Quienes hayan leído mis anteriores artículos sobre “Oprimidos y opresores” (si no, podéis leerlo aquí) y sepan lo que es el iberismo, probablemente se extrañarán de este brusco cambio de tercio. No es tan brusco: es solo otro frente más, uno al que hasta ahora nadie ha prestado demasiada atención en la dialéctica entre el posmodernismo y los disidentes. Los que no sepan lo que es el iberismo sin duda estarán pensando “¿Qué es el iberismo?”.

El iberismo -para los que no lo sepan- es una corriente política que propugna la unión de las naciones de la península ibérica en un único país. Sus partidarios se llaman iberistas. Por regla general, el iberismo se refiere a la fusión de España y Portugal, añadiéndose en ocasiones a la mezcla a Andorra y Gibraltar, en un único Estado al que podríamos llamar -a título provisional- “Federación Ibérica”.

 

Entre los argumentos citados para ensalzar las ventajas de esta unión, destacan sobre todo los económicos: la Federación Ibérica sería una de las primeras diez potencias mundiales por PIB, poder industrial, cultural, y una de las tres primeras potencias en la Unión Europea; poseería amplia influencia en Iberoamérica, una de las líneas de costa más largas del mundo, recursos pesqueros y agrícolas abundantísimos, y en general su peso diplomático y geoestratégico sería al menos diez veces mayor que los de España y Portugal combinados. En resumidas cuentas, sería el espaldarazo que necesitan ambos países para pasar de potencias secundarias a entrar en la liga de las grandes potencias.

 

¿Y por qué no hay más iberistas? Yo no conozco a nadie que sea iberista. Hasta que he llegado a este artículo, ni siquiera sabía lo que era el iberismo”.

No pasa nada si pensáis algo de esto, o alguna variante; no os voy a morder. No es sorprendente, pues el iberismo político ha tenido fama de no ser tomado en serio por nadie más que unos pocos intelectuales, entre ellos Miguel de Unamuno. Sí, ese Unamuno era iberista. En realidad, me sorprendería tener algún lector que sepa algo de este tema y no sea un aficionado a la Historia Alternativa.

Pero dudo que la idea del iberismo que tenía Unamuno tuviese algo en común con lo que hoy se hace pasar por iberismo en España…

 

Actualmente, el principal problema del iberismo -desde mi punto de vista- recibe el nombre común colectivo plural de “iberistas españoles”.

Ellos, y no otras personas, son los principales responsables de que esta propuesta apenas tenga calado entre el público.

 

Maticemos igualmente que los “iberistas españoles” lo son solo de nombre, pues una vez más sus planteamientos han sido secuestrados por la izquierda posmoderna.

La cual no ha dudado en incorporar la habitual actitud desdeñosa de los españoles hacia Portugal como eje fundamental del “iberismo español”, que de iberismo solo tiene el nombre, pues esencialmente sus objetivos son los mismos: destruir España como paso principal para implantar, no la Unión Ibérica como una alternativa mejor, sino la dictadura del Partido Comunista sobre la Unión de Repúblicas Socialistas Ibéricas. Un plan en el que tanto España como Portugal sobran como naciones.

Probablemente alguien pensará que eso no tiene ningún sentido. Efectivamente, no lo tiene, pero es la propuesta principal.

 

En Internet se pueden encontrar -buscando un poco- diversas propuestas de organización de la hipotética Federación Ibérica (Quienes sigáis Gundam y hagáis asociación de ideas entenderéis por qué lo llamo “Federación”; para los que no sigáis Gundam, también hay una buena razón, que figura en el párrafo inmediatamente posterior).

Como ocurre con el MRE (Movimiento Republicano Español), del que hablaré en otro artículo, a pesar de la aparente atomización del movimiento, los iberistas muestran una sorprendente unidad de ideas.

 

Así, por regla general, la Federación Ibérica se articulará como una República Federal, cuya orientación política sea exclusivamente de izquierdas (más o menos comunista, según sea el iberista que lo proponga).

Una República Federal cuyos componentes sean:

-La República Catalana (con o sin Valencia o Baleares siendo parte de la Generalitat, según si el “iberista” es catalán o no. En caso de que no lo sean, formarán Repúblicas independientes de Cataluña. Por regla general la propuesta es anexarlas a Cataluña).

-La República de Euskadi (con o sin Navarra, por regla general Navarra es anexionada a Euskadi, al igual que La Rioja; a veces –muy pocas- coexistiendo con una República Navarra independiente… que se ha tragado La Rioja)

-La República Gallega (a la que normalmente se le regala un trozo de Portugal y partes de León, amen de incorporársele Asturias)

-La República de Canarias (Normalmente se le anexionan Azores y Madeira, y hubo propuesta –que duró entre poco y nada- para REGALAR las Canarias a Marruecos)

-Minoritariamente algunos agregan la República Andaluza (que puede ser o no de inspiración morisca, y puede estar o no partida en dos)…

-Y el resto del “país”, que es catalogado por alguna razón como “República Federal Española”.

Esta República Federal tendrá transferidas a las otras Repúblicas, como mínimo, todas las competencias con las que ya cuentan las Comunidades Autónomas españolas, y al menos alguna más. Entre ellas, se ha propuesto el derecho a segregarse de la Federación de manera unilateral, el poder para determinar si se salen o no de la Unión Europea…

 

Todas las diferencias entre las propuestas se basan en matizar meros detalles, sin poner en cuestión en ningún momento las bases descritas en el párrafo anterior.

Por ejemplo, es una discusión constante donde poner la capital (La apuesta más habitual es la tricapitalidad Lisboa-Madrid-Barcelona, pero las otras opciones más valoradas son concentrarlo todo en Madrid, Toledo o Barcelona); o cual sería la bandera de una hipotética nación ibérica. (Una somera búsqueda en Google con “Iberia banderas” da acceso a al menos 2000 diseños diferentes, si bien la mayor parte son variantes de los diseños de las banderas de España y Portugal, o de los diseños con más tradición en la comunidad). O el idioma oficial, abarcando las propuestas desde implantar el portugués y el castellano como lenguas federales, hasta que cada república legisle como le de la gana… pasando por propuestas simplemente estúpidas que previsiblemente no fueron hechas en serio, como la de escoger como lengua federal el inglés.

En cambio, sí que hay mucho más consenso en la reordenación territorial: la práctica totalidad de los iberistas parecen firmemente convencidos de que el mayor sueño de los navarros y los riojanos es ser anexionados a Euskadi. Así como que el sueño de los nativos gibraltareños, gascones y habitantes del Rosellón no es otro que el de ser anexionados respectivamente a Andalucía, Euskadi y Cataluña. Todo ello en nombre de la democracia y el derecho de los pueblos a escoger por sí mismos.

 

Existe igualmente una variante menor de iberistas que proponía nada menos que resucitar el Protectorado Español de Marruecos como “República del Rif”, así como incoprporar a la Federación Ibérica la República Árabe Saharaui Democrática. También circuló por un tiempo aún más breve la propuesta de exigir a Cuba, Puerto Rico y Cabo Verde, entre las islas citadas, que se unan a la Federación Ibérica.

Estas propuestas no han obtenido tanto respaldo en cambio, y previsiblemente se haya dejado de hablar de ellas por sus connotaciones “imperialistas” y “racistas”. De hecho, la propuesta marroquí vivió un giro de 180º: de pedir que se reincorporase el Sahara Occidental ha pasado a proponer la transferencia de Ceuta y Melilla a Marruecos. De nuevo, con indiferencia de lo que quieran los habitantes locales.

(Si, el mismo iberismo que se declara como “antiimperialista” proclama abiertamente su intención de anexionarse territorios de otros países, o directamente anexionarse países enteros, sin importarle los deseos de los habitantes de esos territorios).

Por alguna razón, querer cortarle territorios a Francia y Gran Bretaña para anexionarlos por la fuerza a la Federación Ibérica, basándose en que “fueron de España en la Edad Media”,  aunque los habitantes prefieran ser franceses o ingleses antes que “ibéricos”, o querer tragarse países enteros en el Caribe solo porque “fueron parte de España”… Eso de alguna manera no es imperialistapero querer mantener dos ciudades en el Norte de África por el mismo motivo, con el añadido de que nunca se perdieron ante nadie, y que sus habitantes dicen querer ser españoles y no marroquíes… sí que lo es)

 

El lector atento habrá notado que no he mencionado a Portugal entre las Repúblicas. Uno un poco más escéptico dirá algo parecido a “Eso que describes es puro y simple imperialismo español, no iberismo”. Ahora es cuando voy a hablar de Portugal, que por desgracia no recibe un trato tan generoso en los planes “iberistas” como sí que lo hacen, por ejemplo, los catalanes, gallegos y vascos.

Por decirlo brevemente, los planes “iberistas” para Portugal prácticamente siempre tienden a destruir o degradar la nación portuguesa; esto se hace por razones casi nunca explicitadas. Entre las variantes que he visto destacan estas tres:

 

  • La primera propuesta es la pura y simple anexión a “Iberia”, que en realidad sería la España de siempre (solo que republicana, más adelante hablo de esto), convirtiendo a Portugal en una mera Comunidad Autónoma, con competencias tan recortadas que de CCAA solo tiene el nombre… al mismo tiempo que se crean los Estados Catalán y Vasco, dotados de amplios poderes y privilegios por encima de los demás.

Esto es terriblemente injusto, y de lo más hipócrita por parte de gente que afirma querer potenciar a las “naciones oprimidas”. No puedes exigir a un país que acepte anexionarse al tuyo con estatus inferior al de región, al mismo tiempo que le otorgas independencia total y unilateral a otra región de tu país, y mucho menos tener luego la caradura de pretender que eso es indispensable para “equilibrar las cosas”.

  • La segunda propuesta pretende la fusión de Portugal y Galicia en un Estado Federal llamado Portugalicia. Lo cual tiene el inconveniente de que el planteamiento se basa en galleguizar Portugal. Nada de lusificar Galicia, aunque sean mayoría, porque “eso es imperialista y ofende los sentimientos de nuestras hermanas gallegas”.

Las instituciones portuguesas serían todas reemplazadas por las gallegas, el idioma oficial sería el gallego, todo así. Esto es apoyado sobre todo por los iberistas gallegos, quienes no paran de insistir en que “el portugués no es más que un dialecto mal hablado del gallego” entre otras barbaridades similares.

Podría pensarse que el trato dispensado a Portugal no se puede empeorar a partir de aquí, pero la tercera propuesta es peor…

  • La tercera propuesta directamente la ha tenido que concebir alguien que odia Portugal, solo así puedo entenderlo. Esencialmente, la tercera propuesta es cortar Portugal en tres o más cachos, convirtiéndolos en entidades nuevas y diferenciadas como miembros de la Federación Ibérica. Algunos (“iberistas” gallegos sobre todo) agregan además que el cacho del Norte (todo el Portugal que hay entre Galicia y el Río Duero es la frontera habitual) sea anexionado a Galicia como “restitución”.

Uno de los argumentos más esgrimidos para justificar esta propuesta de cortar Portugal en tres cachos es el de “Como los dejemos unificados, volveremos a tener el mismo problema que con los catalanes”, es decir, que quieran separarse de la Federación.

Lo irónico es que esta misma gente que apoya cortar Portugal en trozos se ha opuesto ferozmente a Tabarnia, proyecto-parodia que propone justo lo mismo: cortar Cataluña en dos partes, la que quiere independizarse de España y la que no.

 

En cualquiera de los tres supuestos, se prevé que Portugal pierda las Azores y Madeira, que serían tratadas como sujetos políticos aparte (República de Azores-Madeira) o anexionadas a la República de Canarias.

La opinión de los portugueses digamos que importa más bien poco en cualquiera de los tres supuestos. Y este proyecto tan disparatado se supone que es por el bien de todas las naciones ibéricas. Lo dice gente que afirma estar a favor de la República Catalana, y de que la República Catalana se trague Baleares, el Rosellón francés y Valencia. O que apoyan que Euskadi se trague Navarra y un cacho de Francia.

Pues no, esta misma gente que tanto dice apoyar la integridad cultural de las naciones ibéricas, decide que le parece una buena idea cortar un país en cinco, simplemente porque si lo mantienen unificado lo mismo es un problema para sus planes.

 

Otro ejemplo similar. ¿Recuerdan lo que comenté de las ciudades del Norte de África?

Bueno, puestos a invocar el argumento histórico para reclamar Gibraltar, la Gascuña (también conocida como Lapurdi en vasco) o el Rosellón para España, los portugueses tendrían el mismo derecho a exigir que España les devuelva Ceuta.

…Sí, esto es completamente en serio.

Existe una buena razón por la que el escudo de Portugal figura en la bandera de Ceuta, o por la que esa bandera es prácticamente igual a las de las freguesías portuguesas.

 

Larga historia corta, Ceuta fue conquistada por Portugal (no por Castilla) en 1415 y estuvo con los portugueses hasta 1640, cuando Portugal declaró su independencia de España… momento en el que los ceutíes decidieron que preferían quedarse en el Imperio Español antes que jugársela yéndose con el Reino de Portugal. Desde este momento y hasta el presente, Ceuta ha sido española, y según sus habitantes, debe seguir siéndolo.

No dispongo de información para saber como tomó esta decisión la Corte de Lisboa, pero teniendo en cuenta que se hallaban enfrascados librando una guerra por su misma existencia como nación contra la primera potencia mundial de la época, lo más probable es que considerasen que merecía la pena perder una ciudad para conservar el reino.

 

Puntualicemos así mismo que en 1640 no existía el concepto de “soberanía nacional” como lo entendemos hoy, sino que las naciones eran patrimonio del Rey, y el pueblo ni pinchaba ni cortaba. Era perfectamente posible que un rey heredase países sin la menor conexión cultural o geográfica, o países con intereses nacionales diametralmente opuestos entre si, simplemente porque las Casas Reales eran de la misma dinastía.

De hecho, Felipe IV se empeñó en recuperar Portugal basándose en que era un reino que le había tocado en herencia, no en que creyese que era una parte integrante de la nación española secesionada contra la voluntad de su pueblo, que sería algo más propio para que dijese un político del siglo XXI.

Pero lo mismo ocurría en 1711, y esto no ha sido obstáculo para que España continúe insistiendo en que “Gibraltar es español”.

 

Como muestra, hay una pelea acerca de a quien pertenece exactamente el municipio de Olivenza, hoy en Extremadura.

En este caso, el municipio fue conquistado por España en 1808 como parte de las guerras napoleónicas, y posteriormente los lusos dijeron que España debía devolvérselo como parte del tratado final de paz de 1813, mientras que los españoles alegaron que no se habían comprometido a hacer tal cosa.

Actualmente Portugal sigue manteniendo que Olivenza les pertenece y aunque no se muestren tan pesados como se muestra España con Gibraltar, siguen queriendo que se lo devuelvan.

En cambio, no me consta el que el Gobierno de Portugal haya hecho el menor esfuerzo por reclamar la devolución de Ceuta. No se si porque no se les ha ocurrido, o porque saben bien que los ceutíes probablemente no querrían ser parte de Portugal y quieren evitar polémicas. Pero de intentarlo, previsiblemente les pasaría lo mismo que con Olivenza, o lo mismo que le pasa a España con Gibraltar.

 

En realidad, el problema de fondo del iberismo, y ya puestos el problema de las relaciones bilaterales España-Portugal es más bien simple: muchos españoles siguen mirando por encima del hombro a los portugueses.

Esta actitud es especialmente notoria en algunas zonas de Galicia, donde se les acusa de tropelías tales como colapsar la sanidad gallega “yendo a que les atiendan gratis”, se los acusa de ser “gallegos pobres”, y se les cuelgan estereotipos similares a los que hay sobre diversas regiones españolas. (Supuestamente todos los portugueses cantan fado, venden toallas y otras tonterías similares).

En el resto de España la impresión general es que los portugueses son una especie de “gallegos pobres”, de los que muchos “iberistas” creen que deberían estar “agradecidos” de que “nos tomemos la molestia de incluiros en nuestro proyecto”… a pesar de que no paran de repetir ante quien quiera oírles que “integrar” Portugal sería una carga para las arcas iberistas porque, dicen, “Portugal es más pobre que Cataluña”…

 

Llegados a este punto, no puedo evitar preguntarme por qué maldita razón esta gente muestra tanto empeño en incluir en su proyecto, con independencia de la voluntad de los habitantes del país, un país del que demuestran pensar tan mal y del que consideran que sería poco menos que un agujero negro sin fondo que destruiría la economía de la “Federación Ibérica”.

 

Otrosi, por alguna razón jamás explicitada más allá de que “es evidente”, no contentos con este desprecio a Portugal, así como a la voluntad de los habitantes de los territorios que quieren anexionarse, los iberistas españoles están férreamente empeñados en la idea de que imponer previamente una República en España (Federal, “socialista” y con un Gobierno de izquierda posmoderna, “obviamente”) es una condición sine qua non indispensable para que el iberismo alcance sus objetivos.

Esto a pesar de que, en realidad, no existe ninguna razón objetiva para suponer que un Gobierno republicano se mostrase más proclive a incluir el iberismo en su agenda.

 

Para empezar, el Gobierno portugués ya es una República, pero no hay nadie en la política portuguesa interesado en el iberismo… al menos tal como lo conciben los iberistas españoles.

Esto entronca directamente con el MRE, Movimiento Republicano Español, del que hablaré en mi próximo artículo. No solo por el detalle de que también pidan enarbolar ese trapo tricolor como bandera española, sino porque comparten las mismas ideas y presupuestos para España que los iberistas.

En realidad, el MRE, siguiendo su natural tendencia de apropiarse los movimientos que no puede destruir o que cree pueden servir a sus intereses, ha logrado intoxicar a los iberistas, haciéndoles creer que el iberismo se planteó con la II República Española, dato este que en la realidad no tiene ninguna base.

En ningún caso lo que había bajo la República se puede catalogar como “iberismo” habida cuenta de que la prioridad de la izquierda republicana no era la federación ibérica, sino provocar y exportar la revolución comunista por todos los medios.

 

De modo que el “iberismo tricolor”, de llevarse a la práctica, no habría sido otra cosa que la primera propuesta (pura anexión a España), con el mayor agravante de ser promovida por un Gobierno que estaba convencido de estar librando una guerra contra los “burgueses opresores del proletariado”. En suma, hacer esto habría sido, sobre todo a partir de Octubre de 1934, combinar en el mismo conflicto una guerra de agresión imperialista y una revolución comunista.

 

Actualmente, los iberistas MRE son los que más insisten en el tema: aprovechar el partir España en cachos y reorganizar el territorio para promover, ya que están, el cambio de la economía del capitalismo al comunismo “porque es lo que necesita la Iberia de los pueblos, no de las élites”. Según estos “iberistas”, la única razón por la que aún quedaría gente que se opone al iberismo es la misma por la que hay gente que no apoya la vuelta de la República en España: porque son “gilipollas que no saben lo que les conviene” y que “apoyan a las elites y a la legalidad burguesa en contra de sus propios intereses”.

Unos intereses que, por supuesto, ya determinan ellos cuales son, no vaya a ser que nos de por pensar por nuestra cuenta y lleguemos a conclusiones que no les gusten.

 

Esto iría más allá, presuponiendo los iberistas españoles que a los portugueses se les lava el cerebro, por orden de las “élites de Lisboa”, para que piensen mal de España y “se equivoquen” creyendo “erróneamente” que iberismo = anexión a España…

…recordemos que la gente que dice esto es la misma que afirma abiertamente que sus planes para Portugal no son otros que cortar el país en cachos, anexionarlo a España con independencia de lo que opinen los portugueses, y encima tienen la caradura de echarle en cara a los portugueses lo “caro” que les va a salir “integraros en Iberia”.

 

¿Cómo ven en Portugal el iberismo? Porque hay que hablar también de la otra parte en este asunto: los portugueses.

Por lo que he investigado, allí lo conciben como un proyecto de Confederación entre naciones, y por supuesto no apoyan un iberismo que encubra una mera anexión de Portugal a España. No he encontrado nada sobre la ordenación territorial, y en cuanto a las banderas, figuran en los resultados de arriba de “Iberia banderas”.

Prácticamente lo único que los portugueses comparten con los iberistas españoles es la idea de que el Estado ibérico debería ser republicano, pero eso en su caso es por la idea de “No queremos un monarca extranjero”, como el Rey de España.

 

Así mismo, la idea portuguesa parece ser bastante más moderada: en vez de ponerse a tirar abajo la economía, la ordenación territorial, y todo lo demás de golpe, su propuesta pasa por una progresiva colaboración a todos los niveles entre los diversos estamentos de ambas naciones, con vistas a su integración a largo plazo.

En apariencia, ninguno de ellos es tan imbécil como para plantear la posibilidad de que Portugal anexione a España, si bien allí la opción de situar la capital en Lisboa es mejor valorada que en otras partes (Algo lógico por otra parte).

Algunos -los iberistas portugueses de izquierda sobre todo- apoyan también la idea de cortar España en cachos, pero no he podido encontrar sus reacciones a la propuesta de cortar Portugal en cachos, o a querer quitarle tierras a Francia y Gran Bretaña.

Por el momento, lo que he encontrado del plan portugués parece mejor que el español; por el momento. Lo mismo sigo investigando y decido que es aún peor..

 

En resumen, si bien los portugueses desean una vinculación más estrecha con España, de ninguna manera apoyarían un proyecto que implique su anexión.

 

Que es exactamente lo que traman los “iberistas españoles” contra Portugal… y la razón por la que dejó de gustarme la idea del iberismo.

No se confundan, en principio la parte que no me gustó fue la de “anexionarse Portugal por las bravas” porque no veía ninguna diferencia entre eso y… pues eso, anexionarse Portugal por las bravas. Posteriormente me puse a ahondar en el tema y me encontré con todo esto que acabo de contarles en este artículo.

 

En conclusión, creo que el iberismo como concepto es una idea buena, pero que ha sido secuestrada por gente con otras ideas y proyectos bien diferentes, que nada tienen que ver con el iberismo, y sí en cambio con imponer una manera muy concreta de reorganizar la sociedad, y reprogramar a la gente que compone la sociedad contra sus intereses, y desde presupuestos falaces y totalitarios.

Kuro Tenshi Butai

"Opinador y analista disidente desde España, lo cual para algunos me convierte en un facha.
Sobreviví a la inmersión educativa en Estudios de Género y eso me ayudó a tomar partido... contra esa religión sectaria camuflada como ciencia.
Comprobé que el mundo que me vendían en clase, no tenía nada que ver con la realidad, y que lo que pasaba por "educación en igualdad", no era sino puro adoctrinamiento político-ideológico a cargo de hipócritas que ni se creen sus propios dogmas de fe.
Contra el adoctrinamiento en ideas totalitarias y la copia irreflexiva de ideas de ciertos países.
Hablo acerca de la religión de género y otros temas relacionados con la cultura. Me gusta Gundam, y algunas personas dicen que escribo bien."

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