La supuesta opresión cultural. Primera parte.

 

Personalmente, cuando leo un artículo de opinión de alguien, y veo que se pone a hablar de opresores y oprimidos, y a hacerlo en serio, para mí, el articulista se convierte en un charlatán de feria, apenas diferente de estos tarotistas que «ven» en las cartas lo que tú mismo les has dicho previamente.

Ya puede dar los mejores argumentos del mundo (cuando alguien habla en términos de opresores y oprimidos, en un 99% de los casos que he visto, sus argumentos eran muy malos, eso sí es que se molestaba en darlos), pero a mis ojos esa persona ha perdido toda su credibilidad como argumentador.

¿Qué me ha llevado a adoptar una postura tan «extrema»? Sencillo, el abuso de este tipo de discurso para tratar de justificar lo injustificable.

 

La definición que voy a emplear del término «dialética opresores-oprimidos» es la que sigue: “teoría política que pretende que la sociedad se divide en dos grandes colectivos, a los que asigna mediante criterios arbitrarios a los individuos: los opresores, que gozan de privilegios frente a los otros, que son los oprimidos, quienes carecen de derechos. La pertenencia a estos grupos es inalterable e intransferible, pues está determinada con indiferencia de los actos de la persona en cuestión. Las personas que practican esta teoría política lo hacen señalando de manera arbitraria como miembros del colectivo opresor a las personas, grupos u organizaciones con cuyas opiniones no simpatizan, con ánimo de invalidar su opinión basándose en su pertenencia al colectivo designado como opresor».

 

Podemos considerar, resumiendo, que la dialéctica opresores-oprimidos es un intento de legitimar las falacias ad hominem (en vez de atacar el argumento, ataco a la persona que lo propone), dotándolas de un falso barniz científico, como si fuese una teoría real.

Un análisis somero, para nada complicado, que además tampoco requiere de especiales conocimientos académicos, nos revela el sinsentido que es esta dialéctica de opresores y oprimidos. Y el mejor modo de hacerlo es empezar por la propia definición de base: sí, amigos, ¿qué es oprimir?

Basta echar un vistazo al diccionario para enterarnos de que la opresión es la acción de oprimir, al menos en su significado a nivel de debates. En la definición está la clave: la ACCIÓN de oprimir.

La propia definición establece de modo inequívoco que, para que exista opresión, ha de existir la voluntad de llevar a cabo el acto de oprimir. También es aconsejable, aunque no indispensable, un poco de premeditación para idear la mejor manera de oprimir.

 

Resumiendo mucho: «Si no hay acción, NO HAY OPRESIÓN”.

Si yo digo o hago algo que te puede parecer ofensivo, puedes sentirte ofendido, pero no inferir de ahí que te estoy oprimiendo y/o que mi intención es oprimirte. Tampoco te estoy oprimiendo por existir, a menos que me de por hacer algo para oprimirte.

De modo que tenemos que de entrada los usuarios de la dialéctica opresores-oprimidos ignoran la definición de la palabra opresión. Para esas personas, opresión es el mero acto de pensar de manera diferente a la suya.

 

No hace falta sino echar un vistazo a los libros de historia para darnos cuenta de que los ejemplos tradicionalmente citados de opresión, como parte de la dialéctica opresores-oprimidos, revelan una clara voluntad de oprimir.

El Apartheid de Sudáfrica, ejemplo estrella de los defensores de los derechos de los no-blancos, revela que existía un grupo que no solo tenía la voluntad de oprimir a aquellos que consideraba inferiores, sino que empleaba todo el poder del aparato estatal para crear condiciones sociales y legales en las que los no-blancos estaban en situación de clara inferioridad. No surgió por si mismo, alguien ejerció su voluntad de oprimir.

Otro ejemplo, que tal vez guste más a los lectores de izquierda es el de la precariedad laboral, basada en que los empresarios decidieron ejercer su voluntad de pagar y en general gastar lo menos posible, sin tener en cuenta otras consideraciones. Es esta razón la que lleva a los empresarios a despedir a sus trabajadores nativos para contratar a los inmigrantes que, al estar desesperados, le salen más baratos (otro día hablaré de esto).

Igualmente, la esclavitud se basaba en el mismo principio: existía la voluntad de creer que los miembros de ciertos colectivos eran inferiores y, por diversas razones según la cultura esclavista que fuese, los esclavizaban porque se lo merecían.

 

Además, hay que puntualizar que la esclavitud, en contra del mito que se ha venido repitiendo desde 1960, sobre todo por culpa de la excesiva influencia estadounidense en Occidente, no se basaba, o no se basó siempre en la raza. La esclavitud no se basaba solo en que los blancos esclavizaban a los negros porque podían.

En el Imperio Romano, la esclavitud no se basaba en la raza sino en otros criterios: ser prisionero de guerra, ser vendido por deudas, o ser hijo de esclavo, entre otros motivos. Esto significa que cualquiera podía ser esclavo, sin importar su color de piel, y entre otros, lo fueron habitantes de Hispania, Galia, Germania, Britana, Dacia, pueblos itálicos… todos ellos gente de etnia blanca que, según la interpretación moderna de la esclavitud, NO tendrían que haber sido esclavos. (Amén, por supuesto, de miembros de los pueblos del Norte de África, tales como Egipto y el actual Maghreb).

Más adelante, en la Edad Media, los esclavos procedían de Europa del Este: Rusia, sus vecinos bálticos, Ucrania y Polonia, eran los principales suministradores. Esa zona, abrumadoramente de mayoría negra, por supuesto (sarcasmo). La mayor parte de estos esclavos iban con destino a los mercados árabes, pues el entonces Califato ambicionaba grandes cantidades de esclavos para que trabajasen duro por el bien de sus amos árabes.

Todo esto que acabo de escribir es ignorado deliberada y sistemáticamente -ellos sabrán por qué razones- por aquellos que defienden que la esclavitud se dio exclusivamente por parte de los blancos contra todas las demás razas. Mi teoría es que contar que los árabes también esclavizaban gente les desgracia el intento de etiquetarlos como «colectivo oprimido», y de ahí puede llegar a desmoronarse todo el discurso, porque si nos mienten en que los árabes estaban oprimidos, a lo mejor todo lo demás es mentira.

 

 

El punto de este artículo es demostrar que la dialéctica opresores-oprimidos no solo es falaz, sino que no aporta nada al debate salvo confusión y desinformación, amén de emplearse para tratar de echar balones fuera, responsabilizando a otras personas de lo que a menudo es resultado de la propia incompetencia.

 

Voy a hablar de dos ejemplos de lo que digo; la supuesta inferioridad de las mujeres y el concepto de la apropiación cultural.

Actualmente, como sabrán los lectores de Disidencias, existe una gran cantidad de gente que está firmemente convencida de que la mujer occidental es un colectivo oprimido, en situación de inferioridad frente al hombre, etiquetado como colectivo opresor.

Basta echar un vistazo a los códigos legales y constituciones de Occidente para constatar que, no solo las leyes consagran la igualdad entre hombres y mujeres (art.14 de la Constitución española prohibiendo la discriminación por razón de sexo, entre otras formas de discriminación, por ejemplo), sino que en la actualidad no existe ningún Gobierno occidental que legisle contra las mujeres o los negros.

(Por alguna razón, a los defensores de esta teoría solo les importan estos dos colectivos, con independencia de la proporción de ambos que exista en sus países. Esto no es otra cosa que racismo y sexismo. ¿Qué pasa con los que no somos ni mujeres ni negros? A nosotros que nos den, ¿verdad?)

 

A esto la respuesta es que «es que la opresión es cultural y estructural, no está en las leyes pero está ahí”. Voy a desarrollar estos dos puntos por ese orden.

Lo primero, la pretendida opresión cultural, nos lleva a la llamada Teoría de la Apropiación Cultural.

Para los que lleguen aquí sin saber lo que significa este termino (los que ya lo sepan se pueden saltar este párrafo), se define como apropiación cultural todo acto por el que una persona, miembro de una cultura, emplea algo producido por una cultura distinta. Ese algo puede ser desde vestirse con ropa de esa cultura, hasta hablar el idioma de esa cultura, pasando por preparar o consumir un plato de esa cultura o celebrar sus fiestas locales. La teoría de la apropiación cultural presupone así mismo que la persona que hace esto lo hace con ánimo de apropiarse de los méritos y logros de la otra cultura para beneficio propio, o con la finalidad de atacar y ridiculizar a esta cultura.

Podrá objetarse que hay gente que efectivamente roba cosas de otras culturas para su propio beneficio, pero ese es un debate en el que no voy a entrar ahora mismo, porque ahí las opiniones son como los culos: cada uno tiene el suyo y todos creemos que el nuestro es el mejor.

Con todo, la principal razón por la que no puedo respetar a los creyentes de la teoría de la apropiación cultural se puede resumir en tan solo dos palabras:

SON RACISTAS.

 

¿Cómo? Dirá alguno. ¿Los defensores de las culturas ajenas son racistas? ¡Eso no puede ser de ninguna manera! Pues lo son, por motivos que voy a desarrollar a continuación.

En primer lugar, no hay más que ver que la práctica totalidad de aquellos que se ponen a chillar apropiación cultural pertenecen a un perfil muy concreto: persona joven, de un país de Occidente, de clase media-alta, y con mucho tiempo libre para invertirlo en las redes sociales. Claramente ninguno de ellos está en situación de opresión cultural, ni siquiera según su particular interpretación de la opresión.

Lo segundo que se puede observar es la dirección de sus ataques: los creyentes de la apropiación cultural consideran única y exclusivamente a las personas de raza blanca como el blanco de sus ataques, que no denuncias. A todas estas personas se refieren con epítetos como «blanquitos ofendidos», «putos blancos de mierda», «WhiteMen», y similares.

Mediante el abuso de la ya mentada dialéctica opresores-oprimidos, acusan a estas personas de ser privilegiado y las responsabilizan a ella, y a través de estas personas a toda la raza blanca, no solo de la ya dicha apropiación cultural; también se les culpa de todos los males habidos en los últimos 6000 años de historia humana y de todos los que habrá en el futuro.

(Apunte personal: todavía estoy esperando que alguno me aclare qué sentido tiene decir al mismo tiempo que las razas no existen y afirmar la existencia de una raza blanca a la que culpar de todos los males)

 

Lo tercero que he observado es que, muy a menudo, los creyentes de la apropiación cultural ni siquiera forman parte de la cultura que defienden

Así, tenemos casos como que una chica de Gran Bretaña suba a las redes sociales un video homenajeando el Día de Difuntos de México… y reciba  mensajes insultantes, acusándola de apropiación cultural, por parte de perfiles pertenecientes a gente que ni siquiera es mexicana.

Esta historia me la contó una de mis mejores amigas, nativa de México, y que intervino en esta discusión, siendo atacada por estos perfiles (personas de Estados Unidos en su mayoría) que afirmaban luchar en pro de la cultura mexicana y contra la apropiación cultural. ¿Su delito? Escribir «Soy mexicana y en vez de sentirme ofendida agradezco que se difunda la cultura de mi país».

Pues ahí, los creyentes de la apropiación cultural pretendiendo decirle cómo y por qué se tenía que sentir ofendida. A ver, frenad un poco genios: si alguien del grupo al que decís defender, os avisa amablemente de que os estáis pasando, según vuestras propias teorías y el puro sentido común, lo suyo es escucharle, no ir a por esa persona.

 

No contentos con esto, los creyentes de la apropiación cultural establecen una compleja jerarquía de quién está más oprimido, más similar al apartheid de Sudáfrica que a cualquier otra cosa. Una jerarquía de la opresión, según la cual, en función de factores establecidos y ponderados arbitrariamente, las personas ya no son individuos, sino parte de colectivos oprimidos u opresores, con indiferencia de su situación real.

Así, llegamos a la conclusión absurda de que, por el mero hecho de ser hombre, el funcionario más insignificante del departamento menos valioso del Gobierno alemán, es superior jerárquico de Ángela Merkel, la Canciller Federal y persona más poderosa de Alemania, por el mero hecho de que ella es mujer.

O a deducir que Oprah Winfrey, famosa presentadora americana, pese a ser millonaria, famosa y tener a millones de personas que la adoran hasta el extremo de proponerla como candidata a la Presidencia de Estados Unidos, al ser mujer y negra vive oprimida por los blancos pobres de su país.

(Apuntar que los motivos para apoyar la candidatura de Oprah están de acuerdo con esta dialéctica. Aparentemente, ser famosa, «progresista» y no ser un hombre blanco, son requisitos más que suficientes para dirigir Estados Unidos… Lo que no impide a sus defensores criticar a Trump por lo mismo que alaban en Oprah: su falta de experiencia política)

 

O a decidir que Nahir Galarza -famosa asesina confesa, juzgada y condenada por ello-, por razón de su pertenencia al colectivo oprimido «mujeres», no sólo es inocente con indiferencia de lo que digan las pruebas, el juez o ella misma; además es víctima de una conspiración judicial encabezada por los colectivos opresores para, a través de su condena, criminalizar a las mujeres por serlo. Esta misma lógica se aplica cuando un delito lo comete un blanco frente a cuando lo comete un no-blanco: el blanco es privilegiado, por tanto culpable con independencia de las pruebas, un violador asesino y debe pudrirse en la cárcel. En cambio, cuando el criminal pertenece a un «colectivo oprimido», entonces es una pobrecita víctima de la sociedad a la que no se debe juzgar con excesiva dureza y más bien se le debe prestar toda la ayuda posible. Esto significa que si un negro mata a otro negro para robarle, la culpa no es de él, sino de los blancos, que «son culpables de que sea pobre».

O, mas cerca de España, a concluir que Pedro Almodovar (director de cine que es hombre, blanco, occidental, famoso, millonario, siendo cada una de estas características por si sola suficiente para ser catalogado como «opresor»), como resulta que es homosexual y de izquierdas, ¡he aquí que solo por eso ya forma parte de los «oprimidos» y por tanto merece especial protección!

 

Jerarquía según la cual, como los blancos están privilegiados, de una manera jamás explicitada más allá de «tienen privilegios y les jode que se los toquemos con nuestra justa lucha», no solo no tienen derecho a usar productos de otras culturas, ¡sino que ni siquiera tienen derecho a quejarse cuando los nativos de otras culturas cometen apropiación cultural!

¿Quieren ejemplos? Los hay, y citaré los más destacados.

  • Nunca veremos a un creyente de la apropiación cultural quejarse acerca de apropiación cultural por el hecho de que muchos de los habitantes de América Latina, de los que un % muy elevado son descendientes directos de indígenas previos a la colonización española, hablen español y profesen alguna religión cristiana. En este caso, el creyente de la apropiación cultural activará la dialéctica opresores-oprimidos, y defenderá a muerte que, lejos de cometer apropiación cultural, estas personas son más bien victimas inocentes del despiadado “imperialismo cultural” de… ¡quienes hayan dicho los blancos han acertado de pleno!.

  • Nunca veremos a un creyente de la apropiación cultural quejarse por el trato que se da a los nativos americanos en USA. Antes bien, se congratularán de cómo han conseguido preservar sus tradiciones y cultura, celebrándolos como si fueran héroes mundiales en lugar de los últimos supervivientes de un genocidio cultural y racial -absolutamente intencionado- por parte de los angloamericanos. Genocidio cultural y racial del que nunca se acuerdan, pues están demasiado ocupados quejándose de otros casos más importantes de apropiación cultura”… Preferiblemente perpetrada por personas que no son parte del binomio UK-USA

 

  • Nunca veremos a un creyente de la apropiación cultural quejarse acerca de apropiación cultural por el hecho de que los habitantes de China, Corea y Japón hayan adoptado la moda occidental de vestirse con camisa, pantalón y zapatos, en lugar de seguir usando la ropa tradicional local. Eso, en cambio, se considera como libre elección de la gente para decidir como se visten, y los creyentes defenderán a muerte que plantear esto como un ejemplo de apropiación cultural no sólo es un caso de «blanquitos lloriqueando», sino que además es racista. Pero como a un blanco se le ocurra vestirse con un kimono, aunque sea porque está de visita en Japón y quiera asistir a algún evento local donde se lleva kimono, los creyentes serán los primeros en echársele encima acusándole de apropiación cultural.

 

Ya que menciono a los asiáticos, señalar que a menudo los creyentes de la apropiación cultural catalogan a TODOS los habitantes de Asia Oriental como «chinos». Así, como suena: China, Corea, Japón, India, Pakistán, Filipinas, Birmania, Tailandia, Indonesia, y otros muchos países que me dejo; todos ellos países con culturas, etnias y tradiciones muy diferentes, ricas y variadas… ¡Nada de eso, oye; que son todos chinos, que me lo dijo un creyente de la apropiación cultural! ¡Esos mismos que dicen luchar contra el racismo!

(Si estás leyendo esto desde un país de Asia Oriental y tu país no está incluido en la lista, haz cuenta de que sí que lo está en «otros países que me dejo», por favor)

Esto que he mencionado, se aplica también a los negros. Curiosamente, en este colectivo los creyentes sí que se esfuerzan en hacer distinciones entre los de América, los de África, y dentro de estos, entre los musulmanes y los que no, los yoruba, los xhosa, los ibo, hutues y tutsis, etcétera.

En cambio, con los blancos se aplica el mismo criterio que con los «chinos»: TODOS los blancos son por definición opresores privilegiados. Por lo tanto, da igual que seas pobre o rico, universitario o sin estudios, que vivas en Arabia Saudita, Australia, España, Sudafrica o Uruguay: en el momento en que tu piel es blanca, eres un asqueroso opresor al que hay que combatir, caiga quien caiga, y a costa de lo que sea. Esto nos lo dice la misma gente que se ofende como oiga a alguien decir «negros» para referirse a las personas de ascendencia africana.

 

  • Nunca veremos a un creyente de la apropiación cultural quejarse de que haya nativos americanos dirigiendo casinos (no cabe duda de que el casino es un producto típico de las culturas nativas de Norteamérica). Ni por el hecho de que los hindúes hablen, amén de otros idiomas nacidos en India, el inglés, y la estructura de su nación sea básicamente la estructura del Imperio Británico de la India… convenientemente reformada para dar lugar a una república federal democrática. La dialéctica opresores-oprimidos coloca a estos pueblos en la posición de cultura oprimida, pero no por ninguna opresión real o imaginaria, sino exclusivamente por el color de piel de sus miembros, y considera que, como cultura oprimida, son depositarios de derechos y privilegios especiales. Sin importar el tipo de intercambio cultural producido entre ellos y los blancos.

 

Pero Kuro, por más que lo rodees de jerga académica, ¿eso que estás describiendo no es el racismo de toda la vida?», probablemente pensará alguno de mis lectores al llegar a este punto. Seas ese lector o no, te confirmo que así es.

Esta teoría de la apropiación cultural no es sino racismo encubierto, que se hace pasar por defensa del diferente para hacerlo respetable.

Ku Klux Klan

 

Llegados a este punto, probablemente algunas personas plantearán objeciones, a las que trataré de contestar.

Pero el racismo hacia los blancos no existe», objetará alguien.

A esa persona la remito a la definición de racismo, que establece que es: «ideología que defiende la superioridad de una raza frente a las demás, y la necesidad de mantenerla aislada o separada del resto dentro de una comunidad o un país». Como puede apreciarse, la definición no especifica en ningún momento que sea algo propio de la raza blanca, ni de ninguna otra, lo cual desmiente la premisa de base de los creyentes de la apropiación cultural e implícita en cada uno de sus postulados: «El racismo se da exclusivamente desde la raza blanca contra todas las demás, que son por definición incapaces de cometer racismo».

Esto se puede apreciar por ejemplo en el concepto del «racismo inverso» o más comúnmente «reversed racism». Este término se emplea frecuentemente como sinónimo peyorativo de «racismo de los no blancos hacia los blancos», para justificar o ridiculizar las quejas de las personas de etnia blanca que sufren racismo por su color de piel, afirmando que el «racismo inverso» no existe. Algunos de estos personajes dan un paso más allá afirmando que, en todo caso, si un blanco o un grupo de blancos sufren racismo, como «les colonizamos» (recordemos, los creyentes de la apropiación cultural son mayoritariamente blancos endófobos), si los blancos sufren racismo «se lo merecen» (observemos así mismo que el creyente no se considera como parte del colectivo que «merece» sufrir racismo) y no tienen derecho a quejarse.

 

Antes hablé del Apartheid de Sudáfrica. Lo que olvidé mencionar, y creo que viene a cuento a propósito de esto, es CÓMO racionalizaban los líderes sudafricanos el Apartheid. Lo razonaban argumentando que lo hacían «por el bien de los negros». Sí, sí, tal como suena. Por ejemplo, para justificar el negarle a los negros el acceder a una educación de calidad, se argumentaba: «Qué sentido tiene educar a esta gente para que aspiren a puestos que luego no van a poder desempeñar.» Justificaciones parecidas se emplearon para el resto de los abusos cometidos por el Apartheid, haciéndose exactamente lo mismo que hoy hacen quienes chillan acerca de apropiación cultural: pretender decidir por otras comunidades, gritando que lo hacen por el bien de dichas comunidades.

Lo cual entronca con otro de esos bulos difundidos constantemente: el de que el racismo es unidireccional y se da solo desde los blancos hacia todos los no-blancos.

Sí, puede existir racismo entre etnias no-blancas.

No hay más que viajar a Arabia Saudita y visitar los barracones (sí, barracones, han leído bien) donde se aloja a los trabajadores extranjeros, normalmente chinos, filipinos e indonesios, a los que se contrata para hacer los trabajos que los nativos no quieren.

En el caso de los chinos, tiene hasta sentido que los traten tan mal, pues para el Islam wahabbita, religión oficial de Arabia Saudita, son paganos infieles que merecen lo peor. En el caso de los indonesios se da la circunstancia de que son hermanos musulmanes, y en teoría eso debería hacer que se los tratase mejor. Lo cual no ocurre, pues para los sauditas pesa más el color de piel y la etnia que la supuesta hermandad religiosa.

 

¿Más? Cambiemos de país y vayamos a Japón. Japón es un país poblado en su mayoría por una etnia NO blanca, por lo que, según la dialéctica opresores-oprimidos, no deberían ser racistas, ¿verdad? Ah, que tierna es la ingenuidad…

Porque sí, los japoneses (y me duele admitirlo porque me gustan cosas de su cultura) también son racistas. Para empezar, a todos los extranjeros les colocan la etiqueta de «gaijin» (su palabra para «extranjero») con independencia de su origen. Da igual que seas chino, español o brasileño, allí eres un gaijin y para de contar. Esto no debe confundirse con el racismo que hay en Occidente, donde se dan palizas a los inmigrantes; los japoneses son muy formales.

 

De modo que, si bien un gaijin probablemente no será agredido por ser gaijin, si que se enfrentará a la incomprensión de la sociedad, o al rechazo abierto en función de a quien se encuentre. Un gaijin tendrá menos probabilidades de obtener un trabajo que cuente con generoso salario, horario de oficina y periodos largos de vacaciones (en realidad, hasta los japoneses tienen difícil conseguir eso, pues la ética laboral japonesa les exige mucho esfuerzo). A esto se debe añadir el choque cultural, pues la cultura y modo de vida de Japón, si bien aparentan occidentales, son básicamente japoneses, muy diferentes a lo que hay en el resto del mundo. Salvo quizá China y Corea.

 

Pero el racismo hacia los blancos no existe porque no hay ningún sistema que lo sustente». Para esta objeción tengo dos posibles respuestas, la corta y la larga.

Respuesta corta: Vete a darte una vueltecita por Sudáfrica, preguntas por los granjeros asesinados, luego visitas Zimbabwe, donde se expulsó a todos los blancos por decreto del Presidente Mugabe -como si fueran moriscos- en 1566, y después me cuentas.

Respuesta larga: ¡Qué gran noticia me das! Entonces eso significa que el neonazismo, el fascismo, la homofobia, el machismo, el racismo, y todos esos  -ismos negativos en general no existen, ¡porque no hay ningún sistema que los sustente!

 

Obviando la ironía, el hecho de que esas ideologías sigan existiendo, a pesar de que el sistema no solo no las apoya sino que las rechaza y persigue (con mayor o menor éxito), es una prueba en si misma de que no es preciso que un sistema apoye una ideología para que dicha ideología exista y sea una amenaza para la sociedad.

La propia creencia en la apropiación cultural existe, a pesar de que ningún sistema sociopolítico apoya su existencia.

 

Continuará…

 

 

Kuro Tenshi Butai

"Opinador y analista disidente desde España, lo cual para algunos me convierte en un facha.
Sobreviví a la inmersión educativa en Estudios de Género y eso me ayudó a tomar partido... contra esa religión sectaria camuflada como ciencia.
Comprobé que el mundo que me vendían en clase, no tenía nada que ver con la realidad, y que lo que pasaba por "educación en igualdad", no era sino puro adoctrinamiento político-ideológico a cargo de hipócritas que ni se creen sus propios dogmas de fe.
Contra el adoctrinamiento en ideas totalitarias y la copia irreflexiva de ideas de ciertos países.
Hablo acerca de la religión de género y otros temas relacionados con la cultura. Me gusta Gundam, y algunas personas dicen que escribo bien."

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  1. Ya siéntese, señor. xD Me hablarás de historia pero te hace falta lectura y análisis (principalmente) desde una perspectiva antropológica y social. De nada.

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