una comunicación típica en la que se desea acordar algo pueden subyacer muchos motivos que boicoteen al objetivo principal. Pero se puede conseguir bastante a través de la negociación, para que el dialogar fuese realmente deseado por los interlocutores. No obstante, aunque no existieran esos motivos perjudiciales, la comunicación podría fallar pues aprendemos a comunicarnos a medida que lo ejercitamos. Para corregir, en teoría, todos los errores comunicativos deberíamos hacer que los interlocutores no necesitaran aquellas consecuencias que dan pie a esos fallos o, al menos, hacer que sean las menos deseables a la vez que se refuerzan las conductas que dan pie al buen diálogo, tales como aceptar un error, ser crítico, escuchar a otros sin ningún prejuicio…

Lo que observo diariamente es que trabajamos la comunicación desde la coherencia, refutando argumentos a través de la exposición de sus errores y la comparación con otros argumentos mejores. Esto nos posibilita “acorralar” la postura del adversario, o al menos parte de ella, haciendo que defenderla sea tan aversivo (pues supondría autodescribirse como “mentiroso/estúpido”) y deba realizar algo al respecto. Una posibilidad es que abandone su idea previa para acoger otra, quizá la que le proponen, o se declare como indeciso en el tema, pero es posible que lo que elija sea olvidar/ignorar la información que le lleva a esa situación de afrontar que no tiene sentido lo que dice; es decir, se autoengañe. Sin embargo, si en vez de usar el conflicto lógico (a secas, al menos) atendemos a las necesidades y motivaciones de la persona, podemos tratar el problema desde la raíz.

(Hasta aquí lo que he podido averiguar de mi mano y de los pocos autores que he encontrado que tratan el tema, agradecería que si usted conoce a alguien que hable sobre esto lo comente, para echarle un vistazo. Estoy trabajando en un modelo para conseguir lo que está en el último párrafo y toda información será útil, gracias).

Jorge Delgado García

@JDGPsicologia

Jorge Delgado Garcia

Generación del 99. Amante de la filosofía y las matemáticas, casado con la psicología. Trato temas sobre sociedad desde una perspectiva vitalista y conductista radical. Hijo de mis errores y padre de los que quedan por venir.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Drogoteca

    Da gusto leer «refuerzo negativo» y que no esté mal explicado sino bien apuntado…
    Muy interesante.
    🙂

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