Para entender conceptos que están en boca ya de todos sin conocerse su origen y evolución, conviene apuntar una breve historia de la teoría queer.

La teoría queer no nació de la nada con fines políticos muy concretos y la intención de beneficiar a las mujeres por el mero hecho de ser mujeres, tal y como ahora se insinúa. Las primeras comunidades que se autodenominaron queer tenían más que ver con gente que en medio del impacto del sida prefirió ese calificativo al de gay o lesbiana, con la intención de recuperar los locales unisex que se habían convertido en bares excluyentes de gays y lesbianas. El ya tan manido concepto de heteronormatividad surgió en un contexto en el que se daba por sentado que un hombre, y sobre todo un determinado tipo de hombre, era heterosexual (¿por qué no nos preguntamos si Bart Simpson es gay? ¿por qué damos por sentado que si un hombre de repente hace aspavientos con las manos es gay?). Lo mismo ocurre, por supuesto, con las mujeres. En este contexto, si la construcción de la homosexualidad como identidad cultural y no necesariamente como condición biológica sino más bien como práctica, intentando huir de su patologización, tenía una historia, también la tenía que tener la heterosexualidad, y tras cuestionarse que un gay tuviera que ser “identificable” y comportarse de una manera determinada, se comenzó a cuestionar que ser mujer u hombre condicionara de la misma manera un tipo psicológico.

Es importante que no se confundan los términos de performance, una acción consciente y activa, con la performatividad, que consiste en heredar o imitar, una serie de gestos, manera de hablar etc. que te identifican con un género, sin ser nada voluntario. La pregunta no es sólo ¿qué nos hace ser mujeres u hombres?, sino ¿es sólo hombres o mujeres lo que podemos ser? Según la teoría queer, adscrita a una de las características de la tercera ola feminista, además de dos sexos e identidades sexuales, cuya concepción no es puramente ni completamente biológica, sino sobre todo psicosocial, es decir, que – tal como estableció el Tribunal Europeo de Derechos Humanos  en dos importantes sentencias de 2002– cualquier órgano genital solo será considerado masculino o femenino según dicte la propia persona, dando predominio a la mente y el espíritu por encima de los sucesos biológicos, existen los géneros culturales, que se corresponde con el rol general y características específicas que se han concedido a hombres y mujeres, pudiendo, por ejemplo, alguien cuya identidad sexual es la de hombre, cuestionarse su identidad de género que reúne características masculinas y femeninas parcialmente o en su totalidad, o incluso que reúne características no descritas en los manuales a tal respecto que tanto se difundieron durante el Renacimiento.

Evidentemente seguimos cojeando a este respecto ya que incluso nuestro lenguaje lo hace, y necesitaríamos quizás inventar nuevas palabras, algo también muy de moda, para distinguir sexos de géneros, cuya multiplicidad sería mayor. Citando a Foucault, que no tenía en mente la teoría queer pero fue considerado por estos teóricos como su semilla, La ontología crítica de nosotros mismos no debe considerarse ciertamente como una teoría, una doctrina, ni siquiera como un cuerpo de conocimiento que se acumula; tiene que ser concebida como una actitud, un ethos, una vida filosófica en la cual la crítica de lo que somos sea, al mismo tiempo, el análisis histórico de los límites que nos son impuestos y un experimento con la posibilidad de trascenderlos. Resulta imposible, aunque no sea la creadora del movimiento, no aludir a Judith Butler y su El género en disputa: El feminismo y la subversión de los géneros (1990), teórica acusada de alejar a la aludida comunidad queer de su realidad circundante a causa de su vocabulario académico. Pero, independientemente de estos teóricos y las pullitas que se lanzan por no estar de acuerdo en la base, objetivos y futuro de lo que denominan heteropatriarcado, también la comunidad transexual se halla dividida entre los que reclaman pertenecer y sin matices o a los hombres o a las mujeres, o quienes aducen que hay más tendencias trans además de la que conocemos sobradamente como transexual que intenta no diferenciarse estéticamente ni en su manera de actuar del sexo con el que se sienten identificados, como la de rehusar un cambio físico.

Es el tema central del libro de Miquel Missé, sociólogo y activista trans, miembro activo de la Red Internacional por la Despatologización trans o dinamizador de la campaña internacional Stop Trans Pathologización, Transexualidades: Otras miradas posibles (ed. Egales, 2013), quien se interesa por la teoría queer y llega a ver el sistema binario de hombre-mujer como una trampa para manipular a los transexuales, al contrario de lo que últimamente se oye, y que implicaría un interesante cambio social. Dicho todo esto, ¿puede decirme alguien qué hace gente como Leticia Dolera apropiándose de términos de la teoría queer, como ese heteropatriarcado con el que se le llena la boca, sacándolos de su contexto y utilizándolos para sus propios fines egoístas confundiendo a todo el mundo sobre el tema en cuestión? Porque decidme:

¿Es o se ha manifestado Leticia Dolera como queer?

Tengamos cuidado con los cazadores cazados que en ocasiones no son aquellos a los que atacamos sino al contrario. De hecho, si los mismos términos en boca de los teóricos queer estaban consiguiendo una mayor cercanía entre hombres y mujeres y una mayor difuminación entre ambos, aunque una mayor heterogeneidad al mismo tiempo, mediante su uso por parte de las feministas hegemónicas y sus aliados a los que no se les permite salir de ese compartimento estanco para definirse como feministas, lo que se ha conseguido es reabrir una brecha que se creía prácticamente salvada. De todas maneras, para defender un movimiento no hace falta hacerlo desde su surgimiento, sino que nos podemos ir a siglos o incluso milenios atrás para ver que sus premisas ya se encontraban en diferentes culturas. Es el caso de los berdache amerindios o los kathoey tailandeses, además de encontrarnos en mitología, sobre todo en la griega, con toda clase de mujeres violentas y luchadoras, hombres afeminados, seres andróginos, hermafroditas, etc.

 

En una cultura en la que el sistema binario viene ya tan impuesto desde el judeo-cristianismo, como es la nuestra, tenemos el Arcano XV del Tarot de Marsella, el Diablo que representa el  inconsciente, los instintos y los impulsos primarios, y que es representado como un ser que además de híbrido entre humano y otros animales, es también hermafrodita.

Podríamos seguir con una ingente cantidad de ejemplos que a su vez podrían ser contestados, pero sinceramente y sin la intención de parecer egocentrista, cuando naces y te crías como un niño alejado de la mayoría de los niños tanto por ellos como por uno mismo, y más cercano a las niñas sin querer por ello coincidir en todas sus características físicas y psicológicas, es decir, cuando uno ha crecido, sin conocer el vocabulario que no crea nada sino que lo hace visible, como un andrógino y se ha resistido durante toda su niñez en dicha posición, no hay refutaciones filosóficas que valgan haciendo referencia a unos supuestos objetivos políticos inexistentes por aquel entonces. Porque yo sí soy queer.

Josu Sein

Artista con los pies en la luna, andrógino y con una capacidad de empatía que no suele ser habitual. Feminista libertario. Ayudar o al menos evitar o no participar en cualquier abuso de poder, lo ejerza el sexo o la raza que lo ejerza. Considerándome apolítico descubrí que era anarquista. Apóstata oficial, apátrida de sentimiento. Y ejerzo de trabajador sexual.

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  1. Hombre araña peluda de la selva
    juega fuera de casa en el Louvre
    y le pitan en contra mientras cruza
    un pasaje de cebra e intercambia
    cromos sin ácido que le sulfure
    ¡qué monótono! ¿qué monótono, no?
    ¡Oh, sí, qué monótono el carrusel!
    una relación pasada de fecha
    un vínculo caducado conversa
    en torno a la severa invariable
    una computadora indiscreta
    le lleva a la ruina más cercana
    tira por el encanto de en medio
    porque salir de un bucle es fácil
    si sabes cómo salir de un bucle
    ojos de origen ultravioleta
    adivinan en el paso de bueyes
    el punto ciego de un choque y fuga
    entre el lujo y un petrolero
    la duración de estas vacaciones
    tomadas un tanto a la ligera
    duerme para conseguir plasticidad
    y liga consigo mismo carbono

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