“Cuando haces pasar una religión por una ciencia, esto es lo que sale”.

 

(Desarrollado del original publicado en Twitter por el propio autor)

Después de mi último artículo sobre el iberismo, regreso a los lares políticos para hablar de una teoría sociopolítica que lleva tiempo en boca de mucha gente. Hablo del llamado marxismo cultural, una teoría cuyo nombre es empleado por demasiada gente sin tener más que una idea confusa de a que se están refiriendo exactamente cuando hablan de marxismo cultural.

Este último extremo es el que voy a intentar aclarar: ¿Existen de verdad los marxistas culturales? ¿Qué es exactamente un marxista cultural? ¿En qué consiste esta ideología?

 

Empezaremos respondiendo a la primera pregunta: Sí, los marxistas culturales existen. Pero como todos saben, simplemente afirmar esto no es suficiente. De hecho, una breve búsqueda nos revela que hay abundante bibliografía al respecto en Internet, y hasta se han escrito libros enteros sobre el tema. Sin duda, alguien que lea esto estará pensando algo parecido a:

Peeeero Kuro, también hay abundante bibliografía sobre los unicornios en Internet; pero a nadie con dos dedos de frente se le ocurriría usar eso como argumento para defender que los unicornios existen”.

Ten paciencia, lector escéptico, a eso contestaré en la pregunta número dos. Por ahora, deja que siga con la pregunta uno.

 

Precisamente voy a hacer un inciso hablando de la naturaleza de esta información, que considero la causa principal de la incomprensión existente en torno a este tema.

La práctica totalidad de la información que existe actualmente en Internet acerca del marxismo cultural se adscribe a dos posturas muy concretas: los que ridiculizan todo el concepto en sí mismo, y los que defienden agresivamente su existencia y realidad.

 

El primer uso no tiene especial misterio: basta con poner en el buscador de Wikipedia las palabras “marxismo cultural” para tener acceso a uno de los artículos  menos neutrales –con diferencia- que nos puede ofrecer esta página.

En la Wikipedia nos enteraremos de que el marxismo cultural se trata de una

“…supuesta teoría de la conspiración, difundida entre círculos conservadores y de extrema derecha estadounidenses desde la década de 1990, que se refiere a una supuesta forma de marxismo que, pretendidamente adaptado de términos económicos a términos socioculturales por la Escuela de Frankfurt, se habría infiltrado en las sociedades occidentales con el objetivo final de destruir las instituciones y valores tradicionales…”

 

Observemos que en apenas un párrafo de la definición se pueden hallar no menos de cuatro condicionales seguidos, como “supuesta”, “pretendidamente”, “se habría”, etcétera. Esto parece un interés excesivo en recalcarle al lector que el marxismo cultural es un concepto ficticio.

Podría pensarse que esto es parte de la política habitual de la Wikipedia hacia las teorías de la conspiración, de no ser porque en otras páginas de la misma temática, tales como la Conspiración del Ocultamiento Extraterrestre o la Conspiración del Nuevo Orden Mundial, no se ha manifestado ese empeño por colocar tantos condicionales.

 

Por alguna razón, la página sobre el Marxismo Cultural merece que se recalque con especial atención, mayor incluso que la dedicada a los OVNI o a la conspiración del Nuevo Orden Mundial, que es una teoría de la conspiración sin base alguna.

El resto del artículo sigue la misma temática que da a entender el inicio. Aparte de que se insiste en atribuir la popularización del término a un tal Michael Mincinio, sin dar mas que una explicación muy breve de qué se supone que es la Escuela de Frankfurt, se hacen constantes y gratuitas menciones a otros temas no relacionados, como la supuesta creencia de un tal LaRouche en la continuidad de la existencia del Imperio Británico, o la mención a que uno de los creyentes dio una conferencia en una ponencia sobre el negacionismo del Holocausto en Estados Unidos.

(Por alguna razón, a ninguno de los articulistas de Wikipedia le pareció digno de crítica o reseña que en Estados Unidos se celebre un evento así, pero sí que acuda a el alguien a quien se atribuye creer en el marxismo cultural).

 

El epígrafe titulado como “Análisis académico de la teoría de la conspiración”  (por si aún no nos ha quedado claro que es una teoría conspiratoria, nos lo vuelven a recordar) debería llamarse más bien “Crítica ideológica y pretendidamente académica al término”. Esencialmente, son citas constantes de frases atribuidas a pretendidos sociólogos y otras “figuras de autoridad”, que en todos los casos son absolutamente desconocidas fuera de los Estados Unidos. Estas pretendidas autoridades describen el marxismo cultural como una especie de palabra-policía, una forma cómoda de la extrema derecha de agrupar a todos los “colectivos indeseables” en el mismo saco, tales como “feministas, homosexuales, humanistas seculares, multiculturalistas, educadores sexuales, ecologistas, inmigrantes y nacionalistas negros”.

Completando esto, aparece una larga lista de entidades consideradas como de extrema derecha, que supuestamente se han mostrado de acuerdo con esta teoría.

 

Estos últimos, pertenecientes principalmente a un sector derechista de la política, conocido peyorativamente como “fascistas” o “Alt-Right”, tienen una tendencia bastante molesta, no solo a centrarse exclusivamente en hablar acerca de “los orígenes del marxismo cultural”, sino a combinar dichos orígenes con una versión actualizada de la conocida Teoría de la Conspiración Judía. Todo lo cual ha contribuido espectacularmente a que no se los tome en serio en sus afirmaciones acerca del marxismo cultural. En sitios web como Metapedia se puede encontrar una muestra del tipo de texto académico que suele circular sobre este tema.

 

El artículo que dedica Metapedia al marxismo cultural logra ser al mismo tiempo idéntico, complementario y diametralmente opuesto al de Wikipedia.

Si el de Wikipedia apenas nos brindaba información acerca de los orígenes del marxismo cultural, éste se dedica a desarrollar con todo lujo de detalles dichos orígenes, así como los métodos y las principales ideas defendidas por los marxistas culturales. Como ya he dicho, también se abunda en la idea de que esta ideología es producto de una conspiración judía creada y mantenida a lo largo de los siglos, amen de otras teorías “políticamente incorrectas”.

Si el artículo de Wikipedia no para de recalcarnos que el marxismo cultural es una teoría de la conspiración sin base, el de Metapedia nos informa de su realidad positiva, así como de su autoría, atribuida a un exegeta de Lenin y comunista reconocido italiano, Antonio Gramsci. Retengan este nombre porque hablaré de el más adelante.

 

¿Recuerdan a Mincino, el hombre al que Wikipedia insiste en atribuir el inventarse esta teoría? Sorprendentemente (o no), aquí no hallamos la menor mención a Mincino, al igual que a ninguno de los “expertos” citados por la Wikipedia. En realidad, aquí también aparecen citados otros supuestos expertos, todos ellos reseñados como judíos por ninguna razón en particular más allá de que los articulistas así lo pusieron, a los que se atribuye la creación de diversos aspectos del marxismo cultural.

Si en Wikipedia el corpus del artículo es una lista de gente a la que se atribuye creer en el marxismo cultural, el artículo de Metapedia describe todo tipo de teorías políticas, comúnmente asociadas con la izquierda política más extremista-comunista, o asumidas como propias por el grueso de la sociedad, que son definidas como el resultado de llevar a la práctica el marxismo cultural.

 

Con todo, el principal defecto que hallo en ambos artículos, un defecto que se extiende a toda la información que circula sobre este tema, es simple:

Su excesivo academicismo.

La práctica totalidad de lo que se escribe acerca del marxismo cultural NO ha sido pensado para ser leído por neófitos.

 

Como ya ocurre con otras teorías científicas, el manejo constante de una pesada jerga académica por parte de los escritores -aunque muy conveniente para aquellos que ya están previamente informados e interesados- hace que las teorías no sean accesibles al gran público. Lo cual ha dado como resultado la gran ignorancia que existe sobre este tema, pues ante la perspectiva de tener que leer largos y aburridos ensayos repletos de jerga especializada, mucha gente opte por quedarse solo con los titulares.

Sintiéndolo mucho, no voy a caer en el mismo error. Ya hay tanta bibliografía sobre el tema como para que merezca la pena que yo escriba nuevamente acerca de los orígenes. No voy a entrar en si es verdad o no que el marxismo cultural es una conspiración judía, o si lo inventó la Escuela de Frankfurt o cualquier otro. Otra mucha gente, con mayores conocimientos acerca de la Escuela de Frankfurt, se molestó en verter ríos de tinta sobre esos temas: hacerlo yo no sería sino reiterar lo ya dicho por otros.

 

He hecho toda esta introducción porque considero que hablar de marxismo cultural no es, o no debería ser, sinónimo de hablar de una teoría de la conspiración en la misma línea de quienes hablan de los reptilianos. Se trata de un conjunto de actitudes, directrices e ideas políticas muy concretas, que han sido asimiladas como propias por buena parte de la sociedad.

Antes he dicho que los marxistas culturales existen. ¿Significa eso que si yo me acerco a alguien y le pregunto si es marxista cultural voy a obtener una respuesta positiva? A menos que esa persona esté intentando burlarse de ti, lo más probable es que no.

 

Y este es el primer y principal punto de diferencia entre los marxistas culturales y las personas que suscriben otras ideologías políticas: alguien que sea marxista cultural, JAMÁS admitirá públicamente que lo es.

En vez de eso, optarán por rechazar con clara indignación tal acusación llamando “fascista” u otra lindeza similar a quien así les pregunta.

Una analogía aproximada sería una persona racista: un racista por regla general nunca dirá que es racista, sino que tratará de racionalizarlo de alguna manera, o adscribirse a una ideología política con mayor aceptación social. (Esto ha contribuido a la mordaz observación, lanzada por los propios marxistas culturales y secundada por la izquierda, de que “apolítico” es un eufemismo para “fascista”, pero este es otro tema).

 

Un marxista cultural se caracteriza porque creerá firmemente en la veracidad de al menos dos, y por regla general muchas más, de las siguientes propuestas:

La creencia en la existencia y realidad de los grupos “opresores” y “oprimidos”, ya se justifique su existencia por razones culturales, históricas, su propia naturaleza maligna, o la excusa que se prefiera emplear.

La existencia y realidad de una conspiración de alcance mundial, designada con el nombre de “Heteropatriarcado”, cuyo único objetivo no sería otro que el de mantener a toda la humanidad en general, y a las mujeres en particular, en situación de opresión a todos los niveles, especialmente el cultural, económico, político y social. Esta teoría en realidad no sería sino una reinterpretación de la vieja teoría de la lucha de clases, fundada en una cita atribuida a Engels, según la cual “En la familia, el hombre es el burgués y la mujer el proletariado”.

La tradicional teoría de la lucha de clases, según la cual existe una entidad de alcance mundial y poder inmensurable, con el nombre colectivo de “burguesía”, cuya principal ocupación no es otra que la de mantener oprimido y sometido -por ninguna razón en particular más allá de que puede hacerlo- al “proletariado”, en una relación de opresión-oposición.

La existencia y vigencia de relaciones, exclusivamente en un marco de opresión-oposición, entre dos o más colectivos arbitrariamente designados como tales por los propios marxistas culturales. (Pueden hallar más información acerca de este tema en mi artículo “Dialéctica de Opresores y Oprimidos”, en este mismo blog, haciendo clic en primera parte y segunda parte).

—Como consecuencia lógica de lo anterior, la convicción de que es conveniente -y hasta deseable- la división de la humanidad en grupos identitarios, basados en factores externos, ajenos a la elección de la propia persona, ponderados de manera arbitraria, como son el color de piel, etnia, procedencia geográfica, clase social, sexo y orientación sexual. Amén de otros como la ideología política y las creencias religiosas. Ya hice una analogía acerca de las similitudes entre esto y el apartheid, por lo que no me extenderé acerca de este punto.

 

—Nuevamente, consecuencia lógica del paso anterior, el marxismo cultural se hace eco de la idea, llevada a la práctica sobre todo en países dictatoriales y para nada democráticos como son la Alemania Nazi o Corea del Norte, de que una persona debe ser valorada en función de a que grupo pertenezca, con independencia de su mérito personal. En la Alemania Nazi, tener antepasados judíos, aunque solo fuese un tatarabuelo, podía acabar con tu carrera y hasta con tu vida, sin importar cuanta lealtad y méritos hicieras por el Reich. En Corea del Norte, el respeto que mereces se aquilata en función de lo que hiciese tu abuelo en su día: si luchó a favor, en contra, o se mantuvo indiferente al régimen durante la Guerra de Corea, de nuevo ignorando tus propios méritos personales.

—La creencia, de nuevo consecuencia de todos los pasos anteriores, de que la virtud moral de una persona no viene determinada por sus propios actos, sino en función de su pertenencia a un “colectivo oprimido” u “opresor”. Esta idea halla su expresión práctica en las personas que justifican abiertamente a los violadores de religión musulmana apelando a que “su contexto cultural es diferente” o a que “son victimas del racismo institucional que los prejuzga por ser diferentes”.

La creencia de poseer el monopolio de la virtud moral, es decir, que todo aquello que haga un marxista cultural, no importa lo amoral, hipócrita o directamente criminal que sea, se halla perfectamente justificado en pro de la Causa. Por supuesto, todo aquel que lo critique es un fascista que debe ser purgado por el bien de la sociedad.

El uso de la violencia como instrumento político legítimo, pero siempre y sólo cuando la emplee la gente correcta. No tengo más que remitir a los lectores a las noticias sobre “escraches” y manifestaciones en España, o al activismo feminista basado en manifestaciones violentas, o a las palizas que dan “antifascistas” a personas que no piensan como ellos. En cambio, cualquier intento de organizar una manifestación o ejercer de cualquier manera legítima y no violenta su libertad de expresión, por parte de alguien que no sea un marxista cultural, será virulentamente tachado de “agresión fascista intolerable”.

Por el mismo motivo, el marxista cultural considera como perfectamente lógico y coherente ponerse a insultar a la cara, de las maneras más cobardes, viles y rastreras que se le ocurran, a todos aquellos a los que se supone que pretende convencer o a quienes dice defender, así como declararse victima de agresiones e intolerancia cuando los así tratados le replican con su misma moneda.

Negación del Principio de Mediocridad. En ciencias sociales, este principio establece que nuestro presente no tiene nada de especial respecto a épocas pasadas.

Traducido, esto ocurre cada vez que los marxistas culturales emplean como un “argumento” la frase “Estamos en el siglo XXI” o cualquier variante, o el empeño en hablar de “mentalidades obsoletas ancladas en el pasado” para referirse a quienes no piensan como ellos. Un marxista cultural defenderá a muerte que es un observador privilegiado y, por naturaleza, necesariamente más avanzado y culto que todos los que no piensan como él o no son parte del Siglo XXI.

En consecuencia, no ven el menor parecido entre ellos mismos, insistiendo en que son “gente del siglo XXI”, y los pensadores del Renacimiento, que acusaban a sus antepasados de la Edad Media de ser poco menos que “bárbaros semisalvajes a medio civilizar”.

Una redefinición falsa del laicismo, entendido ya no como la búsqueda de un Estado libre de influencias religiosas, sino como mero instrumento legitimador de un discurso de absoluta beligerancia contra todas las variantes de la religión cristiana y contra todos sus creyentes, al mismo tiempo que se glorifican y ensalzan los aspectos más aberrantes y totalitarios del islamismo sunni en su variante wahabbita como única alternativa aceptable.

Una redefinición delirante del “fascismo”. Una de las principales y más visibles características del marxista cultural es su insistencia en autodefinirse como “antifascista”… para acto seguido defender postulados prácticamente fascistas como los señalados arriba. Esto deriva en…

Una visión maniquea y simplista de la sociedad, dividida en dos grupos de gran importancia: los propios marxistas culturales, que gustan de autodenominarse como “antifascistas”, “progresistas”, “radfem”, y otros adjetivos similares con los que no buscan otra cosa que darle mala imagen a estos colectivos… y todos aquellos que se les oponen, que reciben el nombre colectivo de “burgueses fascistas” con independencia de cual sea su renta económica u orientación política real. Todo aquel que esté a la derecha de Stalin es fascista por definición, todo aquel que no trabaje en un puesto donde toque mierda con las manos desnudas es urgués por definición.

La redefinición de diversos conceptos, para adaptarlos a los intereses e ideas políticas de los marxistas culturales, en la misma línea reseñada arriba con el laicismo.

Así, por ejemplo el “patriarcado” pasaría de ser “organización social donde gobierna un patriarca” a “sociedad machista en la que los hombres conspiran para subyugar a las mujeres bajo un brutal régimen de terror”. El ser “apolítico” pasaría a ser un sinónimo de “fascista”, y “fascista” sería todo aquel que no crea en los postulados que se han descrito en los puntos anteriores. Ser “burgués” pasa mágicamente de ser “miembro de la clase alta y media-alta urbana” a ser “Cualquier persona que posea algo, siquiera sea una chabola, en propiedad, sin que importe que sea un asalariado mal pagado que no está en condiciones de explotar a nadie”, y se le añade la connotación de “explotador”. Ser “liberal” pasa de ser “partidario de la libertad individual” a “Persona que apoya que los pobres se mueran de hambre en las calles mientras él tenga comida”.

La apropiación de personajes, o Gobiernos históricos, atribuyéndoles, con indiferencia de si realmente lo hicieron o no, la defensa de uno, dos o más de los postulados ya descritos, para presentarlos ante la sociedad como “de los nuestros”. Esto no tendría otra finalidad que la de apelar al Argumento de Autoridad: justificar la legitimidad de una postura política muy concreta diciendo que X persona famosa la defendía… aunque sea mentira.

El ejemplo típico es la famosa frase atribuida a Churchill, y que los marxistas culturales encuentran horriblemente ofensiva hacia sus personas, “Los fascistas del futuro se llamarán a si mismos antifascistas”.

Al ser incapaces de hacer desaparecer o apropiarse la frasecita de marras, han optado por tratar de desacreditarla argumentando que no la dijo Churchill. Como si eso fuese relevante ante la verdad que describe, además de ser un claro intento de Argumento de Autor: al no poder desmentir la frase, ataco a su autoría.

La subjetividad y sesgo de la ciencia, entendiendo que todas las evidencias y estudios que contradigan las tesis arriba descritas no son otra cosa que el resultado de una conspiración a gran escala, dirigida por “los Poderes Fácticos” para engañar, manipular, y ocultar “la verdad verdadera” a los miembros de los colectivos no privilegiados, como parte del sistema de opresión-oposición.

La conveniencia de “deconstruirse” para “librarnos de la mentalidad que nos imponen”, entendiéndose como “deconstrucción” un proceso mediante el cual el sujeto que se deconstruye renuncia a todas sus creencias e ideas previas para adoptar en su lugar las tesis arriba expuestas.

 

Otras fuentes que hablan del tema se ponen a desgranar otras posibles variables, como son el feminismo, el activismo LGBT, el animalismo y el ateismo, pero he preferido limitar el análisis a los puntos más básicos. Resalto especialmente la redefinición de laicismo porque resume perfectamente el conflicto entre marxismo cultural y religión.

Pero… Todo eso que acabas de describir no es marxismo. Es puro y duro fascismo del de toda la vida.” es lo que imagino que pensará algún lector.

 

Probablemente alguien que haya leído la obra de Marx añadirá algo parecido a:

“He leído a Marx y no dice nada de todo eso. ¿De dónde cojones has sacado la idea de llamarlo marxismo cultural?

A ello voy. Como ya he mencionado, la creación del marxismo cultural se atribuye a Gramsci así como a Marx, a pesar de que ni siquiera fue contemporáneo de Gramsci. Gramsci era exegeta de Marx, es decir, un pensador que estudiaba la obra de Marx y se dedicaba a escribir detalladas teorías acerca de “lo que creo que quería decir Marx”

 

La razón de llamar a esto “marxismo cultural” no es otra que la principal característica que diferencia a los marxistas culturales de la gente que simplemente es de izquierda, que es su constante empeño en usar como “argumento” citas apócrifas de Marx y Gramsci, normalmente sacadas de contexto, o bien retorcidas de modo que digan lo contrario o algo sin la menor relación con la intención original del autor.

Así, podemos ver circulando por ahí supuestas citas de Marx en las que aparenta criticar el Salario Mínimo Interprofesional (un concepto que en la época de Marx era una utopía aún mayor que las vacaciones pagadas), entre otras aberraciones similares. Esto es especialmente notorio en redes sociales como Twitter, donde se puede resumir a los colectivos que citan a Gramsci en tres colectivos fundamentales:

  1. Gente de derecha o extrema derecha que lo acusan de ser partícipe de lo que solo puedo describir como la Teoría de la Conspiración Judía 2.0. Normalmente la mención a su nombre suele ir acompañada de: recalcar que es judío, insultos varios, o descripciones de la Escuela de Frankfurt.
  2. Gente de izquierda que veneran a Gramsci como a un Dios y citan frases que se supone escribió, normalmente detallando el contexto, pero creen que es buena idea reemplazar los insultos con exceso de jerga académica.
  3. Marxistas culturales, también llamados posmodernos, que caen en lo mismo que la gente de izquierda, con el agravante de que ellos citan a Gramsci de oídas, sin tener demasiada idea y absolutamente fuera de contexto.

 

La tercera característica fundamental es que, a pesar de que no pare de citar eslóganes y frases que evidentemente son idea de otras personas, el marxista cultural insistirá las veces que haga falta en que ha llegado a todas estas conclusiones por sí mismo.

No importa que la práctica totalidad de lo que diga sean eslóganes de otras personas y jerga académica especializada que a duras penas comprende, debemos creernos que de alguna manera ha llegado a creer todo eso de manera autónoma e independiente. A este proceso, como ya he dicho, se le llama “deconstrucción”, y en realidad no es otra cosa que un proceso de reprogramación cultural e ideológica en función de intereses políticos muy concretos.

 

Podríamos pensar que el marxismo cultural no es sino otra forma de ver la ciencia y la sociología, otro paradigma para explicar lo mismo, igualmente legítimo. Por usar una analogía, en Europa empleamos el sistema métrico, y en Estados Unidos las llamadas “medidas imperiales”, y eso no nos supone ningún problema… salvo cuando nos toca convertir centímetros en pulgadas o grados Fahrenheit a Celsius.

 

Que ingenua es la inocencia…

 

Siguiendo con la analogía, sería completamente absurdo plantearse en serio que Estados Unidos invada Europa para forzarnos a abandonar el sistema métrico y adoptar las medidas imperiales en su lugar, o lo inverso.

Pero, a diferencia de lo que pasa con el ejemplo citado del sistema métrico, en el que no hay intento de absorción, el marxismo cultural se considera a sí mismo no solo como “el único método científico verdadero”, sino como ecuménico.

Este concepto lo he tomado prestado de la Iglesia Católica, y significa “movimiento que busca la unidad de todas las iglesias cristianas”. En este contexto, decir que el marxismo cultural es ecuménico se refiere a su empeño por absorber todas las demás ciencias o, en su defecto, destruirlas en caso de no poder apropiárselas.

 

Llegados a este punto es donde empiezan las confusiones, debido principalmente a que el tener un método de análisis sociopolítico que funciona como una religión, ha llevado a concluir grosso modo que se trata de una religión. Esto es porque, a efectos prácticos, los marxistas culturales se comportan de manera más similar a predicadores religiosos que a divulgadores científicos.

El método científico nos dice que sus premisas son verdaderas en tanto se demuestre experimentalmente que son ciertas, y solo mientras no se demuestre lo contrario.

El marxista cultural cree que sus premisas son verdades axiomáticas, tan evidentes que no se precisa demostrarlas en ningún momento; que su método analítico es el único válido y todos los demás son falsables, y por lo tanto, que cualquier evidencia que contradiga sus postulados es fruto exclusivamente de la ignorancia, o de la manipulación por parte de sus enemigos.

Consecuencia lógica de esto es que, como el método científico marxista cultural es el único válido y todos los demás mentiras y manipulación, el marxista cultural cree que su obligación es “sacar del error a los ignorantes”, forzándoles a adoptar también el marxismo cultural, al igual que el predicador armado con Biblia o Corán.

 

Llegados a este punto, el marxista cultural, también conocido popularmente como posmo o posmoderno, abandona toda pretensión de respeto al método científico y al debate razonado. En su lugar optará por falacias propias de sacerdotes religiosos tales como las falacias de autoridad, la del falso dilema, la redefinición de términos, repetir eslóganes ad nauseam, defecarse en el principio de mediocridad, y otros “argumentos” igual de encantadores. Este abuso de las falacias y ataques personales hace del todo imposible todo intento de debate en el sentido clásico con un marxista cultural.

Debido al autoconvencimiento sobre su propia genialidad, todos los marxistas culturales practican lo que se conoce como “narcisismo discursivo”: no solo todos sus argumentos se basan en el “Yo, yo, yo, yo”; disfrutan tanto escuchándose a sí mismos que simplemente no conciben la idea de que alguien pueda oírles, y aún así no solo no se convenza de cuanta razón tienen, sino que decida seguir en desacuerdo con ellos.

 

Por lo tanto, como ocurre con las religiones más extremistas, toda persona que no comparta sus creencias necesariamente es un enemigo al que combatir o un ignorante que no sabe nada de la vida y al que hay que reeducar mediante su “deconstrucción”.

Consecuentemente, mi conclusión es la de que los marxistas culturales, lejos de ser el Coco producto de una teoría de la conspiración, constituyen una amenaza real para los valores democráticos y las libertades civiles tan real como lo fueron en su momento el fascismo (el de verdad, el de Mussolini), el comunismo soviético y el nazismo.

 

No hay más que estudiar las ideas que defienden para saber que no solo son una ideología abiertamente antidemocrática, fascista y totalitaria, sino que han logrado venderle a un sector de la población que de alguna manera su aberrante experimento de ingeniería social no solo sería positivo, sino que es la única alternativa.

Algo que, viendo el “ejemplar” comportamiento que han demostrado hasta ahora los políticos tradicionales, más preocupados de llenarse los bolsillos y crear redes clientelares de estómagos agradecidos que de otra cosa, no han podido o querido evitar.

 

De producirse su organización en un partido político unificado (actualmente hay partidos políticos, como Podemos o el Movimiento 5 Estrellas, que han asimilado como propias las tesis marxistas culturales haciéndolas pasar por reivindicaciones sociales) y su posterior llegada al poder, los marxistas culturales harían parecer buenos en comparación a los regímenes totalitarios del siglo XX.

Kuro Tenshi Butai

"Opinador y analista disidente desde España, lo cual para algunos me convierte en un facha.
Sobreviví a la inmersión educativa en Estudios de Género y eso me ayudó a tomar partido... contra esa religión sectaria camuflada como ciencia.
Comprobé que el mundo que me vendían en clase, no tenía nada que ver con la realidad, y que lo que pasaba por "educación en igualdad", no era sino puro adoctrinamiento político-ideológico a cargo de hipócritas que ni se creen sus propios dogmas de fe.
Contra el adoctrinamiento en ideas totalitarias y la copia irreflexiva de ideas de ciertos países.
Hablo acerca de la religión de género y otros temas relacionados con la cultura. Me gusta Gundam, y algunas personas dicen que escribo bien."

Esta entrada tiene un comentario

  1. LA IDEOLOGÍA DE GÉNERO Y EL MARXISMO
    La confusión ideológica es muy importante, y en todo lo que dice este artículo tiene mucha importancia la “ideología de género”.
    El problema es que nadie se toma verdaderamente en serio este tema del “género”.
    Y aquellos que lo hacen, lo han hecho muy recientemente, por lo que desconocen cómo hemos llegado al punto en el que estamos hoy.
    Por ejemplo, un afiliado de Podemos explicó las aberraciones de su Partido en un cursillo de marxismo Y TODOS SE RIERON de tales aberraciones.
    En cambio, SON ESTAS ABERRACIONES LAS QUE TIENEN ÉXITO, y lo los marxistas más puros.
    Obviamente, el afiliado de Podemos fue expulsado de Podemos, por criticar…
    ¿Cómo es que estas ideas absurdas, acientíficas, tienen tanto éxito?
    Tras 50 años de investigación, hemos llegado a la conclusión de que hay una causa que podemos llamar “antropológica”, derivada de la naturaleza humana. O animal, si se prefiere.
    Y es que los varones NO SE DEFIENDEN como colectivo.
    Aunque, por ejemplo, se condene “toda discriminación por razón de sexo”, ELLOS LAS ADMITEN TODAS SIN RECHISTAR.
    Por ejemplo, no piden la igualdad en nada, aunque tienen menos esperanza de vida, mayor fracaso escolar, padecen más asesinatos, 20 veces más accidentes laborales mortales, 3 veces más suicidios, etc.
    Y NO LES IMPORTA que se guarde silencio sobre todas sus desventajas al mismo tiempo que, hipócritamente, se pide la “IGUALDAD REAL”.
    Y no sólo esto: ADMITEN TODOS LOS PREJUICIOS que condenan cuando se aplican a otros colectivos: que son menos inteligentes y más brutos, que matan a las mujeres “por el sólo hecho de ser mujer” (mientras que la Mafia sólo mata por un decoroso “ajuste de cuentas”), que son más débiles y por esto mueren antes, a pesar de ser unos privilegiados, etc.
    TODO, TODO LO ADMITEN. En silencio los que saben que esto es falso y con entusiasmo los ignorantes.
    Así, los niños son educados en la escuela por profesoras (y profesores) que creen que son inferiores por ser varones, PUES NADIE PROTESTA ANTE ESTE SUPUESTO.
    Y esto destruye a los niños.
    Es muy interesante el libro “LA GUERRA CONTRA LOS CHICOS”, que da muchos ejemplos de prejuicios y mentiras contra los varones.
    Y también de la intimidación contra escuelas y profesores por no respetar la “igualdad”.
    Esta CÍNICA igualdad, en la que es obligado discriminar a los varones YA DESDE NIÑOS, y no ahora, sino desde hace más de 40 años (en España, en otros países hace muchos más años).
    Podéis ver unos ejemplos en: http://edipo.info/Genero/Espuelas.htm

Deja un comentario

Menú de cierre