Nos ponen trenes para circular en un sentido y en el contrario, pero siempre por la misma ruta en bucle que nunca lleva a ningún sitio.

 

No vivimos nada nuevo, pero nuestro mundo está más lleno que nunca de exóticos ideales. Existe una verdadera “angustia ideológica”; la sensación de ser engullido por un océano de contrariedades que, como un tsunami, todo se lo traga para idealizarlo y en consecuencia polarizarlo. Un océano revuelto en el que ya es casi imposible pensar en algo con la nitidez que aporta el sentido común y el buen hacer.

 

Las ideas mueven el mundo, unas mejores y otras peores, pero en general, tener ideas es lo que nos hace humanos, nos permite evolucionar, comunicarnos…. Nos hacen sentir y vivir cosas nuevas (o revivir cosas viejas), es lo propio de nuestra peculiar especie.

Pero… ¿y si juntamos las ideas? ¡Ojo!, juntamos las ideas que se parecen, juntamos también las ideas que dijeron los mismos que idearon las otras (se parezcan o no), y le ponemos unas cuantas que sean lo contario, de lo que diga el otro… ¡TACHÁN!, tenemos montada una ideología en toda regla, sí, de esas que curiosamente unos adoran a ojos cerrados y otros desprecian.

¿No parece un poco raro? ¿Es que unos son listos y los otros tontos, y se van turnando? No tiene nada que ver con la inteligencia; tiene que ver con la inseguridad, el auto-convencimiento, la necesidad de pertenencia y reconocimiento, el miedo a desdecirnos desechando la energía depositada en eso que ya nos define. Si cogemos todas estas debilidades y las echamos a la batidora, con un poco de marketing y un paquete de favores, entonces tendremos una ideología de las buenas, de las que se venden ellas solitas.

Y así es como se tiene al personal comulgando y con mucho gusto, con ideas que no se tragaría bajo ningún concepto.

 

NUNCA POSITIVAS, SIEMPRE NEGATIVAS

A diferencia de las ideas, las ideologías son siempre negativas; a lo largo de la historia, han enfrentado al ser humano, y en muchas ocasiones, estos ideales enfrentan miembros de la misma familia, amigos o parejas. Es un “potingue” que casi siempre se inicia bajo una “solución a tus males”, y cuando se va pudriendo se convierte en una medicina tóxica de la que se bebe por afinidad, costumbre, compañerismo… o simplemente porque llegó a tus manos dentro de una bonita botella de la que no pudiste rechazar su cata.

El valor de una idea debería basarse en su brillantez y utilidad, en su aporte positivo, y no en si forma o no parte de tal o cual círculo, o si la dijo un fulano con una estrella en el culo.

 

 

LA POLARIZACIÓN ES GARANTÍA DE ESTANCAMIENTO

Es tal la costumbre de necesitar una ideología para todo, que las ideas en sí han perdido todo fuelle; si no están en el marco de una ideología son como humo, si están dentro de la “ideología contraria” se desmerecen e incluso se rechazan injustamente. Cuesta imaginar un mundo en el que las iniciativas provengan sólo de ideas sin necesitar el impulso de ninguna ideología de ningún círculo de influencia.

Es el síntoma de una sociedad atrasada, que utiliza viejos soportes para manejar un mundo moderno, en el que, con la tecnología que tenemos, la vida debería ser de lo más fácil. Son los viejos raíles que los poderosos utilizan para llevarnos justo por el camino que les conviene, aprovechándose de nuestras debilidades, y que no se preocupe nadie, que hay trenes para circular en un sentido y en el contrario, pero siempre por el mismo camino, por la ruta en bucle que nunca lleva a ningún sitio.

 

Y por si nos faltaba poco, también son el cuento aprendido del rebelde moderno, aquel que con el criterio de una máquina de pin-ball, se le ocurre una nueva idea moralista con la que, además de sentirse más especial, le permite poder ajusticiar a los demás desde el trono de la superioridad moral y con el látigo de la culpa.

Pero lo peor y más espelúznate reside en niveles superiores, reside en esas estructuras de poder que aprovechan todo esto para garantizar y perpetuar su modelo de poder, dejándonos jugar a los idealismos, dejando que nosotros mismos nos capitaneemos en un barco sin rumbo.

 

No se trata de vivir encapsulado en uno mismo, tampoco de evitar la integración y de sentir esa agradable sensación de estar con gente afín a ti, no, se trata de no magnificar la pertenencia a ningún círculo, de no comulgar con aquello que dudas, y lo más importante, de no ceder tu energía a esos círculos sino a las ideas, a tus ideas.

 

Te contaré una curiosidad que en realidad es “la madre del cordero”: Las personas somos como “radios”, con nuestro pensamiento, con nuestra intención “sintonizamos” y nos conectamos retro-alimentándonos con la energía de grupos. Nos influencian, influenciamos.

Las ideologías son el cáncer de la inteligencia.

Michael Furro

Multidisciplinar y amante de las tecnologías de la información, identifico patrones para averiguar soluciones.

Lejos de círculos o ideologías, a través de mis aportaciones intento empujar hacia un pensamiento neutral, natural, sincero y sin complejos.

Lo primero es antes, siempre.

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