La supuesta opresión cultural. Segunda parte.

 

El tema de la opresión estructural (que mencioné al principio de la Primera parte) es desarrollado de la siguiente manera.

Según quienes emplean el discurso de opresores y oprimidos, el sistema educativo occidental no sólo es ineficaz y precisa de una reforma urgente. Supuestamente, además de todo eso, el sistema educativo es patriarcal e inculca en los hombres la idea de que violar está bien, que tienen derecho a abusar de manera impune de las mujeres, y que eso es lo normal.

A las mujeres, por su parte, se las sometería a un lavado de cerebro, designado como alienación, por el cual se les inculcarían ideas tales como: que son inferiores a los hombres, que merecen ser violadas y abusadas, y que su principal ambición debe ser encontrar un marido rico que las mantenga.

 

…Decididamente, o la gente que dice eso ha cogido como referencia un manual de la Sección Femenina de Falange (que dejó de enseñarse en 1975), o directamente nunca han asistido a la escuela. Nadie ha sido capaz de aportar una sola evidencia en este sentido.

 

No sólo no se dan estos supuestos, sino que de darse, la ley faculta a los alumnos para denunciar esto ante la Justicia como violación del Artículo 14 de la Constitución. Esto, en derecho administrativo (y los maestros de escuela pública son funcionarios), se cataloga como falta muy grave y se traduce en la separación de servicio. Para los que no dieron derecho administrativo: ese profesor sería inmediatamente expulsado e inhabilitado para dar clase y/o ser funcionario.

 

El siguiente argumento presentado por regla general es que “A las mujeres no se les permite dar clase, la educación está monopolizada por los hombres. Las mujeres son la mitad del mundo y tienen derecho a ser la mitad del profesorado”.

Un somero vistazo a los datos del INE nos desmiente esto: de los matriculados en la universidad, el 54,5% son mujeres, como lo son el 60,9% de los alumnos TOTALES que concluyen sus estudios aprobando. Aparte de eso, en 2016, segun Eurostat, en España las mujeres suponen el 76% de las profesoras de primaria (donde se echan las primeras bases de la futura educación, como el respeto al diferente, la idea de igualdad y similares)… y eso se considera el cuarto porcentaje más bajo de la Unión Europea, donde la media, siempre según Eurostat, está en el 84,7%. En secundaria, el porcentaje es muy similar, por lo que este extremo de “las mujeres son la mitad del profesorado” se cumple más que de sobra.

 

“Pero eso no sirve de nada si las mujeres no escogen los contenidos de la asignatura”. Lo cual, aparte de ser falso, olvida la libertad de cátedra. En primer lugar, los contenidos se determinan tomando en cuenta las opiniones de los profesores. Profesores de los que, recordemos, la media europea nos dice que son mujeres en un 84% y en España un 76%. Pero aún hay más. Incluso dando por cierto el supuesto de “los profesores no determinan los contenidos”, el derecho constitucional a la libertad de cátedra establece que, partiendo de los contenidos, el profesor puede explicarlos e interpretarlos como le de la real gana y según los criterios que estime oportunos. Esto significa que, por ejemplo, es posible que un profesor interprete el Quijote como una feroz sátira de la sociedad española de su tiempo, y otro decida que es un alegato a favor de la lucha de clases y de defensa de los oprimidos campesinos frente a sus opresores de clase noble.

 

“Es que se pone a las mujeres a dar clase por machismo“. Anda, esto es un dato nuevo. Yo -y mucha gente- creyendo toda la vida que quien estudia Magisterio (requisito indispensable para ser profesor) lo hace porque quiere, y he aquí que resulta que no. Básicamente, éstas diciendo que un montón de mujeres se meten a estudiar una carrera universitaria, con todos los gastos que eso supone, no porque quieran hacerla, sino “por machismo”. Esta afirmación es tan evidentemente falsa, que no voy a dedicarle más que este comentario irónico.

 

Podría pensarse que aquí acaba la cosa, pero no. Llegados a este punto, se entra en terreno más pantanoso, porque una vez desmentido que se enseñe la desigualdad en clase, el argumento es el siguiente:

“Es que los alumnos traen esas ideas de casa y las difunden en el colegio”. ¿Pero no se suponía que la desigualdad la aprenden en el colegio? Dirá alguno.

Pues no, no es así. Resulta que se aprende en casa. Obsérvese además un dato muy curioso: la misma gente que se queja de que los niños aprendan la desigualdad en casa, es la misma que acto seguido se niega a asumir la responsabilidad de educarlos para que “desaprendan la desigualdad”, sólo entonces acordándose de que se supone que eso es cosa de los padres.

 

Sí, es correcto. Se quejan de que los padres supuestamente educan a sus hijos en la desigualdad, pero cuando se les propone asumir esa responsabilidad la rechazan.

¿Recuerdan la dialéctica opresores-oprimidos de la que hablé en la primera parte? Bien. Los defensores de esta dialéctica pretenden promover una reforma del sistema educativo basada en ella. Esencialmente, dividir a los alumnos en función de su pertenencia a un colectivo oprimido u opresor, y educarlos en consecuencia con esta teoría. Lo cual tiene aún menos sentido si recordamos que la dialéctica opresores y oprimidos establece de entrada que, si eres miembro de un colectivo opresor, da igual cuanto te esfuerces en desaprender y en no oprimir, porque vas a seguir siendo parte del colectivo opresor.

 

Esta teoría no es precisamente nueva ni de izquierdas. La planteó en su día un hombre, un sacerdote protestante de Ginebra conocido como Juan Calvino. Calvino no sólo era partidario ferviente de la Reforma protestante: además desarrolló la teoría de la predestinación. Esto es que todos los seres humanos están condenados a arder en el infierno desde antes de su nacimiento, y que nada de lo que hagan en la Tierra cambiará esto.

A no ser, por supuesto, que nos hagamos calvinistas, en cuyo caso iremos en primera clase al Cielo sin importar lo que hagamos. Probablemente, si han llegado hasta aquí, esta teoría les resultará vagamente familiar…

 

El resultado histórico de esta teoría es conocido de sobra. Los calvinistas de la época se convirtieron en el equivalente cristiano de los yihadistas del siglo XXI: fanáticos religiosos, cerrados de mente, beligerantes e intolerantes con todo aquel que no pensara como ellos; más que dispuestos a imponer sus ideas por la fuerza de las armas, y sin el menor escrúpulo a la hora de ser viles y ruines.

Efectivamente, si tu propia religión te dice que arderás en el infierno o irás al cielo de manera predeterminada y exterior a ti, con indiferencia de lo que hagas en la Tierra, ¿qué incentivos tienes para ser bueno?

 

Aplicando esto a la dialéctica opresores y oprimidos: si te están diciendo constantemente que eres parte del colectivo opresor, que nada de lo que hagas cambiará eso, y que siempre vas a seguir siendo un opresor, ¿por qué razón vas a hacer caso a las órdenes de quienes te dicen tales cosas?

 

Kuro Tenshi Butai

"Opinador y analista disidente desde España, lo cual para algunos me convierte en un facha.
Sobreviví a la inmersión educativa en Estudios de Género y eso me ayudó a tomar partido... contra esa religión sectaria camuflada como ciencia.
Comprobé que el mundo que me vendían en clase, no tenía nada que ver con la realidad, y que lo que pasaba por "educación en igualdad", no era sino puro adoctrinamiento político-ideológico a cargo de hipócritas que ni se creen sus propios dogmas de fe.
Contra el adoctrinamiento en ideas totalitarias y la copia irreflexiva de ideas de ciertos países.
Hablo acerca de la religión de género y otros temas relacionados con la cultura. Me gusta Gundam, y algunas personas dicen que escribo bien."

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