“Cuando se comete imperialismo cultural en nombre de la moral”

 

Hoy he decidido empezar hablando de Goblin Slayer, una serie de anime que se está emitiendo en esta temporada, la de Invierno 2018. Por regla general, no sigo los animes de temporada, al menos no en su temporada de emisión, sino que prefiero verlos en función de si la trama me llama la atención.

 

Sinceramente, no entiendo las razones de la manía de muchos de los miembros de la comunidad de fans del anime por tragarse cualquier cosa que les pongan delante, solo porque “ES EL ANIME DE TEMPORADA TÍO TIENES QUE VERLO PORQUE ES DE TEMPORADA”.

O la de fiarse de la catalogación por géneros, cuando es sabido que la catalogación es hecha por gente que sabe entre poco y nada del tema. Esto se hace evidente cuando se ven aberraciones como empeñarse en catalogar como “Género Mecha” series como Active Raid, o la incapacidad para definir con precisión que se supone que es un “anime psicológico”.

Este último género, del que tengo serias dudas de que exista en Japón (al menos tal como se concibe en Occidente), cada quien lo define como le da la real gana.

 

Volviendo al tema que me interesa, la serie Goblin Slayer: sabiendo que por regla general no sigo las series de anime de temporada, probablemente no me habría llamado la atención de no ser por el constante bombardeo al respecto que recibía en foros de Internet y redes sociales, entre otros medios.

Más concretamente, este constante  bombardeo procedía de un colectivo con el que los lectores de Disidencias estarán más que familiarizados: los SJW (Social Justice Warrios) -hipersensibles de la Anglosfera- o “copitos de nieve”, como se los llama de manera más bien peyorativa, copiando el término inglés “snowflakes”.

 

Y ¿de qué se quejaban esta vez los copitos de nieve? Bueno, resulta que a los SJW que vieron Goblin Slayer en Estados Unidos se les antojó que la serie era -por este orden- “machista”, “misógina”, “excesivamente sangrienta”, “desmedidamente cruel” y que “perturba al espectador con imágenes sangrientas de una crueldad exagerada” entre otros adjetivos similares e igualmente excesivos, amen de llamamientos a cancelar su emisión no solo en Estados Unidos, sino a nivel mundial. Mi sospecha es que los muy idiotas no pasaron del episodio 1, por los motivos que detallo más abajo.

Naturalmente, como lo decía gente de los Estados Unidos, el efecto se amplificó hasta el punto en que fuera de Estados Unidos gente -que ni siquiera había visto la serie, pero “se fiaban” de los críticos estadounidenses- se sumó a este llamamiento, exigiendo el boicot de Goblin Slayer, de la productora y de todo aquel mínimamente relacionado. Una vez más, se recordó el mito de “los violadores miran anime”, se resucitó la idea de que la gente que ve anime es fascista, machista, sanguinaria y misógina, y disfruta viendo como se tortura a mujeres, entre otras barbaridades.

 

Puede observarse una pauta en esto: basta que en Estados Unidos algún SJW se queje de algo, para que el resto del mundo se ponga a imitarlos y apoyarlos aunque lo que pidan sea completamente carente de sentido o hipócrita.

Mi opinión sobre esto se puede resumir en una sola frase: Recordemos que hablamos del país que nos dio películas como la saga SAW, la saga de Viernes 13, Guerra Mundial Z, La Noche de Los Muertos Vivientes o Pesadilla en Elm Street, además de series como CSI o The Walking Dead, entre muchas series sangrientas que me dejo…

Que la gente de un país, con semejante historial de películas y series sangrientas, se queje de que una serie producida en otro país es “excesivamente sangrienta”, y no contentos con eso, haga llamamientos a través de redes sociales exigiendo su boicot, es como mínimo para hacerse mirar la hipocresía.

 

El caso es que decidí empezar a ver la serie a ver si realmente era para tanto o tan terrible como se decía. Conociendo que los japoneses son muy suyos a la hora de producir sus series -porque a los japoneses directamente les importa un bledo lo que pensemos en Occidente por decirlo mal y pronto. Sabiendo así mismo lo muy hipersensibles que son los colectivos SJW, y como hacen una montaña de un grano de arena, supuse que simplemente estaban exagerando, como tienen por costumbre.

De modo que pongo el episodio 1, que es con diferencia el que más críticas ha atraído porque supuestamente “muestra asesinatos y violaciones de manera muy gráfica”…

Como me imaginaba, era todo una exageración de los SJW.

 

Sí, es cierto que hay alguna escena un poco sangrienta. Es cierto que se da a entender perfectamente lo que hacen los Goblins con la gente a la que capturan. Pero vaya, que prácticamente lo único que se ve son un par de manchas de sangre aquí y allá, sombras moviéndose en segundo plano, goblins con caras feas…

 

Sinceramente, he visto escenas mucho peores en los telediarios que se emiten en abierto en la televisión pública, donde los puede ver cualquiera solo con conectar la TV y esperar, y no he visto a ninguna camarilla de yanquis histéricos exigiendo que se prohíba la emisión de informativos. Más bien al contrario, les he visto pidiendo que se pongan imágenes aún más sangrientas “para ver si así la gente toma conciencia de las consecuencias de su opresión”, o argumentos similares.

Y teniendo en cuenta que, al menos en España, las grabaciones emitidas “que pueden herir su sensibilidad” se emborronan y pixelan tanto antes de emitirlas que no se pueden ver más que borrones, que “eso” sea más sangriento que Goblin Slayer y nadie lo critique clama al cielo.

 

Pero bueno, volviendo a la serie en sí, ésta arranca con una premisa muy sencilla: se sigue a un aventurero, Goblin Slayer, obsesionado con matar goblins. Cuando digo que está obsesionado quiero decir exactamente eso: el tipo prácticamente no piensa en otra cosa que en matar goblins, y todo lo que pasa en el resto del mundo le da igual.

Esto se lleva a extremos como que se hacen menciones aquí y allá de que en algún lugar del mundo hay un Rey Demonio dando vueltas intentando conquistar el planeta, Rey que finalmente es derrotado en el episodio 10… Pero esto es algo que, al parecer, no le importa a nadie, y a los protagonistas a los que menos, por que durante toda la serie se trata como un conflicto de importancia menor.

Como lo explica Goblin Slayer: “El mundo puede ser destruido y reconstruido, pero si no los mato yo, seguirá habiendo goblins”.

(En serio, ¿qué les pasa a los japoneses con el Rey Demonio? Ni que no se pudiera hacer una serie de fantasía sin meterlo… oh, espera, que ésta lo hace).

 

El mundo en sí en realidad es bastante genérico, el típico mundo de fantasía sacado de un RPG que se puede ver en los animes japoneses de esta temática: de hecho, es tan genérico que los personajes ni siquiera tienen nombres propios.

En ningún momento se menciona a nadie por su nombre propio, sino por apodos, lo cual tiene mucho mérito si recordamos que es una serie que de momento lleva 10 episodios.

Extrañamente, no he visto a ningún SJW quejarse de esto por “invisibilización de las mujeres” o alguna memez parecida. Para los SJW, que en una serie todos y cada uno de los personajes carezcan de nombre propio, es perfectamente normal, pero que se muestre “violencia” no lo es y debe ser prohibido.

 

Para hacerlo aún peor, parece que soy el único que se ha dado cuenta de este detalle de los nombres propios o lo ha creído digno de mención. En prácticamente ninguna de las muchas críticas que he leído (la gran mayoría centradas en decir que la serie no es para tanto, o en decir que es una mierda por el episodio 1) se hace mención al hecho de que los personajes carezcan de nombres.

Y me he encontrado hasta críticas que se metían con las seiyu o actrices de voz de los personajes (recuerdo uno que se quejaba de que la Elfa habla “como si fuera un globo”, signifique lo que signifique eso).

Porque sí, el grueso del equipo también es muy estereotipado: además del Goblin Slayer, que es con diferencia el más extraño del grupo, tenemos una Elfa, un Enano, un Lizard (se podría traducir como hombre lagarto), una Sacerdotisa, y eso es todo. Como gente de soporte tenemos una Bruja, un Paladín con una espada más grande que él mismo, y a la Chica del Gremio de Aventureros, cuya única misión parece ser darle a Goblin Slayer los encargos… que en su caso van todos de matar Goblins.

 

Extrañamente, pese a que la propia historia del mundo nos da a entender que el resto de los Aventureros miran con desprecio a Goblin Slayer por dedicarse “solo” a los goblins, vemos que prácticamente todas las chicas que salen en la serie -cada una a su peculiar manera- se interesan por él. Sí, a pesar de que supuestamente se dedica a un tipo de tarea que es despreciada como algo solo para gente “cobarde” y “débil”, así como para personas poco ambiciosas o carentes de talento para enfrentarse a nada más peligroso.

Esto no ha degenerado en una historia de harem por la simple razón de que a Goblin Slayer no le interesa en absoluto nada que no sea lograr su objetivo de matar al mayor número de goblins que pueda. Aparentemente nadie más se ha fijado en este completo contrasentido, el de que un tipo, que lleva a cabo una profesión que supuestamente todo el mundo desprecia, tenga a todas las chicas de la serie locas por él. Esto es probablemente porque los copitos de nieve estaban demasiado ocupados llevándose las manos a la cabeza y chillando “sanguinaria violencia gratuita”.

 

Por otra parte, la propia serie nos deja muy claro que son los demás aventureros los que no saben de lo que hablan al despreciar a los goblins como una “amenaza menor” simplemente porque “son pequeños, débiles y estúpidos”.

En realidad, los goblins son como la versión humanoide de las hormigas: parecen ser pequeños y débiles pero en grandes números, que es como se desplazan habitualmente, son una peligrosísima amenaza. A lo largo de la serie se ve que, pese a su primitivismo, si son debidamente instruidos, los goblins pueden dominar técnicas supuestamente “complicadas” y fuera de su alcance, como el arte de la navegación, la estrategia y la colocación de trampas.

Sin olvidar que ya de entrada dominan el arte de la forja y la elaboración de venenos, como demuestra el que empleen flechas con punta de metal y untadas de veneno, o espadas que evidentemente han tenido que forjar ellos mismos, pues nadie se molestaría en forjar una espada del tamaño apropiado para que la empuñe un goblin. No está nada mal para unas criaturas que supuestamente son pequeñas, débiles y estúpidas, ¿eh?

 

Otra de las críticas que se le ha hecho a la serie -que es con diferencia la que más he oído tras el tema de la supuesta violencia gráfica- es el tratamiento unilateral que reciben los Goblins. O dicho de otra manera: lo único que nos muestra la serie de ellos es que son malos malísimos, que hacen todo tipo de maldades, y que está bien matarlos.

En resumen, que se debería mostrar algo más de empatía hacia los pobres goblins y no ponerlos solo como hordas salvajes de asesinos y violadores sanguinarios y antropófagos.

 

Recordemos una vez más que hablamos de la misma gente que cree correcto que todos los alemanes medianamente simpáticos de las películas sobre la II Guerra Mundial sean antinazis furibundos, del tipo que oyen por la radio acerca del bombardeo de Dresde y lo primero que piensan es “Bien, eso acelerará la derrota de Hitler”. La misma gente que se empeñó en proyectar que el intento de Gundam de mostrar un conflicto matizado, en el que ambos bandos tuviesen gente buena e hijos de puta, no era sino un burdo intento de blanquear los crímenes del Ejército Imperial Japonés. (Hablaré sobre este tema con más detalle en mi artículo sobre Gundam, cuando lo acabe).

En suma, gente de Estados Unidos, país famoso por hacer películas en las que se otorga un tratamiento absolutamente maniqueo y unilateral a los conflictos bélicos, reflejando a uno de los bandos como el Mal Puro, y a otro, normalmente el más parecido a los propios Estados Unidos, como el Campeón del Bien, QUEJÁNDOSE de que una serie de otro país decide otorgarle el mismo tratamiento maniqueo a los antagonistas. Esto es como si un musulmán salafista, de esos que creen en ahorcar a los homosexuales y lapidar a las mujeres porque “Alá dijo que es lo que se debe hacer”, se pone a acusar de fanatismo religioso e intolerancia con el diferente a un fiel de otra fe.

 

Pero esto no es sino uno más de los múltiples ejemplos de la hipocresía de los SJW, y muy en particular de los espectadores estadounidenses, a la hora de juzgar las series que se hacen en el extranjero.

Bueno, en el extranjero no: en Japón. Así es: las críticas de este tipo se centran solo en las series de origen japonés, y solo proceden de los Estados Unidos. A las series y películas procedentes de otros países no se les presta tanta atención.

 

Me centro exclusivamente en los espectadores nativos de los Estados Unidos porque he observado que el público del resto del mundo aparentemente carece de agencia propia: se limitan a observar lo que hace el público estadounidense con una serie de origen japonés e imitan sus comportamientos.

Si el público estadounidense chilla contra una serie japonesa y exige su cancelación, el público del resto del mundo acepta este veredicto de manera acrítica y une sus voces a las de los estadounidenses. Si, por el contrario, resulta que muy excepcionalmente el público estadounidense decide ponerse a alabar una serie, todos los demás se ponen a alabarla pese a ser malísima.

La única excepción a esta conducta que he podido observar se da con la serie Gundam Wing, de la franquicia Gundam, franquicia esta que sigo y a la que algún día dedicaré un artículo. (A la franquicia Gundam en general, no solo a Wing)

 

Resumiendo mucho: El escaso fandom de América Latina que he encontrado y que conoce Gundam es winger, lo cual es una forma de decir que adora Gundam Wing y desconoce o ignora el resto de las series, con la excepción de la saga SEED, que también fue emitida allí.

En contraste, el fandom de los Estados Unidos se halla mucho más dividido entre los wingers fanáticos y los que creen que Gundam Wing es un horror, aunque ambas facciones del fandom coinciden en que odian con todas sus fuerzas Gundam SEED y en aliarse contra cualquier fan de SEED que encuentren.

Para hacerlo peor, sospecho que esta afición en bloque por Wing ni siquiera es merito del fandom latinoamericano, sino que se debe únicamente al hecho de que la primera serie de Gundam que se emitió en América Latina en abierto… fue Gundam Wing.

 

Vale. Regresando al asunto principal. Mi punto era reseñar la hipocresía de los yanquis y de sus imitadores a la hora de juzgar las series procedentes de Japón.

Me refiero sobre todo a que ni siquiera se puede hablar de comunidades fandom en muchos de estos casos, sino más bien de grupos de haters o personas que se dedican a ver series de animación de origen japonés solo para encontrar (y si no las hallan, inventárselas) maneras de sentirse ofendidas por el contenido.

Los ataques contra Goblin Slayer no serían así un caso aislado, como se ha pretendido dar a entender, sino que serían solamente el ejemplo más actualizado y visible de una tendencia que se ha dado prácticamente desde 1979 (Fecha de emisión de la primera serie de Gundam): buscar y criticar supuestas muestras de nacionalismo no-estadounidense y/o críticas más o menos encubiertas a los Estados Unidos dentro de los guiones de las series japonesas.

 

Lo primero que hay que tener en cuenta a la hora de hablar de analizar series japonesas y sin lo que no llegaremos a ninguna parte, son estas 4 reglas fundamentales:

-Los japoneses hacen sus series PARA EL PÚBLICO JAPONÉS.

-Como consecuencia lógica, A LOS JAPONESES LES DA EXACTAMENTE IGUAL LO QUE PENSEMOS EN OCCIDENTE.

-De lo que se deduce que los japoneses SIMPLEMENTE NO ENTIENDEN, O NO LES INTERESA, POR QUÉ EN OCCIDENTE (Bueno, en Estados Unidos) NOS HACEMOS PAJAS MENTALES CON LO QUE PONGAN EN SUS SERIES.

-Por lo tanto, PRETENDER que los japoneses HAGAN SUS SERIES PENSANDO EN NO HERIR LA HIPERSENSIBILIDAD DE LOS COPITOS DE NIEVE no es solo pedir la Luna: ES ARROGANCIA IMPERIALISTA DE LA PEOR CLASE.

Estos cuatro puntos parecen sencillos de recordar, ¿verdad? Bueno, pues los copitos de nieve hipersensibles se niegan a darse por enterados.

 

No les ha bastado con conseguir imponer sus absurdas normas morales en Occidente: se las quieren imponer a Japón, en lo que es el único ejemplo registrado de imperialismo cultural que el movimiento SJW, lejos de denunciar por todos los medios y luchar por impedir, lo encabeza y defiende a muerte.

(Recordemos que, según la dialéctica de la opresión estadounidense, que escogió incluir el racismo antijaponés en sus dogmas ante su incapacidad y falta de interés por eliminarlo, los asiáticos en general y los japoneses en particular, son considerados “colectivo privilegiado” y por tanto merecen ser aplastados)

 

¿Ejemplos de esta tendencia? Para aburrir.

Pero, por no hacer esto insoportablemente largo, voy a empezar por analizar dos casos que son relativamente recientes. Y no voy a hablar más de Gundam, porque es una franquicia tan absurdamente larga y extendida en el tiempo que probablemente necesitaría dedicarle un artículo que sea aún más largo que este solo para ella.

Los ejemplos que he escogido son una serie de anime de 2006, “Code Geass”, y otra que es más reciente, de 2015-16, conocida como “Gate: Jieitai Kanochi nite, Kaku Tatakaeri” y a la que por obvias razones de brevedad me voy a referir con la abreviatura más comúnmente usada: GATE.

 

Code Geass es una serie que fue concebida como una parodia de Gundam, y más concretamente de Gundam Universal Century. Sin extenderme en esto, el dato que debe recordarse es que Code Geass no fue escrita para ser tomada en serio.

La serie era un intento de Sunrise de reírse de todos los tópicos habituales asociados al género Real Robot, y en consecuencia se exageraron todos los temas que toca hasta unos extremos que fueron considerados directamente ridículos por espectadores que no entendieron cual era la intención de los guionistas.

Sea por que los japoneses tienen un sentido del humor diferente, sea porque nadie se acordó de explicar que la serie en si era una parodia, el caso es que en Occidente si que se tomó en serio esta serie. Y, obviamente, no tardaron en surgir las quejas por parte de los copitos de nieve estadounidenses, ofendidos en su orgullo nacional.

 

¿Las razones? Simple: El principal antagonista de la serie es el Sacro Imperio de Britannia, una superpotencia agresiva, expansionista y militarista, que antes del inicio de la serie había invadido y anexionado brutalmente Japón solo para oprimirlo y saquear sus recursos. Pero como resulta que el Sacro Imperio de Britannia ocupa en su mundo el territorio de los Estados Unidos de América en el nuestro, a los SJW y a los nacionalistas estadounidenses se les ocurrió que el Sacro Imperio de Britannia, en realidad, era un ataque encubierto contra los Estados Unidos de América.

Naturalmente, la cosa no quedó solo en protestar a través de Internet, sino que se hizo llamamientos a boicotear la serie si se daba el caso de que llegaba a licenciarse en USA, por supuestamente “ofender” a los estadounidenses al “presentar a Estados Unidos” como cabrones imperialistas obsesionados con invadir y anexar países para saquearlos.

Señalemos que, para empezar, ni siquiera eran los Estados Unidos, sino que Britannia era una monarquía absoluta: otro maldito país, en otro planeta, en otra línea de tiempo que tiene poco o nada que ver con nuestra realidad.

Pero no, a los copitos de nieve estadounidenses les dio por hacerse los ofendidos y pretender que toda la serie era un ataque contra Estados Unidos.

 

La crítica llegó a tal extremo que el director Goro Taniguchi fue interrogado al respecto en una entrevista durante el final de la primera temporada, en la que manifestó que su única intención era “hacer una historia entretenida”, no deslizar mensajes políticos en absoluto. Información adicional que no he podido confirmar (es de segunda o tercera mano) afirma que Goro Taniguchi ironizó sobre el tema diciendo “¿Están diciendo en serio que Estados Unidos es una monarquía absoluta gobernada por un tipo con rizos raros?”, claramente resaltando la evidencia: que Britannia NO ERA Estados Unidos.

Pero una vez que se aferra a una presa, el movimiento SJW no la suelta. Cuando ya no le podían sacar más jugo al tema del nacionalismo, les dio por decir que la serie alaba el terrorismo por el tema de que su protagonista encabeza una resistencia nipona contra Britannia. Solo puedo agradecer que cuando se estrenó Code Geass todavía no existía el Estado Islámico, o de lo contrario se habrían aferrado a semejanzas muy superficiales como que los protagonistas visten de negro, asaltan bases militares, cuentan con un tipo que se dedica a emitir sus actuaciones en directo para la prensa, y luchan contra una nación basada en Norteamérica, para decir que en realidad la serie era un intento de alabar la campaña terrorista de Estado Islámico.

¿Que esto es exagerado? Yo pensaba eso mismo al principio.

Al menos, hasta que me encontré la tercera línea de acción de los histéricos: criticar la supuesta hipocresía de “los japoneses” por, y cito textualmente traducido del inglés, “colocarse en una situación de explicita opresión cuando en la historia reciente han sido una nación imperialista”.

Podría extenderme páginas y más páginas discutiendo este argumento, pero me limitaré a señalar que es sumamente hipócrita por parte de los estadounidenses el criticar a Japón por hacer una serie en la que su país es invadido por una superpotencia hostil. Y es hipócrita porque la trama de “Estados Unidos es derrotado militarmente y conquistado por una potencia hostil” es un tema tan habitual en la ficción americana que llega a ser hasta cansino. Sin olvidar que es un tema del que nos han obsequiado con algunos ejemplos particularmente estúpidos.

 

Supuestamente Code Geass es “increíble”, “absurdo” y “ofensivo” porque ponga que un país basado en Norteamérica invade y arrasa Japón. Y esto nos lo dice la misma gente que en la película Red Dawn pretende que nos creamos que Corea del Norte ha conseguido invadir los Estados Unidos, por citar solo uno de los ejemplos más estúpidos que me he encontrado.

O la misma gente que se empeña en que por alguna razón todas las civilizaciones alienígenas existentes quieren conquistar los Estados Unidos, o lo que me parece aún peor: que todas las demás naciones del planeta deciden entregarle el mando militar mundial a los Estados Unidos de América simplemente porque “ellos lo valen”.

 

Hablar de alienigenas me lleva a mi segundo ejemplo, del que ya he hablado antes: la serie de anime llamada GATE. Por contarlo de manera muy resumida, la serie va de que se abre un portal a una Tierra de la Fantasía, llamada Falmart, en pleno centro de Tokio (concretamente en el muy famoso distrito comercial de Ginza, delante mismo del edificio Wako si entienden las referencias a lugares japoneses).

 

El caso es que el Primer Ministro de Japón organiza un despliegue de las JSDF, las Fuerzas de Autodefensa de Japón, o lo que es lo mismo, su ejército. La misión original se supone que es entablar contacto con los poderes que gobiernan en Falmart, exigir que se abonen reparaciones por el ataque en Ginza, y ya de paso tratar de comerciar. Pero esto pasa a segundo plano casi enseguida para centrarse en las andanzas del prota.

En este caso concreto, los copitos de nieve ni se molestan en tratar de disimular que el motivo de las críticas es el nacionalismo estadounidense puro y duro: todas las quejas se pueden resumir en tres líneas: “El autor nos saca como unos cabrones imperialistas y unos gilipollas”, “¿Por qué no hay US Marines en el Otro Mundo?” y “El JSDF es insoportablemente perfecto”, además de afirmarse que esta serie es “revisionismo de los crímenes del Ejército Imperial Japonés” (OTRA maldita vez) por razones que son como mínimo muy poco claras.

Los “argumentos”, como no, son muy familiares: que si el autor es un nacionalista de extrema derecha que odia a los Estados Unidos, que si ha escrito una historia plagada de “tonterías revisionistas”, que si el que sea reservista del JSDF demuestra que es de extrema derecha, etcétera. Todo esto que se dice y repite sobre la biografía del autor, por supuesto, es información de tercera o cuarta mano, que va circulando por toda la Anglosfera sin que se sepa de donde ha salido.

(Esto es simplemente absurdo porque, como apliquemos ese criterio de que haber prestado servicio militar activo te convierte automáticamente en un nacionalista de extrema derecha, obtenemos que Estados Unidos está completamente plagado de nacionalistas de extrema derecha). Solo que ahora se hacen llamar SJWs.

 

La primera queja es simple: todos los demás países del mundo, especialmente Estados Unidos, Rusia y China, son pintados como unos cabrones codiciosos que presionan al pobre Japón para que les conceda libre acceso a la Puerta.

A pesar de que los lectores sabemos muy bien que todos harían exactamente eso de darse esta situación, los copitos de nieve yanquis encuentran terriblemente ofensivo que se pinte a su país como una nación moralmente ambigua, en vez de cómo el Campeón del Bien que están habituados a ver en el cine.

¿Recuerdan que antes insistí en el tema de que los nipones no llaman ejército a la JSDF? Un punto de la serie va precisamente de eso: como método para reflejar la ignorancia del Presidente de los Estados Unidos, se empeña en referirse constantemente a la JSDF como “ejército japonés”, por más que los asesores intentan recordarle que técnicamente no es un ejército. Y como eso, prácticamente todo.

En todo caso podría quejarme de los “planes” de los otros países para el Otro Mundo. Vale, el plan de Estados Unidos aún tiene sentido: explotar los recursos de Falmart para impulsar su propia economía. El plan de China, mover a la mitad de su población al otro mundo, simplemente es imposible de aplicar y hasta sospecho que el autor lo puso solo porque no se le ocurrió otra barbaridad peor. El plan ruso… ni puta idea de cual es.

 

El segundo punto solo puedo describirlo diciendo que es una pataleta de niño pequeño en la que los copitos de nieve y los nacionalistas yanquis expresan su frustración porque en otros países no les vean como los protagonistas absolutos.

Todos los intentos de “arreglar” la trama de la serie “quitándole las tonterías de extrema derecha del Autor” se pueden resumir en lo siguiente: Japón debe traspasar todo el control de la misión a los Estados Unidos y dejar que estos desplieguen tropas y acaparen todo el protagonismo. El argumento más habitual involucra el Tratado Nipo-Americano, sea porque Japón lo activa y pide tropas americanas, o porque los Estados Unidos se aferran al Tratado para desplegar las tropas de todos modos ignorando los deseos de los japoneses.

Sí, es en serio: para intentar “arreglar” el que el autor japonés pinte a Estados Unidos como un poder belicista e imperialista, la crítica yanqui plantea… hacer que Estados Unidos se comporte como un poder belicista e imperialista.

Ignoramos abiertamente detalles como que la propia construcción del mundo especifica que Estados Unidos simplemente no tenía medios para enviar nada, porque “tenemos las manos llenas con Oriente Medio y conteniendo a Rusia y China”, por citar a los propios asesores del Presidente Dirrell.

Pero oye, que no, que hay que enviar a los Marines como sea, ¡no puede ser que ocurra algo así y Estados Unidos no pueda participar como protagonista absoluto! ¡Tiene que haber alguna manera de que América le de lo suyo a los enemigos de la Libertad!

 

A la tercera queja, “la insoportable perfección del JSDF”, es a la única que estoy dispuesto a reconocerle algo de legitimidad.

Sí, los protagonistas japoneses son insoportablemente perfectos. Algunos de ellos, los de Japón sobre todo, son personajes muy genéricos: se nota que el autor no se ha esforzado tanto en definirlos como si ha hecho con los nativos de Falmart.

Por desgracia, esta crítica pierde toda credibilidad procediendo de gente que se empeña en argumentarla de maneras tan pobres como insistiendo en que el Ejército de Estados Unidos “lo haría mucho mejor” porque “tienen más experiencia en misiones militares en el extranjero”, ignorando el terrorífico historial de daños colaterales estadounidense a lo largo de todas sus guerras.

O publicando inacabables listas de “Errores que cometería el JSDF en el Otro Mundo” que prácticamente parecen listas de “Errores cometidos por las tropas de los Estados Unidos de América en Afganistán e Irak en el mundo real” simplemente cambiándoles el título y sustituyendo las referencias al US Army por JSDF. Listas que esencialmente pintan un cuadro en que, para cometer todos y cada uno de los errores señalados, el JSDF debería estar conformado exclusivamente y en su totalidad por criminales y psicópatas de gatillo fácil, sacados de cárceles y psiquiátricos solo para armarlos, ponerles un uniforme y enviarlos al otro mundo.

 

Otro argumento que se hace es que supuestamente “la ONU”, “Estados Unidos” o quien sea, no permitiría que Japón acapare algo así para sí mismo. No tengo más que remitir a mis lectores a la serie Stargate, que trata el mismo tema, salvando las distancias, solo que los protagonistas son estadounidenses.

 

Todos y cada uno de los hechos por los que se critica a Japón en GATE son cometidos en toda la serie Stargate por los Estados Unidos. Estados Unidos decide iniciar por su cuenta y riesgo una guerra intergaláctica a través del Stargate simplemente por pura ambición (aunque intentan disfrazarlo como “noble lucha contra la tiranía de un imperio malvado”), en la que unos soldados insoportablemente perfectos logran que toda la gente con la que contactan los adore, y son tan inteligentes que pueden convertir una derrota táctica en una victoria estratégica. ¿He mencionado ya que acaparan en solitario el Stargate y que al resto del mundo le parece estupendo? Pues eso.

Se me objetará que en Stargate se incluyó a gente de todo el mundo, por lo que no se puede decir que “Estados Unidos acapara el Stargate”. Un conocimiento más profundo de la serie nos revela que, en realidad, Estados Unidos incluyó al resto de Gobiernos del Consejo de Seguridad de la ONU simplemente porque necesitaban ayuda para ocultar los cada vez más catastróficos efectos de la guerra intergaláctica (incluyendo pero no limitándose a dos conatos de invasión alienígena a gran escala).

Pero eh, no veremos a ningún americano diciendo que Stargate es una serie nacionalista estadounidense, y de hecho se extrañarían si se lo planteases.

 

Para hacerlo aún peor y añadir una nueva subcapa de hipocresía, en 2018 la misma gente que en su día atacaba salvajemente GATE, por considerarla ofensiva hacia Estados Unidos, ahora se empeña en comparar al Presidente Dirrell con Trump, y pretende hacer ver toda la serie como una crítica a la gestión de Trump, algo con lo que curiosamente si están de acuerdo… a pesar de que la serie anime es de 2015-16, el manga salió en 2011 y la novela en la que se basa es de 2010, por lo que es imposible que los autores estuvieran pensando en Trump.

 

Otro ejemplo adicional, el último y en el que no me extenderé mucho porque no he visto la serie y lo que se es lo que he encontrado en reseñas por ahí, es la saga Shingeki no Kyojin (Ataque a los Titanes).

Por lo que he leído, los principales motivos por los que se acusa a esta serie de “alabar el fascismo” son que “describe una ciudad bajo el yugo de una dictadura militar”. Bueno, y que “sale un señor que se parece mucho a Hitler” porque “tiene bigote de cepillo y cara de mala hostia”. Ah, si, se me olvidaba: muchos de los personajes tienen nombres alemanes como “Erin Jaeger”. Eso es todo.

Que nos importa que el régimen sea presentado como cruel y opresivo de todas las maneras imaginables: como no es una democracia de tipo estadounidenses, ni es algo prioritario para los protagonistas el derrocar al régimen, se asume que la serie es una alabanza encubierta al fascismo y concretamente a Hitler. A pesar de que el “tipo que se parece a Hitler” ni siquiera es el líder de la ciudad.

 

A lo mejor me tomaría un poco más en serio este tipo de alegaciones, de no ser porque, aparte de estar terriblemente mal argumentadas y fundadas a partes iguales en una mezcla de ignorancia, prejuicios y racismo, me encontré casos aún peores que los ya reseñados, como el de una SJW estadounidense que afirmaba que había dejado de ver toda una serie, cuyo nombre no recuerdo, simplemente porque se le ocurrió que los uniformes de los protagonistas militares eran similares a los de las SS.

A la chica le dio igual que la serie ni siquiera mostrase nada ni remotamente parecido a las actividades de las SS reales, ni que se alabase regímenes fascistas, ni nada parecido, y que de hecho los protagonistas en realidad eran buenos (salvo por el detalle de los uniformes, claro); simplemente dejó de ver la serie y se puso a bombardear las redes exigiendo su boicot argumentando que la serie era un insulto a las victimas del nazismo.

Ya de paso, la chica en cuestión se permitió el lujo de prejuzgar a todo un maldito país basándose en una única serie, asumiendo que el hecho de que en una serie se emplee un diseño de uniforme y no otro es prueba clara de que “Japón tiene un muy serio problema con el fascismo y el poder que tiene la extrema derecha”.

Su conclusión era exactamente la misma que en los tres casos anteriores: que Japón “se debe revisar sus problemas con el fascismo” y “adaptarse a las sensibilidades del mundo globalizado del siglo XXI que vivimos”. En suma, como a ella no le gusta, los demás deben adaptarse a sus gustos.

 

Como se puede ver, el movimiento de los copitos de nieve hipersensibles no solo es de lo más hipócrita, sino que en ocasiones es empleado como estandarte para agitar y darle legitimidad al imperialismo cultural estadounidense más puro. Invocando para ello una falsa idea de sensibilidad y valores globales, agitando a los SJW como portavoces y mano de obra, lo que buscan los copitos de nieve hipersensibles es simplemente acabar con toda cosmovisión que se aleje de la promovida por los académicos de los Estados Unidos que se hallan detrás de todos estos movimientos.

No hablo de que haya camarillas de licenciados discutiendo si van a destruir X serie o se van a tratar de apropiar de Y serie, claro. Eso sería caer en la conspiranoia del tipo de los que creen en la Conspiración Judía. Pero si hablo de que los académicos yanquis son los que elaboran el soporte ideológico y dialéctico que luego es empleado para defender ideas aberrantes.

Como, en este caso, empeñarse en proyectar en Japón y en los animes el propio nacionalismo tóxico de los estadounidenses, dándoles un objetivo aceptable al que odiar, para luego poder seguir diciendo falsamente que su nacionalismo no es tóxico en absoluto, sino una línea de defensa frente a las supuestas agresiones y ofensas extranjeras.

 

Recordemos que, pese a que están constantemente invadiendo y bombardeando países que en la mayoría de los casos no les han hecho nada (y los pocos que realmente les hacen algo probablemente no merecían una respuesta tan brutal), uno de los principales argumentos de Estados Unidos es que son una nación pacífica pero victima inocente de constantes ataques por parte de los malvados extranjeros.

A los americanos les gusta creer que su nacionalismo no es tóxico; proyectar en Japón, su antiguo rival, los aspectos negativos del nacionalismo y reservarse para ellos los aspectos positivos, formaría parte de este mecanismo de autodefensa.

Mecanismo que estaría siendo empleado por la izquierda posmoderna como método y herramienta para empujar su propia agenda de control cultural.

 

Kuro Tenshi Butai

"Opinador y analista disidente desde España, lo cual para algunos me convierte en un facha.
Sobreviví a la inmersión educativa en Estudios de Género y eso me ayudó a tomar partido... contra esa religión sectaria camuflada como ciencia.
Comprobé que el mundo que me vendían en clase, no tenía nada que ver con la realidad, y que lo que pasaba por "educación en igualdad", no era sino puro adoctrinamiento político-ideológico a cargo de hipócritas que ni se creen sus propios dogmas de fe.
Contra el adoctrinamiento en ideas totalitarias y la copia irreflexiva de ideas de ciertos países.
Hablo acerca de la religión de género y otros temas relacionados con la cultura. Me gusta Gundam, y algunas personas dicen que escribo bien."

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