Demasiadas veces, el humor es refugio de malos y cobardes, que necesitan el visado del humor para engordar el ego, haciendo un reconocido y previsible daño personal.

 

A lo largo de la historia, han existido y existen, audaces humoristas que han sido capaces de levantar una sonrisa hasta el mismísimo Norman Bates; profesionales del humor que se esmeraban en hacer pasar un buen rato a todos. Y aunque para ello, tuviesen que usar un poquito de sal y pimienta, no les hacía falta ridiculizar a nadie para ser graciosos, para hacerte feliz con una de sus genialidades. A veces, sirve con una aguda mirada o un gesto gracioso. El caso es que, con más o menos efecto, nos hacía gracia a todos o casi todos, era cuestión de gustos y no de aludidos o no aludidos.

Ese es el humor de verdad, el humor sano, ¡el humor difícil y genial! Y luego está lo que el resto de habitantes del mundo llamamos humor; un concepto demasiado abstracto, en el que no se sabe muy bien cuál es su destinatario ni su intención, si el chiste o la broma es para que se ría el que lo hace, para que se rían tus colegas o simplemente es para joder al prójimo tras la sobrevalorada capa del humor, sin quedar mal  y engordando el ego.

 

Demasiadas veces, el humor es refugio de malos y cobardes, que necesitan el visado del humor para creerse más y mejor que los demás, haciendo un reconocido y previsible daño personal.

 Demasiadas veces, nuestros complejos y falta de autoestima abren un agujero a la ofensa, por cosas que en realidad ni deberían afectarnos. 

 

¿Qué es lo “normal”?

No lo sé, no hay un punto de corte claro, hay gente, mucha gente, que se ofende ya por todo, y no se puede ir de puntillas por la vida midiendo las palabras para que el acomplejado de turno no se ofenda. Y decir la verdad, habitualmente, no debería ser un problema.

Pero no estamos hablando de la comunicación o la confrontación de ideas u opiniones, estamos hablando de la “gracia de turno”, de la bomba fétida que se esconde entre palabras rebuscadas, hecha a conciencia para machacar a alguien desde una supuesta “acción bonachona sin ánimo de ofensa” y para disfrute del personal.

 

Lo normal es, creo yo, como mínimo, no reírse de los defectos de fábrica de una persona en la puñetera cara. Cosa que la gente sabe pero no practican, o mejor dicho, si practican, pero con quien saben que no se les revuelve.

 

Parece una broma

Gran parte de la personalidad, conducta y trastornos de personalidad/emocionales de un adulto, son forjadas en la infancia; como el complejo de inferioridad, la ira sistemática, la arrogancia… donde los “disparadores” que inician estos procesos emocionales, se encuentran en no más que tres o cuatro situaciones distintas: agresión, robo, humillación y rechazo.

A veces los problemas llegan antes de llegar a adulto:

La Fundación de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (ANAR) detectó y atendió en 2016 un total de 627 casos de ideación o intento de suicidio de menores y 531 casos de autolesiones, lo que supone un 64 por ciento más que el año anterior. [ver enlace]

 

Pero centremos la atención en la humillación. La humillación colectiva, diciendo aquello tan gracioso sobre un defecto o fallo de otro, es de lo más habitual, es parte de nuestra “cultura”. Los niños hacen esto casi instintivamente, y digo casi, porque siendo cierto que el instinto competitivo es algo instintivo, la mofa no. La mofa, la ironía, el escarnio… se aprende.

Como niños que son, han de jugar, pelearse, competir, enfadarse e incluso pegarse… no hay que meterlos en una urna, ni ponerles un chip de la perfección en la cabeza, pero el abuso continuado de la mofa y la humillación crean una situación de excepción, un ambiente hostil y continuado entre niños jugando con “armas de mayores”. No debe estar normalizado socialmente.

 

Y ¿de dónde aprenden los niños estas cosas? Lógicamente de los mayores, observando a los millones de adultos acomplejados y revanchistas, observando a los millones de “Listillos de la clase” que ahora, son igual (de idiotas) pero grandotes y con la potestad que le otorga su madurez (de edad).

Y así es como se retro-alimenta una sociedad donde, desde bien pequeños, mamamos que la broma, el chiste y la ironía montadas en el caballo ganador del defecto ajeno, son la forma natural de ser gracioso, de ser el líder, de ser el listillo, olvidando que lo que se es, es gilipollas.

 

Os contaré una breve historia personal:

El último año de la EGB, nos cambiamos de ciudad y en el nuevo colegio y se metían conmigo. Un niño en particular se mofaba mucho, tanto que, en mitad de una clase, harto de la continua humillación pública, le di un sillazo en las costillas. De repente, me convertí en el guapito respetable de la clase, y los más “mafias” se juntaban conmigo con gusto, me sentía protegido, por ellos y por mi nueva “careta de malote”.

Todo ello propició que con 13 años y mis nuevas y “buenas compañías” ya fumase, incluso algún petardo que otro, y sin darme cuenta, un miércoles cualquiera de un año cualquiera, me di cuenta de que si no me hacía una punta y le daba un par de chufas a un cigarro de de farli, pues ni cagaba por la mañana. Estaba enganchado a la cocaína, con 23 años consumía, menos jamaro, todo lo que pillaba iba `pa dentro, mas las cosas que conlleva andar por ciertos ambientes y negocios, dejémoslo ahí.

Cuando puse orden, lógicamente, todas las “amistades” quedaron atrás, me quedé solo, perdido, encerrado por no recaer. Pero me encontré a mí mismo, me deshice del mal entendiendo su origen. Otros no tuvieron tanta suerte y cayeron presos, dos murieron y los demás piden ansiosos por el centro como calaveras andantes, cuando nos cruzamos agachan la cabeza con vergüenza, yo siempre me paro y les saludo con respeto, podría ser yo.

 

Saca la moraleja que quieras, que tiene varias, pero no la dejes olvidada, empéñate en dar ejemplo día a día. No podemos controlar el “alma” de un niño, tampoco su libre albedrío, pero no le sumemos además nuestras cucarachas, inspiremos otro tipo de humor sin maldad, sin dobles fondos, que ya tendrán tiempo de fabricar su propia basura.

 

En tu casa lo que quieras

Yo me pego pedos, como todo el mundo, algunos son super graciosos (parece que hable alguien…:), me los pego en mi casa, tranquilamente. Pero no voy a ver a mi suegra y le saludo rajándome vivo, no, y tampoco con un cliente que va a gastarse 2.000€ esa mañana.

Esto lo entendemos todos, se trata de respeto, de saber estar (porque pegarse peos es bueno) y mejor o peor, sabemos lo que está fuera de lugar o puede molestar. Y si lo sabes, ¿por qué lo haces? ¿Tan necesario es?

 

Se abusa demasiado del humor dañino bajo la licencia de la “Libertad de expresión”, y cuando alguien se enoja por ello, siempre está el comodín de “es que no tienes sentido del humor”, no, lo que eres es un hijoputa disfrazado. Si te quieres reír de los defectos de alguien, hazlo, pero no en su cara. Los derechos de uno terminan donde empiezan los del otro.

 

El “ChisteNoticia”

Está muy bien acuñar un toque humorístico a los sucesos en un momento dado, pero últimamente gozamos de una nueva moda, el chistenoticiario, programas enteros dedicados a narrar “noticias” desde el humor, un abuso continuado de la sátira para dar un enfoque cómico a noticias reales. Donde, por ser humor, cabe todo, cabe la omisión de información y caben los aditivos que se quieran para dar el enfoque que se le quiera (generalmente político).

Y esto se hace desde medios con importantes cuotas de audiencia, con la normalidad con la que una sociedad acoge la burla y se funde con ella, donde las medias tintas y el tirar la piedra escondiendo el brazo es símbolo de valentía y pluralidad.

 

Así es como se construye la sociedad del “todo vale”, la sociedad de la controversia, donde todas las partes, en su abuso de ridiculización del otro, construyen el colmo de la desinformación, la absurdez absoluta.

Es realmente fácil

Y no se trata de ser un soso, se trata de tener un poco más de imaginación y no pagarla siempre con lo mismo, con el mal gusto.

Se trata de reírse de uno mismo más a menudo, esto quita complejos y aumenta la tolerancia al humor de los demás sobre nosotros, porque el miedo está detrás del abuso y de la incapacidad de asimilar una broma.

Se trata de algo tan sencillo como sopesar, por un escaso segundo, si lo que vas a hacer tiene más mala leche que gracia. Pero lo más importante es preguntarte a quién estas dando ejemplo con tu “gracia de turno”.

Michael Furro

Multidisciplinar y amante de las tecnologías de la información, identifico patrones para averiguar soluciones.

Lejos de círculos o ideologías, a través de mis aportaciones intento empujar hacia un pensamiento neutral, natural, sincero y sin complejos.

Lo primero es antes, siempre.

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