Con el paso de los años el fenómeno Podemos se estudiará en las Universidades, si los oprimidos no lo censuran antes, como el resultado vulgar y fantasioso a una política de estafas totalitarias que alternaron durante la primeros años de democracia PP y PSOE en nuestro país.

Podemos ha dejado atrás aquel aire romántico e ilusionante que embriagaba de esperanza al dolor de la calle. Porque decir que el 15M es Podemos es tan falso como las lecciones de moralidad de Montero e Iglesias. La formación nace del 15M, y eso es algo muy distinto.

Soy de los que piensan, y están absolutamente convencidos de ello, que un tipo con un Rólex de cinco millones de pesetas luciendo en la muñeca puede defender perfectamente a los trabajadores. Ya saben, aquella polémica imagen de Cándido Méndez en la que lucía semejante accesorio. Porque de no ser así, un ciudadano con un salario medio, jamás podría defender a un indigente. No es una cuestión de ética, ni de moralidad, es un razonamiento que nace del sentido común y la necesidad.

Cada uno puede hacer lo que le venga en gana con sus ingresos, faltaría más. Si yo pudiera me compraría una isla y hasta un avión privado y me seguiría quejando del precio de la luz. El problema viene cuando eres un bocazas y tu ego te invita a realizar una estúpida huida hacia adelante que carece de todo sentido.

Pero Pablo Iglesias e Irene Montero saben perfectamente lo que hacen al condicionar su continuidad al frente del partido a una consulta a las bases. Salir a la palestra pública y decir que eres un bocazas y que tienes un buen paladar y un ojo selectivo para lo bueno no es tan sencillo cuando tus fans, que no votantes, te han elevado al Olimpo de la moralidad y la ética. Al final te lo terminas creyendo.

A mí me habría parecido más interesante someter a consulta el color de las cortinas. Seguramente serían moradas, como todo lo que se revindica últimamente en este país en base a una ideología, aunque quieran disfrazarlo de justicia social. Ya puestos hasta podrían haber realizado la pregunta antes de adquirir el fastidioso casoplón. Hasta Iglesias lo ha catalogado así diciendo, que no se imaginaba que la compra levantaría tanto revuelo.

Y estoy de acuerdo con él. También lo están sus fans. Aunque haya una notable diferencia entre ellos y yo. Ellos, sus fans, han perdido la capacidad de autocrítica y, por consiguiente, el derecho a ser llamados votantes.

El debate está sobre la mesa, aunque yo soy un defensor de la propiedad privada y no creo que ninguno de los dos deba dimitir por bocazas. Ningún político debería hacerlo. A mí lo que me carga es la doble vara de medir. Porque no se trata de que deba o no comprarse una casa. Ese debate, a estas alturas, me parece denso, cargante, incluso estúpido. Se trata de que tanto la propiedad privada como las riquezas no estén sujetas a una ideología. Si ahora no hay problema en gastarse 600.000 euros en un chalet, ¿por qué antes sí?

@JosCarlosValver

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José Carlos Valverde

Se siente incómodo en todas las dicotomías, adora las zonas grises. Huye de los espacios de ideología cerrada. Cree en la diversidad, por ello escribe para ser convencido, no para convencer. Defensor radical de la libertad de expresión. Sus temas preferidos son los colectivos sociales y la política.

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