Hace apenas dos meses una joven canadiense de 23 años se quitaba la vida ahorcándose en un parque cercano a su casa en California, en el Sur de Estados Unidos, aparentemente tras haber sido acosada a través de las redes sociales. Su nombre era Mercedes Grabowski, aunque era mas conocida por su seudónimo artístico, August Ames, que usaba en las producciones de cine para adultos en las que participaba.

Los días previos a su fallecimiento Grabowski participó en acaloradas discusiones a través de Twitter relacionadas con su negativa a participar en una escena con un actor porno que había mantenido relaciones sexuales con otros varones delante de una cámara. La respuesta por parte de las redes sociales no se hizo esperar y las acusaciones de homofobia contra Grabowski por parte de diversas personas dentro y fuera de la industria del porno se sucedieron a lo largo de sus últimos días de vida. A pesar de que Grabowski había padecido algunos problemas previos de salud mental que podían haber influido en los hechos que le llevaron a quitarse la vida, todavía se discute acerca de si las acusaciones de discriminación vertidas en redes sociales pudieran haberla llevado a tomar esa decisión final. Sea como fuere, su muerte y los días previos a la misma demostraron una fuerte división dentro de la industria del entretenimiento adulto, entre aquellos intérpretes que se dedican al cine mainstream (heterosexual o lésbico) y aquellos que se dedican al porno con algún contenido menos heteronormativo (gay, bi o trans).

Los comentarios que han aparecido en redes sociales después de su muerte no han hecho más que dar testimonio de que esta división, lejos de resolverse, se ha agrandado. Y que probablemente las heridas producidas por la marcha de Grabowski están lejos de sanar. En una carta publicada en su blog, su viudo Kevin Moore, acusa directamente a personalidades de la industria como Jaxton Wheeler o Jessica Drake de haber incentivado o ignorado el bullying cibernético que llevo a Mercedes a quitarse la vida, y plantea iniciar acciones legales por la muerte de su esposa. Es una reflexión difícil de leer dado que procede de un marido afligido por la muerte de su joven mujer, pero al mismo tiempo la misiva resulta certera en su análisis de lo que significan las redes sociales para una persona de la edad de Grabowski, y es acertada en llamar la atención de la industria del entretenimiento adulto para que tenga más en cuenta la salud mental de actores y actrices que participan en estas producciones.

Me resultaron particularmente duros los pasajes en los que Moore relata la búsqueda desesperada de su mujer mientras a su alrededor los incendios que devastan California cada año hacen difícil, casi imposible, la llegada de ayuda alguna; así como el descubrimiento de que Grabowski realizó capturas de pantalla de casi todos los insultos que recibió en su perfil de Twitter. Es quizás una experiencia demasiado cercana a la que hemos afrontado muchos colaboradores de este blog en algún momento de nuestra vida.

El presente artículo pretende ser una expansión del que escribí originalmente hace dos años para un blog personal, acerca del papel de la bisexualidad en el mundo del porno, tanto la masculina como la femenina. Contiene además un comentario acerca del suicidio de August Ames y la controversia en redes sociales que rodeó al mismo, ya que creo que son dos temas que tiene mucho que ver, y que demuestran la necesidad que hay en nuestra sociedad de hablar sobre temas de trabajo sexual. Es cierto que Grabowski rechazó a un compañero de escena por haber mantenido este relaciones sexuales con otros hombres en un contexto de trabajo, y que quizás la manera en la que ofreció sus argumentos no estaba exenta de prejuicios. Pero también es cierto que al final del día, una mujer debe tener el derecho de decidir con quien se acuesta, sea trabajadora sexual o no. De hecho, los partidarios de la legalización del trabajo sexual nos basamos en ese argumento para justificar nuestro objetivo, en la libertad del individuo de poder decidir con quien irse a la cama, sea cobrando o gratuitamente. Grabowski estaba dispuesta a pagar lo estipulado en su contrato por la escena rechazada, con lo cual se demuestra que era una mujer que respetaba los acuerdos que había escrito y que honraba su palabra.

Algunos argumentan que los temores de Grabowski de contraer alguna ETS con su compañero de escena eran totalmente infundados y alegan que los controles de analíticas realizados en la industria son totalmente fiables. Otros incidieron en que Grabowski ya había realizado escenas con otros hombres bisexuales u homosexuales delante de una cámara, así que no veían a qué venía tanto alboroto. Realmente hay muchas cosas que el público aún no sabe respecto a los días previos al suicidio de August Ames, aunque seguramente un análisis más cercano de los tweets que dejaron tanto ella como sus detractores, nos ayude a comprender mejor el rastro que esta discusión dejó.

Quizás antes de continuar con el relato de los últimos días de August Ames, deba yo hacer un breve inciso de carácter más personal. Como varón bisexual, estoy ciertamente acostumbrado al rechazo por parte de las mujeres, sobre todo de las heterosexuales, pero también ocasionalmente por parte de alguna compañera bisexual. Estoy hablando obviamente solo de las ocasiones en las que he revelado mi orientación sexual a potenciales compañeras de alcoba, aunque suele ser rara la vez en la que este tema no sale en la conversación previa a los preliminares, con lo cual muchas ya están puestas sobre aviso. Como es lógico, como cada vez suelo mantener un perfil más público en redes sociales, toda esta revelación se volverá innecesaria con el paso del tiempo. Pero el aspecto clave es que respeto el derecho de mis posibles compañeras a rechazarme si creen que no soy lo que están buscando. Obviamente si este rechazo se debe a mi orientación sexual me puede parecer que adolecen de una mentalidad llena de prejuicios y puedo ejercer mi derecho a decírselo, pero no voy a ser yo el que las fuerce a acostarse con alguien por el que claramente no se sienten atraídas. Ni por asomo, ni se me ocurriría. Y tener una mentalidad con prejuicios no justifica el acoso a alguien que puede estar enfermo o pasando una mala racha.

El linchamiento y el escarnio público no remueven conciencias, solo causan daño, yo soy más de llamar la atención a mi interlocutor por privado, a mi parecer es más elegante. Con todo, ciertas partes del acoso más vehemente al que se vio sometida Grabowski en los últimos días de su vida resultan injustificables, y lo peor de todo es que algunas de estas críticas más vehementes vienen de compañeros a los que ella respetaba, admiraba e incluso quería. Resulta irónico que muchos de ellos fueran personas que se llenen la boca hablando acerca de la libertad de las mujeres para poder ejercer el principio de autopropiedad sobre su propio cuerpo en temas como el trabajo sexual, el aborto o la gestación subrogada. Como resulta también irónico que días después de su muerte hayan venido a defender a August Ames los mismos que durante toda la vida criticaron a la comunidad de la que ella formaba parte. Porque, señoras y señores, August Ames era bisexual. De hecho, está en uno de sus últimos tweets, que ella misma publico cuando el acoso contra ella alcanzó su cenit. Ya se había definido previamente como tal, pero tanto sus detractores como sus admiradores parecen querer devolverla al cajón de la heterosexualidad obligatoria. Era miembro de la comunidad LGBTI, al igual que lo era también el compañero al que ella rechazó y que desató toda la crisis que precedió a su muerte días después. Y sin embargo, su pertenencia a esta comunidad parece haber sido olvidada por todos aquellos homófobos que ahora están aprovechando su muerte para arrojar mierda en Twitter a los cuatro vientos contra una comunidad que nunca les ha importado, a pesar de que ellos digan lo contrario.

Malditos putos que mataron a August Ames, dicen algunos. Desde hoy odio a esa comunidad de jotos, dice otro pinche wey que parece que antes no nos odiara, algo que ni él mismo se cree. La comunidad LGBT me quitó a August Ames, afirma un tercero. Eso es imposible, porque August Ames era la comunidad bisexual, tanto o más como lo eran sus detractores, también bisexuales en su mayoría. Era una de nosotros, pero ya se sabe, para los machitos de corral una mujer bisexual es hetero aunque este comiendo coños toda una vida. Pero los chicos bisexuales somos maricones aunque solo nos hayamos comido una polla en toda nuestra existencia.

Un estudio de Griffith et al (2011) reveló que un 67% de las actrices porno se definen a sí mismas como bisexuales, mientras que en la población general solo un 7% de mujeres se identifican como tal. Encuestas realizadas sobre otras categorías de trabajadoras sexuales han arrojado resultados similares: un 26% de las strippers reclutadas por Mestmatcher (2004) afirmó tener relaciones con el mismo sexo de manera habitual. En lo que respecta a la identidad de sus contrapartidas masculinas, los actores porno, todavía no se ha efectuado un estudio para ver cuál es la orientación sexual predominante en este sector de la profesión. Sí se han realizado algunos estudios sobre otras categorías de trabajadores sexuales masculinos: en un estudio sobre los chaperos que ejercían la prostitución callejera en la Comunidad de Madrid, Rosado (2008) observó como la gran mayoría se definían como bisexuales (46,7%) o como heterosexuales (30,7%), pero solo una minoría del 22,8% se declaraban homosexuales. Pero volvamos a los hechos, que vienen siendo los siguientes:

De cada tres chicas que hacen porno, a dos de ellas les gusta tanto la carne como el pescado. Y la tercera probablemente habrá comido algún coño, habrá masturbado o penetrado a otra chica delante de las cámaras, porque a fin de cuentas son gajes del oficio. En todo caso, el contacto sexual entre mujeres es fácil de encontrar en el entretenimiento para adultos. No hay película porno en la que el mismo no este presente. En cambio el contacto entre varones no se observa ni por asomo, más allá de unos leves roces que ocurren cuando dos o más hombres con buena planta están colmando con sus atenciones a alguna dama bien servida, o a varias. Este artículo en entregas futuras se dedicará analizar el consumo de porno gay, bi o trans entre la población general, su relación con el porno mainstream heterosexual (y lésbico), así como el futuro de la industria del entretenimiento adulto a medida que más mujeres y varones no heterosexuales se convierten en un peso importante dentro del grueso de consumidores.

Esta misma gente que se ha interesado en atacar a la comunidad LGBTI tras la muerte de Grabowski apenas han dedicado la misma atención a los múltiples suicidios o muertes en circunstancias no esclarecidas que han sacudido a la industria del porno durante los últimos meses en Estados Unidos: Shyla Stylez, Yuri Luv, Olivia Nova, Olivia Lua… todas ellas sufrían problemas relacionados con adicciones a sustancias o con su salud mental, y estoy seguro de que más de una de ellas sufrió algún tipo de acoso a lo largo de su vida, por su ocupación profesional o por su sexualidad. Es algo que les ocurre frecuentemente a las actrices porno, y a muchos varones en el porno que han hecho algo de porno gay o trans (o incluso si solo se sospecha que lo han hecho) pero realmente buena parte de este acoso es sufrido por las mujeres. No obstante, la única muerte que sirve para justificar los argumentos de mierda enarbolados contra la misma comunidad a la que Grabowski pertenecía es la suya propia. A nadie se le ocurre que quizás la industria del porno o los propios consumidores deberían empezar a pensar un poco más en la salud mental de las actrices, en que hay ciertos temas que se deberían abordar para poder humanizar y normalizar el trabajo sexual. Que al igual que la respuesta a la violencia dentro del matrimonio, presente desde siempre, no fue abolir el mismo sino reformar el propio concepto y hacerlo mas secular; la respuesta a la violencia dentro del trabajo sexual quizás sea reformarlo. Porque no es algo que vaya a desaparecer, incluso si lo prohíben los legisladores seguirá existiendo en los márgenes de la sociedad, allá donde las leyes no llegan, o adquirirá nuevas formas para rodear lo que hay en los libros de derecho.

Quizás en lugar de ver a la mujer en la pantalla como un elemento de asistencia en tus fantasías masturbatorias también te deberías plantear que fuera de esas grabaciones ella tiene una vida, es un ser tridimensional que respira y bebe y come y caga como tú también lo haces. El día en el que la mayoría de los consumidores de porno comiencen a comprender esto, será el día en el que verdaderamente se comenzará la reforma de la industria del trabajo sexual.

Manuel Perdomo

Fuentes:
Mestemacher, R. A., & Roberti, J. W. (2004). Qualitative analysis of vocational
choice: A collective case study of strippers. Deviant Behavior, 25(1), 43-65.
Griffith, J. D., Mitchell, S., Hart, C. L., Adams, L. T., & Gu, L. L. (2012).
Pornography Actresses: An Assessment of the Damaged Goods Hypothesis.
Journal of sex research, (ahead-of- print), 1-12.
Rosado, I. Z. (2008). La prostitución masculina: un colectivo oculto y
vulnerable. ICEV. Revista de Estudis de la Violencia, (6), 2.

Manuel Perdomo

Manuel Perdomo es sociólogo, liberal, escritor, bisexual, jamonero... y muchas cosas más. Nacido en Tenerife, ha vivido en Reino Unido y actualmente reside en la fría Salamanca. Le gusta mucho viajar, pero no puede hacerlo tanto como le gustaría. Escribe sobre sus grandes pasiones: la política, el sexo y la literatura.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Buena manera de blanquear el matonismo del lobby homosexual cuando alguien osa recordarles su problema con el SIDA. Ese es el real motivo del rechazo de Mercedes y cualquier mujer a los hombres bisexuales, no la homofobia. ¿Que hay que humanizar el porno? Muajajaj,, si quieres humanidad busca una novela romantica o un drama familiar. El porno sin morbo, transgresion e inmoralidad no es porno, sera otra cosa, erotismo por ejemplo, pero no porno.

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