Hay veces que tras una conveniente pátina de buena educación se esconde un puritanismo opresor y ortodoxo. Casi siempre, diría yo. Es por eso que asisto perplejo a la última hoguera construida por las ortodoxias de la moral y de la razón, hoguera que ya tienen lista y a punto para cualquiera de nosotros que ose decir que se siente cómodo con el concepto de amor romántico. El amor romántico se ha convertido, así, en el nuevo becerro de oro, en la última bestia a extinguir por parte de la Inquisición civil (y también de la religiosa).

El amor romántico, siguiendo al maestro Sternberg y su Teoría Triangular del Amor, es un tipo de amor, en el que se da pasión e intimidad, pero no compromiso. Es, así, una de las primeras fases que se suelen dar en las relaciones de pareja. Es eso y no otra cosa. El amor, emoción eminentemente humana, nos aleja de nuestra parte animal, nos hace recorrer el camino de la tribu a la civilización. Por eso no dejará de sorprenderme que haya voces que quieran abolir una dinámica que nos aleja de los tiempos oscuros de la historia.

Asume esta Civil Inquisición que el amor romántico es la cuna afectiva del machismo, y por supuesto, que es el origen antropológico de la violencia contra la mujer. Empiezan con el sermón de que el amor romántico es la cuna de los roles de princesas, príncipes que rescatan, y un largo y aburrido etcétera. Por lo visto, sería mejor que, en lugar del amor romántico, hiciéramos, como sociedad, una apuesta por el bestialismo o la coprofagia como modus operandi para nuestras relaciones afectivas y sexuales. Sin duda, para esta Civil Inquisición, sería mucho más conveniente y oportuno.

El amor romántico no tiene culpa de ningún estereotipo de los que se le atribuyen. El amor romántico, en tanto y en cuanto es una dinámica humana, sufre las explicaciones e interpretaciones que el ser humano quiera darle. Pero el amor romántico es mucho más que las tesis que cualquiera de nosotros queramos escribir sobre él.

Y para mí es, precisamente, el amor romántico la última (o penúltima) trinchera desde la que defender la libertad. El amor no es el problema. El problema es la violencia. Perder esta perspectiva es ser intelectual y moralmente miserable y, lo peor, es querer que el amor esté bajo una sospecha constante. Estas ortodoxias, esta Civil Inquisición, pretenden instalar la cultura de la sospecha en el amor romántico. ¿Con qué fin? La finalidad siempre es el control, el de las mentes, el de las subvenciones y fondos públicos o ambos.

El objetivo es claro: todo el mundo debe sospechar del amor romántico. Todo aquel que esté en esa fase del amor, debe ser señalado, debe ser objeto de sospecha y escrutinio exhaustivo. Todo aquel que haya pasado por esa fase o que quiera volver a vivirla, debe censurarse, debe negarse a sí mismo en público y, a poder ser, también en privado. Todos los hombres, todas las mujeres, todos los intersexuales, deben públicamente confirmar la muerte del amor romántico si quieren que la cultura de la sospecha les abandone; si quieren entrar en la comodidad de esta religión laica, pase, claro está, de los Tribunales de la Civil Inquisición.

Estoy cansado de estas involuciones con atrezo de revolución. Harto de los ismos de salón de té, que lo único que pretenden es empoderar a figuras intelectualmente mediocres para mayor gloria de la lechigada o la piara de turno. Harto de esta cultura censora que pretende que todos nos acabemos muriendo de un ataque de buena educación. Y de amor romántico, a ser posible.

Mariano Beltrán

Psicólogo. Observador Internacional de . Escribe en  y colabora con la Fundación Internacional de  

@MarianoBeltran

Mariano Beltrán

Mariano Beltrán es psicólogo, escritor, activista y Observador Independiente de Derechos Humanos. Colabora, entre otras ONGs, con la Fundación Internacional de Derechos Humanos. Dedicado especialmente a denunciar en medios de comunicación violaciones de Derechos Humanos, está particularmente preocupado por el estado de los Derechos Civiles y Políticos. Colabora con medios de comunicación en España y en el resto del mundo. De ideología socialdemócrata, considera la política como una pieza fundamental para mejorar las sociedades. Feminista convencido.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. en la novela louis y claudia si tenian relaciones, pero ella era una vampira de alrededor de 100 años!

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