Desde el año pasado, vengo leyendo sobre el «novedoso» sistema de crédito social que desea implementar China en sus ciudadanos, pero realmente no había prestado la suficiente atención creyendo que eran Fake News o simplemente una exageración de los medios… hasta hoy. Al entrar en Google a leer noticias, me vuelvo a encontrar con el famoso sistema de puntos chinos, e indagando un poco más, resulta que ya ha entrado en vigor en diversas provincias del país.

Este sistema de puntos o «crédito social» pretende clasificar, premiar o castigar a sus ciudadanos según su comportamiento, y no solo en sociedad, sino hasta lo que hacen en su vida privada. Para ello, cada ciudadano tendrá inicialmente 100 puntos.

 

 

El Gobierno chino ha comentado que el sistema entrará en vigor en todo el país para 2020, y ya ha comenzado a ponerlo en práctica en algunos ayuntamientos y en plataformas digitales, teniendo como finalidad -cito textualmente- «promover la cultura de la honestidad en todos los ámbitos (laboral, educativo, lugares públicos, etc.) para lograr una sociedad armoniosa, ya que el bajo coste de ser deshonesto fomenta el mal comportamiento».

 

Hasta cierto punto puedo entender completamente este crédito social; me refiero a que ciertas penalizaciones contribuyen a una mejora de la vida en sociedad, es decir, penalizaciones por no recoger la caca del perro, por tratar mal al personal que se dedica a la limpieza de las calles y recoger la basura, por fumar en espacios públicos, etc. Pero ¿qué pasa cuando nos dicen que nos penalizarán por visitar determinadas páginas en internet, por comprar muchos videojuegos o realizar «compras frívolas»? ¿O sencillamente por no pagar una factura a tiempo?

Aquí es donde todo se pone aún más oscuro: penalizaciones por hablar mal del gobierno en redes sociales o por relacionarte con personas que hablan mal del gobierno. Es decir, este sistema tendría en cuenta lo que compramos, cómo gastamos nuestro tiempo y con quién nos relacionamos. Dependiendo de nuestro estilo de vida, seremos «buenos o malos ciudadanos».

 

Y ¿qué significa ser un mal ciudadano según el nuevo sistema de crédito social chino? Bueno, las sanciones van desde no poder comprar un billete de tren o de avión, a prohibirte el uso de internet de alta velocidad, acceso restringido a determinados colegios o universidades, no poder postularte para un alto cargo en una empresa, no poder acceder a ciertos restaurantes, hoteles o sitios para vacacionar, no poder alquilar una vivienda o solicitar una hipoteca, e incluso puede que tu nombre aparezca en un tablón o lista negra -con tu foto incluida- para que todo el mundo sepa lo malo que eres.

Según la periodista Liu Hu, ser un mal ciudadano en China se traduce en «tratar de exponer la corrupción del gobierno chino».

Los premios incluyen poder disfrutar de gimnasio gratuito, transporte público más económico y tiempos de espera más cortos en los hospitales.

Por lo poco que he podido leer, ya se han dado casos muy interesantes: Un hijo no pudo acceder a la universidad porque sus padres eran considerados malos ciudadanos, y un abogado no pudo comprar un billete de avión porque una corte determinó que su forma de pedir disculpas era «poco sincera». Así suman más de 7 millones de casos hasta ahora… Y eso teniendo en cuenta que no se implantará en la totalidad del país hasta el 2020… Un país con 1.400 millones de habitantes.

 

Estamos hablando de restricciones de derechos básicos del ser humano: Derecho a la libertad de movimiento, a una buena educación, al trabajo, al honor… Es una intromisión en la vida privada y en la libertad económica del ciudadano chino.

Ya de por sí la vida en China es bastante complicada, y no solo debido a la cantidad de personas que ocupan el gigante asiático; según el último índice de Libertad Económica de Heritage Foundation, China está considerada un país «No Libre», consideración que políticamente hablando también le otorga Freedom House… ¿Y ahora esto?

 

Este sistema de crédito social monitorea a las personas las 24 horas del día, todos los días, desde diversas fuentes. Para empezar, casi 200 millones de cámaras de vigilancia, con tecnología de reconocimiento facial, ya están observando a las personas en las calles chinas mientras realizan sus actividades diarias: grabando, juzgando y actualizando en silencio, todo en tiempo real. A esto hay que sumarle las nuevas gafas que forman parte del uniforme de la policía, con una cámara incorporada capaz de realizar reconocimientos faciales y de placas de vehículos.

 

Otro método es a través de la actividad en el móvil mediante el uso de aplicaciones. Los chinos monitorean de cerca el comportamiento y el uso de internet de su población, exigiendo a los proveedores de servicios de internet y a las compañías de telecomunicaciones que cooperen.

 

¿Quién es el gobierno chino -o cualquier gobierno- para determinar la valía de un ser humano, y clasificarlo en función de lo que hace a diario? Dudo mucho que ningún gobierno sea el indicado para llevar a cabo dicha tarea.

Por cierto, os recomiendo ver el primer episodio de la tercera temporada de la serie Black Mirror, Caída en picado. Es muy parecido al sistema que estoy describiendo aquí.

 

 

Morgana

25 años. Escribo cosas. Facha para los de izquierda, alienada para las feministas.

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Gran artículo, Morganita, ya echaba de menos volver a leerte

  2. Excelente artículo como siempre, Morganita. Ya echaba de menos leerte e interactuar contigo.
    Lo resubo el comentario de nuevo, porque el de antes no se publicó, o eso creo, y no me gustar hacer spam

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