Cuando piensa uno el miedo como concepto, parece algo sencillo, pero el miedo se manifiesta de distintas formas y por motivos que muchas veces se nos escapan.

 

Os contaré algo curioso sobre el miedo: La mayoría de los humanos tenemos cierta fobia a las arañas, y nunca nos ha picado una, ni siquiera visto una de grandes dimensiones (salvo en la tele). Esto es debido a la nuestra herencia genética, de cuando esos seres pequeños eran capaces de matarnos de una picadura aun estando subidos en un árbol (el sitio más seguro por excelencia). Este ejemplo demuestra que, a veces, sentimos miedos irracionales, que no están basados en una realidad sino en una protección natural y automática que intenta garantizar la supervivencia de la especie.

El miedo no es más que un mecanismo de protección natural; es lo que te protege de caer por un acantilado por andar demasiado al borde, lo que te impide realizar un acto si éste tendrá consecuencias peores.

 

Pero cuidado, el mecanismo del miedo siempre está “encendido”, y no discrimina por gravedad del peligro, ni siquiera distingue si el peligro es real o figurado.

El problema viene cuando, de forma racional, modificamos nuestras conductas en base a estos miedos irracionales. Gracias a la capacidad de realizar silogismos, somos capaces de “meter la pieza del puzzle a puñetazos”, aplicando soluciones y forzando conductas propias -o ajenas- en base a un miedo y no a una realidad.

De ahí es de donde nace el buenismo; es la consecuencia de distintas formas de miedo:

 

El miedo a no soportar convivir con un problema.

Es más fácil aplicar la solución que nos resulte más cercana o afín, de forma que “ale, ya tenemos el trabajo hecho”, podemos dormir tranquilos, aunque la solución sea una patata. Un síntoma de inmadurez, de no aceptar la realidad.

 

El miedo a “no sentirme buena persona, o no aparentarlo”.

En un afán de cubrir nuestras expectativas en cuanto a ser bueno, es muy fácil caer en posturas que congracien a terceros y que, de forma inmediata nos proporcione, la SEGURIDAD que necesitamos en cuanto a creer y sentir que somos buenos. Pero esto tiene un grave problema, no siempre congraciar a alguien resulta la opción que más bien hace, ni la más justa.

Cuántas veces hemos visto gente, en televisión, haciendo el ridículo cantando y actuando como el mismo culo. Pues seguramente, su mama, su papá, su familia, fueron buenistas, tuvieron miedo de sentirse “menos buenos”, tuvieron miedo de no hacerle daño, daño que luego no pudieron evitar con su correspondiente fracaso. O cuántas veces observamos permisibilidad con alguien que luego, por culpa de ello, ha destrozado su vida o la de otros.

 

El buenismo es el camino más fácil para conseguir  completar el puzzle; permite encajar la pieza de la “buenura” a lo bestia, y se hace y punto, y soy bueno y punto, y muchos piensan como yo y punto.

La mejor opción para convencerse de algo es que otro nos lo diga. Por eso, aparentarlo da mucho gusto, y unirse a una causa popular que nos recuerde que estamos haciendo el bien, es tan inmediatamente placentero. Sin embargo, la razón por la que lo hemos hecho, no ha sido más que un acto de egoísmo, inseguridad y miedo.

 

El miedo a que “los demás pierdan la compasión por mí”

Estamos diseñados para aprender de situaciones de nuestro entorno y que sirvan para protegernos en un futuro, es un mecanismo sencillo e intrínseco.

Todos queremos que en un momento malo nos ayuden, que si hacemos algo malo nos perdonen. Por eso hay mucha gente que siente “FALSA EMPATÍA”, y que otorga una ayuda o un perdón no por bondad, ni por justicia, ni por sentido común, no, lo otorga por miedo, porque eso le libera del miedo a ello si fuese su caso. Y no está “sanando” al otro, se está sanando el mismo, otro ejemplo de egoísmo. Y cuidado, que de esto, en mayor o menor medida,  no se salva ni el tato.

 

El miedo a “contradecirme”.

Típico signo de los que ya están dentro de algún círculo de pensamiento o ideología.

Es realmente triste que alguien se sume a una postura, a sabiendas de que no es la más justa para todos, pero de nuevo, el miedo a la pérdida de identidad ideológica juega una mala pasada. Entonces llega el auto-convencimiento, y el placer.

 

El miedo a no hacer lo que los demás hacen.

Ni lo voy a explicar, hartos estamos.

 

Miedo para todos

 

No sólo los grandes poderes han utilizado el miedo durante milenios, no, también los padres a hijos o entre parejas. En algunos casos, el miedo aplicado es “sano” y con un buen fin, y en otros –la mayoría-, son puro egoísmo y afán de control, el miedo, es un agujero por donde nos echan esa carnaza para podernos controlar; todo ello gracias a que, como norma general, las reacciones ante el miedo suelen ser de fácil predicción.

 

 

Un ejemplo sencillo y muy común de buenismo (parejil):

Algo me sale mal porque que he sido claramente descuidado, y mi pareja me dice que:

  • “las cosas no siempre salen como uno quiere”.
  • “No te maltrates, si tu eres muy bueno en eso”.
  • “No le hagas caso, no han sabido valorarlo, son unos capullos”

 

Eso es buenismo, tu pareja lo que tiene es:

  • Miedo a verte mal y, por consiguiente, estar mal ella (Egoísmo).
  • Miedo a que le chafes la tarde (Egoísmo).
  • Miedo a su propio fracaso.
  • Miedo a no ser bueno, necesitando dar un consejito, aunque sea una mierda (Egoísmo).

El resultado suele ser -como siempre- un placer a corto plazo, no una solución a la raíz de un problema y menos todavía, aporta lo necesario para ser fuertes coexistiendo con el problema, sin taparlo. Cuando lo realmente productivo y bueno sería, por ejemplo, decir:

  • Te entiendo, ha sido una putada, quizá tengas que esforzarte mucho más en ser menos descuidado. Vente, que te invito a una cerveza.

 

Este ejemplo, así, aislado, es fácil de entender, pero ¿qué pasa cuando estas personas propensas al buenismo son sometidas a intereses globales y bombardeadas por distintas vías informativas? Pasa que saben perfectamente que van a “entrar al trapo”, que se postularán a favor de la aparente obviedad, aquella que les proporcionará el placer inmediato saciando sus miedos, que blanco o negro, muchos piensan que está bien. Así es como al final, van entrando todas las ovejas al matadero, unas por convencimiento, otras por simpatía y las demás por no quedarse fuera (claro que siempre quedarán las disidentes).

 

Políticas del miedo

Por eso, algunos crean políticas del miedo, proteccionistas con quien lo merecen y con quien no; que satisfacen con argumentos obvios, pero que quedan bastante lejos de lo que sería una solución de sentido común y justa para todos. Se aprovechan de nuestras debilidades para conseguir adeptos, que apoyen iniciativas “parche” y no soluciones reales, desvistiendo a un santo para vestir a otro, generando injusticia.

 

 

“Miedo” La película.

Lo realmente grave es que el miedo se esté utilizando a gran escala, que se utilice para controlar a un país, un continente o el mundo entero. Y todo esto puede parecer muy conspiranoico, pero no lo es. Es más simple, más claro y más común de lo que creemos. Se trata de que cada actor, con capacidad de controlar algo, ponga en marcha su táctica del miedo, y así es como sucede que, desde los grandes poderes hasta el tonto de turno, aprietan las tuercas a los de abajo, creando la pirámide del miedo, que es directamente proporcional a la pirámide del poder.

 

Infundado miedo, un gobierno, por ejemplo, puede destinar más fondos para defensa (que suele ser ataque), o para la creación de un organismo para nosequé, y que parezca que hasta trabajan. Y quedar todo ello en el saco de la “bondad”, satisfaciendo buenistas, no cambiando NADA.

 

Hoy en día, no sólo te roban a base de impuestos y tasas, te roban algo muchísimo más importante: te roban el corazón, se aprovechan de tus miedos, de tus ganas de hacerlo bien. Con todo ello, se montan su película, y además tienen la santa cara de decirte que “eres el protagonista”.

 

 

 

Michael Furro

Multidisciplinar y amante de las tecnologías de la información, identifico patrones para averiguar soluciones.

Lejos de círculos o ideologías, a través de mis aportaciones intento empujar hacia un pensamiento neutral, natural, sincero y sin complejos.

Lo primero es antes, siempre.

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