Uno de los problemas a los que deben enfrentarse los investigadores del abuso sexual es la problemática de asignarle una orientación sexual a los pedófilos o pederastas. Un agresor sexual puede experimentar atracción por niños de uno u otro sexo, o incluso de ambos. No obstante, tenemos que tener en cuenta que el agresor sexual de menores siente principalmente atracción por un grupo de edad, y no por un sexo concreto. Para el pedófilo muchas veces el sexo del menor se convierte en un factor secundario frente a la edad del mismo. Antes de continuar, se ha de establecer una diferenciación clara que ha de permanecer durante el resto del articulo, y es la que ni todos los pedófilos son pederastas, ni todos los pederastas son pedófilos. Un pedófilo es aquel que siente atracción sexual hacia niños y/o niñas que aún no han alcanzado la pubertad, y un pederasta es aquel que ha agredido sexualmente a menores. Existen pedófilos que reprimen sus impulsos con respecto a los niños y que nunca llegan a abusar de ninguno, al igual que existen pederastas que agreden a menores sin necesidad de sentir ninguna atracción hacia ellos.

 

Algunos individuos u organizaciones, particularmente los que pertenecen a la derecha conservadora, intentan establecer alguna asociación entre pedofilia y homosexualidad, con el objetivo de intentar prohibir fenómenos tales como el matrimonio entre personas del mismo sexo o la adopción homoparental alegando que la prohibición de dichos derechos es una  manera de proteger a los infantes de posibles agresiones o abusos sexuales. Pero como ya hemos dicho, el pedófilo siente atracción hacia un grupo de edad, no hacia los caracteres sexuales primarios que pueda  tener el niño o niña contra el cual dirige sus abusos. La gran  mayoría de personas con ideología conservadora cita los estudios de  Erickson et al (1988) o el John Jay College Report, para apoyar su  hipótesis de que la mayoría de que las personas con una orientación homosexual se hallan sobrerrepresentadas en las estadísticas  como agresores sexuales hacia menores. No obstante, tenemos que tener en cuenta que estos dos informes adolecen de un sesgo determinado, y es que se dedican a analizar poblaciones de pederastas muy concretas: el primero analiza reclusos condenados por delitos sexuales en una  prisión de alta seguridad y el segundo analiza a miembros del clero condenados por abusar sexualmente de un menor. Estas dos muestras son difícilmente un estudio representativo de la gran mayoría de pedófilos y pederastas, por dos principales razones: la primera, que muchas de las personas que cometen delitos sexuales no llegan a entrar nunca en la cárcel (muy a pesar de todo el mundo, pero sobre todo de los sobrevivientes); y la segunda, que la gran mayoría de pederastas que han sido condenados por algún delito han cometido muchas otras infracciones que escapan al conocimiento de las autoridades.

 

Para dar un mayor crédito a esta hipótesis, me veo obligado a citar estudios como el de Jenny et al (1994) que analiza una muestra de 352 niños, víctimas de abusos sexuales  que fueron atendidas en un hospital durante el periodo de un año.

De las cincuenta víctimas de sexo masculino, un 74% de los mismos habían sido abusados por un hombre adulto que se hallaba en una relación sexual o sentimental con una mujer que era pariente del menor.

Lo mismo se podía decir de un 77% de las chicas que habían sido agredidas por un hombre adulto que se hallaba en una relación de este carácter con una  mujer que tenia algún parentesco cercano con la menor. Los pederastas, independientemente del sexo del niño al cual agredan, suelen preferir a las mujeres adultas cuando se trata de elegir un compañero que tenga su misma edad. Por supuesto, nos vemos obligados a evaluar si estas relaciones con mujeres adultas son resultado de una atracción sexual verdadera o tan solo un método de acercarse a los menores sin levantar sospechas, pero teniendo en cuenta que buena parte de los pedófilos no lo son de manera exclusiva, puede ser verdadera tanto una teoría como la otra. En otro estudio de Spencer & Dunklee (1986) que investigaba una muestra de 146 menores de sexo masculino que habían sido abusados entre los  años 1979 y 1984, solo un 4% de los agresores fueron identificados como homosexuales.

 

Un trabajo de Marshall et al (1994) analizó una muestra de 21 delincuentes sexuales que habían cometido algún delito contra un varón que fuera menor de edad.

Si bien esta muestra es relativamente pequeña para formular un análisis certero, se pudo establecer que dos tercios del mismo eran heterosexuales con respecto a sus atracciones hacia otros adultos utilizando pruebas de falometría frente a estímulos visuales. En general todos los delincuentes sexuales respondieron con una excitación ligera o moderada (según los autores entre el veinte y el cuarenta por ciento de una erección completa) a los estímulos de varones en su totalidad. Otra de las conclusiones del estudio fue que la excitación del subgrupo que era visiblemente homosexual se correspondía con imágenes donde los protagonistas fueran visiblemente maduros, mientras que el subgrupo heterosexual prefería sujetos que aún no hubiesen alcanzado la pubertad o estuviesen al comienzo de la misma.

En un estudio de Groth and Birnbaum (1978) prácticamente todos los agresores que abusaron de niños de su mismo sexo tenían al mismo tiempo relaciones sexuales con mujeres adultas, no se pudo encontrar a ningún agresor de chicos que demostrase una atracción exclusiva o predominante hacia los varones de cualquier edad. Quizás uno de los mejores estudios que puede ayudarnos a disipar este mito es el de Bourke & Hernandez (2009), que analiza una  muestra de reclusos condenados por varios delitos sexuales, principalmente relacionados con la producción o distribución de pornografía infantil. Mientras que al inicio del estudio solo un 26% de los delincuentes estudiados había reconocido el abuso sexual directo de un menor, al finalizar el mismo un 85% de estos delincuentes habían reconocido haber cometido alguna agresión sexual, las cuales habrían escapado a los ojos de las autoridades. El numero de víctimas para todos los sujetos investigados pasó de 75 a 1777, un brutal  incremento que se consiguió en parte gracias al anonimato que ofrecieron los investigadores a los delincuentes para que revelaran la extensión de sus crímenes.

También es interesante examinar la revelación de que las víctimas de abusos sexuales tienden a trascender las categorías de sexo y edad: un 40% de los pederastas admitieron abusar de menores de ambos sexos frente a un 48% que admitió abusar solo de menores del sexo femenino y un 12% que admitió abusar solo de menores del sexo masculino;  al mismo tiempo un 67% de los delincuentes admitieron víctimas tanto en  el grupo de edad previo a la pubertad como el que ya la había pasado, frente a un 17% que tenía víctimas solo en el grupo que ya la había pasado y un 16% que tenia víctimas solo en el grupo que todavía no la había alcanzado.

Alrededor de un 80% de los sujetos con víctimas de su mismo sexo reconocieron haber abusado también de víctimas del sexo opuesto, lo que daría pie a entender que la gran mayoría de pedófilos sienten verdadera indiferencia ante el genero de los menores a quienes agreden.

Otro estudio muy interesante al respecto es el de Heil et al (2003), que examina una muestra de 489 delincuentes sexuales con víctimas de diversa edad y sexo que se hallan en la cárcel o en libertad condicional. Se repartió un cuestionario entre los delincuentes y se les garantizó la más absoluta confidencialidad con respecto a sus respuestas en el mismo.

En el cuestionario se les preguntaba acerca de posibles actos delictivos de carácter sexual que hubieran cometido sin el conocimiento de las autoridades. Los resultados, como en el anterior estudio, fueron bastante dantescos. Un 70% de todos estos delincuentes informó tener entre sus víctimas tanto a adultos como a menores, lo que vendría a confirmar que muchas veces incluso la edad de las víctimas se convierte en un dato secundario para muchos agresores. Un 52% de los violadores que habían sido condenados por agredir sexualmente a mujeres adultas admitieron al entrevistador haber abusado de algún menor de edad, y un 78% de los pederastas que habían sido condenados por abusar de algún niño admitieron haber agredido sexualmente también a algún adulto.  Volviendo al sexo de los menores que habían sido abusados, solo un 3% de todos los delincuentes había admitido tener únicamente víctimas de sexo masculino; un 61% reconocieron tener víctimas solo de sexo femenino y un 36% reconocieron tener víctimas de ambos sexos.

En general, un 63% de los pederastas que habían sido condenados por abusar de niños admitieron también haber abusado de niñas en algún momento de su carrera criminal. Estudios simulares son el de Abel et al (1983), que analiza una muestra de 561 adultos condenados por abuso sexual; en la que un 23% de pederastas que abusan de niñas admiten también abusar de niños y un 63% de los pederastas que abusan de niños admiten también abusar de niñas. Un 40% de los pederastas condenados admitieron haber agredido sexualmente a un adulto o adulta y un 50% de los violadores admitieron haber abusado de una persona que fuera menor de edad.

En otro estudio de su autoría, para  estudiar la orientación sexual de los agresores sexuales contra menores, Abel y Harlow (2001) hacen uso de la Escala Kinsey, elaborada  por este sexólogo del mismo nombre en los años cuarenta, y les preguntan  a los pederastas que sexo les atrae más dentro de la población adulta. Solo un 8% de los 1.038 pederastas que abusaron de varones prepúberes declararon ser exclusivamente homosexuales y un 9% declararon ser bisexuales en sus atracciones hacia otros adultos, frente a un 51% que declararon ser exclusivamente heterosexuales y un 19% que declararon ser  predominantemente heterosexuales; demostrando así la hipótesis de que  la mayor parte de los delincuentes que abusan de menores de su mismo sexo no son ni homosexuales ni bisexuales. De los 2.050 pederastas que han abusado de niñas, un 21% declara haber abusado también de niños; y de los 804 pederastas que abusan de niños, un 53% declara haber abusado también de niñas.

Recientemente, un estudio de Bailey et al (2016) reunio a una muestra de 1.189 hombres reclutados a través de Internet con el fin de analizar las interacciones entre sus atracciones hacia menores de edad y sus atracciones hacia los adultos. Constituye el estudio más extenso realizado sobre pedófilos reclutados fuera del sistema judicial, en lo que a participantes se refiere. Un 38.3% de los participantes siente atracción solo por las féminas, un 35.3% de los participantes siente atracción solo por varones y un 26.4% siente atracción por niños de ambos sexos. Un 36.1% de los participantes declaró una fuerte atracción por varones en la pubertad, si bien aquellos que sentían atracciones por varones previos a la pubertad eran quienes menos atracción sentían hacia los adultos. El estudio analiza la bisexualidad en el contexto de las atracciones a menores antes que en un plano general, pero se plantea que aquellos pedófilos que sienten atracción por niños del mismo sexo prefieren como compañeros adultos a mujeres y no sienten demasiada atracción por los varones adultos; y los investigadores tienen la hipótesis de que esto se debe a que los rasgos físicos de las féminas que han pasado la pubertad pueden ser vistos por los pedófilos como similares a aquellos que poseen los menores de ambos sexos. En otras palabras, la mujer adulta puede ser para muchos de estos delincuentes sexuales un objeto sustitutivo de su verdadero deseo. También se plantea por estas mismas razones en el estudio que los pedófilos exclusivos que solo sienten atracción por menores de edad prepubescentes tienden a sentir atracción por niños y niñas, mientras que aquellos que sienten atracción por adolescentes que ya han entrado en la pubertad tienden a preferir a uno u otro.

La única conclusión estable que podemos sacar de todos estos estudios es que el pederasta (el abusador de menores) suele escoger mujeres adultas cuando elige tener un compañero de su misma edad, sea cual sea la razón de esta elección. Ya puede ser  para acercarse a los menores sin levantar sospechas o bien porque siente una verdadera atracción por las féminas de su misma edad. Pero la cuestión es que un varón que se identifique abiertamente como homosexual en su día a día y que tenga relaciones habituales y consentidas con hombres adultos de su misma edad es menos susceptible de abusar de un menor que un varón que se identifique a si mismo como heterosexual y tenga relaciones habituales con mujeres adultas.

El hombre que abusa de niños no está subido en una carroza el Día del Orgullo, sino que se corresponde con la imagen más tradicional y masculina que podemos tener del varón en nuestra sociedad.

@nadir_perdomo

Citas:

Abel, G. G., Harlow, N., & Abel, M. D. (2001). Stop child molestation book. Philadelphia: Xlibris.

Abel, G., Mittelman, M. S., Becker, J.,  Cunningham-Rathner, J., & Lucas, L. (1983, December). The  characteristics of men who molest young children. In World Congress of  Behavior Therapy, Washington, DC.

Bailey J. M., Hsu K. J., Bernhard P. A. (2016). An Internet study of men sexually attracted to children: Sexual attraction patterns. Journal of Abnormal Psychology, 125, 976–988.

Bourke, M. L., & Hernandez, A. E.  (2009). The ‘Butner Study’redux: A report of the incidence of hands-on  child victimization by child pornography offenders. Journal of Family  Violence, 24(3), 183-191.

Erickson, W. D., Walbek, N. H., &  Seely, R. K. (1988). Behavior patterns of child molesters. Archives of  Sexual Behavior, 17(1), 77-86.

Groth, A. N., & Birnbaum, H. J.  (1978). Adult sexual orientation and attraction to underage persons.  Archives of sexual behavior, 7(3), 175-181.

Heil, P., Ahlmeyer, S., & Simons, D.  (2003). Crossover sexual offenses. Sexual Abuse: A Journal of Research  and Treatment, 15(4), 221-236.

Jenny, C., Roesler, T. A., & Poyer,  K. L. (1994). Are children at risk for sexual abuse by homosexuals?.  Pediatrics, 94(1), 41-44.

Marshall; et al. (1988), «Sexual offenders against male children: Sexual preferences», Behaviour Research and Therapy, 26: 383–391.

Spencer, M. J., & Dunklee, P. (1986). Sexual abuse of boys. Pediatrics, 78(1), 133-138.

Manuel Perdomo

Manuel Perdomo es sociólogo, liberal, escritor, bisexual, jamonero... y muchas cosas más. Nacido en Tenerife, ha vivido en Reino Unido y actualmente reside en la fría Salamanca. Le gusta mucho viajar, pero no puede hacerlo tanto como le gustaría. Escribe sobre sus grandes pasiones: la política, el sexo y la literatura.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Yo lo que recomiendo a las minorías sexuales es que dejen este tema a un lado, porque con un análisis riguroso salen mal parados. En este artículo no se ha tenido en cuenta el pequeño porcentaje de población que representan los homo/bisexuales respecto a los heterosexuales. La teoría de que el sexo de la víctima le es indiferente al pedófilo es razonable, no obstante serían una minoría de ellos y se les podría considerar bisexuales.

    https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/1556756

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