Escribir sobre la igualdad entre hombres y mujeres –esa cantinela posmoderna que desgraciadamente se ha desgastado en exceso por intereses partidistas, y no por su uso- tiene una connotación polarizada que suele ladear siempre hacia el mismo lugar. Y no, no es una adivinanza, ustedes ya saben la respuesta. Otra cosa es escribirla. O tener el valor para hacerlo. Incluso distinguir entre ambos sexos puede convertirse en una osadía en  tiempos de antorchas y persecuciones digitales. Porque hoy todo está polarizado. Si han accedido a este enlace, qué les voy a contar que no sepan. La dictadura de los oprimidos y sus consecuencias…

Al menos tienes la oportunidad de elegir; puedes ampararte en la falsa dignidad del verdugo y subirte a la cresta del oleaje buenista, aprovechar el mes de noviembre para hablar de la mujer (desde luego hoy en día qué mes, actividad, premio, reconocimiento… no es el suyo. Situación que no me parece mal, sino curiosa) y rellenar varios párrafos hablando de la parte sensible de la historia (muy necesaria por otro lado). Ganarte el aplauso fácil y evitar el escarnio. Al final es más importante lo segundo; aunque si eliges señalar al temerario, que decide bucear con sus reflexiones en las raíces de toda esta guerra cultural, también serás reconocido. Y esta es la otra cara de la moneda. La parte que me interesa. La del señalado. Prefiero ser un hijo de puta osado a un buenista instruido.

 

La primera vez que fui linchado, descubrí que dentro de todo este maniqueo hay dos tipos de personas. Las que reflexionan y las que se masturban con su propia rabia mientras observan las cavilaciones de los demás. Son intocables, están exentos de crítica y autocrítica. Eligen estarlo porque en realidad tienen miedo a la diversidad. Los pajilleros de la indignación, como los bautizó el periodista Juan Soto Ivars en su ensayo ‘Arden las redes’. Este tipo de sujetos se atribuyen el honor de la verdad y la causa, y deciden que tu universo tiene que ser un lugar infernal sencillamente porque tus planteamientos están amparados en la línea de la traición, o lo que traducido viene a significar que básicamente se distinguen de los suyos. No hay más. En otra época esto habría sido enriquecedor, pero no en la era del nacimiento de la picota virtual. Policías digitales de la moralidad, que se mueven por impulsos narcisistas y egoístas y que se respaldan en las hordas de justicia paralela. Todas perfectamente instruidas y organizadas. Venden el dolor ajeno por un puñado de likes. Saben que el ciudadano actual tiene más miedo a un linchamiento que a una orden judicial. Esa es su mayor baza. Son los inquisidores del siglo XXI.

 

Y así viene ocurriendo durante los últimos días. El pasado fin de semana, varias asociaciones y movimientos por la igualdad real se manifestaron en Madrid, en la I Marcha Estatal por los derechos niños. Una corriente que extrañamente ha empezado a molestar. Así mismo, se realizaron diferentes actos y ponencias en numerosas localidades, y se debatieron puntos muy críticos que han caldeado –más si cabe- la eterna guerra cultural que sacude a la ideología de género.

En las redes varios señalados. Entre los nombres ajusticiados me llamó la atención el del YouTuber Un Tío Blanco Hetero… al que desde PSOE y Podemos de Alcobendas, tildaron de “hombre encapuchado”. Curioso matiz cuando en nutridas manifestaciones feministas las representantes de la igualdad portaban pasamontaña y antorcha. La doble moral posmoderna ya se ha quedado sin escrúpulos.

En diferentes actos se solicitó la derogación de la Ley de Violencia de Género. Algo que para ambas fuerzas políticas de izquierda, y visto su comunicado, ha resultado una barbarie. Donde, y cito textualmente, se afirma que es “sumamente peligroso” plantear su revocación.

 

El encuentro tuvo lugar en la Ciudad Deportiva Valdelasfuentes (Alcobendas), y desde Podemos aseguran que es incomprensible cómo el Ayuntamiento ha permitido este acto. Por otro lado, el Partido Socialista se ha postulado rotundamente en contra, pidiendo explicaciones al Gobierno, exigiendo al mismo tiempo una comparecencia que “aclare por qué se permite el uso de recursos públicos para hacer actos que incluyen este tipo de propaganda”. Como era de esperar, en el gobierno municipal del PP se habla de libertad de expresión. Lógicamente todo sigue el patrón esperado.

 

Estar en contra de la LIDVDG no significa estar a favor de los asesinos y maltratadores. Entender esto es la base principal del debate. La maldad no es una cuestión de género, sino de voluntad. Y esta propuesta, ya sea por urgencia o por falta de datos, no ha solucionado nada y ha olvidado demasiados aspectos de convivencia. Esa es la cuestión. Partidas millonarias que no han cumplido su objetivo. Mientras todo esto se debate, las mujeres siguen siendo asesinadas. Vivimos una situación dramática.

Defender un código que permite que padres inocentes acaben separados de sus hijos o en la cárcel, y seres despreciables continúen en la calle destrozando la vida de mujeres inocentes, resume perfectamente cuál es la realidad y qué eficacia tiene la ordenanza. ¿Es realmente descabellado reflexionar sobre esto?

 

Llegados a este punto, también habría que pedir responsabilidades a colectivos y asociaciones. Siempre he sostenido que son los grandes privilegiados de todo este engranaje. Huchas sin fondo que justifican sus funciones y los cañonazos de inyección monetaria al número de veces que sus trabajadoras –que no trabajadores-. Y esa es otra, porque aquí no se aplica el sistema de cuotas, ni concurso oposición que valga: coloquen “x” o “@” en un texto que vaya dirigido a personas, que al final es de lo que se trata, y que también debería incluir algunos todes o la palabra portavoza. Si Mary Wollstonecraft redactara ahora sus vindicaciones, no solo habría señalado a Rousseau, sino a toda esta caterva que ridiculiza la causa. Y es que el peor enemigo del feminismo moderno son sus propios representantes.

José Carlos Valverde

Se siente incómodo en todas las dicotomías, adora las zonas grises. Huye de los espacios de ideología cerrada. Cree en la diversidad, por ello escribe para ser convencido, no para convencer. Defensor radical de la libertad de expresión. Sus temas preferidos son los colectivos sociales y la política.

Deja un comentario

Menú de cierre